La Verdad

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La vida española del siglo XVII
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Sebastian Damunt | 14-08-2008 | 06:53

La vida española del siglo XVII.
I Las bebidas.
Miguel Herrero-García
Madrid, 1933
 
 
 
 
 
Miguel Herrero García.
Escritor y periodista español, (Ronda 1895, Madrid 1961) fue catedrático de literatura española, autor de numerosos estudios sobre nuestros textos clásicos.
Entre sus libros destacan
Estimaciones literarias del siglo XVII, 1930 e
Ideas de los españoles del siglo XVII 1928.
 
En mi último cambio de domicilio, hace unos cuatro años, me vi obligado a destinar una habitación para los libros de gastronomía de la colección que inició mi padre.
 
Aproveché pues la ocasión para desvincular algunos libros que no me parecían, digamos, gastronómicos y ahora están repartidos por el resto de la casa. Como quiera que tengo ya los de cocina bien catalogados, estoy intentando hacerlo con los demás. Esto me produce algunas sorpresas, que, como en esta ocasión, me obligan a recuperar ejemplares.
 
La vida española del siglo XVII
 
El libro se inicia con una
 
Dedicatoria:
 
A mi querido amigo Juan José de Madariaga y Alonso, cultísimo restaurador de los vinos de Medina del Campo, dedico este libro en prenda de singular afecto.
M. Herrero García
 
PRÓLOGO
 







De los españoles del seiscientos sabemos muchas hazañas belicosas y literarias; pero no sabemos cómo vivían, qué comían, cuáles eran sus placeres gastronómicos. ¿Y no será este aspecto el más revelador, por más ceñido e intimo, de la psicología de nuestro pueblo?

 

Espero que, como Proust sabia revivir su pasada infancia en el sabor de una magdalena o de una taza de tila, el Lector reconstruya la España seiscentista sobre esta espléndida lista de vinos peninsulares, sobre estas mezclas aromáticas, sobre esta prodigalidad de refrescos helados.

 

 

 
ÍNDICE
 
PARTE PRIMERA
 
Vinos







Vamos a recorrer la comarca madrileña, para conocer los diversos vinos que se producían en ella. Hemos de empezar por el mismo término municipal de la Villa, que en esta época estaba cubierto de huertas y viñedos.

 

El año 1665 había en Madrid sesenta y tres herederos, o cosecheros, que traían la uva de sus viñas a sus bodegas particulares, y en ellas fabricaban el vino que luego vendían.

 

Los cosecheros tenían obligación de declarar en los fielatos de la Corte la cantidad de uvas o de mosto que encerraban, para satisfacer al fisco, y para los efectos del abastecimiento de la población.

 

Hecho el vino, obtenían licencia de los Alcaldes de la Corte, para vender el género, bien en la misma bodega, bien en puestos públicos, de todo lo cual llevaban las autoridades minuciosa cuenta.

 

Este era el vino llamado ordinario; pero como categoría intermedia entre el ordinario y el caro, existía el moscatel, y de éste género cogían también los vinicultores de Madrid algunas cantidades, que vendían entre dieciocho y veintitrés cuartos el azumbre.

 

 
Vinos de San Martín y Cebreros
 






A los vinos ordinarios y moscatel se oponía el llamado “vino precioso”, también conocido con el nombre de caro. En la provincia de Madrid se daba un vino precioso, el de San Martín de Valdeiglesias, que hacía la delicia de los cortesanos.

 

Esta este vino “blanco y oloroso” al decir de Antonio de Guevara, “el mejor vino blanco de España”, por voto de D. Luís Zapata, y medicina cordial contra la melancolía, en opinión del Dr. Sorapán de Rieros.


 
Vinos moscateles de Madrid
Vinos ordinarios de Madrid
Vinos de Toledo







Esquivias logró para sus vinos un triunfo pleno en la literatura contemporánea. Desde Cervantes, Lope y Tirso, todos los novelitas y poetas le hicieron el reclamo.


“Pasé por Yepes y Ocaña,

Dos villas de donde el vino

Hace perder el camino,

Bodegas nobles de España.”

 

Tirso, La Huerta de Juan Fernández

 

 
Vinos de la Mancha
Vinos de Castilla







Por el color, Góngora le comparó a un rubí, aunque Simón Aguado le llama “tintillo de Toro” llanamente, y Quevedo, mejor enterado, nos alaba “el blanco de Toro”. La fama de este vino arrancaba desde los tiempos del Cancionero de Baena, por lo menos, y tinto o blanco, Rodríguez de Ardila cantó en su poema “el buen vino de Toro”.


 
Vinos de Galicia
Vinos de Andalucía
 







Y hemos llegado a la tierra amada de Baco sobre todas las tierras del mundo. Sevilla, Córdoba, Málaga y Cádiz…

… De todos los vinos de la región sevillana, ninguno tan famoso como el de Cazalla de Sierra, que desde la Edad Media extendió su fama por todo el siglo XVI, y atravesó triunfalmente el XVII.


 
Vinos de Extremadura
Vinos de Aragón
 







Los vinos aragoneses que gozaban de fama en el siglo XVII eran los mismos que conocemos hoy, los del campo de Cariñena… Pero además eran muy celebradas las “malvasías regaladísimas de Aragón”, un vino de postre, extraido de cepas originarias de la isla de Quío, que los catalanes aclimataron en el Principado y tierras limítrofes.


 
Vinos de Levante
Vinos extranjeros
PARTE II
 
Bebidas compuestas
El hipocrás






Con nombre de brevaje de botica hizo laa delicia de los españoles del siglo XVII una bebida alcohólica que ofrece bastantes analogías con el moderno “cocktail” de los elementos siguientes:

Vino añejo superior, azúcar de pilón, canela, ámbar y almizcle.


                                                                                  
La carraspada






…hemos oido nombrar la carraspada, como uno de los vinos cocidos y adobados que empezaron a introducirse en la Corte de España a comienzos del siglo XVII.


 
La garnacha
Refrescos
 







La horchata es posterior al siglo XVII. La primera noticia que tengo de ella es de 1786. Cuando unos valenciano intentaron establecer su despacho de horchata de cebada y de chufas en las ciudades de Málaga, Murcia y Cartagena, …


 
La cerveza
La aloja






Herencia probable de los árabes o préstamo recibido de los indios americanos, la bebida llamada “aloja” era, al entrar el siglo XVII, casi el único refresco que se tomaba en Madrid por el verano…


 
El aguardiente
 
PARTE III
 
La nieve






Sería imposible darnos cuenta del auge que alcanzó la nieve en las comidas y bebidas de esta época, si los documentos que han llegado a nosotros no fueran tan explícitos en sus detalles.

 

La nieve y el hielo se convirtieron en artículo de primera necesidad en cualquier cocina de algún empaque, y hasta los pobres se regalaban con el frescor de las bebidas heladas durante todos los meses del año.


 
Bebidas refrescadas
Introducción de la nieve
Abastecimiento de Madrid
Consumo de nieve en Madrid
Empleo de la nieve
Sorbetes y garapiñas







Los helados se dividían en dos clases, por el grado de solidificación que alcanzaban. El “sorbete” era el helado sin cuajar, líquido aún, de donde tomaba el nombre. La “garrapiña” era el helado ya sólido, si bien por los rudimentarios medios de elaboración, la garrapiña quedaba en estado que ni era bebida líquida, ni comida sólida.

 

Tal se desprende de las palabras que en cierta comedia de Calderón pronunció uno que cae en un lodazal de la calle:

 

“Caer, si el unto no me engaña,

En garapiña de lodo,

Porque está frío, que mata,

Y entre líquido y cuajado

Ni es bebida, ni es vianda.”

 

Calderón, Dar tiempo al tiempo.


 
Apéndices y documentales
 

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