-No podía ser de otra manera –dijo el apenado marido. La mujer lo miraba con ojos compasivos. Habían malvendido todo lo que se podía vender, y si pudieran, venderían hasta sus almas con tal de no ser desalojados del magnífico chalet. Él, veterinario de profesión, hizo pinitos en el mundo de la construcción como promotor;

