La Verdad

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Sextorsión
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Ana María Tomás | 28-01-2017 | 09:50

Mi dilecto desconocido, si usted pertenece al grupo de aquellos a  quienes les gusta andar jugueteando en chats sexualmente explícitos con camaritas webs, y no digamos ya si ostenta o se encuentra en perspectivas de ostentar un alto cargo en cualesquiera de los relevantes estamentos que existen… supongo que deberíamos  imaginar que usted no será tan sumamente toooonto como para mostrar, además de sus partes menos conocidas aquellas que sí lo son, o sea, el careto. Lo digo, más que nada porque hombres de todo el mundo caen cada año víctimas de un crimen en Internet que se llama “sextorsión”. Sobra decir el proceso: grabación y extorsión o publicación de la cosa, la palabreja se explica por sí misma.  Y lo peor de todo es que, la mayoría de las veces, ni siquiera han estado intercambiando sus genitales con quienes creían sino con toda una red mafiosa que opera desde diferentes países.

 

Y no, no vayan a creerse que esto es casi normal dado el uso y abuso de las  nuevas tecnologías: que no podemos tomarnos ni una caña sin que alguien a nuestro lado nos inmortalice en internet, no, la cosa ya viene de lejos con juguetitos de espías aficionados  donde con cámaras rudimentarias ya se grababan a importantes personajes para chantajearlos posteriormente por el recalentamiento de sus “aparejos”, sobre todo, si no se lograba el “seguro de vida” de obtenerle unos cuantos espermatozoides suyos.

 

Pero, puestos ya, si usted es un señor “importante”, para alguien más que para los que lo aman,  y su libido, su lujuria o su estupidez le llevan a “conocer”, en el sentido bíblico, a  mujeres que no sean la suya…, como no hay una marca exterior que pueda diferenciar a una buena chica de un pendón extorsionador, yo le sugiero que antes del encuentro amoroso tenga usted la precaución de tatuarse sobre sus partes nobles una marca distintiva y fácil de recordar, pongamos, por ejemplo, “Viva la Revolusión”, “Constantinopla”, “Cádiz”, o en su defecto “Fez”, dependiendo, claro está, del espacio de que se disponga, pero ¡ojo al dato! ese tatuaje nada de hacerlo con agujas y para siempre, como la copla de la Piquer, nada de nada; el tatuaje se realizaría con rotuladores de manualidades y tinta para bombillas que, si bien aguantan el calor que es un gusto, después con un poco de quitaesmalte y un buen estropajo de esparto salta con cierta facilidad. Sí, ya sé que me pueden decir que soy algo desconsiderada con la fragilidad de tan delicada parte, pero imagínese lo que sería estar en manos de alguien capaz de perjudicarle largamente, sin pudor alguno. Y eso siendo usted alguien corrientillo, añádale  el inconveniente de que pueda tener cierta relevancia…  piense: usted no tendría que defenderse con argumentos vacuos, bastaría con pedirle una prueba que demostrara que pueda implicarle, y cuando ella, por supuesto en tratamiento psicológico, si pudo leer completo el “Constantinopla”, esgrima como prueba su tatuaje, usted espachurra sus atributos o muestra pudorosamente sus atributillos ante el jurado,

juez o quien competa, y una vez que hayan comprobado el error y, por tanto, la supuesta conspiración… se acabo la extorsión, el chantaje, la amenaza y el querer vivir del cuento.

 

Malo es que una mafia se dedique a chantajear a pobres libidinosos, pero que lo haga alguna cortesana con aires de señora… en la que se depositó no sólo la intimidad sino la confianza… pues eso tiene que ser muy desmoralizador.

 

Es verdad que, mirándolo bien, tampoco les estaría mal empleado a quienes son conocidos, reconocidos y denominados como “puteros empedernidos”, sobre todo, si tras ellos van dejando el rastro de una esposa herida y humillada públicamente. Recuerdo hace muchos años una viñeta de Mafalda que, ante un cartel de “Prohibido pisar el césped”, se preguntaba “¿Y la dignidad no?” De todas formas, ya sabemos que la traición nunca viene de los enemigos. Pero, dado como está el patio… que uno ya no sabe si los que vienen traen la camarita oculta en una mano y el puñal en la otra, digamos como Voltaire: “¡Dios mío, líbrame de mis amigos! De los enemigos ya me encargo yo”.

 

 

 

 

 

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