La Verdad

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Murcianos, no marcianos
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Ana María Tomás | 11-03-2017 | 10:38

Vaya por delante que creo en el amor a primera vista, a vista media y a la larga vista. O sea, que creo en el amor por muchos palicos que le pongan a sus ruedas. Por otra parte, una de mis aficiones favoritas consiste en observar a los seres humanos, aunque con ello sólo termine pensando, como Byron, que, cuanto más les conozco, más quiero a mi perro. Intento decir con esto que reúno todos los ingredientes para permanecer atrapada en uno de esos programas cobayas en donde quedan al descubierto las capacidades y las miserias de los concursantes, el último: “Casados a primera vista”. Durante semanas he querido darle una oportunidad tras otra a un chaval murciano que debe tener diarrea mental porque habla y la caga. Pero, oigan, nada de nada, casi estoy por decirles que ha ido a peor. El tema no sería tan sangrante si no metiera a Murcia en cada una de sus cagaditas. En todos sitios cuecen habas, lo sé, y que levante la mano la ciudad, pueblo o capital que no tenga entre sus entretelas a un mostrenco, pero de ahí a que los avergüence públicamente va un gran trecho. Yo entiendo, disculpo y defiendo a quienes por su edad o su situación económica, o político social como ocurrió con nuestros padres o abuelos, no pudieron atesorar conocimientos culturales, pero que un chaval de veintipocos años confunda la  “acrópolis” griega con un parque acuático y que diga que Atenas está llena de escombros y de piedras viejas… es ya, para empezar, “pa” cortarse las venas o inflarlo a guantazos. Pero que siga acumulando puntos como para que le saquen, no ya tarjeta roja, sino directamente un cohete que lo ponga fuera de órbita es otra cosa. El payo, que presumió de musculitos hasta que su recién estrenada esposa quiso que le demostrara que le servían para algo más que para hacerle un bailecito que calentara el ambiente y después si te he visto no me acuerdo, se arrugó en cuento vio que ella no sólo le correspondía sino que se le adelantaba. Pero…,  vaaale, que yo en cuestiones sexuales no me meto, que cada uno tiene su ritmo y sus necesidades, aunque viendo el programa y lo chuchurridos que andan los muchachos -salvo el andaluz- siento mucha pena de las zagalas que están en edad de merecer. ¡Dremiadelamorhermoso! si a nuestros abuelos le ponen en la cama a uno de los monumentos de mujer que durante semanas han despreciado los “desanchados” maridos concursantes… Pero, insisto, nada que objetar en cuanto a sus artes o predisposiciones amatorias, ¿pero a las culturales…? Y tocando a nuestra Murcia… Vamos, por ahí sí que no. En el alma se me clavaron los comentarios en las redes sociales de media España descojonándose de los murcianos como si la criatura fuera el heraldo nuestro. Así que, cuando pasada la primera vergüenza referida a Grecia, tuvo a bien dejar caer que en Murcia los gays estaban por ahí sueltos (“como los perros” apostilló uno) y que es más complicado encontrarlos (refiriéndose al barrio de Chueca y a los amigos de su mujer) para seguir con un “A mí que no me toquen” o terminar afirmando que en Murcia hacemos las cosas así o asado para justificar que no sabe cocinar o que regatea en las cajas de los supermercados… Sí. Como lo oyen: regatea en todos sitios donde compra. Es que se me descolgaba la boca y se me salían los ojos. No obstante, pensaba que ya lo había visto todo de la criatura y no terminaba de entender que Samantha, su chica, continuara apostando por esa relación, no tanto por su demostrada ausencia de una mínima cultura general, puesto que ella tampoco sabía mucho de qué iba la cosa, sino por su manifiesta falta de elemental educación con ella. Pero al pensar que ya no podía sorprenderme me equivoqué del todo. Fue venirse para Murcia a presentar a su mujer a su familia y entender muchas cosas. Me sorprendió que los padres tuvieran una mentalidad infinitamente más abierta que sus hijos y me descolocó que sus hermanas, mantuvieran que aquí en “Murcia es normal que las mujeres lo hagamos todo en casa” y que aunque ella trabajaba fuera luego se encargaba de todo y su hermano no “tenía” por qué hacer nada en casa ¿¡Mande!? El resto de comentarios descalificadores a su cuñada mejor los dejamos para el olvido. Sólo por sus palabras queda justificado que se siga celebrando el Día Internacional de la Mujer.

¿Por qué no podría haber ido al concurso el murciano Jorge Martínez, número uno del Mir de este año? Claro, que… también hubiera sido injusto para él que nos metieran a todos en su mismo saco.

 

 

 

 

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