La Verdad

img
“Si yo sé nadar”
img
Ana María Tomás | 09-09-2017 | 08:47

Todavía seguimos en verano. Esto del calor, además del consabido “veranico de los membrillos” ya metidos en otoño, no es como la primavera que, desde hace años, parece marcar su llegada “elcortinglés”. Quiero decir que todavía seguimos en el tiempo de los gilipollas. Y no. No es que en el resto de las estaciones esta especie emigre a zonas cálidas, no, pero sí es cierto que su nivel de irresponsabilidad “gilipollil” se reduce al reducirse las condiciones para demostrarlas.

 

Me explico: En este verano llevamos ya un buen número de ahogados en el mar. Está claro que no siempre ha sido por causa de irresponsabilidades cometidas, un infarto, una indisposición momentánea o cualesquiera otros problemas pueden surgir de momento y poco puede hacer el afectado salvo pedir ayuda o dejarse ayudar sin pedirla. Sin embargo, cuando se trata del listo de turno que se pasa la bandera amarilla o la roja por el forro de los cataplines, la cosa cambia. Y cambia porque no solo ponen en peligro su vida, que perfectamente podrían elegir, de igual manera, hacer puenting sin cuerda, sino que ponen en riesgo la vida de la persona que está vigilando en la playa y que con todo merecimiento llamamos “salvavidas”. Sí, esos chicos a los que muchos veraneantes tildan de gandulazos que se pasan todo el día viendo culos y tetas, sentados en lo alto de su silla pendientes de que gente que no respeta el mar se adentre en él como quien lo hace en una hamburguesería. Chicos deportistas como Luis Miguel, profesores de Educación Física como Paco, informáticos como Thomas… que saben que con bandera roja no están obligados a meterse para sacar a nadie, pero que su moral, su ética, les impiden quedarse de brazos cruzados viendo como alguien se está ahogando y que su lema es: “Cuando todos salen del agua por algún problema, somos nosotros los que debemos entrar para tratar de solucionarlo”. Chicos que llaman a la policía porque sus avisos, sus silbatos para que algún surfista aficionado salga del agua, son ignorados… Claro que también lo fueron los de los policías que vinieron y tuvieron que tragarse un corte de mangas por parte del equilibrista de la tabla que se negaba a salir para ser identificado. Y nadie me lo contó, que lo vi con mis propios ojos. Lo mismo que vi cómo uno de esos jóvenes, André, un noruego de ojos pequeños y vivarachos y “parlador” de seis idiomas, se lanzaba al agua contra las olas para sacar a un individuo que pretendía llegar hasta la boya amarilla. De haberlo dejado hubiera llegado no hasta la boya sino muuucho más adentro, aunque luego lo hubiera escupido, inerte, el mar hasta la playa. Y no, no crean que el sujeto en cuestión se lo agradeció, no señor, una vez puesto a salvo se negó a salir del agua hasta que la atención de los bañistas pendientes de la movida desde la arena se había diluido, ¿orgullo?, ¿miedo al ridículo?, ¿a los reproches?

 

Todos los “salvavidas” con los que hablé me dijeron la misma frase escuchada hasta la saciedad de aquellos a quienes habían tenido que sacar del agua en condiciones penosas: “¡Si yo sé nadar!”, le falta el taco que suelen añadir. Incluso algún participante de un triatlón, bastante molesto, hasta que comprobó a qué extremo se había torcido en el recorrido. Claro que saben nadar, pero no es lo mismo hacerlo en una piscina que en el mar, ni las condiciones son las mismas con la mar tranquila que encrespada. Y sobre todo, ahora, que en unos días desaparecerán de nuestras playas los vigilantes de nuestras vidas ¿en quién delegaremos la responsabilidad que solo nos compete a nosotros? ¿de verdad queremos que nuestros hijos crezcan con la idea de que tiene que ser el color de una bandera o un señor con una boya naranja quienes nos indiquen lo que solo el sentido común debería indicarnos? Si no lo hacemos por nosotros mismos sí deberíamos hacerlo por nuestros hijos. Si les damos la vida, démosles también, una guía para conducirse en ella. Y ya sabemos que copian antes las gilipolles que las bonitas palabras.

 

Entretanto, un ¡hurra! para esos chicos que anteponen su vocación de servicio, de ayuda a los demás, por encima de sus propias vidas.

 

 

 

Últimos Comentarios

Ana María Tomás 03-06-2017 | 09:52 en:
Sextorsión
arroz2043_3768 21-04-2017 | 19:18 en:
arroz2043_3768 14-04-2017 | 07:56 en:
Jose Antonio Rodriguez 01-02-2017 | 21:58 en:
Sextorsión

Etiquetas

Otros Blogs de Autor