La Verdad

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Por ellos
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Ana María Tomás | 18-11-2017 | 10:42

 

Casi todo a la vez, me entero de que una individua -cuya cara no puede ser más reflejo de lo primitivo de su alma-, dueña de una falsa protectora de animales y que exterminó, de forma masiva e injustificada, a cientos de perros y gatos solo por seguir teniendo espacio en sus instalaciones para poder continuar recibiendo nuevos animales y cobrando por ello -obviamente, dinero que utilizaba para gastos personales-. Lo peor de todo es que los mataba utilizando poca cantidad de producto eutanásico, por aquello de economizar, lo hacía, además, sin sedación previa, y por vía intramuscular y no venosa, lo que causaba una larguísima y dolorosa agonía a nuestros hermanos perros y gatos.

Por otra parte, en contraposición, me entero también de que una bibliotecaria de la universidad romana de La Sapienza ha logrado la baja de dos días para poder acompañar y cuidar a su mascota a la que tenían que operar. Lo ha hecho basándose en un artículo del Código Penal italiano que castiga hasta con un año de cárcel o una multa de 10.000 euros a quienes abandonen a un animal y le produzcan un gran sufrimiento. Lista, y amorosa, ella.

Pero, además, el profesor de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Santiago de Compostela y activista del movimiento animalista en España, Óscar Horta, acaba de presentar en nuestra ciudad el libro titulado “Un paso adelante en defensa de los animales”. En donde, además de recoger algunas anécdotas realizadas por animales, promueve un trato amoroso y respetuoso con “ellos”, los “seres sintientes” a los que se trata, la mayor parte de las veces como “cosas” y no como seres vivos que sienten dolor y a los que hacemos sufrir de manera terrible hacinándolos en granjas o a la hora de darles muerte, sobre todo, si dan con sádicos como los tipos de la granja porcina de El Escobar, en Fuente Álamo (Murcia), quienes golpeaban a las cerdas en la cabeza con barras de hierro, o les abrían con cuchillos el abdomen estando vivas para sacarles a los lechones y dejarlas morir desangradas.

Algo se está moviendo. Sí. Por fortuna para nuestros hermanos “sintientes”, cada vez más germina en los corazones humanos la semilla de amor fraterno que el santo Francisco de Asís plantara considerando a todas las criaturas animadas o inanimadas como hermanos.

Estamos consiguiendo pequeños logros con respecto a los derechos de las mascotas: ver, por ejemplo, a esa paya de la supuesta “protectora” de Málaga en chirona durante tres años y nueve meses, que espero que cumpla hasta el último día… aunque por esperar… espero que el día de su muerte se den algunas circunstancias que le hagan recordar lo que es el dolor y todo el que ella provocó en tanto ser inocente, vulnerable e indefenso. Decía que es reconfortante ver que en cuestión de animalicos de compañía hemos conseguido, por fin, un poco de justicia legislativa. Pero todavía queda mucho, mucho por hacer, mucho por concienciar, mucho por destapar –o ¿acaso lo de Fuente Álamo es solo una excepción?-, mucho por desterrar -tanto toro torturado, embolado, lanceado…-, mucho por normalizar.

Con toda seguridad, la baja laboral para cuidar a un “miembro de la familia” si este es peludo y con cuatro patas, como ha sido el caso de la bibliotecaria romana, sentará precedente. Un maravillo precedente que nos hará más humanos, más “franciscanos” y más grandes como nación. En palabras de Gandhi: “La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que se trata a sus animales”. Y, según eso, hay que reconocer que todavía somos muy pequeños. Se me eriza el vello al pensar en la campaña de regalos de Navidad, en donde los cachorrillos son mercadeados como peluches de los que se desprenden, en cualquier lugar, en cuanto se les va la risa de las primeras cacas en las alfombras. También sirven de poco las llamadas de atención a la dureza de corazón de algunos cazadores: quieren a sus perros al máximo de condiciones o ahorcados en cualquier pino.

Así que me alegro. Me alegro profundamente de que cada vez haya más voces disidentes sobre lo que la “pauta” habitual entiende como norma referida a “ellos”. No habrá normalización posible mientras no estén en la cárcel todos aquellos que cometan delitos con los animales, sea de la manera que sea. Hay monstruos a los que no se les puede pedir que amen a los animales, pero sí que los respeten. O que se atengan a las consecuencias. Hay que hacerlo. Por “ellos”.

 

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