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La asignatura de Religión debe evaluarse desde el momento en que entra a formar parte del currículo escolar. No tiene sentido impartir una enseñanza a los alumnos sin querer conocer el efecto de lo enseñado. Enseñar y evaluar son dos aspectos inseparables.
En una escuela ha de evaluarse lo que se enseña. No es justo evaluar unas asignaturas y no evaluar otras. Cualquier profesor le dirá que una materia no evaluable carece de peso para el alumnado por varios motivos. Uno de estos motivos podría ser la consideración de un valor menor a aquella materia que no cuenta en el expediente particular del alumno. Si a un alumno se le califica por su trabajo o su pensamiento (que no su creencia en el dogma) en Religión, no encuentro una razón para despreciar otra asignatura optativa como Actividades de estudio y dejarla sin calificación.
Quizás el paso previo sería plantear si la religión debería ser o no una asignatura en la escuela.
Creo en la relevancia de la religión católica y las enseñanzas de la Biblia.
Recientemente, al explicar el significado del nombre de un personaje literario de un relato de Scott Fitzgerald, concretamente, Benjamin Button, se nos dice en el diccionario de la RAE que el nombre de pila se aplica al hijo menor, y generalmente al más querido. El conocimiento de la religión hace más bien que mal.











