Por Jenu
No valoramos una cosa hasta que la perdemos. Nos pasa con la vida, que llega un día, no cuando nos parece, que eso va según los curas “contra natura”, si no cuando nos llega la hora, ya que siendo la naturaleza tan sabia, hay que dejar sitio para los que nos preceden.
Nos andamos matando día a día los unos a los otros; en guerras que nada tienen que ver con nosotros, injustas donde las haya, entre vecinos, por una herencia, por celos… Somos los únicos animales que matamos por el simple hecho de matar. La verdad es que no hace falta, que nos morimos solos, sin que nos empujen por un tajo, por proximidad el de Ronda (Málaga), tan recurrido, cuyo monumento ha visto saltar a tantos y tantos desesperados, algunos con la mala suerte de caer dos veces sobre una higuera que está mucho antes de llegar al fondo de ese desfiladero en donde solo hay pestilencia y agua sucia.
Esta semana se celebra el recuerdo a nuestros muertos. La gente va a los cementerios a preparar las lápidas, limpiar, pintar… y de paso a que los vean, porque no todos van todos los días, ni tan siquiera una vez al mes. Otros simplemente se quedan con el recuerdo del familiar y creen que es una tontería estar encima del difunto toda la vida y gran parte de su muerte.
Cuando yo era pequeño estaba muy familiarizado con la muerte, vivía muy cerca del cementerio. Jugaba al escondite dentro del camposanto. Nos metíamos dentro de los nichos sin pensar que allí habían metido un cadáver. A mí particularmente me gustaba investigar en el osario, un cuartito sin techo donde metían los huesos de los que ya no pagaban sus respectivos nichos. Las cosas del negocio.
El día de la víspera de difuntos por la noche, la gente iba al cementerio a ultimar los detalles para el día siguiente. El cura daba un a misa justo en el centro, en un descansillo donde había hecho de mampostería unos asientos circulares. Por esta fecha a las seis ya era de noche, por tanto la misa se hacía al amparo de unas velas, algo terrorífico dado el lugar donde estábamos.
Siempre le he tenido más miedo a los vivos que a los muertos, no se, será por la experiencia. De todas maneras, lo que tengo claro es que cuando alguien se va de esta manera de nuestro mundo, ya no vuelve, será que no se está mal por allí. Lo que nunca me he creído es lo del cielo o el infierno, soy de la opinión que vamos donde vamos.
En el entierro de un gitano, donde como es lógico había muchos, donde los aparcamientos estaban hasta la corcha de “fregonetas”, la viuda del difunto gitano no paraba de llorar diciendo;
-¡Ay! que te van a llevar donde no se come, donde no se bebe, donde no se paga ni la luz, ni el agua, ni el teléfono, ni la contribución…
Otro gitano que estaba por allí algo despistadillo y con la mosca en la oreja, le dice a la señora:
- Verá, ¿A que lo van a llevar a mi casa?
Lo que tengo claro es que la vida es mucho más complicada que la muerte, y que cuando llega ésta ya andamos casi muertos de tanto vivir, de haber vivido tan intensamente, de habernos comido el mundo, de habernos amado y habernos matado, que cuando llega el de la guadaña nos entregamos, a duras penas, pero nos entregamos. Unos ven una luz, otros ven una salida y la gran mayoría solo ven oscuridad.
La palabra muerte ha sido y es muy recurrida para cosas muy diferentes. Me muero por ella, es una canción de Bordón Cuatro, donde habla de morir por amor, otra forma de morir, lo que pasa que esta muerte es temporal y sujeta a resurrección. Por el contrario, Gianny Bella, decía en otra preciosa canción que de amor nadie se muere, y lo corroboran otros artistas, por ejemplo LOS TEMERARIOS, en una empalagosa canción de amor en la que dice que NADIE SE MUERE DE AMOR.
Hay quien se muere de ganas de tener un Ferrary, y lo más seguro es que se muera con ella, con las ganas. Luego está el que muere por la patria, que lo más seguro es que lo haga más por las tres pagas dobles que por ella, por la patria. Creo que es una leyenda urbana el que las prostitutas mueran de gusto, de purito placer, puesto que la vida que llevan es sobre colchones de plumas impregnados de dramas, donde hay más mierda que en el estreno de una obra de teatro, es eso, una puesta en escena, puro teatro, pura tristeza.
En fin, que hay muchas maneras de morir, pero la que ahora nos preocupa es la singular muerte que conocemos por terceras personas, por gente que más que en el infierno o en la gloria han estado en coma, que no se trata de una localidad. De la muerte lo que si tenemos claro es que mejor que no venga, que nunca venga, y que estemos aguantando a los vivos hasta que nos salgan salpullidos por todo este cuerpo terrenal, que los gusanos coman manzanas prohibidas, que el sepulturero o el chico del crematorio no suden por nosotros y que nos veamos muchos años más, y que por el mero hecho de vivir, seguro que el cielo como mínimo lo tenemos ganado, por muchos miedos que nos quieran inculcar los curas, que por cierto, a ellos también se los comerán los gusanos.

