Se llama Antonio Javier, trabaja de cajero en el Mercadona de Alcantarilla y anoche fue el primero en reaccionar cuando un salvaje penetró en el supermercado buscando un cuerpo, el de su ex compañera, en el que dejar clavado el cuchillo que empuñaba.
Afirmar que el chico se jugó la vida no es, en este caso, un recurso literario. Desgraciadamente, no faltan ejemplos, algunos tan recientes como el del profesor Neira, que ofrecen sobradas pruebas de cómo se las gastan algunos maltratadores cuando alguien se atreve a hacerles frente, a reprobarles su conducta, a decirles las verdades a la cara, a ponerles –en suma– ante un espejo que les devuelve la mirada y los rasgos de la bestia, del monstruo.
Si este joven hubiese sucumbido hoy a la tentación de iniciar una gira por los medios de comunicación, contando su hazaña, no habría sido yo quien se lo hubiese reprochado. Ello no hubiese empañado ni restado un ápice de mérito a su acción y, además, cómo obviarlo, con mucho menos que lo que él ha hecho llevan algunos bastantes años viviendo del cuento. Pero no; ni siquiera le ha tentado esa exigua recompensa que radica en disfrutar de quince minutos de fama. Se ha encogido de hombros, ha explicado que se limitó a hacer lo que debía y que mañana volvería a obrar de igual modo si se dieran las circunstancias.
Es un héroe, mi héroe del año, y, como otros ciudadanos anónimos que le precedieron, nos a vuelto a marcar el camino. Ni una muerte más de una mujer.
P.D.: El pasado febrero publiqué el primer post en este modesto blog. En los poco más de siete meses transcurridos hasta ahora habéis sido miles los lectores que habéis visitado este espacio y sóis ya más de un millar quienes habéis dejado vuestros comentarios y opiniones en este foro. Es mucho más de lo que podía haber esperado cuando me decidí a dar el salto y a someterme cada día a vuestros exigentes juicios. Creo que no me equivoco si afirmo que entre todos hemos conseguido hacer de este ‘Blackblog’ un lugar de debate y reflexión, alejado –salvo deshonrosas excepciones– de los insultos tan comunes en otros ámbitos. Gracias por ello y gracias por la calurosa acogida que me habéis deparado en mi regreso. A todos, amigos y menos amigos, os he acabado cogiendo cariño. Un abrazo.

