Y vendrá el UCO y te encerrará

Los alcaldes de Murcia son ya muy mayores como para soñar con el coco, pero no deben de ser muchos quienes estén libres de haber tenido alguna pesadilla con el UCO. Los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil han puesto ya patas arriba cuatro ayuntamientos de la Región (Torre Pacheco, Totana, Fuente Álamo y, ahora, Librilla), con el resultado de tres munícipes (Daniel García Madrid, José Martínez Andreo y José Martínez García) que, unos con más razones que otras, quizá, han conocido ya en carne propia, y no leyendo ‘Papillón’, cómo se le derrumba a uno el cielo sobre la cabeza cuando escucha cerrarse tras de sí el cangrejo de la trena.

Existe además el converncimiento, en ámbitos habitualmente bien informados, de que lo que sabemos hasta ahora de la denominada ‘Operación Biblioteca’ no es sino la punta del iceberg y se afirma que los UCO, que se desplazan desde Madrid para estas intervenciones, han venido esta vez para quedarse, tienen reservado hotel para unos cuantos días y no van a tardar mucho antes de sorprendernos con otro esclavejío, dicho sea en panocho.

Escribo esto cuando uno de estos alcaldes, José Martínez García, el de Librilla, está todavía tras las rejas. No sé cuánto tiempo permanecerá en situación de prisión preventiva (espero que el menor posible, pues no soy demasiado partidario de tal medida, salvo que se trate de hechos gravísimos), pero tengo la sensación de que podía haberme tomado unos días antes de escribir este comentario y bien podría haber seguido diciendo lo mismo: que el primer edil sigue encalomado.

Habrá quien sostenga, como siempre ocurre, que esto es una caza de brujas contra los cargos públicos del PP, orquestada por el malo malísimo del fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia, Manuel López Bernal, que ya se sabe que además de rojo lleva cuernos y arrastra una larga cola que parece dotada de vida propia. En fin…, ya decía mi abuela que no hay mayor ciego que quien no quiere ver y que quien no se consuela es porque no quiere. Con tales argumentos seguirán justificando algunos el hecho de que alcaldes como José Martínez Andreo, imputado en media docena larga de delitos, entre ellos el tan denostado cohecho, sigan empuñando la vara de mando del Consistorio con el respaldo del PP. Otro tanto pasará, y si no al tiempo, con el primer edil de Librilla.

Como por fortuna creo no sufrir interferencias en las entendederas por culpa de consignas de partido, y como disfruto igualmente desvelando las tropelías de los presuntos corruptos de uno y otro signo (ahí están las hemerotecas y los comentarios de este mismo blog, para quien lo ponga en duda, que siempre habrá quien lo haga), me recreo en analizar detalles que me resultan bastante reveladores a la hora de hacerme una composición de lugar sobre cualquier asunto.

En el caso del alcalde de Librilla, por ejemplo, no deja de llamarme la atención que pocas horas después de que los UCO entrasen en el Ayuntamiento que todavía preside y detuvieran a un funcionario local, a otro de la Administración regional en excedencia y a un empresario, el bueno de José Martínez, el de noblote y rudo aspecto, se dedicase junto a sus hijos a telefonear y a visitar los despachos de los más reputados abogados penalistas de la Región y de fuera de ella, y que incluso comprometiera ya los servicios del bufete González Franco (el mismo, por cierto, que lleva la defensa del totanero Martínez Andreo), y que la misma mañana de su detención estuviese ya en Murcia una letrada de ese despacho, en apariencia desplazada ‘ex profeso’ desde Barcelona, para asistirle.

No sé si, como se dice en la huerta, ‘Pepico El Mecánico’ sabía que la tenía hecha y se estaba preparando para lo que habría de llegar. Pero lo que es indudable es que soñaba con los UCO. Pesadillas tenía. Y al final, mira tú por dónde, vinieron y lo encerraron.

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