Teresa

Ahora ya ha quedado probado, por sentencia judicial, lo que uno intuía hace casi cuatro años y no podía publicar porque lo hubieran crujido a demandas (que es lo que hacen muchos honestos presuntos corruptos, que por más que estén imputados en un buen puñado de delitos, se pasan el día llevándote al juzgado por decir que están imputados en un buen puñado de delitos; ¡qué cosas!).

Lo que uno ya intuía, digo, y no publicó por la razón confesada (entono el ‘mea culpa’ por ello), es que la entonces concejala Teresa Rodríguez, que formó parte del equipo de gobierno del PP en Alhama de Murcia, tenía una jeta más grande y más dura que las de los presidentes Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln, todos ellos juntos, esculpidos como están en la montaña Rushmore. Un jetón tan inmenso y pétreo como para filtrarle a su señor marido las preguntas de una oposición a conserje municipal y como para, una vez trincada con las manos en la masa, romper la disciplina de grupo y dedicarse desde ese instante a joder al alcalde, a sus ex compañeros y, probablemente, a buena parte del pueblo alhameño, por donde más les dolía; esto es, a intentar cargarse el macroproyecto urbanístico Condado de Alhama, en el que Polaris World impulsaba 12.500 viviendas.

Recuerdo que, por aquel entonces, Teresa ‘La Jetona’ recibió infinidad de muestras de apoyo por parte de innumerables colectivos ecologistas, medioambientalistas, conservacionistas y antiladrillo, que la convirtieron en heroína nacional sin querer apercibirse del inmenso hedor que emanaba de la novedosa toma de posiciones políticas por parte de la sufrida ama de casa reconvertida en concejala y, luego, por obra y gracia de un marido frustradamente conserjeado, también en símbolo de la lucha por el medio ambiente.

Rememoro igualmente el inmenso bochorno y la vergüenza ajena que me invadieron al toparme, en un periódico nacional de gran tirada, con la historia de una Teresa Rodríguez que, elevada a los altares de la lucha contra la destrucción de la naturaleza de nuestra España cañí, compartía (bajo el título: ‘Un puñado de valientes’) una doble página con otros tres combatientes y mártires del bien común. “Ni Teresa podrá nunca subir más alto, ni estos tres pobres que la acompañan podrán caer más bajo jamás”, me dije. Prueba de todo ello, de aquella vergüenza y aquel bochorno ajenos, es que recuerdo esa información como si la hubiera leído hoy mismo.

Pues bien, queridos amigos, aquí tienen ahora a su Teresa, cubierta del mismo lodo en el que ya hace cuatro años largos estaba bien rebozada y que no la privó de los abrazos y besuqueos de encendidos militantes de la causa antiladrillil. Decía el otro día, en la respuesta a un lector de este mismo blog, que no hay nada que ciegue más que la ideología extrema. Pero lo que no conocía es que además atrofia las pituitarias.

Hoy, viendo confirmada la catadura moral de la señora, pienso que quizás a Polaris World le habría costado muy poquito lograr su apoyo de un día para otro. Sé que hubo quien les propuso que lo intentaran. Que renunciaran a tratar de convencerla dice mucho en favor de la promotora.

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