Marchando una de códigos éticos

El PP nacional ha anunciado que va a difundir entre los suyos un código ético, o de Buenas Prácticas, que debe redundar “en la transparencia y pulcritud de los altos cargos de este partido”. Por supuesto, ¡no podía ser menos!, el PP murciano, que curiosamente tiene el dudoso honor de liderar el índice nacional de sospechosos de corrupción por metro cuadrado, se ha precipitado a señalar que será “el primero en ponerlo en marcha”. Ahora bien, advirtiendo, eso sí, de que a los diversos alcaldes que están imputados, algunos en una decena de delitos, a ésos ni tocarlos, como tampoco a otros cuantos altos cargos inmersos en procesos penales de hedionda apariencia. Todos los cuales, por cierto, siguen perfectamente colocados y chupando de la inagotable ubre pública, no sea que les entre un ataque de locuacidad y les dé por disparar hacia las nubes, que es donde habitan los dioses.

Para tratar de explicar este sinsentido, y quizás pensando que la ciudadanía es lela y no sabe distinguir entre responsabilidades políticas y penales, el vicesecretario popular de Organización, Pedro Antonio Sánchez, ha argumentado que, respecto de esos muchos casos de cargos públicos implicados en presuntos procesos de corrupción, “no se puede obviar que todavía no hay condena”. ¡Cómo si fuera necesario que los jueces se pronuncien previamente para que el PP murciano mande a su casa a alguien sospechoso de estar enriqueciéndose, o haciendo enriquecerse a sus familiares y amigos, desde su mullida poltrona! Con esa mentalidad, desde luego, no hacen falta códigos de buenas prácticas, ni éticos, ni deontológicos, ni siquiera hace falta atesorar una mínima vergüenza o decoro, porque cuando un juez dicte sentencia ya no será necesario que alguien dimita: lo habrá inhabilitado la Justicia para ocupar un cargo público durante una larga temporada, en el mejor de los casos y, en el peor, le habrá buscado un retiro a la sombra por unos cuantos años.

Después de años negando la evidencia, esto es, negando que son legión quienes se arriman a los partidos políticos con el mismo ánimo con que un filibustero ponía proa hacia un navío procedente de las Indias. Después de años cerrando los ojos ante esos compañeros de la gestión pública, por todos conocidos, que llevaban un tren de vida para nada acorde a sus ingresos oficiales; de esos colegas que llegaban arruinados al poder y en apenas cuatro años acumulaban todoterrenos, suntuosas viviendas en la ciudad, chalés en el campo y en la playa, y barquito en el punto de amarre. Después de años poniéndose tapones en los oídos frente a algunos empresarios que, hastiados y asqueados, iban por altos despachos quejándose de que Fulanito o Menganito le exigía una mordida para otorgarles un contrato. Después de años encogiéndose de hombros ante quienes proclamaban, con gestos más o menos explícitos, que estaban en política “para forrarse”, como verbalizó aquél por todos conocido que encima llegó a ministro. Después de años de negar la evidencia y de asegurar que todo responde a una operación de acoso y derribo montada por el Gobierno y la Fiscalía. Después de todos estos años en los que, de sostener que no se iban a admitir siquiera comportamientos poco éticos en la Administración Pública, se ha pasado casi a dejar a los chorizos campar por sus respetos…

Después de todo esto, ahora se extrañan, como el otro día el president Montilla (que en esta fiesta el PSOE también tiene lo suyo, y si no que explique su sospechoso silencio respecto del senador y ex alcalde de Ceutí Manuel Hurtado), se extrañan, digo, de la degradación de la vida pública y del enorme deterioro de la imagen de los políticos entre los ciudadanos. Y el PP, para remediarlo y dejarnos a todos más tranquilos, se larga un código de buenas conductas mientras mantiene en el cargo a sus alcaldes imputados y requeteimputados. Como si la gente, insisto, fuera lela y se chupara el dedo. No te digo.

PD: Sobre el ‘paseo’ frente a los fotógrafos que le dieron el otro día a los implicados en el caso Pretorianos de supuesta corrupción en Cataluña, y que tanta indignación ha despertado en ámbitos políticos, debo confesar que a mí también me parece un trato indigno. Eso sí, lo que no acepto es que sólo sea indigno cuando se trata de políticos y no cuando el ‘paseado’ es un homicida, un narco o un atracador de bancos. Que el traje chaqueta no hace digno a nadie.

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
laverdad.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.