Aquella otra escuela

Vuelvo la vista atrás, y me veo montado en una destartalada bicicleta cruzando, por el puente nuevo, el río Segura, para después de subir, y luego bajar, una pequeña cuesta,  perderme por un estrecho camino, donde altas tapias de obra, me impiden disfrutar de la frondosa y variada arboleda de frutales, que dan la sensación de tenerla  prisionera para que las personas que puedan circular por allí no sientan  la tentación de acercarse para saborear los sabrosos frutos que cuelgan generosamente de sus ramas. No eran aquellos años de mucha abundancia para las familias y una fruta siempre era una tentación para el viandante.

Al fin llego a una  construcción con aspecto de una pequeña casa,  una puerta no muy grande y dos pequeñas ventanas, de aspecto térreo. Tras pasar la puerta me encuentro con una sola estancia, mesas bipersonales con dos cajones y dos agujeros para colocar los tinteros, y sus sillas correspondientes. Una mesa de profesor, un sillón de madera nada confortable, dos pizarras de madera colgadas sobre soportes, un armario con dos puertas, un crucifijo y los cuadros de José Antonio y Franco, colgados sobre la pared del fondo. Un armario con algunos viejos libros, una botella de tinta hecha con papeletas, tinteros, algunos palilleros y plumillas marca la corona, un juego de regla, escuadra, y un semicírculo graduado, algunas tizas y varios  mapas murales bastante usados. Sobre la mesa de profesor un Registro Escolar Solana y algunas cartillas de los alumnos y alumnas.

Era una escuela unitaria mixta con unos quince alumnos en total. La distancia hasta mi casa unos tres kilómetros. Los alumnos procedían de los pequeños caseríos de los alrededores que ocupaban jornaleros que trabajaban las fincas colindantes, de algunos terratenientes, como señores feudales de otras épocas. Los alumnos, porque, aquella pequeña casa de solo cuatro paredes no disponía de servicio  para hacer sus necesidades, se perdían tras algún árbol, o tras un ribazo, porque aún tenían pudor, para no ser vistos haciendo aquellos menesteres.

No era fácil sobrevivir en aquellos tiempos, el trabajo era duro y el jornal escaso. Era una economía de subsistencia, toda la familia trabajaba el pequeño huerto en el que cultivaban hortalizas para cubrir sus necesidades, y en el pequeño corral donde criaban gallinas, conejos, un cerdo, y alguna que otra cabra, o borrico necesario para el transporte.

En aquella escuela comencé mi andadura como Maestro, la jornada escolar  era de nueve a  doce por la mañana, y de tres a cinco por la tarde. De lunes a sábado y libre la tarde de los jueves. Los sábados, el maestro y los alumnos, aprovechábamos parte de la jornada para limpiar la clase. Los alumnos eran encantadores, trabajaban con ahínco para salir de la situación en que vivían sus familias y buscarse la vida por otros caminos que no fuera la situación de sus padres.

Yo trabajaba tratando de sacar el mayor aprovechamiento de las clases. El ambiente no podía ser más satisfactorio, a parte de que eran unos buenos alumnos, yo conocía a todas las familias y mantenía contactos con ellas con bastante frecuencia.

Al finalizar el primer mes de trabajo cobré, después de los descuentos del habilitado que me pagó, en aquella época todavía no había en los pueblos Cajas de Ahorros, 930 pesetas (hoy, casi 10 euros). ¿Qué os parece?. Es verdad que no era mucho, pero era mi primer sueldo, y me sentí muy contento, por el dinero y por mi trabajo como maestro.

En aquel año John F. Kennedy ganaba las elecciones presidenciales. Brasilia se convierte en la capital oficial de Brasil. Comienza su andadura 091. El Real Madrid se proclama pentacampeón de la copa de Europa, y gana la Copa del Mundo de Clubs. El Barcelona gana la Liga. El Rey Balduino de Bélgica contrae matrimonio con Fabiola de Mora y Aragón. El Papa Juan XXIII ocupaba la silla de Pedro, quizás fue el Papa más querido y respetado de la cristiandad. Un periódico costaba 1,50 pesetas. Un tocadiscos 2.480 pesetas y un televisor en blanco y negro unas 15.000 pesetas. José Luís y su guitarra, el Dúo Dinámico, y Luís Aguilé, entre otros muchos, eran los cantantes preferidos de los oyentes de la radio.

En verdad os digo, que no me importó mucho una frase que por aquellos años se pronunciaba con carácter despectivo: “Pasas más hambre que un maestro de escuela”.

Yo no se si pasarían hambre, quizás puede que pasaran escasez, lo que si se, es que merecen todo el reconocimiento  de la sociedad a la que dedicaron su vida.

La figura del maestro de escuela siempre ha sido querida y respetada. Su  labor ha sido un ejemplo vivo de lucha, callada y silenciosa, para elevar el nivel cultural de tantos, y tantos niños y niñas, perdidos por tantísimo pueblos diseminados por toda la geografía de nuestro país. Sería pequeño el sueldo, pero su trabajo es el más grande y hermoso que se pueda desempeñar. Sirvan estas palabras de homenaje para todos los Maestros que han dedicado se vida a la Enseñanza.

Hasta otra, en lo digo como lo siento.   Remigio.

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
laverdad.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.