De un tiempo a esta parte se han puesto de moda los autores japoneses y escandinavos, pero, ‘lo que se pone de moda’ no es sinónimo de calidad. No es que ahora haya autores magníficos de los que no teníamos ni pajolera idea, sino que suele aparecer un autor apañado y se suben al carro unos cuantos detrás al calor del tirón aprovechado por las editoriales. Murakami ha abierto la puerta a muchos en Japón. A mí me gusta el Murakami más íntimo, el realismo de sus historias, la soledad impenitente de sus personajes, tan de ciudad, tan reales, tan tristes a veces, pero no otros muchos de la literatura japonesa. Acabo de leer ‘El año de Saeko’, de Kyoichi Katayama, pero aquí sus personajes no me resultan reales, sino impostados, el exceso de lirismo hacer perder credibilidad a una historia ya de por sí extraña. Es la historia de Saeko, una mujer que decide hacer de madre de alquiler de su he
rmana y a raíz de entonces se vuelve tarumba perdida, pero no entiendo por qué se vuelve loca, no entiendo sus reacciones y no le veo sentido a una historia cuando menos rocambolesca.

