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El PSOE, en el sofá

2012 diciembre 4
por Rodrigo Ponce de León / Colpisa

Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá

José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba, durante el homenaje por el 30 aniversario de la victoria socialista del 82./ EFE

Harold Macmillan (Londres, 1894 – 1986), autor de la frase que encabeza este artículo, fue uno de los políticos conservadores británicos más destacados del siglo pasado. Como primer ministro del Reino Unido entre 1957 y 1963 tuvo la responsabilidad de conducir el proceso de descolonización del Imperio británico sin provocar un trauma en una sociedad a la que le costaba abandonar el anhelo del glorioso pasado. Macmillan, cuyos predecesores han destacado su  “sentido y conocimiento histórico” como arma política, entendió que se abría una nueva época en la que era necesario establecer nuevas alianzas y relaciones en un mundo cambiante, en lugar de tirarse en el sofá a llorar por los tiempos perdidos dio un salto en el trampolín. Con esta premisa  desarrolló las bases de la special relationship entre Estados Unidos y el Reino Unido -“Que Gran Bretaña sea para América lo que Grecia fue para Roma”, apuntaba – y aunque lo intentó con Europa tuvo que admitir como un fracaso personal la fallida entrada de Gran Bretaña en la Comunidad Económica Europea.

Y aquí y ahora, entre el sofá y el trampolín, el PSOE se ha instalado en el diván. Los actos que se están sucediendo desde  el pasado domingo  -el homenaje por el 30 aniversario de la victoria del PSOE en las elecciones de 1982 y el de Gregorio Peces Barba- no han sido más que sesiones de terapia colectiva partidista donde el paciente mostró sus debilidades, fobias, contradicciones, complejos y falta de identidad.

El principal objetivo del PSOE en los próximos meses es la recuperación de su identidad política, algo difícil si las personas que están ahora al frente tuvieron un protagonismo claro en la defenestración del sustrato ideológico que supuso la era Zapatero. Todavía retumba aquella frase de  “Bajar los impuestos es de izquierdas”. Como explica Antonio Papell en su libro El futuro de la socialdemocracia el PSOE necesita recuperar sus esquemas ideológicos tradicionales y abandonar la asunción del marco liberal, como denunció George Lakoff,  y tratar de superar la incapacidad para renovar la conversación pública -debilidad de los partidos de izquierda, que apunta  Tony Judt-.

El reto es difícil. Botón de muestra es la escasa credibilidad de la crítica socialista al incumplimiento de la promesa de Mariano Rajoy de no tocar las pensiones. Pero además en el homenaje de los 30 años de la victoria del PSOE mientras que el expresidente del Gobierno y referente del socialismo español, Felipe González, aconsejaba la recuperación de la “vocación de mayoría” como un esfuerzo por buscar posiciones centristas que seduzcan al conjunto de la sociedad, el secretario general del partido, Alfredo Pérez Rubalcaba, se enfrascaba en un discurso en el que definía al PSOE como “totalmente anticapitalista” y, a la vez, abogaba por encabezar un “radicalismo reformista”. Una ensalada de confusión.

Este desorden ideológico es aún más patente cuando los socialistas tienen que enfrentarse a la estructura territorial de España. En este tema aparecen los complejos históricos, la debilidad ante los planteamientos nacionalistas y el abandono de la esencia ideológica de la socialdemocracia de una sociedad de iguales por aberraciones como el “federalismo asimétrico“. En este ámbito sería necesario que se escuchen más a menudo voces cercanas a la ortodoxia ideológica como la del  presidente del PSOE, José Antonio Griñán.

¿Qué ha estado haciendo el PSOE durante el año en el que el PP se ha desangrado políticamente a golpe de recorte? Autoafirmarse en su incapacidad para convertirse en alternativa de Gobierno.

Si el PSOE es el partido que más se parece a España se entiende esta esquizofrenia nacional. Hace falta una auténtica  renovación del partido y una vuelta a los orígenes ideológicos. Menos sofá y más trampolín.