El otro día, ya de noche, fui al cajero a sacar dinero ya estaba a punto de entrar en el mismo cuando me di cuenta de que dentro había una persona tumbada en el suelo y tapada con mantas, el se dio cuenta de que yo me frene en la puerta al verlo y que no entre en el cajero debido a su presencia en el mismo, el no dijo nada, yo me marche sin sacar dinero, esto me costó estar toda la noche pensando el motivo que lleva a muchas personas a estar en esa situación, y que hubiese ocurrido si hubiese entrado en el cajero seguramente nada, hubiese sacado el dinero como cualquier día y ya está. A la mañana siguiente compro la prensa y me dirijo al banco mientras estoy en la cola para realizar una gestión abro el periódico y leo la siguiente noticia, un ciudadano no dudó en destinar los 30.000 euros que tenía guardados en el banco a la cuenta que le habían indicado, diez años después, sin embargo, acaba de darse cuenta de que no puede disponer de esos ahorros, fruto de toda una vida de duro trabajo, porque la entidad financiera ha bloqueado sus fondos y, lo que es peor, se ha enterado de que su dinero no fue destinado a un depósito, sino a unas participaciones preferentes, un complejo producto financiero con un nivel de riesgo mucho mayor, el ciudadano cree haber firmado una inversión a un plazo fijo a cinco o diez años, pero al querer disponer de ese dinero antes de ese periodo, se encuentran con una desagradable sorpresa, solo puede rescatar sus ahorros acudiendo a un “mercado secundario”, en el que estos productos se venden muy por debajo de su valor inicial. Esta noticia me hace recapacitar, donde estoy más seguro anoche en el cajero o aquí haciendo cola para hacer una transacción comercial.

