La Verdad

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Juntos somos más y mejor
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Mar Peté | 01-10-2017 | 08:11

images-25Cuando el “ni contigo ni sin ti…” anda merodeando, lo mejor es tomar el puesto de mando, las negociaciones no van a ser fáciles y más de uno va a intentar colarse por el medio para manipular los corazones sin más intención que la de hacer daño desde la irracionalidad, el rencor o la profunda ignorancia.

Nadie se levanta un día, así, de repente, y se da cuenta de que se ha emparejado, y que ese que ronca a mi lado, por lo visto, se ha convertido en mi otro yo y así para todos los siempres. Pues no, todos llegamos a ese estado después de una historia, de una historia en la que decidimos unir nuestras fuerzas formando un solo territorio comanche. Es esa historia en la que determinamos que tu yo se juntase con el mío para formar un nosotros, sin que yo dejara de ser yo y sin que tú dejaras de ser tú.

-¿Entonces resulta que por unirnos nos volvemos dependientes?

Pues resulta que de un modo u otro, nos guste o no, todos dependemos de todos. Lo cierto es que mi libertad no consiste en despacharte de cualquier modo y de la noche a la mañana volverme autosuficiente. Porque sí, porque a mí me encanta sentir cada mañana tu abrazo y me vuelve loca saber que, aunque mis cosas no siempre te gusten, en el fondo nos necesitamos o ¿acaso tú podrías disfrutar de mis besos sin mis labios y yo sin tu pasión? Hay demasiadas cosas que hacen que mi vida sea más un contigo que un sin ti. ¡Qué sería de nosotros si no fusionáramos ciertos intereses…!

-¡Qué bonito es el amor, pero… y si me da por independizarme!

La independencia es una sensación, no un estado. Ser independiente es sentirme orgullosa de mí y de lo mío, es no dejar que me manipulen ni me adoctrinen. Es saber que la unión hace la fuerza y que no hay nada más infame como el que pretendas lanzarme un ataque se sedición por seguir los consejos de cualquier cantamañanas que te haya querido comer la oreja con falsedades y promesas de grandeza… Precisamente son esos tipejos los que van diciendo a gritos que andan flojos de remos en inteligencia y sobrados de masa muscular traicionera.

Sí, todo es negociable, por supuesto. Todo, menos lo que está en aquel contrato de fidelidad que firmamos históricamente mirándonos a los ojos. No hay arrebato de autodeterminación que no se cure con un buen beso apretado, porque solo el que ha besado a una española sabe, que nosotras, cuando besamos, lo hacemos de verdad y a ninguna nos interesa besar por casualidad…

¿Que de pronto te da un runrún de crisis institucional y se te ocurre lanzarme una opa hostil territorial? ¿Quizá te parecería mejor que convocara un referéndum unilateral y que solo votaran los de mi chupipandi para ver qué les parece a ellos este frenesí que ahora te ha dado por decretar? Y así entre los unos por un lado, los otros por el contrario y nosotros tirando de la cuerda, terminaríamos armando la tremolina. Ale, pues yo haré caso solo a lo que opinen los de mi bando, que ni tu opinión ni la de todos los otros que nos conocen, que nos quieren y con los que hemos compartido tantas cosas desde siempre voy a tenerla en cuenta. Es verdad, quizá el resultado no te guste, pero es posible que recuerdes que jamás habíamos hablamos de un referéndum entre tú y yo, ni tan si quiera en la letra pequeña de nuestro amor habría cabido semejante disparate.

Lo cierto es que hay historias de amor que nacen y a veces tiene sus altibajos. Pero jamás se esfuman, nunca desaparecen, porque son historias que el tiempo las hace imborrables y no hay nada como volver a compartir tiempo, palabras, lugares y una misma ilusión. Podremos vivir momentos de distanciamiento, incluso creer que la solución pasa por algo tan sencillo como decirnos adiós, ahí te quedas, me separo de ti, tú a Cataluña y yo a España… Podremos tener nuestros más y nuestros menos, pero bien sabemos que, cuando de verdad la historia es la que es, tu mano y la mía rozan una misma piel y yo soy yo, pero contigo soy mucho más. Entonces, el tiempo termina destapando la careta de aquellos que se frotaron las manos soñando con nuestra disolución y, sorprendentemente, el final termina convirtiéndose en el principio. Por eso me pienso subir a lo más alto, voy a sentirme como una heroína y auténtica defensora de lo nuestro. Y yo, desde allí, con tu mano entrelazada con la mía y envuelta en la bandera que representa nuestra libertad, nuestro orgullo y nuestra fuerza gritaré a todo el que me quiera escuchar:

-¡Juntos somos grandes, juntos somos fuertes, juntos somos nosotros!

Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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