La Verdad

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Toma y daca
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Mar Peté | 15-10-2017 | 09:03

90417c7d84c7dfa6a12feff14f3f75a7opEs verdad que a veces nos sobran razones, es cierto que también podemos andar sobrados de ilusiones, pero lo que nunca es admisible es ir por la vida de sobrao creyendo que el mundo debe está agradecido por haberte conocido. Por eso me encanta hacerme la chulita con esos que presumen de no necesitar nada de nadie, de tener de todo y a manos llenas, yo sé de buena tinta que de lo único que andan sobrados es de carencias y especialmente escasos de sus presunciones.

A mí, en cambio, me encanta ir por ahí dando y pidiendo porque nunca tengo suficiente de nada y siempre tengo mucho de todo. Es curiosa la cara que le veo a más de uno cuando en el después le doy las gracias. Lo cierto es que se quedan tan descolocados que alguno hasta osa deslizarse entre las sábanas en silencio y va a mirarse al espejo para ver si con ese cuerpo la cosa ha podido dar para tanto agradecimiento. Pero es que claro, a ninguno se le ocurre echar un vistazo dentro del alma para ver qué bonita se nos queda tras ese combate cuerpo a cuerpo, alma a alma.

A mí me encanta dar las gracias, creo que es la cosa más bonita que se ha inventado, bueno, rectifico, va después de disfrutar de un atardecer apoyada en quien yo me sé; pero por lo demás, dar las gracias está en el primer puesto de las cosas preciosas. En los días que no me pasa nada, me da el runrún de estar en deuda con el dar y me invento una excusa y, de pronto, noto que la vida misma es suficiente para sentirme agradecida. Me encanta recordar a esos que en su momento no dieron la talla y les estoy agradecidísima, ¡qué grande me hicieron sus desplantes! O como aquellos, que desde su distancia y su silencio, creyeron que me iban a callar, ¡muchísimas gracias! Aprendí a regalarle mi aprecio a los que de verdad se lo merecían, y oye, que ando sobrada de buena energía y buenos rollos y me siento querida y rodeada de todos a los que de verdad importo.

Quizá las prisas nos quitan tiempo, pero yo no quiero que me roben un puñado de minutos para poder acariciar la mano de mis amigos, para esconder nuestro último abrazo en el hueco secreto de los apretones o para escuchar tus penas y tus risas sin mirar el reloj porque sé que contigo el tiempo se para y esos minutos me los devuelves siempre envueltos en el papel de regalo de tu amor.

Yo nunca voy sobrada de nada, yo soy más de pedir. Me encanta pedirte perdón por esas cosillas que sé que nunca me echarás en cara, para que nunca sean una pincha que revolotee en la nube virtual de nuestra bonita historia. Y como por pedir que no quede, me muero por pedirte permiso para entrar hasta el fondo, acariciar tu corazón y quedarme dentro merodeando y enredando.

Dar y pedir, bonita balanza. Las emociones equilibradas, ese toma y daca entre tus sentimientos y los míos. Y tú me das y yo te doy, y siempre a manos llenas. Unos días tú me pides y los otros te rondo yo con peticiones de todos los colores. Tu mano con la mía, tu corazón en el mío y nuestras sensaciones alborotadas entre tanto trueque.

Bien sabes que tengo guardados mil besos en mi cartilla de ahorros emocional. Dicen que mis labios saben a canela y a carmín, pero mis besos no están de oferta, ni se venden ni se subastan. Los que rozaron mis labios también saben que jamás regalo un beso, que mis arrumacos no andan por Wallapop esperando al mejor postor. ¿Cómo voy a vender mis besos? ¡Un beso mío no tiene precio! Porque no, porque mis besos ni se piden ni se dan, mis mejores besos se roban, se raptan de mis labios a traición, con nocturnidad y alevosía.

Me encanta pedirte perdón. Y pedirte permiso hasta me da morbillo. Pero no esperes que pida tu amor porque no hay nada más triste y penoso que un amor limosneado, un amor pedigüeño, un amor por caridad… Tú me quieres y yo te quiero, ¿y lo demás? Todo lo demás mariposea alocado entre nosotros. No me quieras tú más que yo, nada de amor sobrante, que ese amor es tan engreído que pasa factura y como no le salgan las cuentas es capaz de acabar con el toma y daca y entonces el “qué bueno mientras duró” gana la batalla.

Me encanta sentir cómo me das cuando tu mirada se cruza con la mía, me vuelve loca ver cómo me pides cuando, sin abrir la boca, sabes bien lo que quiero y me arrebola hasta decir basta cuando, sin pedir ni dar, me lo robas y me dejas sin aliento.

Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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