La Verdad

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Minutos de ilusión
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Mar Peté | 12-11-2017 | 09:24

2jhc7ck¡Qué pocas cosas hay que no sean pecado, engorden, salgan gratis y que además den gusto! Es cierto que algunas veces pecar da más gustirrinín que coger dos kilos, porque aunque a esta altura de mi vida, he de reconocer, que me arrepiento de alguno de mis pecadillos, pero hay de unos cuantos que no tengo ni el más mínimo remordimiento, es más, confieso que si la otra parte se prestara, hasta sería reincidente.

Reconozco que sentarme en el sofá en plan maratón de series me atrae un montón, sobre todo ahora que la mantita ha vuelto a ser mi segunda piel. Pero para ser planazo total, nada como una tableta de chocolate en una mano y un capazo de palomitas en la otra… ¡si es que solo de pensarlo estoy segura de que ya he cogido varios kilos! Y claro, después qué, arrepentimiento, desesperación y directa al gimnasio para rebajar el soffing del weekend. No hay lágrimas más caras que las derramadas tras pasar por la báscula, porque primero me costó comer pero mucho más me va a costar el descomer. Es curioso, un atracón de palomitas dura a lo sumo un par de horas, pero para despegármelas del trasero, menos de dos semanas de autoflagelación en forma de sudor no me las quita nadie.

Y si después de comprarme un caprichito, gastarme los cuartos y dejarme la cuenta temblando para una temporada, no me da gusto, entonces, es que es para matarme. Reconozco que a veces soy un poco cabeza loca con la tarjeta, que se me calienta el monedero y zas, y veo unos tacones que me hacen ojitos, lo cierto es que soy incapaz de darles la espalda. También es verdad que últimamente estoy notando un no sé qué por dentro, igual que si estuviera entrando en esa edad en la que la palabra sensatez y prudencia empiezan a hacer hueco en mí. No sé si alegrarme por ello o echarme a temblar, ¿será que me estoy haciendo mayor? Bueno, sea lo que sea, la verdad es que mi banco y mi estrés emocional me lo están agradeciendo. Tanto, que en mi cuenta últimamente en lugar de números no hay nada más que emoticonos con ojos de corazón.

Pues sí, en vista de lo visto, que lo de pecar, engordar y gastar dinero tiene su peligro, he decidido usar toda mi energía en tener ilusiones. Y me encanta, porque he puesto en práctica una nueva terapia que me he inventado yo solita. Se llama el minuto mágico. Cada mañana, antes de poner en acción toda esta adrenalina con la que se despiertan mis huesos, guardo un minuto de silencio, y no por ningún muerto, qué va. Es mi minuto de la ilusión mañanera y pienso en algún trajín para ese día con el que me sienta removida por dentro, un lío que esté deseando poner en marcha y oye, que noto que me pone las pilas a cien. Así da gusto encararse con la vida, porque no hay gilipollas capaz de borrarme esta sonrisa que mi ilusión mañanera me dibuja y además es que me dura todo el día y, si me apuras, hasta parte de la noche, sobre todo si encima la cosa se complica para lo bueno, claro.

Pero si lo de la mañana está genial, ni qué decir tiene ese otro minuto de silencio que me guardo para la noche. Le llamo el minuto de la felicitación, y oye, que nada como rebuscar en el día alguna cosilla que haya hecho digna de merecer un puñado de parabienes, y qué, pues que ni una ni dos, ¡qué va! Yo me vengo arriba y no hay quien me pare, porque vaya puñado más gracioso de felicitaciones que me dedico cada noche sin cortarme ni un pelo. Y claro, a ver quién es la guapa que después de este subidón de autoestima no es capaz de dormir a pierna suelta, con la conciencia en modo avión y dispuesta a cualquier cosa, incluso a pecar un poco si es que se diera el caso. Pero es que pecar con remordimientos no sabe igual que caer en la tentación cuando una va sobrada, sobre todo, si es de ilusiones, emociones y con la tarjeta intacta.

Es posible que solo los tontainas vivamos de sueños, quizá algunos prefieran al pan pan y al vino vino, pero lo cierto es que yo solita me hago ilusiones, me las quito de la cabeza y me las vuelvo a creer y todo esto gratis y sin engordar. Y mientras, me lo imagino, me acuerdo de aquella vez o me figuro de cómo sería y a veces, aunque solo a veces, la vida me regala una ilusión convertida en realidad y yo, entonces, voy y la disfruto a sabiendas que no hay nada mejor que caer en la tentación de una ilusión deseada, soñada y conseguida.

Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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