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Mar Peté

Desde mis tacones

¡Qué ganas tengo!

imagesnnA veces me da por pensar, pero lo malo es cuando me da por repensar y entonces la cosa se lía, porque empiezo a comerme el tarro y acabo dándole tantas vueltas a todo que me siento igual que cuando de pequeña jugaba al molinillo en el patio del colegio y muertas de risa terminábamos tiradas por el suelo mientras el mundo entero andaba bocabajo.

-¿Y si me dijeran que en una semana esto se termina?

-¿Esto? ¿Y qué es ese “esto” que se va a finiquitar y te tiene tan arrebatada la cabeza?- me pregunta mi tía que, como me conoce tanto, hasta me visualiza antes que yo misma.

Pues lleva razón, desde hace unos días estoy con este runrún y hasta he llegado a hacer una lista con las ganas aplazadas. Ya sé que no paro y que es raro que yo tenga esta sensación, pero yo igual un día de estos voy y me enrutino, pierdo esta chispa tan mía y se me quedan por el camino el puñado de ilusiones con las que me levanto cada mañana, esas mismas a las que me abrazo cada noche, no vaya ser que mientras duermo, venga el hombre del saco y me cambie las ilusiones por chascos y me vuelva una refunfuñona.

Pues eso, que los días pasan volando y yo no quiero que se me amontonen sin que les saque todo su jugo antes de que sea tarde. Así que, como soy tan organizada, me he puesto manos a la obra porque no quiero olvidar nada, no vaya a ser que, cuando sea viejita, diga: “¡Anda, si me quedé con las ganas de esto y de aquello…!”. Y aquí estoy, haciendo una lista de espera con las ganas.

Lo primerito va a ser cerrar heridas, porque a ver dónde voy yo lloriqueando por uno que igual ya ni me tiene en los contactos de su móvil viejo. Decidido, a partir de ahora, cuando me acuerde de él, me va a dar la risa, ¡ya lo creo que sí! Porque puede que yo a él le importe un pepino, pero si se cree que he olvidado el día en el que se le cruzaron los cables, se le secó la sesera y la entrepierna y ni haciendo veinte flexiones para impresionarme hubo forma… Recuerdo que lo mejor de la noche fue ver “Pretty woman”, aunque sin palomitas…  ¿se puede ser más patético?

También tengo unas ganas enormes de hacerme amiga de una que seguro que ni se lo imagina. Hace un tiempo no me lo habría creído ni yo, pero oye, que con los años se me abren los ojos y el sentido común. Cuando los veo a los dos juntos, él tan indescriptible y ella tan indisimuladamente aburrida, me digo: “¿Esa es la cara que habría tenido yo?”, y entonces miro mi careto al espejo y me suelto un: “Ole, ole y ole. ¡Ni la mejor y más pija crema del mercado lo habría hecho mejor!”. Creo que para ser justa a esta santa mujer le debo un café, unos churros, una copa de champán y hasta mi más sentido pésame. Así que, así vistas las cosas, no me queda más que dar gracias a la vida por lo que me da pero, sobre todo, por lo que me quita.

No quiero estirar la pata sin haber dicho aquello de: “Siempre nos quedará París” y ojalá que no sea como única esperanza para ver al Real Madrid ganar algún partido este año.

Por mucho que lo intente siempre habrá lugares por visitar, ciudades por descubrir y rinconcitos por encontrar. Pero jamás de los jamases quiero que deje de darme un vuelco en el corazón cada vez que mis pasos me lleven hasta lo más grande y hermoso que tenemos en esta tierra. Quiero que mis ojos se sigan asombrando y que mis pulsos se me aceleren cuando me quedo embobada viendo este pedazo de catedral. Me niego a pasar de largo y que no se me remuevan los pordentros, porque sé que ella me mira a mí y yo, nerviosa, aprieto el paso taconeando por su plaza para que un puñado más de historia se reescriba al compás del repiqueo de las campanas de esa torre tan requetechula.

Y no vaya a ser que se me olvide besar porque esto de besar es todo un arte, y que como no se practique, tiene sus riesgos. Y yo, que para estas cosas del besuqueo soy muy artistilla, me juego lo que quieras que hasta con los ojos vendados voy y adivino tus labios entre mil. ¡Y que no me queden besos y cariños por dar! Y que de aquí hasta que pase a mejor vida que no me aburra ni me pierda nada por disfrutar, porque yo, de lo que de verdad tengo reganas, es de comerme de un bocado todas tus ganas con las mías.

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Sobre el autor

Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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