La Verdad
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Autor: Mar Peté
Fitness cardio-sentimental
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Mar Peté | 14-01-2018 | 9:58| 0

images81ipbjw3Como hasta san Antón, Pascuas son… todavía estoy a tiempo de buenos propósitos y cosillas de esas. Aunque eso sí, para lo del descomer el refrán no me vale, porque si por mí fuera soy capaz de arrastrar la Pascua hasta Ramos y de santoral en santoral, tiro porque me ha tocado.

La verdad es que yo hace mucho que desistí de los propósitos tipo anticulpabilidad. Me niego a caer en la trampa de los gimnasios, con esa tontuna de poner en forma los musculitos, ¿o es que acaso el corazón no es también un músculo? Pues eso, que este año voy a centrarme en el fitness cardio-sentimental. No sé si conseguiré ponerme en forma, no tengo ni idea si de algún esfuerzo amoroso voy a terminar con un tirón o una luxación ventricular, pero lo mejor de todo es que ni lo sé ni me importa. Yo tengo mi teoría, y es que un corazón bien entrenado está a prueba de un subidón de pulsaciones o incluso hasta de una fibrilación inesperada. Yo lo noto, no hay nada como una pequeña dosis de sexy-adrenalina y no hay palpitaciones que se resistan. Y si ese runrún se enciende a tope, mi cuerpo, mis rodillas, mis pestañas y mi ritmo cardiaco se ponen tan en forma, que un guiño de tus ojos vale más que una sesión de zumba en el cutregimnasio de la esquina. Pero eso sí, aún no tengo muy claro si mi corazón va a conseguir mantener las pulsaciones cuando el tuyo palpite al compás del mío o me va a dar tal apretón, que del infarto me caigo redonda y no va a haber boca a boca ni masaje capaz de reanimarme. Aunque pensándolo bien, ¿qué es estar enamorado? Pues es un corazón felizmente atontado y paralizado sin recuperación posible.

Y bueno, ya para qué decir del dichoso y eterno propósito que año tras año me sigue, me persigue y me angustia. Aprender inglés. Además, cuando ya me creo que sé algo, van y me dicen que no, que después del B1 va el B2, y el C1… y así ¿hasta el Z1? Pues ya está, decidido, no pienso apuntarme a una academia de idiomas nunca jamás de los jamases. Que no, que ya lo he comprobado hasta decir basta, que ni sé ni voy a saber inglés en mi vida, ¿cuántas veces más voy a tener que demostrarle al mundo que lo mío son otras lenguas? Sí, he dicho otras lenguas y qué, ¡pero con el inglés, never ever!

Ya puestos, prefiero apuntarme a coger sitio fijo en la zona VIP de la biblioteca, porque me temo que me va a ir mejor en el asunto de la puesta en forma del corazón con los de ahí que con los del gimnasio. Hace tiempo que decidí tenerlo claro con los criterios de selección del casting amoroso y no tengo la menor duda. Me niego a aceptar faltas de ortografía, soy incapaz de justificar un arrebato pasional escrito con corazón, pero sin conocimiento. Seguro que entenderás que ante un “Haver si nos vemos pronto”, yo directamente te bloquee o, si ya quieres dejarme sin sentido y con ganas de morir, olvídate de poner las tildes y escríbeme con abreviaturas como si estuviéramos en el instituto. Tío, en Tele 5 al mediodía te están esperando, ahí triunfas seguro. Quizá la flora y fauna de las bibliotecas sea, como poco, peculiar; pero al menos, a falta de musas, tienen buena materia prima de donde sacar porque, ¿va a ser lo mismo un whatsApp de inspiración becqueriana que un trending topic de su grupo de amigotes? Es verdad, a veces estos intelectuales son un rato frikis, pero para eso estoy yo, ¡anda que no doy vidilla y de la buena entre capítulo y capítulo de un clásico! Voy, me calzo los tacones y ya verás de lo soy capaz de hacer por amor al arte… ¿Y tú me lo preguntas? ¿Poesía? Poesía soy yo… y como me pongas esos ojitos te van a faltar metáforas,  anáforas, elipsis y aliteraciones para salir vivito y coleando de esta.

Pues sí, aún me quedan unos pocos días para poner en marcha mis proyectos y espero que san Antón, que siempre ha sido tan comprensivo conmigo, sea capaz de entender que en lo del descomer no sé si voy a poder cumplirlo. Yo, por ahora, me he congelado en trocitos lo que me sobró del roscón y así, cada vez que me dé la tentación me como uno y le echo la culpa a san Antón o al santo que toque ese día. Pero como lo de la fusión de la puesta en forma del músculo cardiaco y lo literario me salga bien, para el año que viene me forro, ¡que tiemblen los gimnasios y Tele 5 porque las bibliotecas lo van a petar!

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Carbón para las niñas malas
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Mar Peté | 06-01-2018 | 1:05| 0

descargaDónde va a parar, si es que no tiene comparación, ya pueden seguir inventando fiestas frikis los norteamericanos que a mí no me engañan. Que se queden con su Halloween, su Black Friday y su Papá Noel, pero eso sí, que no se les ocurra tocarme a mis tres Reyes Magos porque por ahí no paso, ¿eh?

Lo cierto es que Santa Claus lo tiene bien complicado, porque puestos a elegir, a ver quién es capaz de ganarle la partida a tres buenos mozos, venidos de lugares exóticos, con barbas o sin ellas y a elegir entre mulato, asiático o más de los de por aquí. Además, hasta son capaces de cualquier cosa, porque claro, son tres y magos, y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa. Y para colmo, es que están forrados, porque no son de esos que regalan un jarrón de Ikea para salir del paso, qué va. Nada más y nada menos que traen oro, ahí es nada; incienso, que viene a ser lo que un perfume de Chanel de estos tiempos, como poco; y mirra, todo un presente digno de una diosa. ¿Y todavía alguien cree que Papá Noel tan viejuno y barrigón es una dura competencia?

Yo, desde luego, lo tengo claro. Tres tíos capaces de venir desde tan lejos, acertar siempre con mis deseos y con la alevosía y el morbo que confiere la noche… ¡A mí no me comen el tarro estos yanquis! Si es que cómo no me voy a dejar engatusar por sus majestades, si lo único que me piden a cambio es que les deje un par de zapatos en el mejor lugar de la casa. Y yo, que para estas cosas soy muy pillina, voy y les pongo mis taconazos más fashion, no vayan a pensar que a mí con unas tontadas de alguna tienda de chinos de oriente me conformo. Estoy convencida de que en cuanto los ven, lo tienen claro, aquí toca dejar regalitos de gama alta, sí o sí.

Lo cierto es que todas mis mañanas del 6 de enero desde que era pequeña siempre han sido especiales y, por descontado, la de hoy no es diferente. De pronto, entre sueños, me hacen runrún las tripas y no es por hambre, que anoche di buena cuenta del roscón y aún estoy intentando hacer la digestión. Lo tengo más que claro, ese cosquilleo en la barriga son nervios, es una desazón que me tira de la cama y me lleva directa al salón. Pero antes, miro por el rabillo del ojo y ahí están las tres copas de licor vacías y los papelillos de los polvorones abiertos y rodeados de miguillas. Entonces sí, toca envalentonarme, cierro los ojos y abro el corazón dispuesta a encontrar todo lo que les escribí en un whatsAap dejándoles bien claras mis ilusiones. Aunque también está lo otro, porque eso de ser una niña buena, pues me da a mí que no lo he cumplido mucho, bueno ni mucho ni poco, para mí que este año he hecho un poco de las mías…

Abro la puerta y ahí están mis zapatos mirándome con cara de pocos amigos. ¡Madre mía, y ahora qué hago! No hay ni rastro de las miles de sorpresas de los otros años esperándome envueltas y con su lazo en lo alto. Si es que esto es lo que me pasa a mí por pasarme un año entero liándola y sin acordarme de portarme bien. Me acerco, me asomo y veo dentro de uno de mis zapatos un trocito de carbón… Lo cojo, le doy un lametón y está tan dulce que no me puedo contener, voy y me lo zampo enterito. De pronto, me fijo bien y me doy cuenta de que hay un papelito que lleva mi nombre, ¡ay, qué nervios! Lo abro, me tumbo en el sofá y, mientras me relamo los restos del carbón dulce que se me han quedado pegados en los labios, lo leo:

“Dice la leyenda que a las niñas malas los Reyes Magos les regalan carbón y aquí lo tienes, por ser tan tremenda. Pero lo fácil es ser buena con tal de conseguir un regalito. A nosotros tres lo que más nos gusta de ti es lo bien que te lo pasas porque lo tienes superclarísimo: vida solo hay una y eso de ser una aburrida se lo dejas a las niñas buenas. Sí, esas que luego necesitan regalitos para a ver si así se entretienen un poco.

Este año nuestro regalo no viene envuelto ni es para que lo luzcas en tus saraos. Nuestro regalo se llama vida, alegría, risas, amigos, fiestas y amor. Y nosotros queremos verte siempre disfrutando a tope. Así que, por favor, sigue siendo una niña mala, no te arrepientas, que de las buenas y aburridas ya estamos hartos”. Firmado: tus tres admiradores secretos mejor guardados.

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12 meses, 12 pasiones
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Mar Peté | 31-12-2017 | 10:17| 0

navidadY oye, que hace nada estaba yo en el chiringuito playero con las chanclas y el pareo, y de pronto, ando comprando las uvas con el plumas puesto y canturreando un villancico machacón que me persigue. La cosa es que el tiempo pasa requetevolando y por más que quiero saborearlo y hasta detenerlo, no hay quien pueda ralentizarlo y quitarle a los minutos un puñado de fibra óptica para que estos segundos supersónicos nos parezcan horas.

Lo cierto es que yo soy muy de vivir y revivirlo todo hasta el máximo, que no estoy por perderme nada y que se me escape lo mejor, porque los ratos buenos, son buenos desde el antes, el durante y el después. Así que nada de ser aguafiestas con eso de irnos los primeros, que en el después siempre llega lo mejor y nos toca la resaca recordando y repasando nuestras locuras muertos de risa. Y como cada instante de mi vida es irrepetible, pues a mí plin con tus excusas de aburrido.

En la tele dicen eso de 12 meses, 12 causas; pues yo no voy  a ser menos. Así que, ahora que toca hacer propósitos, los míos van a ser 12 meses, 12 pasiones. Pero eso sí, en estas cosas es importante la organización, que luego nos pilla el tiempo y en cuanto nos descuidemos estamos sacando las procesiones y los refajos y, a renglón seguido, ale, otra vez la sombrilla y el turrón. Nada de improvisación, que esa es para los que viven en el last minute de la vida y a esos ya sé yo luego cómo les salen las cosas. La mejor improvisación es la que se prepara, que de improvisaciones improvisadas están los fracasos llenos.

Si con cada uva mañana me pido un deseo, con cada mes este año me toca un subidón de pasión.

En enero, me ocuparé del calor interior, que el otro, con una buena chimenea y una bufanda se arregla pronto. Pero como es imposible ilusionarse con el corazón frío, en enero toca calentar motores y dejar que las caricias abrasen por dentro y los besos enciendan las llamas.

Y así, sin más, llegamos a febrero. Y como ya me habré preocupado en enero del cambio climático de mis sentimientos, nada mejor que estar predispuesta a celebrar sí o sí el 14 de febrero. Claro, que para eso más vale tener con quién y no contra quién.

¡Ay, ese marzo tan juguetón! ¡Ese marzo que saca lo mejor de cada uno de nosotros y termina regalándonos una primavera! ¿A caso no voy a ser capaz de dejar despertar esa naturaleza salvaje que llevo dentro en ese intenso letargo invernal? Pues va a ser que nones. Así que, que se preparen los alérgicos que este año vengo dispuesta a todo y a más.

Mayo… mes por excelencia de las declaraciones. La de Hacienda, seguro, pero ya me ocuparé yo para que haya alguna otra y, a ser posible, que me salga a devolver, que esas son las que molan.

En junio, a más de uno que yo me sé le van a catear, y a septiembre que los pienso mandar con un par de asignaturas pendientes.

¡Qué decir de ese julio maravilloso! Con vacaciones o sin ellas, mi cuerpo se pone en modo playa y no hay quien lo pare, y como alguno lo intente, voy y se lo explico.

¡Por fin agosto, el rey de reyes de los 12 meses! ¿De verdad hay alguien que sea incapaz de ser feliz en agosto? Pues será un aburrido, porque yo con un chiringuito y saraos nocturnos inconfesables no pido más, o sí, ya veremos…

Septiembre el estupendo. Se acabó el calorín, mi piel caribeña sigue dorando tus miradas y a los amores de verano los despacho. Pero eso sí, mi cuerpo sigue de vacaciones. ¡Y ale, otra vez el lío en los garitos de ciudad! Nada como renovar la agenda con las novedades que cada otoño salen a la calle para desllorar los corazones partidos de las crisis amorosas del verano.

De octubre no tengo nada más que buenas palabras. Es el mes de los escotes, de las mini faldas y de los taconazos… ¡que para abrigarnos y quedarnos encerrados en casa ya habrá tiempo!

Me encanta noviembre, por fin me puedo lanzar a renovar el armario porque comienza a refrescar y la gente no me mira con mala cara si vuelvo con un puñado de bolsas llenas de ropa de nueva temporada recién comprada.

Nada como diciembre. Es tiempo de auditar las pasiones. Es tiempo de reconocer que me he pasado un año de puta madre. Es tiempo de pensar lo bien que me lo he montado… si es que hay veces que hasta me sorprendo tanto de mi misma, que ni me soporto. Objetivo cumplido: 12 meses vividos a tope y 12 pasiones disfrutadas sin pizca de remordimiento.

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Maldita lotería
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Mar Peté | 24-12-2017 | 9:53| 0

sexy_xmas_girl-500x412Pues sí, aquí estoy un año más, tan pobre como ayer o tan rica como siempre, según se mire. Pero lo cierto es que ni a mí ni a un buen puñado de españoles nos ha tocado ni una perra en la maldita lotería. Pero yo, que soy muy de sacar de donde no hay, creo que esto es una señal ¡y de las buenas! La verdad es que todos los años me empeño en pellizcar a la suerte y la suerte, ni caso. O quizá sí.

Y mientras, aquí estoy yo, jugueteando con los décimos que ya no sirven ni para sonarme los mocos… ¡Ay, mi gozo en un pozo! Y tiro a la papelera la lotería sin premiar junto con todas mis ilusiones de creerme millonetis. De pronto, miro de reojo mi armario y me pregunto dónde pensaba yo meter los miles de modelitos y los cientos de tacones de marca que iba a comprarme como hacen las ricachonas.

Si es que la vida es muy sabia y claro, seguro que antes de llenar los bombos con los números, algún duendecillo de la suerte se ha dado una vuelta por mi casa y ha corrido la voz de que no me falta de ná y yo que lo ratifico. Si es que cada vez que se me va la mano y caigo en la tentación de comprarme alguna chuminada, me viene el eterno dilema, porque a ver quién es la lista que es capaz de decidir qué otra chorradilla, de las que ya tengo, quito para poner el último caprichito. Así que, al final termino convocando a la chupipandi, hago una merienda-mercadillo, con tómbola incluida, y así dejo espacio para las novedades, porque me da a mí que las apreturas no son buenas para nada en esta vida.

Lo cierto es que una Navidad sin regalos va a ser como que no. A mí, desde bien pequeñita, me gustaba regalar a todo el que me cruzaba, y como antes no había una tienda de los chinos en cada esquina, pues me iba agenciando los regalos como podía. Y entonces rebuscaba entre los cajones de mi madre, era como ir de compras pero sin tarjeta, vamos lo que viene a llamarse una shopping-house. Después hacía paquetitos requetenvueltos en papel de colorines y lo divertido llegaba cuando los iban abriendo y mi madre descubría que había regalado un cenicero de plata aboyado, su reloj sin pila y con la correa rota, una bolsita con las cuentas de un collar que jamás arreglaría… y entonces, mi madre se reencontraba con todos sus tesoritos repartidos entre los primos y los vecinos, y sé que hasta le daba gusto el reciclaje sorpresa de sus cajones.

Por eso, yo me niego a dejar pasar unas navidades sin vivir la ilusión porque a mí me encanta dejarme llevar por las luces de las calles y apretar entre mis manos un cucurucho de castañas asadas mientras que me arde la boca con el primer mordisco y aprovecho para jugar a echar vaho imaginando que voy fumando como en las películas en blanco y negro. Y la Navidad se me mete hasta bien dentro, y la ilusión me llena de regustito, y cierro tanto los ojos que me parece que las estrellas se van encendiendo a mi paso y brillan tantísimo que no conozco a nadie que se niegue a sentir el espíritu navideño. Incluso con un esfuercito voy a ponerle buena cara a la prima renegona y, si me apuras, hasta soy capaz de comprarle un regalo sorpresa al cuñado sabelotodo y acertar de pleno.

Yo, esta Navidad, no quiero nada y lo quiero todo. Me pido llenar mi casa de risas y de niños dando el follón. También me encantaría levantarme al día siguiente con la cocina toda revuelta, con cientos de copas para fregar y el salón patas arriba. Espero que no se me olvide dejar un hueco para que quepa, junto a los pedacitos de turrón y mazapanes, cientos de abrazos de todos vosotros, esos con los que durante el año he tenido minutos de gloria llenos de amistad. Pero sobre todo estoy deseando volver a sentarme con esa amiga que, sin darnos cuenta, un día dejamos de cruzarnos por los caminos pero que yo la he tenido en el runrún de mi corazón miles de veces.

Qué lista es la vida y qué tonta que soy a veces. Todavía no sé en qué estaría yo pensando el día que me fui como las locas a comprarme un puñado de décimos de lotería. Para qué habré derrochado tantas ilusiones deseando que me tocara, pues no me faltaba otra que meterme en un lío de cientos de millones de euros y que se me amontonasen las ilusiones verdaderas con las listas de caprichos… Y aquí estoy yo, con los armarios a reventar y mi corazoncito, en cambio, llenito de sueños cumplidos.

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Las princesas mudas
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Mar Peté | 17-12-2017 | 11:58| 0

gfÉrase una vez un lugar en el que las princesas se habían quedado mudas. Un lugar en el que algunos príncipes, lejos de ser valientes defensores del bien, preferían ser todopoderosos y no había mayor placer para ellos que abusar de esos privilegios. Y mientras ellas eran mudas, o eso creían, el resto de los habitantes del reino se hacían los ciegos y sordos. Incluso el cuello les dolía por esa dichosa costumbre de llevar girada la cabeza, siempre bien seguros de mirar hacia otro lado.

Érase un mundo que se llamaba Hollywood, despachos, universidades, partidos políticos, empresas, teatros… Era un mundo en cualquier lugar donde la desvergüenza de unos pocos osaba poner precio a la dignidad de mujeres que simplemente anhelaban y deseaban ver cumplidas sus ilusiones. Tan solo querían llegar tan lejos como fueran capaces, tenían sueños con los que poder ser felices mientras actuaban, bailaban, aprendían, ganaban elecciones o alcanzaban la máxima responsabilidad en su profesión. Mientras algunas lo consiguieron, otras no, pero otras muchas pagaron y sufrieron los daños colaterales con su mudez y su miedo.

Y pasaron los años, con sus días y sus noches, con sus silencios y con sus secretos a voces… Y de pronto, en la lejanía se oyó una voz tan tímida como valiente. Esa que, poco a poco, fue haciéndose cada vez más clara. Primero una princesa, después otra y otra hasta que empezaron a recobrar la palabra… ¡Ya no eran mudas! Y les dio por contarnos al mundo las fechorías de un puñado de indeseables príncipes, que en absoluto eran caballeros adalides del bien. La realidad los desenmascaró y vimos sus caras de desalmados auténticos que aprovechando su poderío, se beneficiaron sin escrúpulos desde su bravuconería. Y así fueron robando a toda dama que se les cruzara sonrisas, sueños, ilusiones, corazones indefensos e inocencias desprotegidas. Pero ya no, porque de aquella voz han nacido otras, ya por fin es posible escuchar un hermoso coro entonando y exigiendo un bello canto a la justicia.

Ni mi trasero ni mi boca ni mi cama están a disposición de tu prepotencia. Ya no pienso callar, porque la valentía de unas pocas ha hecho despertar el coraje de las princesas mudas, de aquellas damiselas asustadas, de las miles de mujeres que su único pecado fue desear ser lo que sus sueños les empujaban.

-Para mí que las mujeres se han vuelto todas locas. ¡Ya será para menos! ¿A ver si es que ahora va a resultar que a todas las han pasado por el catre? Y bla, bla…- ¿Será que prefieres no saber o es que quizá tienes algo que esconder para justificar tu currículo de abusador?

Pues quizá sí, a lo mejor es que hemos tenido que perder esa cordura que nos inculcaron y que, sin querer, nos hacía cómplices y víctimas a la vez. ¿Que estamos todas locas? Puede que sí, pero lo cierto es que nunca me he sentido más orgullosa de la cordura y de la valentía de mi sexo. Por fin ha llegado la revolución, por fin la prepotencia es un delito, por fin sobrepasarse no es algo gracioso que contar a los amigotes en la hora del café. Por fin mi dignidad es intocable y no está para que la manosees y te fanfarronees de ello.

De la mano de todas ellas vamos los demás. Porque no estáis solas, porque ya está bien de que nos escondamos en nuestro caparazón, que ya no nos vale el conformismo diciendo: “Esas cosas han pasado toda la vida”, ¿y? Me niego a que la falta de respeto a una mujer se compute como un mal menor y se confunda con tradiciones heredadas de padres a hijos… ¡Se acabó! ¡Me too!

Érase una vez un reino en el que desear alcanzar lo inalcanzable no tiene precio, tan solo con luchar por ello y demostrar que puedes, es suficiente. Érase un lugar en el que ser hombre no es un cupón de recambio para que tus superpoderes puedas utilizarlos sin miramientos. Érase una vez un cuento en el que las princesas tienen vida propia y los valerosos caballeros se ocupan de asuntos mucho más interesantes que andar despertando a bellas durmientes porque, me temo, que estas de adormiladas tienen ya bastante poco.

Y de pronto, aquel lejano país se ha convertido en un mundo en el que hombres y mujeres disfrutan y comparten los mismos privilegios, donde amar y ser amado no depende de la oferta y la demanda de los puestos de trabajo y donde mi cuerpo y mi placer no son moneda de cambio de mis sueños y mis ilusiones.

Y colorín colorado este cuento por fin ha acabado con esos indeseables, bellacos, pícaros, trúhanes, cabrones, malnacidos, destrozailusiones, dominadores y todos los hijos de p… que podamos seguir añadiendo a esta lista. Porque yo no soy muda y mi voz es la vuestra… ¡no estáis solas!

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Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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