La Verdad

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Autor: Mar Peté
Con sombrilla y a lo loco
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Mar Peté | 16-07-2017 | 1:06| 0

imagespkDecir verano es decir vacaciones, calorcito, chiringuito, sol, saraos, pareo, granizados, buen rollito y… playa. Y ahí es donde tanta felicidad junta se complica. Vale, lo reconozco, yo soy muy de playa salvaje, muy de con sombrilla y a lo loco, muy de isla desierta, pero claro, paraísos de esos ya quedan pocos y los que hay están muy pillados o son muy caros. Así que, como no me resigno cojo feliz el kit-playero y me lanzo a mi propio Caribe, aunque sea un poco de mentirijillas.

¡Sorpresa…! Llego temprano a la playa para coger primera línea y resulta que hay un buen puñado de listillos que se me han adelantado, pero miro al mar y no hay nadie bañándose, miro al chiringuito y tan solo hay dos resacosos intentando restar los cubatas de anoche a base de cafés dobles. El horizonte está sembrado de sombrillas y silletas, no queda ni un palmo para mí. Como si lo viera, la parienta quitando enredos en la casa manda al pinchasombrillas profesional bien temprano, y ahora la family está en su casa fresquita y con el overbooking de sombrilla pillado hasta que los chiquillos den tanto el follón que haya que ponerlos a remojo.

Allá a lo lejos se ve un pequeño rodal sin ocupar, comienza mi travesía por el arenal… tres saltos, cinco ¡ay!, un tropezón con una tumbona atravesada, dos corre-corre y, por fin, piso suelo duro y mojado. Mis pies han dejado de achicharrarse sobre la dichosa arena abrasadora atravesándome las chanclas. Vamos, que mi llegada a la playa es lo mismito de glamurosa que un desfile por la pasarela Cibeles. Y ando y ando, y por más que intento otear el horizonte, el bosque de sombrillas sigue ocupando mi vista. ¡Conseguido! Llego a mi territorio y, curiosamente, veo que en un radio de diez metros no hay ninguna huella de habitantes, qué raro. Planto mi sombrilla, bueno, más bien, clavo como puedo mi sombrilla, pues me rodean pedruscos, chinorros y lascas de todos los colores y tamaños. Arraso con una montonera de algas apestosas que rodean mi tumbona, ¡con razón aquí no hay nadie….! Dejo caer mi pareo en plan estrella de cine por si se diera el caso de que algún pretendiente merodeador estuviera por la zona, que yo no soy de las de dejar pasar la ocasión.

Pasito a pasito pongo un pie en el agua, sujeto la pose como puedo, disimulo el helor que me da, meto el otro y antes de mojarme el ombligo, mi culo de un chapuzón se refresca con resbalón incluido, mi flequillo chorreando, un pie mira para Albacete y el otro apunta a Gibraltar. Miro en el fondo y una larga roca llena de musgo es la responsable de mi amerizaje forzoso. Aprovecho que no hay moros en la costa y a gatas y, como puedo, me atrinchero en la sombrilla y me planto mi sombrero de paja para disimular el estropicio de peinado que se me ha quedado. Y así doy por comenzada mi etapa de veraneante… ¡No pienso darle la oportunidad de aguarme la fiesta a este chapuzón inesperado! ¡Que yo he venido a disfrutar!

Al menos, mi ecosistema playero sigue libre de invasores, o eso creía yo. De pronto, noto una especie de interferencias en forma de ondas gritonas, chillidos, risas y bolas de arena. Horror, me rodea un ejército de locos bajitos cuyas madres han mandado con la firme promesa de no bañarse hasta que ellas no lleguen y yo me digo: Señoras, ¿lo que a ustedes no les apeteces aguantar en sus casas tenemos nosotros que soportarlo en medio de este fuego cruzado de piedras, pelotazos y pistolas de agua? Intento que no me afecte, me pongo en posición zen, pero cuando mejor estoy, de pronto, a mi lado oigo unas risitas sarcásticas y percibo un profundo y nauseabundo olor a aceite de coco. Abro un ojo intentando localizar el foco de este nuevo ataque enemigo y veo un hermoso, brillante y chorreoso culo en pompa coronado por un tanga fhasion gay al son de reggaetón y… ¡cremita por aquí, cremita por allí, yo te lo toco a ti, tú me la restriegas a mí! Ni la mejor esquina de Chueca… En ese momento se abre la veda de miles pala-playas con su cloc-cloc constante. ¡Todos entregados a la invasión de mi ecosistema! Decidido, me han echado, mi lado zen se rinde. Yo he venido a disfrutar y no a luchar contra los elementos.

Ya está, le he hecho caso a aquella balada de Mecano: ¡Hawaii… Bombay es un paraíso! Me he montado un pedazo piso caribeño con zona chill out, libre de fuego enemigo, de pala-playas y de pretendientes de mi bando en lugar de gays. Así que lo dicho, queda abierto mi chiringuito particular, con la música que a mí me va, con sombrilla incluida y con barra libre al buen rollito.

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“Homo sapiens” vs. “Femi sapiens”
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Mar Peté | 09-07-2017 | 10:04| 0

imagesnlEn los últimos años el ser humano ha evolucionado y ha aparecido una nueva especie, o quizá mejor dicho, ya existía pero era difícil diferenciarla en el ecosistema de la vida, pues solía estar mimetizada con el medio y pocos eran capaces de identificarla como parte de la flora y fauna social. No solo se ha despertado, también se ha dejado ver. El “homo sapiens”, desde entonces, comparte espacio y reconocimiento con ella, con la “femi sapiens”. Por fin las mujeres ya no somos transparentes, ni tontas, ni inútiles, ni sumisas, ni frígidas, ni mojigatas…

Yo, un día me miré al espejo y comprobé que de lo que hay que tener dos, lo tenía, es decir, vi dos brazos, piernas, ojos, manos… y de lo de solo uno, también lo cumplía, y por más que me busqué, no pude encontrar qué era eso que me faltaba para estar completa, porque llevaba toda la vida oyendo aquello de:

-Búscate tu media naranja, que te complemente, que te haga feliz…

Y así crecí, creyendo durante muchos años que sin un hombre a mi lado jamás vería cumplido mi sueño, pero la realidad era que, de no espabilarme, acabaría convirtiéndome en el sueño que otro había tenido por mí. Lo curioso del caso es que cuando más más emparejada he estado, menos menos completa he sido. Hasta que un día me hice esta pregunta:

-Yo, ¿cómo nací? ¿Soltera? O sea, que la manía esa de casarnos los unos con los otros vino después, ¿no? Pues está claro, mi estado natural es la soltería y lo otro son… ¡encantadoras y tentadoras paranoias en las que de vez en cuando caigo arrastrada por cantos de sirenas!

Y poco a poco, el ecosistema social se fue llenando de “femi sapiens” que sabían, que podían, que se proponían, que conseguían, que querían,… Y dejaron al pobre homo sapiens con el paso cambiado y con un pastel mental del que más de uno no sabe cómo salir, aunque también sé que algunos ilusos homo sapiens lo intentan y se esmeran poniendo en práctica lo que aprendieron de sus madres y lo que vieron en las películas y claro, vuelven a tropezar. Y por más que se esfuerzan, zasca, para cuando se quieren enterar ya se han quedado tres pueblos atrás y sin cita para el fin de semana.

Esta nueva especie de “femi sapiens”, curiosamente, es fácil de encontrar en cualquier ecosistema laboral, de ocio, urbano o rural, ya no queda ecosistema terrenal que no haya sido invadido por ella. Lo cierto es que da lo mismo dónde, cuándo o cómo aparezca, porque lo que más le identifica es que todas ellas tienen un rasgo común, todas son mujeres de carácter. Son mujeres que saben muy bien lo que quieren, pero todavía saben mejor lo que no quieren y lo dicen, lo demuestran, lo dejan claro y, lo mejor de todo, es que lo que no quieren, es innegociable. Carácter sí, mal carácter no. Porque son y saben ser cariñosas, empáticas, dulces, nobles, ilusionadas, pero no te confundas, las “femi sapiens” de gilipollas no tienen nada. No les pongas a prueba porque hay algo que les distingue de sus antecesoras, a una “femi sapiens” la puedes enfadar y te mostrará con ingenio y mano izquierda cómo desbaratar un ataque de fuego enemigo, pero lo que nunca nunca deberás atreverte es a mosquearla, ¡ni se te ocurra minusvalorar sus capacidades! Dentro de una “femi sapiens” late un detective agazapado a la espera de saltar a la acción para descifrar una tomadura de pelo masculina, estará dispuesta a destripar una mentira de “homo sapiens” y siempre, sabedora de su potencial, estate seguro que si le lanzas un reto, vas a terminar fuera de combate, fuera de su vida y sin retorno. Antes de echar un pulso homo vs. femi, piénsatelo dos veces, porque lo peor que se puede hacer es mosquear a esta sagaz especie humana. Ten muy en cuenta que, aunque creas que desde su posición no es capaz de controlarlo todo, olvidas que tú no cuentas con los diez centímetros de más de sus tacones, esos que le ofrecen una perspectiva de la vida siempre impredecible para un “homo sapiens”.

Estas mujeres de carácter pisamos con certeza, andamos con seguridad, amamos sin dependencia y deseamos con convicción. Somos capaces de ponerle a todo infinita pasión, tanta, que desde hace tiempo miramos siempre hacia arriba, estiramos las manos y rozamos las nubes, nos ponemos de puntillas y, como unas valientes, rompemos de un puñetazo ese dichoso techo de cristal que nos separa de las estrellas que llevan nuestro nombre, de esas estrellas que reflejan toda nuestra luz al universo.

Los científicos han anunciado que la especie “femi pasive” se ha extinguido, se ha encontrado alguna evidencia de su existencia junto a cierto “astrolepitecus” que aún queda suelto por ahí. El presente se llama “femi sapiens” y lo sabemos.

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Corazón tatuado
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Mar Peté | 02-07-2017 | 10:59| 0

imageswaMuchas veces me he preguntado dónde estará mi caja de recuerdos de cuando era pequeña. En ella iba metiendo mis cosas chulas, gomas con olor a fresa, libretas con las páginas de colores, el papel arrugado de aquel poema que dejaron a escondidas en mi estuche, bolis de muñequitos en la punta… y yo, todas esa cosas, las guardaba sin estrenar, eran mi tesoro, quería que me duraran para toda la vida, para todos los siempres. Y ahora, en cambio, no tengo ni idea de dónde están, seguro que el boli se habrá secado, la goma ya no olerá a nada y el poema lo habrá borrado el tiempo, y eso que eran mis tesoros para toda la vida…

Siempre nos pasa que cuando estamos en los principios del amor lo hacemos con tanto ímpetu que todo nos parece poco. Porque claro, sería de tontos, empezar una relación pensando que no va a llevarnos a ningún sitio bueno. Yo, si me pongo, me pongo, y me olvido de todo lo pasado. Y entonces, nuestro primer beso es como si fuera mi primer beso de amor, y le pongo pasión, y le doy su tiempo y me vuelvo loca por todos los besos que nos quedan por darnos. ¿Y si después resulta que estaba equivocada? ¡Es que ni me lo planteo! ¡Vaya un comienzo sería ese si ya empiezo creyendo que tiene los días contados…!

¿Para toda la vida? Uf, qué fuerte. Me tiemblan hasta las pestañas solo de pensarlo. Lo cierto es que así dicho lo de toda una vida, es duro. Mira que solo tengo una vida, ¿seré capaz de concentrarla en uno solo? Vale, yo prometo entregarme como si él fuera el requetedefinitivo, lo juro; pero sin presiones, sin cadenas, sin hipotecas, sin papeleos… que tu palabra sea la mía, que tu sí sea mi sí y que yo esté aquí para siempre porque quiero y no porque te necesito.

Es curioso, cada vez se inventan más cosas de usar y tirar, los electrodomésticos duran menos, las fechas de vencen antes y, en cambio, lo de los tatuajes que no hay quien los borre, se imponen a tope. Pues yo me pienso tatuar en el corazón tu nombre, pero desde luego en mi trasero, en mi brazo o en mi ombligo me niego a ponerles un sello de amor tattoo, no vaya a ser que luego tenga que pedir el teléfono del borratatuajes a Melanie Griffith. Yo soy más de decorar mi cuerpo con adornos de  quita y pon, con esas letras sexys de henna deletrearía por mi cuerpo tu nombre, el mío y hasta el de tu madre si quieres, pero nada de marcarme como si fuera una vaca de una ganadería torera. Que mira que me conozco, que soy de las que hoy me molan los mensajes en chino porque estoy en modo zen, pero cuando se me pase, igual me da por lo macarra y me dibujo un ancla con un corazón atravesado. Así que, decidido, tatuaje sí, pero de poner y borrar que solo tengo un cuerpo y una vida y no me da la gana pasearme como si fuera un muro de grafitis con mi curriculum sentimental.

Y mientras unos compran y tiran, otros usan y abandonan dejando cicatrices, yo, en cambio, sigo guardando mis tesoros, porque me niego a pensar que las personas a las que conocí ya no siguen conmigo, que las personas a las que amé ya no forman parte de mi historia, porque todos y cada uno de los que han estado a mi lado me dejaron su huella, me dejaron tatuado en mi corazón sus besos, sus caricias, sus te quieros y sus hasta siempre. Vale, lo reconozco, es cierto que alguno su huella me la dejó en el trasero, pero mira lo que te digo, de aquel empujón todavía me crecí más y todavía tengo que agradecerles su patada.

Es curioso, y yo que creía que el rollo ese del “para toda la vida”, como que no iba conmigo, y ahora va a resultar que desde bien pequeña tengo escondidos miles de tesoritos donde se guardan las cosas buenas, porque de las malas ya me encargo yo de darles carpetazo… A ver, ¿para qué quiero yo un beso de mentira, o qué hago con la envidia de una amiga o con un por el interés te quiero Andrés? Pues lo dicho, pasito a pasito, suave suavecito… voy llenando mi vida, sí, esa de la que solo tengo una, la relleno solo con lo mejor, de lo que tú quieras y yo tenga ganas y también de noches con estrellas y de días sin horas.

Puede que tú seas para toda mi vida, o no. Puede que yo sea para toda tu vida, o no. Pero eso sí, yo hoy estoy en tu vida y tú en la mía y hoy es tu nombre el que llevo tatuado a fuego en mi corazón.

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Donde el sur pierde su nombre
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Mar Peté | 25-06-2017 | 12:47| 0

images13u006x5Pues sí, ya lo puedo decir sin que me tomen por loca, salidilla o desatinada. Lo reconozco, desde hace semanas ando con cuerpo de verano, con un comecome que me recorre los por dentros y no me deja en paz. Es que lo del calendario oficial de las estaciones como que me la refanfinfla, lo que cuenta para mí es mi revuelo hormonal y de ese ando para dar y tomar, avisados quedáis. Ahora que por fin el 21 de junio ya dio el chupinazo oficial, me declaro veraneanta en cuerpo y alma.

Está claro que no es lo mismo que pasear en invierno envuelta y atrincherada, vamos, lo mismito que si viviera en Alaska, ahora todo mi ser ha salido de la cueva al son de bachata y vallenato. Y así me siento y así me va. Mi piel va camino del color Caribe y al aroma de las brisas de Hawaii. Mis piernas se han alargado un palmo, lo mismito que se han acortado mis faldas. Y ahora resulta que he descubierto que debajo de la bufanda, además de cuello, hay un canalillo que sugiere sin enseñar y que promete más de lo que tú te puedes imaginar.

Hace tiempo que me di cuenta que eso de ser sensata, organizada y precavida es totalmente incompatible con el verano. Porque el calor es para no hacer planes, es para dejarme llevar y, si eso, también para dejarme traer. Me niego a cerrar puertas, ni a saber con exactitud a qué hora y en qué día voy a estar aquí o allá. Pues no, que eso además de ser un rollazo es un desatino, lo mires por donde lo mires. Yo, en cambio, por estas fechas hago una maleta y la lleno con todo lo que se me ocurre, pero eso sí, jamás con lo que impida a mis pasos llevarme al sur, porque yo hace mucho que perdí el norte y, desde luego, espero que no vuelva para buscarme. Reconozco que cuando yo tenía la cabeza muy en su sitio era una mujer de palabra, ordenada, comprometida, cumplidora, pero lo que más, es que era una aburrida y, por descontado, igual de aburridos eran todos mis pretendientes. Así que un día decidí hacerle caso a la Carrá y me tomé muy en serio aquello que ella berreaba por los platós llena de ritmo y gracejo:

Para hacer bien el amor hay que venir al sur. ¡Sin amantes, esta vida es infernal!

¡Cuánta filosofía de la buena se esconde en este himno, en esta loa a la pasión, en esta exaltación al furor irracional por el sur! Porque no hay caminos directos a ese lugar secreto que florece al roce de mi piel, a ese paraíso disparatado, a ese sur de mis sentidos. Así que, dicho y hecho, cada vez que se me pone el cuerpo sarandongo, saco mi brújula de las sensaciones y para el sur que mande, allá que dirijo mis pasos sin mirar atrás. Está más que comprobado que en el norte hará mucho fresquito, se comerá estupendamente, tendrán bosques frondosos, pero los norteños son de un desaborío que a mí allí, en lugar de correrme la sangre a borbotones, oye, que me da bajón y ni las ganas de menear las caderas me salen cuando me paseo por sus calles, y claro, es que un verano sin calor no tiene fuste ni muste. Que no, que no y que no. Así que a seguir haciéndole caso a la dichosa cancioncilla que se me ha metido en la sesera y no me deja pensar en otras cosas:

Tuve muchas experiencias y he llegado a la conclusión que perdida la inocencia,      ¡en el sur se pasa mejor!

Y el que me quiera buscar ya sabe dónde encontrarme. El que quiera navegar conmigo por mares prohibidos o surcar cielos infinitos en vuelos inimaginables, ya sabe, nada como dejarse a la deriva hasta el sur de mi cuerpo, en ese allí donde los vientos galopan sobre caderas desbocadas y el sudor de nuestras caricias desliza tu mano sobre mi piel y mi espalda se eriza bajo tu aroma…

Y si te deja, no lo pienses más, búscate otro más bueno… ¡Vuélvete a enamorar!

Sí, el verano ya está aquí, en el calendario y en mi alma. Es en esta noche mágica llena de fuego abrasador, con hogueras sobre las que danzar y pedir deseos la que me llevará lejos, muy lejos. Tiro de tu mano hasta las brasas de San Juan para perdernos en la pasión de una noche de verano. Allá donde el sur pierde su nombre, allá donde tú y yo dejaremos de ser tú y yo, donde el deseo sea la única ley que impere en el sur de nuestros cuerpos y bajo un cielo estrellado se abrasen todos nuestros besos iluminados por el fuego de las hogueras.

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Día+Hora=Cita
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Mar Peté | 18-06-2017 | 9:30| 0

imagesccccccCon la de veces que me había imaginado la escena y ahora que ya por fin se cumple, va y se me amontonan los síes y los noes. Lo cierto es que todavía no me lo puedo creer, ¿será posible que por fin vaya a tener una cita con él? ¡Madre mía! Digo yo que quedar un día, con una hora fija… eso es una cita, ¿no? Es que como hace ya tanto que no me sale ningún espontáneo, igual es que lo estoy confundiendo con una entrevista de trabajo.

Vamos a ver, que las cosas hay que hacerlas bien, nada de a lo que salga. Lo primero, ¿comida o cena? Pues ni lo uno ni lo otro, porque como la cosa me salga rana, me veo con cara de ajo hasta que llegue el postre. Decidido aperitivito y si va bien, llegará la comida, la merienda, la cena… ¡y hasta el desayuno!

¿Y qué me pongo? Genial, ya tengo excusa para escaparme de shopping. Pero, ¿y por dentro? Asunto peliagudo, a ver si me voy a poner mi conjuntito de lencería parisina y después nada, ¡vaya un desperdicio! Aunque el suje de estar por casa tampoco, que como decía mi abuela: Tú siempre la muda limpia y de estreno, que nunca se sabe dónde te la vas a tener que quitar…

Horror, como no he empezado la temporada playera aún, me temo que el ecosistema anda un poco a lo Tarzán. Cita de urgencia con el láser, la peluquera, la esteticista y con mi amigo gay, que este seguro me encuentra algún pelo donde nadie lo ve.

Ojo que mira que me conozco, soy de las que con los nervios me aturullo y lo mismo me da por quedarme muda como por convertirme en una cotorra disparatada. ¿Y de qué hablo? Casi que mejor va a ser de qué no le hablo. Voy a hacerme una lista de temas prohibidos y me la apunto en el móvil y así, cuando se me caliente la boca, voy y lo repaso con disimulo antes de que se me vaya la pinza verborreica. A ver, jamás de los jamases nombrar a algún ex, ni para bueno ni para malo, que esa información en manos del adversario es más que peligrosa y además, mejor no mentar al diablo no vaya a ser que se manifieste y me dé mal fario. De fútbol y religión, va a ser que tampoco, por si me sale de los contrarios y se va el traste el plan por un simple fuera de juego mal pitado. De política ni hablo yo ni dejo que me hablen, que para eso ya están los rollazos de la tele. ¿Y de qué nos queda…? Lo mejor será que dejemos hablar al corazón, que ese pondrá las cosas en su sitio o las descolocará, pero acertará seguro.

Una cosa sí que la tengo clara, como me haga esperar, ahí se queda, que no estoy como para perder el tiempo y porque digo yo, si el primer día no está nervioso y deseando verme, no quiero ni pensar a qué hora llegará al año de salir juntos.

Lo cierto es que el problema no es la primera cita, qué va. El problema viene después, porque así, para un rato, todos somos encantadores, pero ¿seguiremos igual de encantadores en una segunda, tercera o cuarta cita? O lo que es peor, ¿estaré preparada para que la primera cita se convierta en la última y me quede esperando con cara de boba un mensajito de los de estoy deseando volver a verte? Uff, vistas así las cosas no sé yo si anular esta primera cita. Pues va ser que no, a ver si soy yo la que se viene arriba y al final no le doy más pases para las siguientes citas…

Y sobre todo, algo fundamental, no se puede olvidar tener un plan indiscutible para el día siguiente. Nada de llevar la agenda en blanco, nada de parecer disponible 24 horas, nada de ser previsible. Lo mejor es quedarnos con las ganas de más, es como desear y no poder, es como decir nos tomamos la última y saber que no es ni la penúltima, es como mandar el emoticono del besito de corazones y saber que aún te queda por enviar una ristra del de los ojos de corazón… pero eso sí, la próxima cita la pongo yo.

Lo cierto es que lo más bonito de una primera cita no es la suerte de tenerla. Lo mejor es el llevar una semana con un nudo en el estómago, es hablar de él a todo el que me cruzo, es acostarme con un runrún en la cabeza y levantarme con más runrún todavía, dando un salto mortal y deseando que por fin llegue el día… ¡y sí, el día y la hora ya están aquí!

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Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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