La Verdad
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Autor: Mar Peté
¡Ni un paso atrás!
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Mar Peté | 11-03-2018 | 11:48| 0

tacones-gettyPor fin el jueves pasado se hizo realidad uno de mis sueños, por fin pude gritar a los cuatro vientos que no contaran conmigo para nada, que me declaraba en huelga por todo el día y que no pensaba desdecirme ni por un momento. Y sí, es cierto, lo conseguí y dejé de ser la heroína de mi propia historia y hasta me negué a ser la salvadora de los que se cuelgan de mí. Fíjate si la cosa llegó a mayores que hasta apagué el móvil para así demostrarle al mundo que no estaba para nada y mucho menos para whatsApps tontos o llamaditas inoportunas, insulsas o de los que se creen que he fundado una ONG cada vez que a ellos se les ocurre.

Y el día pasó y yo me sentí liberada por dentro y por fuera, pero he de confesar que también me aburrí soberanamente. Es verdad que a veces reniego de los madrugones que me doy cada mañana, que me pongo de los nervios cuando investigo y descubro que aún no se ha inventado la lavadora-secadora-planchadora, que la nevera no se llena sola y me arrebato con el capullo de mi compañero de trabajo cada vez que piensa que va a heredar la empresa y me mira con condescendencia creyéndose que está ahí por méritos propios y no por lo que todos sabemos. Lo cierto es que este tontainas no tiene ni idea de que el día que a mí, y a unas cuantas más, se nos inflen las narices, no vamos a necesitar que se convoque ninguna huelga mundial de mujeres, porque yo misma le voy a hacer un tres cuarenta y le van a faltar pies por inútil, por inepto, por pelota tocahuevos y, sobre todo, por  impotente mental y tontigracia verborreica precoz. Aunque pensándolo bien… ¿de quién nos vamos a reír en el ratito del café si él no está?

Vale, lo reconozco, darse el madrugón cada mañana, echar más horas que un reloj y volver a hacerlo al día siguiente es duro; pero mucho más duro es vivir una historia con quien no quiero y no poder irme porque mi existencia depende de él. Así que, cada mañana, cuando me suena el despertador y me salen sapos y culebras por la boca, entonces me acuerdo de que es mejor sacar mi trasero de la cama, calzarme los tacones y pelear por todo lo que tengo porque, por muy duro que sea, mucho más es no tener nada por lo que luchar y escribir la vida que otra persona haya decidido para mí.

Así que el 8 de marzo paralicé mis sentidos y mis pordentros y aún me estoy recuperando. Cuando se me ocurrió encender el móvil el viernes tenía infinitos mensajes y llamadas, claro, que los había para todos los gustos. Pero a cambio me di cuenta de que formo parte de la vida de tantísimas personas que yo misma me asombré. No tenía ni idea de que una amiga, a la que hace meses no veo, me echaba de menos porque quería darme las gracias por la de veces que siempre he estado ahí para escucharla. De pronto, a toda la familia les dio por convocarme a infinitos eventos en los que, por lo visto, soy imprescindible por la vidilla que les doy. Mi jefe me dice que dónde estoy que está deseando reunirse conmigo porque hay un asunto en el que confía plenamente en mí y, de paso, que me deje de tonterías de huelgas, que él ya sabe, de buena tinta, que soy de lo mejorcito de su equipo. Hasta tengo un mensaje de un ex que, cuando vio en la tele lo de la huelga de las mujeres, irremisiblemente se acordó de mí: “Para esa mujer tan mujer, que como se te ocurra ponerte de huelga, a ver qué vamos a hacer el resto de los hombres sin que nos des caña y nos pongas las pilas cada vez que plantas tus dos tacones en cada palabra que pronuncias”.

Pues está claro que el día huelgui-aburrido que pasé el jueves ha tenido su recompensa. Me encanta saber que merece la pena cada vez que me arrebato con algún gilivisionario de esos que se creen que las mujeres tenemos superpoderes o con esos otros que aún piensan lo santa que era su madre y lo chaladas que se han vuelto ahora las mujeres con tanta reivindicación, no saben que lo que hacen es reafirmarme más en que su madre sería una bendita pero hay que ver qué perfecto gilipollas criaron sobre sus faldas. Pero eso sí, lo que no puedo ni pienso aceptar es un paso atrás entre nosotras. Con tacones o sin ellos, siempre hacia delante. Sin pisar, sin hacer daño, con inteligencia y corazón, porque creyendo en nosotras y amando lo que hacemos se rompen los techos de cristal y se agrandan los cerebros pequeños.

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“Machogay”
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Mar Peté | 04-03-2018 | 11:27| 0

1_evu2wfii7sjgyyymz3aogwTengo un amigo que es la monda, siempre me dice: “Lo tuyo no es de extrañar, con tanto gay suelto… ¡así os va a las mujeres!”. Y bueno, yo la verdad es que no le quiero dar la razón, pero ahora que no me oye tengo que reconocer que un poquito, o más bien un muchito, sí que la tiene. Pero yo me parto de risa porque para gay gay, él. Y entonces va y me responde: -Oye guapa, que yo voy de legal, que yo lo he sido desde siempre. Vamos, que yo soy gay con papeles y de cuna.

Rara es la cena de chicas en la que alguna acaba compartiendo una historia sobre el temita. Yo antes nunca lo hubiera contado, pero es que ya está bien con estos personajillos. Vale, prometo no dar nombres, pero anda por ahí suelta una especie denominada “machogay” que nos está haciendo mucho daño a los damnificados del amor. Porque claro, no voy a ir por ahí preguntando:

-Oye, ¿tú eres hetero convencido o eres hetero por quedar bien?

Y digo yo, con la de tíos buenorros que han decidido dar el salto y vaciar el armario, que mira que debían estar ahí dentro bien apretados, aunque a veces creo que algunos lo único que quieren es un minuto de gloria en tele 5 y van y se ponen una camiseta ajustada de tirantes, se hacen el láser y ya está. Pero por favor, hago desde aquí un llamamiento urgente: ¡Un poco de organización! Es que a este paso, un día nos vamos a ir a dormir siendo de una acera y, por arte de magia, nos vamos a levantar en la otra. Y claro, así no hay manera, porque en este lío liado seguro que al final unos van a por lana y otros van a salir más trasquilados de lo se creen. ¡Válgame, si es que crecen como champiñones…!

Pero no, a mí los que me tiene indignada son los “machogays”. Van de tíos sensibles, de machitos sexuados y románticos, de hombres que escuchan y además comprenden. ¿Serán estos tipejos los discípulos descafeinados de los metrosexuales? Y aquí es donde llega el engaño y aflojo las alertas, me relajo porque me parece de lo más enrollado, hasta me lo imagino en el sofá de la casa de mis padres tomando café con ellos y, zas, las ilusiones comienzan a encontrar hueco en mi cabecita sin que nadie las haya llamado. Y llega el día de la cenita y acepto. Hacemos planes el sábado para un aperitivo y paseo por la playa para la mañana del domingo y voy. De pronto, cuando nadie nos ve, me coge de la mano y hasta me da un mordisquito en la oreja. Pero eso sí, mientras soy yo la que se deja hacer, todo va bien. Y como mis tontilusiones tienen vida propia, pues eso, que de pronto toman la palabra ellas solas y se lanzan proponiendo irnos a una casa rural el próximo finde y, en ese instante, le saltan todas las alarmas en forma de: “Es que este sábado tengo a los niños”, “El domingo mi madre ha organizado una comida familiar”, “El lunes me toca presentar el informe en la junta de accionistas”… y así hasta la lista más infinita y creativa que un hombre sin imaginación, pero con pavor, es capaz de idear.

Y yo, que soy muy de darle vueltas a los asuntos, empiezo a repasar el historial. Es curioso, las carantoñas y los paseítos siempre han sido a solas, no recuerdo haber compartido ratos con amigos suyos y, curiosamente, su mamá ocupa un lugar más grande que enorme en su existencia. Pero claro, hay una prueba indispensable que superar, la decoración de su casa. Más vale que le haya inspirado la república de Ikea porque he visto cada cortina con volantes y figuritas de adorno en el dormitorio que para mí lo dejo ¡y porque he prometido no dar nombres, eh! Pero claro, además de las cortinas es fundamental superar la cata por excelencia, y es ahí donde los hombres curtidos se la juegan y, sin escapatoria, sale a flote el “machomen” o el “machogay” que llevan dentro.

Yo estoy por inventar un aparatito como los de la prueba de alcoholemia de los controles de carretera y que el artilugio en cuestión sea capaz de clasificar, con un simple soplido, al espécimen para que así no me den gato por liebre.

Por favor, los que no estáis en el armario y vais por ahí dando el pego, meteos en el armario o donde os dé la gana, pero apartaos del camino y no vayáis solventando al personal, que bastante mal está ya la cosa como para que los “machogays” despistéis a la gente honrada que tenemos las ideas claras, que ya está bien de hacernos caer como  tontas en vuestros quereres y no poderes.

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¡Qué ganas tengo!
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Mar Peté | 25-02-2018 | 10:06| 0

imagesnnA veces me da por pensar, pero lo malo es cuando me da por repensar y entonces la cosa se lía, porque empiezo a comerme el tarro y acabo dándole tantas vueltas a todo que me siento igual que cuando de pequeña jugaba al molinillo en el patio del colegio y muertas de risa terminábamos tiradas por el suelo mientras el mundo entero andaba bocabajo.

-¿Y si me dijeran que en una semana esto se termina?

-¿Esto? ¿Y qué es ese “esto” que se va a finiquitar y te tiene tan arrebatada la cabeza?- me pregunta mi tía que, como me conoce tanto, hasta me visualiza antes que yo misma.

Pues lleva razón, desde hace unos días estoy con este runrún y hasta he llegado a hacer una lista con las ganas aplazadas. Ya sé que no paro y que es raro que yo tenga esta sensación, pero yo igual un día de estos voy y me enrutino, pierdo esta chispa tan mía y se me quedan por el camino el puñado de ilusiones con las que me levanto cada mañana, esas mismas a las que me abrazo cada noche, no vaya ser que mientras duermo, venga el hombre del saco y me cambie las ilusiones por chascos y me vuelva una refunfuñona.

Pues eso, que los días pasan volando y yo no quiero que se me amontonen sin que les saque todo su jugo antes de que sea tarde. Así que, como soy tan organizada, me he puesto manos a la obra porque no quiero olvidar nada, no vaya a ser que, cuando sea viejita, diga: “¡Anda, si me quedé con las ganas de esto y de aquello…!”. Y aquí estoy, haciendo una lista de espera con las ganas.

Lo primerito va a ser cerrar heridas, porque a ver dónde voy yo lloriqueando por uno que igual ya ni me tiene en los contactos de su móvil viejo. Decidido, a partir de ahora, cuando me acuerde de él, me va a dar la risa, ¡ya lo creo que sí! Porque puede que yo a él le importe un pepino, pero si se cree que he olvidado el día en el que se le cruzaron los cables, se le secó la sesera y la entrepierna y ni haciendo veinte flexiones para impresionarme hubo forma… Recuerdo que lo mejor de la noche fue ver “Pretty woman”, aunque sin palomitas…  ¿se puede ser más patético?

También tengo unas ganas enormes de hacerme amiga de una que seguro que ni se lo imagina. Hace un tiempo no me lo habría creído ni yo, pero oye, que con los años se me abren los ojos y el sentido común. Cuando los veo a los dos juntos, él tan indescriptible y ella tan indisimuladamente aburrida, me digo: “¿Esa es la cara que habría tenido yo?”, y entonces miro mi careto al espejo y me suelto un: “Ole, ole y ole. ¡Ni la mejor y más pija crema del mercado lo habría hecho mejor!”. Creo que para ser justa a esta santa mujer le debo un café, unos churros, una copa de champán y hasta mi más sentido pésame. Así que, así vistas las cosas, no me queda más que dar gracias a la vida por lo que me da pero, sobre todo, por lo que me quita.

No quiero estirar la pata sin haber dicho aquello de: “Siempre nos quedará París” y ojalá que no sea como única esperanza para ver al Real Madrid ganar algún partido este año.

Por mucho que lo intente siempre habrá lugares por visitar, ciudades por descubrir y rinconcitos por encontrar. Pero jamás de los jamases quiero que deje de darme un vuelco en el corazón cada vez que mis pasos me lleven hasta lo más grande y hermoso que tenemos en esta tierra. Quiero que mis ojos se sigan asombrando y que mis pulsos se me aceleren cuando me quedo embobada viendo este pedazo de catedral. Me niego a pasar de largo y que no se me remuevan los pordentros, porque sé que ella me mira a mí y yo, nerviosa, aprieto el paso taconeando por su plaza para que un puñado más de historia se reescriba al compás del repiqueo de las campanas de esa torre tan requetechula.

Y no vaya a ser que se me olvide besar porque esto de besar es todo un arte, y que como no se practique, tiene sus riesgos. Y yo, que para estas cosas del besuqueo soy muy artistilla, me juego lo que quieras que hasta con los ojos vendados voy y adivino tus labios entre mil. ¡Y que no me queden besos y cariños por dar! Y que de aquí hasta que pase a mejor vida que no me aburra ni me pierda nada por disfrutar, porque yo, de lo que de verdad tengo reganas, es de comerme de un bocado todas tus ganas con las mías.

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“To be or not to be”
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Mar Peté | 18-02-2018 | 11:38| 0

hoihCon todo este lío en el que nos han metidos los políticos, resulta que es obligatorio posicionarse: constitucionalista, antiespañol o viceversa. Somos anti o somos fan de lo que sea. Y si soy muy de Facebook me tengo que pelear con los muy de Twitter, si soy de cañas no puedo ser de vinos, o eres de láser o eres de pelindris a lo loco, antiApple o antiandroide y así hasta el infinito.

Pues yo no tengo el cuerpo para estas guerrillas callejeras con las que nos quieren liar. Si es que es imposible tenerlo todo tan tan claro, porque si un día voy y digo: “Contigo pan y cebolla”. ¿Y qué, si mañana la cebolla se me atraganta? Pues eso, que el bocadillo me lo tendré que hacer de sintigo y sin cebolla. Para mí que hay días para todo, noches para lo que no era todo y fines de semana para lo contrario o más. Tal y como están las cosas, tampoco es plan de cerrarse en banda y a cal y canto contra la cara B de la vida, y ojo, que esta suele ser menos previsible y más recomendable, ¡si lo sabré yo…!

Lo cierto es que reconozco que para algunas cosas sí que soy muy de posicionarme y no hay quien me convenza. Entre un fin de semana de limpieza a lo Maruja total y un plan de planazo de lo que sea, nunca he tenido la menor duda: la escoba, el aspirador y el estropajo pueden esperar a una mejor ocasión contra una chupipandi metiéndome presión desde el grupo de WhatsApp, lo siento, pero es imposible resistirme. Hay momentos en los hay que estar sí o sí, porque igual va la vida y me da un giro total. Estoy muy segura que por pasar o no el plumero no creo que me cambie mucho el destino.

Hasta hace poco no me había dado cuenta de lo fan que me he vuelto del “amor-in-love”. Y lo supe cuando me noté la piel erizada viendo a la parejita de Operación Triunfo en ese te beso y te rebeso, en ese toco el piano y te hago ojitos, en ese te canto y me derrito… Y oye, que cada vez que sale la escena, me remuevo como una tonta. Vale, lo acepto, ¿que pueden ser un poco cursilones? ¿Que estaba cantado que iban a ganar y volarían para Eurovisión? A ver, ¿y qué pasa con eso? Quizá sea esa ingenuidad tan ingenua, esa juventud tan que ni han ido ni han vuelto aún de ningún sitio… ¿Será que nos están dando un aviso a navegantes? Y ya puesta, yo me pregunto: ¿Yo soy más del amor ilusionado o del amor hormonado? ¿Soy de enamoramiento made in OT o de hormona made in Hombres, mujeres & viceversa? Decidido, la música y el amor siempre han hecho mejores migas en mi intelecto que esa fusión entre hormonas, ninguna neurona y tantísimo instinto musculoso primario.

Y vuelta a tomar decisiones, y venga a tener que elegir: Barsa-Madrid, París-Nueva York, sushi-pizza, Juego de tronos-Friends, madrugar-trasnochar, vegana-McDonald, enamoradiza-aquí te pillo, aquí te mato… ¡To be or not to be, qué dilema! Pues yo no pienso cerrarme puertas ni me lo voy a jugar a los chinos cada vez que la vida me ponga en situación. Pero eso sí, no me hagas elegir entre tú y él, porque entonces ahí sí que la hemos liado. Lo sé, hay momentos que como tú ninguno; pero lo siento, él también tiene un puntazo que me tiene arrebatada. Tranqui, que con este corazón mío tan grande, seguro que tengo para todos, para ti, para él y para… ¡No me pongas a prueba que te asustarías de lo mucho que soy capaz!

Reconozco que a veces me he visto en situaciones en las que tengo que tomar una decisión, porque no puedo vivir siempre en un “happy day” eterno. Para esos casos mi truco secreto es infalible:

-Estoy fatal de los fatales, no paro de llorar desde que lo dejamos. Y encima hoy es sábado. Solo de pensar que él estará de copas y de risas me dan ganas de autoindependizarme debajo de la manta de mi sofá y embruselarme para no volver nunca jamás…- Así es una mejor amiga en duelo total.

Y de pronto, justo en ese mismo momento, me saltan todas las alarmas del móvil y vas y me bombardeas con una romantinvitación con cena, velas y… ¡Horror, se me amontonan las emociones! ¿Mi amiga en duelo o mi amor platónico en modo cenita? Y entonces mi truquillo secreto entra en acción. Cierro los ojos, me dejo llevar y me pregunto: ¿Qué habría hecho la niña que un día fui? Resuelto. Voy, cojo mi pijama de Piolín, dos bolsas de palomitas, una tableta de chocolate y un capazo de amistad a rebosar. La decisión está tomada.

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¡Será el corrector!
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Mar Peté | 11-02-2018 | 10:49| 0

juegossexualesenpareja-jpg_99028046Pasadas las fiestas de Navidad, las rebajas y algún que otro sarao, el año amoroso con mayúsculas queda oficialmente inaugurado con la macrocelebración del bendito san Valentín y sus corazones atravesados por las flechas de Cupido. A partir de este día se da el pistoletazo para dejar fluir los sentidos, para que los sentimientos encuentren su propio espacio en mi tontuna mental que tan bien me sienta y para que, si no me regalaron algo de la lista de Reyes, aún pueda tener la ilusión de ese caprichito pendiente.

Reconozco que en más de una y en más de dos ocasiones yo he llamado amor a lo que el de enfrente llamaba calentón, jugueteo, cruce de intereses… Y claro, así me he quedado luego, con cara de gilicapullina. Pero esta vez no me van a pillar de panoli, que no, que estoy haciendo un máster sobre las cosas del querer, nada de ir de cándida para salir siempre trasquilada. Y en estas estoy, así que lo primero es hacer un estudio de mercado del enamoramiento para a ver cómo está el asuntillo.

-Mira, me ha mandado un mensaje, ¿qué le respondo?- le pregunto a mi compi.

-¡Pero si aquí pone: “Haver” si nos vemos pronto!- me responde pegando el dedo en la pantalla del móvil hasta atravesarla.

-¡Uy, pobre! Será el corrector…- le digo la mar de convencida.

-Mmm, ¡tú estás enamorada hasta las trancas!

Pues lo cierto es que quizá lleve un muchito de razón, solo la ceguera del amor me va a hacer que no le corrija esta ortografía, porque si no fuera por eso, le doy con un diccionario en la sesera y, por descontado, se queda sin cita.

Y contesto que sí y… horror, ¡me anuncia cena de sushi! A escondidas, en el bolso, me llevo un bocata de jamón porque esto de las algas y los pescados crudos me da repelús y con tanto anisakis por el mundo, capaz soy de que, después de la cena, cuando llega lo bueno, va y me da un correcorre y la fastidio. A mí el jamón ibérico nunca me ha traicionado y hoy, pienso serle fiel.

Y cuando llego… ¡el sushi sin preparar!

-¡Sorpresa! Nos ponemos un You tube y ya verás, es facilísimo.

Madre mía, este es hasta capaz de buscar en Internet un tutorial para amasar también la escenita del sofá. No sé, esto me empieza a oler a chamusquina. Ahora o nunca. Me quedo o me largo. Y de pronto, en la radio de su cocina Camila Cabello nos canturrea y zarandea con su deliciosa Havana, y zas, sus manos se pierden por mi espalda y mi voluntad, tan discreta como siempre, se esconde en mi bolso con la plena intención de no volver a salir de allí en lo que queda de noche.

La otra prueba del enamoramiento es infalible. Nada como sorprenderme acariciándole los pies ¡y sin calcetines! Jamás de los jamases he sido capaz de tocar los pinreles de un tío si su corazón y el mío no han hecho buenas migas; que no, que yo soy de las que como no haya tontitis amorosa, me da asquillo. Y aquí estoy, jugueteando con su dedo gordo, mientras que al mismo tiempo ando buscando a mi sensatez que, por lo visto, desde que este me ronronea ha dejado la plaza desierta y a cambio me encuentro con un buen puñado de locura aderezada con una pizca de imprudencia y un mucho de ese candor con el que solo el amor es capaz de colorear las ilusiones.

A decir verdad, me queda superar una prueba irrefutable de que estoy enamorada. Cojo el móvil y reviso todas las fotos y selfies que me he hecho desde que este me tontea. Las agrando, las recorto, le pongo y le quito filtros… y no falla, en todas estoy bellezón nivel divina. Ese brillo en los ojos, esa mirada coqueta, ese postureo tan desvergonzado…

-No le des más vueltas, nena, estás colada hasta las trancas. ¡Pero si desde que le conoces ya no envías whatsApps, toda tú eres un emoticono de ojitos de corazón!

Hace tiempo que decidí que a mí el 14 de febrero jamás me iba a dar dolor de cabeza y, lo curioso del caso, es que desde que la borré de mi calendario de fechas innombrables, no ha pasado ni un solo año sin que mi corazón haya tenido algo por lo que retozar. Si es que no falla, unos se acuerdan de santa Bárbara cuando truena, pero yo, en cambio, como me paso todo el año convocando a san Valentín… pues eso, que el  buen hombre me está tan agradecido que aquí me tiene, comiéndome un bocadillo de jamón, bailando en la cocina, poniendo caritas de enamorada delante del móvil y abrazada al del corrector, que ya verás cómo, tarde o temprano, le pongo yo a este la ortografía mirando para Cuenca.

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Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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