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Categoría: Artículo publicado en La Verdad
Todo en uno

91ur5jimutl-_sl1500_Esto es un no parar y cuando creo que ya está todo dicho, siempre hay un nuevo vídeo, un ángulo diferente o un espontáneo inesperado, pero bien informado, que es capaz de mostrar una versión nueva de las diez últimas que ya me habían petado el móvil. Y así vuelta a empezar.

¿Dónde quedarán aquellos días en los que era tan sencillo como apagar Tele5 para estar vacunado de cualquier ataque ciberrosa? Mucho me temo que ya no hay escapatoria, porque los telediarios, con tal de ganar audiencia, son capaces hasta de trasladar a un reportero a una isla de nativos aficionados con contrato y enseñarnos lo más grande. Desde luego si hay algo en lo que hemos avanzado es en que hace algunos años la moviola solo la conocíamos para debatir alguna jugada futbolera sospechosa. Ahora, en cambio, somos tremendamente afortunados, ¿que a las doce de la mañana no he visto aún el manotazo principesco de la serie “Juego de reinas”? Pues yo no sufro, qué va. Tan solo tengo que abrir un grupo de WhatsApp y ahí lo tengo en la versión que más me guste, para delante, para atrás, a cámara rápida o lenta, desde el ángulo izquierdo o desde el derecho. ¿Que no consigo entender bien lo que se están diciendo? ¡No pasa nada! Un experto en lectura de labios me lo transcribe enterito, no vaya a ser que me estrese demasiado y no pueda seguir viviendo sin esa información tan transcendental. Pero si hay algo que de verdad me ayuda a tener una opinión de los hechos realmente formada es cuando despliego los trimillones de comentarios y, de pronto, me corre por las venas una indignación arrebatadora y al segundo me acaloro justo por lo contrario… ¡cuánto filósofo barato atrincherado en las redes y cuánto iracundo sin guerra ni vida propia! Y yo me pregunto, cuando ya no me caben más sentimientos antitodo en mi cuerpo, ¿qué hago yo con tanta mala leche acumulada sin fuste y sin canalizar? Pues eso, que al final la paga el que menos se lo merece y va y se me escapa un manotazo al estilo Princesa de Asturias y hasta soy capaz de, con tal de fastidiar, hacerme un “letiziazo” en mi próximo selfie.

Y cuando de verdad creía que la semana la iba a terminar con un poco de paz de WhatsApps, va otra rubia y me inunda la pantalla y el fondo de galería de mi móvil se explosiona. Bueno vale, esta no es de salseo, aunque pensándolo bien ¡hasta casi es peor! A ver quién es el guapo que se atreve a mirar para otro lado cuando las firmas falsificadas se multiplican, las notas se regalan y las mentiras se engordan tanto como los CV de los políticos… Vale, me indigno, me cabreo, me da acidez, me vuelvo a indignar, el móvil se me peta de chistes, pero aquí nadie se mueve de su despacho y a mí, en cambio, me está costando horas de sueño porque los frikis  del grupo no descansan ni por la noche.

Y entonces decido salirme del mundillo de los cotilleos y de la política… ¡nada más sano que el deporte! Y un día veo hacer de todo menos fútbol a un equipo que va el primero y que se supone que es el mejor de España y al día siguiente, su eterno rival, hace casi lo mismo pero su contrincante va y mete la pata en el último momento, bueno, la pata por delante y el empujón por detrás y ¡zas! Ya tenemos nuevo lío en las redes sociales. Que sí, que no, que caiga un chaparrón que la liga no, pero la Champion sí. ¡Penalti por delante, penalti por detrás, penalti que nones y penalti que te parió! ¿Qué ya había dejado limpia la galería del móvil de videos de reinas y de fotos de políticos? Pues ale, a bloquearlo con todos los penaltazos de la historia. Y otra vez a indignarme, a arrebatarme, a acalorarme y a curarme la puñetera acidez. ¿Es necesario que me lo repitan hasta decir basta o es que acaso crees que no tengo claro lo que vi y me quieres convencer por hartazgo?

Lo mejor de todo es cuando me llegan noticias de Alemania, de ese turista europeo que tenemos por ahí hace meses llamando a España de todo menos bonita. ¡A ver si en ese tour europeo va y encuentra el dinerito escondido de los Pujol! Pues eso, que en el partido de semifinal del Madrid quién mejor que Puigdemon para el saque de honor, que Letizia esté en el palco presidencial en un mano a mano con Cifuentes haciéndose una foto y que el penalti, esta vez, lo haga el Madrid y que no se lo piten. Un todo en uno y así me ahorro arrebatos, úlceras y fotos petándome el móvil. Y mientras ellos me colapsan el móvil, yo a leer, que prefiero celebrar el Día del Libro que el Día del Whatssapeo.

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Abrileando

ijAnda que no es valiente este Sabina, es el único capaz de encararse con el osado roba-abriles. Si es que hay que ser uno muy mala gente para pretender arrebatarnos este mes y largarse así, como si nada. Aunque lástima me da del que en esta vida no se haya rozado con una ráfaga inesperada de azahar hasta impregnarle todos los pordentros, ese seguro que no tiene ni repajolera idea de lo que es ir por la vida abrileando. Por eso, cuando salgo a castigarme las calorías a todo lo que doy, noto que mis pasos y mis pasiones me arrastran hasta los huertos del camino, dejo que mis rizos se enganchen y se enreden entre el azahar y me arrebato en medio de un remolino pegajoso y loquito de pétalos blancos, ¡si es que no ha nacido quien se atreva robarme a mí el mes de abril!

Con esta tontería de salir un día ventoso, el otro caluroso y al siguiente lluvioso, lo cierto es que estoy de lo más entretenidica porque como hay para todos los gustos, pues eso, que un día tiro de pañuelo al cuello, el otro el escote busca su camino y al siguiente convino las botas con lo que me da la gana, porque sí, porque el mes de abril es el mes de la rebeldía, es ese en el que hago lo que se me ocurre y lo que no me apetece lo de dejo para más adelante.

Y mira que el año es largo, pero es que hay meses que los tengo un poco desterrados. Lo confieso, yo siempre he sido de tenerle un poco de ojeriza al mes de mayo. Sí, ya sé eso del mes de las flores y todas aquellas tontunas de colegio de monjas, pero es que lo veo de un pastelón… A mí mayo me suena igual que la canción de Eurovisión, es pegajoso, repetido y cursilón. Además, lo peor que tiene es que es de lo más predecible, porque cualquiera sabe que si sales al campo, está lleno de flores; si te dejas la chaqueta en casa, esa tarde se mete fresco; si tienes una invitación, o es una comunión o una boda, jamás he vivido una fiesta de desenfreno y rock & roll en el mes de mayo. Así que, por mí, como si lo borran del mapa, pero eso sí, a mi mes de abril que no se le ocurra a nadie tocarle ni un pelo porque voy y lo fulmino.

La verdad es que ahora que caigo, es curioso, pero nunca en mi vida me ha surgido un flechazo amoroso en este mes. Debe ser que como voy tan a mi bola y con tanto subidón quizá no tenga los receptores muy predispuestos para recibir señales de alerta. También es posible que como no soy yo la única que va a lo suyo… pues claro, así no hay manera de que los planetas se nos coloquen en la línea primaveral idónea. Vale, que por mí no quede, a partir de hoy pienso ir con el detector de metales pesados en modo ON y en cuanto me piten las alarmas, me bajo un poco de mis dos palmos del suelo y saco mi artillería de receptividad. Prometo poner todos mis encantos en acción, aunque espero que la primavera también ponga un poco por su lado y que a la otra parte contratante le dé un testarazo en donde más le duela y así, mis emisores de ondas sísmicas emocionales den de pleno con su epicentro ¡y a ver qué resulta de ese terremoto abrilero!

En el fondo, tengo que reconocer que como yo soy muy poco fan de los finales, yo creo que lo que me pasa es que mi mantita del sillón aún sigue ahí y, de vez en cuando, me arrebujo en ella, cierro los ojos haciendo que el tiempo se detenga y mientras creo que aún sigo en los brazos de un invierno tardío. Hasta que de pronto me teletransporto a aquellas tardes en las que esperar tu llegada era el mejor acontecimiento del día y sobrevuelo los días de vino y rosas en los que mis risas eran tu mejor elixir de la eterna juventud. Y aunque nosotros no vamos por ahí contándolo, fue un mes de abril en el que sin palabras predecibles ni miradas pecaminosas nos prometimos guardar nuestro secreto para todos los siempres. Y ahí lo tenemos los dos escondido a buen recaudo, en ese lugar que solo tú y yo sabemos y ahí se va a quedar hasta que el aroma del azahar nos lo vuelva a susurrar y entonces, sin buscarnos y sin decirnos, una ventolera de un mes de abril cualquiera nos envolverá tanto que va a ser imposible desenredarnos. Y todo volverá a tener sentido y jamás podrá nadie robarnos de nuestro corazón un amor que abrilea más que mayea.

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No me vengas con cuentos

caperucita2Llegan duros tiempos para los que viven del cuento porque resulta que ahora Caperucita en su cestita lleva un GPS detector de caminos sin retorno y va a ser complicado que, por muy feroz que te creas, la lleves al huerto por el atajo… así que como no te andes con ojo, lobo lobito, vas a acabar en la cama pero con la abuela, en el cuarto de lo prohibido y sin escapatoria. Y lo más seguro es que nadie te dirá eso de “qué orejas tan grandes tienes”, “qué ojos tan grandes tienes” ni que nada es grande porque del susto que vas a tener en el cuerpo dichoso lobo feroz, no va a haber nada que se te ponga grande y cuando digo nada, es nada.

Y para qué decir del príncipe con ese complejo de alarma despertador. Anda que no estamos más que espabiladas las princesas ahora, como para que nos venga uno vestido con pantuflas, marcando paquete, con melenita a lo sota de bastos y que se crea que por darnos un morreo, con o sin lengua, nos vamos a arrebatar tantísimo que hasta vamos a dejarle un lado en nuestro catre y además, el muy iluso, se imagine que no ha habido un antes que él en nuestras vidas. Este de lo que no tiene ni idea es de las juergas palaciegas que me he pasado yo, ¡como para que se piense, el muy tontainas, que aquí estaba yo hilando y deshilando hasta pincharme con el huso de una rueca!

Lo que sí que estoy deseando es cruzarme con el líder de los sacamachos, sí, con el cabecilla de los de vamos a contar mentiras tralará, el tan inigualable como inefable Pinocho. Anda que como no se resetee y se reinvente, me temo que lo de la nariz está ya muy visto. Además, nosotras ahora llevamos de serie un polígrafo de lux incorporado y sabemos, sin temor a equivocarnos, cuando nos dan gato por liebre o cuando una trola es la única escapatoria de los Pinochines. Yo, por mi parte, les recomiendo que si ha de crecerles alguna cosilla, que se esmeren un poco más, y ya puestos, pues que les crezca algo más útil que la nariz… si total, la mentira no me la voy a creer, pues al menos que me sirva para bien el oír tamaña falsedad.

Lo que yo no tengo muy claro es si el centimito se lo va a encontrar la ratita presumida o el gato ese que está empeñado en casarse con ella, porque igual, el minino, con tal de hacer méritos ante la indiferencia de la rata va y le propone negociar las tareas de la casa para cumplir con el asunto este de la paridad doméstica. Me temo que por un mísero centimito no creo que vaya a sacar todas sus armas la roedora y mejor así, porque tendríamos el final del cuento cambiado y podríamos ver al iluso micifuz con un lindo lazo en su rabito y roneando para que la dura ratona le conceda el honor de cortejarla.

Pero al que no quiero perderme es al desdichado príncipe que anda buscando de casa en casa, como alma en pena, a una dulce chiquilla que, con las prisas, dejó atrás su zapatito de cristal. La cosa es que siempre he pensado el poco glamour que debió llevar la Cenicienta bajando las escaleras a todo lo que daba coja perdida y, para colmo, volver a casa en lo alto de una calabaza tirada por unos ratones de tres al cuarto… Y luego, cuando a mi madre yo le decía que llegaba tarde porque había huelga de autobuses nunca se lo tragaba, ¡si llego a saber que lo de esta era más creíble, se lo hubiera soltado! Y yo aquí, asomada a la ventana a ver si lo veo llegar y tocar a mi puerta con el zapato en la mano, porque pienso abrirle el fondo de armario de mis tacones y reírme en su cara:

−¿Acaso tú crees que si yo pierdo uno, estaría aquí llorando y suspirando para que vinieras?

Para mí que este lo que está es desesperado, quizá el que está deseando encontrar el zapato es él y corretear taconeando por los salones de palacio como las locas.

Está claro, a mí no me vengas con cuentos porque como nunca me gustaron las perdices, que se las coman otros. Yo soy más de un érase una vez y otra vez y así hasta decir basta, que no estoy para tonterías de colorines y colorados y mientras unos viven del cuento yo prefiero ser la que te lo cuente y elegir el final que más me interese, porque cuando me conviene prefiero estar al otro lado del espejo de ese país maravilloso y, como la reina de corazones, resolver cualquier entuerto al grito de guerra de: ¡Que le corten la cabeza!

 

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¡Primaveras a mí!

1757909a9d225f3Tengo que reconocer que este año no voy con la delantera de otras veces. Por fin me estoy ajustando al calendario oficial en esto de la primavera y no es porque me haya hecho formal y dispuesta a acatar de una vez por todas las normas, qué va. Yo creo que es que como no hay manera de sacar, ni disimulando, el vestidito rosa pastel y las sandalias a juego que tengo esperando en el armario. Está claro que voy a tener que dejarme llevar más por el parte meteorológico que por aquello de que la sangre se me altera, porque por ahora, yo, lo único que tengo algo trastornado es el helor de mis pies debajo de la mantita del salón.

Para mí que esto es una buena señal de que por fin los robaprimaveras están todos en el calabozo, porque llevábamos unos añitos que el fondo de armario de entretiempo se quedaba hecho un sinsentido y perdía la cita para salir y pasear el palmito. Pero pienso estar ojo avizor a las señales, sí, sobre todo a las clásicas, a ese posado de las golondrinas en mi balcón y a esa amapola que saca lo mejor de mí cada vez que me la cruzo inesperadamente en mitad de un campo porque sin querer se me erizan todos los sentidos, vale, reconozco que a mí las amapolas me remueven el runrún por uno que yo me sé, ¡vamos, que ni te cuento!

Una cosa sí que es importante. Es cierto que este año he aceptado portarme bien y adaptarme al agenda oficial, pero en cuanto yo huela a azahar, sienta que una marinera me llama por mi nombre desde una terracita y que los jerséis de cuello alto me ponen cara de pocos amigos, ahí me planto yo, sí o sí, con mi cuerpo de primavera y dispuesta a quedarme, porque claro, en esta tierra, como no me ande con ojo y me haga la dura ante los primeros síntomas…  el tiempo florido y hermoso se caduca y le toman el relevo los calorines del verano y de esa ya sí que no nos escapamos tan fácilmente.

Este acuerdo de paz que he firmado con el cambio de temporada no está reñido con el seguir disfrutando con chaquetón o sin él, que a mí nadie me birla una fiesta por una tontuna tan facilona de: “¡Uy, parece que se está nublando!”. Porque tampoco hay que liarlo todo de una vez. ¿Que toca salir a disfrutar de tambores y nazarenos? Pues me coloco un quitaipón de esos tan socorridos y a deleitarse con los pasos de Salzillo hasta que el cuerpo aguante. ¿Que al sol le da por tomar posesión del cargo y nos regala por fin una Semana Santa de las buenas? Pues a desempolvar las chanclas y a mediterranear este cuerpo serrano que seguro que me lo va a agradecer. ¿Que los pajaritos cantan, las nubes se levantan y un rayito me atraviesa el corazón en forma de amor primaveroso? Pues mira lo que te digo, que peores son las nubes de verano y no por eso las dejo yo pasar.

Y pensándolo bien, si los que siempre han tenido mala fama han sido los amores de verano, yo creo que de los de primavera no hay nada escrito en su contra, que yo sepa, a no ser que me vengan igual que el polen y me den una alergia tremenda, porque oye, es que no falla, cada vez que se me acerca uno de esos de: “Te prometo, te prometo hasta que te la…” me da un subidón de estornudos que de una sacudida de esas voy y lo mando bien lejos y sin billete de vuelta. Así que, apartando a todos los que me producen urticaria en el corazón, pienso ponerme en modo becqueriano para que así todas mis neuronas estén al quite, no vaya a ser que me ocurra como con lo del cambio de la hora de este fin de semana, que me lío tanto, que nunca sé si me quitan o me ponen la hora, si tengo que comer o no me toca tener hambre.

Como sea cierto eso de que la primavera la sangre altera, a mí me gustaría que alguien me dijera entonces qué puñetera estación es esta en la que vivo yo que a mí me tiene todo el año removidita. Tanto es así, que lo mismo me da que lo que se pose en mi balcón sean golondrinas, urracas o el canario de mi vecino, que por cierto, a ver si se le escapa de la jaula ya de una puñetera vez porque a mí me lleva loquita el muchacho del cuarto y así, con esa excusa, puedo tocar en su puerta y, en lugar de pedirle sal, le hago ojitos mientras que le digo “pío pío” y él me abre las alitas y me hace un hueco en su nido de amor primaveral.

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A ti te encontré en la calle

bkkHay másters, cursillos y carreras universitarias para todo, incluso hasta puedes llegar a hacerte astronauta online, pero si hay un título por excelencia para el que no hay donde apuntarse, ni aunque sea pagando, no es otro que el de la paternidad. Porque lo de ser padres no te lo sellan en la puerta de un paritorio, qué va, ser padres es un diploma que hay que currárselo, hay que merecérselo y además, lo más complicado, es que no hay fecha de jubilación por muy creciditos que estén lo retoños.

Y claro, esto de la paternidad, en mi caso, no depende solo de mí, o sí, no sé, porque como últimamente ya hay para todos los gustos… Pero lo cierto es que lo tengo archicomprobado, ya puede el susodicho en cuestión hacerme tilín y hasta también tolón, ya pueden mis tontilusiones salir a pasear y tomar vida propia e incluso hasta llegar a verme veraneando ahí juntitos los dos, también es posible que caiga en la tentación de comprarle un regalito sin que sea ni su cumple ni nuestra fecha inlove. Vale, lo acepto, soy muy capaz de fantasear con la idea de ir a conocer a sus padres un domingo de estos, pero por muchas mariposas que me revoloteen por el estómago y se me hagan chispitas en la mirada, hay un imprescindible que debe superar el pretendiente, y no es otro que el de darle el total visto bueno como padre de mis hijos y si no, no hay trato.

Sí, ya sé que así dicho parece tela de fuerte, pero es que tíos para el jiji y el jaja, me sobran. Fíjate que hasta tendría alguno guardado en la recámara dispuesto a dar el “sí quiero” con todas las de la ley, pero es que eso de ser el papi de mis churumbeles… ¡eso ya son palabros mayores!

Mira que he tenido que tomar decisiones a veces, algunas tan tontas como decidir el color del esmalte para las uñas permanentes y otras tan transcendentes como resolver si voy a una fiesta vestida en plan casual o sacar toda la artillería de las lentejuelas con los tacones a juego; pero cada vez que me pongo con el lío este de jugar a papás y a mamás, pues oye, que la cosa se me enmaraña y me enredo hasta decir basta.

A ver, por un lado está el asunto amoroso, porque claro, para mí que si hay buen rollito entre nosotros, seguro que nos vamos a esmerar mucho más y así hasta nos salen mejor los deberes cuando nos pongamos con la faena. Pero es que eso no lo es todo, porque a ver, lo de la carga genética tiene también su puntillo de importancia, digo yo. La verdad es que con una pizca de suerte igual hasta nos sale guapetón el chiquillo a poquito que me ponga yo una miaja remilgada al elegir lo del físico llevando cuidado de no enamorarme ya pasada la medianoche, con esa precaución, igual sí que lo consigo. ¡Y así, entre lo suyo y lo mío, seguro que nos sale un bebé de anuncio de pañales! Pero eso sí, el futuro padre no se escapa sin que le pase yo un test de CI y varias pruebas psicotécnicas de esas de tráfico, que no quiero yo dosis genética de un chalado o un maniático de esos que van por la calle sin que se les note, ¡que para tener un puntito de locura ya estoy yo y con esa herencia vamos sobrados!

Pues eso, que en cuanto a mí se me enciendan todas las alarmas y note que es ese y no otro, prometo ponerme con ello. Yo por ahora, y no por presionar, voy a ir haciendo alguna manualidad para el Día del Padre, no vaya a ser que de aquí a un rato se me cruce el futuro papaíto de mis hijos y me pille con el pie cambiado, que luego todo son prisas y me termina saliendo un churro de regalito y no hay imán que lo pegue en la puerta de la nevera. Y digo yo, cuando sienta en mis pordentros  la señal fidedigna de que he encontrado al mejor candidato, ¿será muy fuerte si me acerco a él y le suelto?:

-¡Hola, encantada de conocerte! Mira, tú aún no lo sabes, pero yo soy la madre de nuestros hijos.

Es verdad que la vida es muy larga y que nos da tiempo a acertar y a equivocarnos y a volver a acertar. Así que, pase lo que pase, padre-padre solo hay uno, madre-madre solo hay una y a ti te encontré en la calle; pero no lo olvidemos nunca, nuestro hijo no tiene la culpa de nuestras insensateces ni de nuestros triunfos, pero, eso sí, lo que tiene todo el derecho es a sentirse un hijo felizmente querido y deseado.

 

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¡Ni un paso atrás!

tacones-gettyPor fin el jueves pasado se hizo realidad uno de mis sueños, por fin pude gritar a los cuatro vientos que no contaran conmigo para nada, que me declaraba en huelga por todo el día y que no pensaba desdecirme ni por un momento. Y sí, es cierto, lo conseguí y dejé de ser la heroína de mi propia historia y hasta me negué a ser la salvadora de los que se cuelgan de mí. Fíjate si la cosa llegó a mayores que hasta apagué el móvil para así demostrarle al mundo que no estaba para nada y mucho menos para whatsApps tontos o llamaditas inoportunas, insulsas o de los que se creen que he fundado una ONG cada vez que a ellos se les ocurre.

Y el día pasó y yo me sentí liberada por dentro y por fuera, pero he de confesar que también me aburrí soberanamente. Es verdad que a veces reniego de los madrugones que me doy cada mañana, que me pongo de los nervios cuando investigo y descubro que aún no se ha inventado la lavadora-secadora-planchadora, que la nevera no se llena sola y me arrebato con el capullo de mi compañero de trabajo cada vez que piensa que va a heredar la empresa y me mira con condescendencia creyéndose que está ahí por méritos propios y no por lo que todos sabemos. Lo cierto es que este tontainas no tiene ni idea de que el día que a mí, y a unas cuantas más, se nos inflen las narices, no vamos a necesitar que se convoque ninguna huelga mundial de mujeres, porque yo misma le voy a hacer un tres cuarenta y le van a faltar pies por inútil, por inepto, por pelota tocahuevos y, sobre todo, por  impotente mental y tontigracia verborreica precoz. Aunque pensándolo bien… ¿de quién nos vamos a reír en el ratito del café si él no está?

Vale, lo reconozco, darse el madrugón cada mañana, echar más horas que un reloj y volver a hacerlo al día siguiente es duro; pero mucho más duro es vivir una historia con quien no quiero y no poder irme porque mi existencia depende de él. Así que, cada mañana, cuando me suena el despertador y me salen sapos y culebras por la boca, entonces me acuerdo de que es mejor sacar mi trasero de la cama, calzarme los tacones y pelear por todo lo que tengo porque, por muy duro que sea, mucho más es no tener nada por lo que luchar y escribir la vida que otra persona haya decidido para mí.

Así que el 8 de marzo paralicé mis sentidos y mis pordentros y aún me estoy recuperando. Cuando se me ocurrió encender el móvil el viernes tenía infinitos mensajes y llamadas, claro, que los había para todos los gustos. Pero a cambio me di cuenta de que formo parte de la vida de tantísimas personas que yo misma me asombré. No tenía ni idea de que una amiga, a la que hace meses no veo, me echaba de menos porque quería darme las gracias por la de veces que siempre he estado ahí para escucharla. De pronto, a toda la familia les dio por convocarme a infinitos eventos en los que, por lo visto, soy imprescindible por la vidilla que les doy. Mi jefe me dice que dónde estoy que está deseando reunirse conmigo porque hay un asunto en el que confía plenamente en mí y, de paso, que me deje de tonterías de huelgas, que él ya sabe, de buena tinta, que soy de lo mejorcito de su equipo. Hasta tengo un mensaje de un ex que, cuando vio en la tele lo de la huelga de las mujeres, irremisiblemente se acordó de mí: “Para esa mujer tan mujer, que como se te ocurra ponerte de huelga, a ver qué vamos a hacer el resto de los hombres sin que nos des caña y nos pongas las pilas cada vez que plantas tus dos tacones en cada palabra que pronuncias”.

Pues está claro que el día huelgui-aburrido que pasé el jueves ha tenido su recompensa. Me encanta saber que merece la pena cada vez que me arrebato con algún gilivisionario de esos que se creen que las mujeres tenemos superpoderes o con esos otros que aún piensan lo santa que era su madre y lo chaladas que se han vuelto ahora las mujeres con tanta reivindicación, no saben que lo que hacen es reafirmarme más en que su madre sería una bendita pero hay que ver qué perfecto gilipollas criaron sobre sus faldas. Pero eso sí, lo que no puedo ni pienso aceptar es un paso atrás entre nosotras. Con tacones o sin ellos, siempre hacia delante. Sin pisar, sin hacer daño, con inteligencia y corazón, porque creyendo en nosotras y amando lo que hacemos se rompen los techos de cristal y se agrandan los cerebros pequeños.

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Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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