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Categoría: Artículo publicado en La Verdad
“Homo sapiens” vs. “Femi sapiens”

imagesnlEn los últimos años el ser humano ha evolucionado y ha aparecido una nueva especie, o quizá mejor dicho, ya existía pero era difícil diferenciarla en el ecosistema de la vida, pues solía estar mimetizada con el medio y pocos eran capaces de identificarla como parte de la flora y fauna social. No solo se ha despertado, también se ha dejado ver. El “homo sapiens”, desde entonces, comparte espacio y reconocimiento con ella, con la “femi sapiens”. Por fin las mujeres ya no somos transparentes, ni tontas, ni inútiles, ni sumisas, ni frígidas, ni mojigatas…

Yo, un día me miré al espejo y comprobé que de lo que hay que tener dos, lo tenía, es decir, vi dos brazos, piernas, ojos, manos… y de lo de solo uno, también lo cumplía, y por más que me busqué, no pude encontrar qué era eso que me faltaba para estar completa, porque llevaba toda la vida oyendo aquello de:

-Búscate tu media naranja, que te complemente, que te haga feliz…

Y así crecí, creyendo durante muchos años que sin un hombre a mi lado jamás vería cumplido mi sueño, pero la realidad era que, de no espabilarme, acabaría convirtiéndome en el sueño que otro había tenido por mí. Lo curioso del caso es que cuando más más emparejada he estado, menos menos completa he sido. Hasta que un día me hice esta pregunta:

-Yo, ¿cómo nací? ¿Soltera? O sea, que la manía esa de casarnos los unos con los otros vino después, ¿no? Pues está claro, mi estado natural es la soltería y lo otro son… ¡encantadoras y tentadoras paranoias en las que de vez en cuando caigo arrastrada por cantos de sirenas!

Y poco a poco, el ecosistema social se fue llenando de “femi sapiens” que sabían, que podían, que se proponían, que conseguían, que querían,… Y dejaron al pobre homo sapiens con el paso cambiado y con un pastel mental del que más de uno no sabe cómo salir, aunque también sé que algunos ilusos homo sapiens lo intentan y se esmeran poniendo en práctica lo que aprendieron de sus madres y lo que vieron en las películas y claro, vuelven a tropezar. Y por más que se esfuerzan, zasca, para cuando se quieren enterar ya se han quedado tres pueblos atrás y sin cita para el fin de semana.

Esta nueva especie de “femi sapiens”, curiosamente, es fácil de encontrar en cualquier ecosistema laboral, de ocio, urbano o rural, ya no queda ecosistema terrenal que no haya sido invadido por ella. Lo cierto es que da lo mismo dónde, cuándo o cómo aparezca, porque lo que más le identifica es que todas ellas tienen un rasgo común, todas son mujeres de carácter. Son mujeres que saben muy bien lo que quieren, pero todavía saben mejor lo que no quieren y lo dicen, lo demuestran, lo dejan claro y, lo mejor de todo, es que lo que no quieren, es innegociable. Carácter sí, mal carácter no. Porque son y saben ser cariñosas, empáticas, dulces, nobles, ilusionadas, pero no te confundas, las “femi sapiens” de gilipollas no tienen nada. No les pongas a prueba porque hay algo que les distingue de sus antecesoras, a una “femi sapiens” la puedes enfadar y te mostrará con ingenio y mano izquierda cómo desbaratar un ataque de fuego enemigo, pero lo que nunca nunca deberás atreverte es a mosquearla, ¡ni se te ocurra minusvalorar sus capacidades! Dentro de una “femi sapiens” late un detective agazapado a la espera de saltar a la acción para descifrar una tomadura de pelo masculina, estará dispuesta a destripar una mentira de “homo sapiens” y siempre, sabedora de su potencial, estate seguro que si le lanzas un reto, vas a terminar fuera de combate, fuera de su vida y sin retorno. Antes de echar un pulso homo vs. femi, piénsatelo dos veces, porque lo peor que se puede hacer es mosquear a esta sagaz especie humana. Ten muy en cuenta que, aunque creas que desde su posición no es capaz de controlarlo todo, olvidas que tú no cuentas con los diez centímetros de más de sus tacones, esos que le ofrecen una perspectiva de la vida siempre impredecible para un “homo sapiens”.

Estas mujeres de carácter pisamos con certeza, andamos con seguridad, amamos sin dependencia y deseamos con convicción. Somos capaces de ponerle a todo infinita pasión, tanta, que desde hace tiempo miramos siempre hacia arriba, estiramos las manos y rozamos las nubes, nos ponemos de puntillas y, como unas valientes, rompemos de un puñetazo ese dichoso techo de cristal que nos separa de las estrellas que llevan nuestro nombre, de esas estrellas que reflejan toda nuestra luz al universo.

Los científicos han anunciado que la especie “femi pasive” se ha extinguido, se ha encontrado alguna evidencia de su existencia junto a cierto “astrolepitecus” que aún queda suelto por ahí. El presente se llama “femi sapiens” y lo sabemos.

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Corazón tatuado

imageswaMuchas veces me he preguntado dónde estará mi caja de recuerdos de cuando era pequeña. En ella iba metiendo mis cosas chulas, gomas con olor a fresa, libretas con las páginas de colores, el papel arrugado de aquel poema que dejaron a escondidas en mi estuche, bolis de muñequitos en la punta… y yo, todas esa cosas, las guardaba sin estrenar, eran mi tesoro, quería que me duraran para toda la vida, para todos los siempres. Y ahora, en cambio, no tengo ni idea de dónde están, seguro que el boli se habrá secado, la goma ya no olerá a nada y el poema lo habrá borrado el tiempo, y eso que eran mis tesoros para toda la vida…

Siempre nos pasa que cuando estamos en los principios del amor lo hacemos con tanto ímpetu que todo nos parece poco. Porque claro, sería de tontos, empezar una relación pensando que no va a llevarnos a ningún sitio bueno. Yo, si me pongo, me pongo, y me olvido de todo lo pasado. Y entonces, nuestro primer beso es como si fuera mi primer beso de amor, y le pongo pasión, y le doy su tiempo y me vuelvo loca por todos los besos que nos quedan por darnos. ¿Y si después resulta que estaba equivocada? ¡Es que ni me lo planteo! ¡Vaya un comienzo sería ese si ya empiezo creyendo que tiene los días contados…!

¿Para toda la vida? Uf, qué fuerte. Me tiemblan hasta las pestañas solo de pensarlo. Lo cierto es que así dicho lo de toda una vida, es duro. Mira que solo tengo una vida, ¿seré capaz de concentrarla en uno solo? Vale, yo prometo entregarme como si él fuera el requetedefinitivo, lo juro; pero sin presiones, sin cadenas, sin hipotecas, sin papeleos… que tu palabra sea la mía, que tu sí sea mi sí y que yo esté aquí para siempre porque quiero y no porque te necesito.

Es curioso, cada vez se inventan más cosas de usar y tirar, los electrodomésticos duran menos, las fechas de vencen antes y, en cambio, lo de los tatuajes que no hay quien los borre, se imponen a tope. Pues yo me pienso tatuar en el corazón tu nombre, pero desde luego en mi trasero, en mi brazo o en mi ombligo me niego a ponerles un sello de amor tattoo, no vaya a ser que luego tenga que pedir el teléfono del borratatuajes a Melanie Griffith. Yo soy más de decorar mi cuerpo con adornos de  quita y pon, con esas letras sexys de henna deletrearía por mi cuerpo tu nombre, el mío y hasta el de tu madre si quieres, pero nada de marcarme como si fuera una vaca de una ganadería torera. Que mira que me conozco, que soy de las que hoy me molan los mensajes en chino porque estoy en modo zen, pero cuando se me pase, igual me da por lo macarra y me dibujo un ancla con un corazón atravesado. Así que, decidido, tatuaje sí, pero de poner y borrar que solo tengo un cuerpo y una vida y no me da la gana pasearme como si fuera un muro de grafitis con mi curriculum sentimental.

Y mientras unos compran y tiran, otros usan y abandonan dejando cicatrices, yo, en cambio, sigo guardando mis tesoros, porque me niego a pensar que las personas a las que conocí ya no siguen conmigo, que las personas a las que amé ya no forman parte de mi historia, porque todos y cada uno de los que han estado a mi lado me dejaron su huella, me dejaron tatuado en mi corazón sus besos, sus caricias, sus te quieros y sus hasta siempre. Vale, lo reconozco, es cierto que alguno su huella me la dejó en el trasero, pero mira lo que te digo, de aquel empujón todavía me crecí más y todavía tengo que agradecerles su patada.

Es curioso, y yo que creía que el rollo ese del “para toda la vida”, como que no iba conmigo, y ahora va a resultar que desde bien pequeña tengo escondidos miles de tesoritos donde se guardan las cosas buenas, porque de las malas ya me encargo yo de darles carpetazo… A ver, ¿para qué quiero yo un beso de mentira, o qué hago con la envidia de una amiga o con un por el interés te quiero Andrés? Pues lo dicho, pasito a pasito, suave suavecito… voy llenando mi vida, sí, esa de la que solo tengo una, la relleno solo con lo mejor, de lo que tú quieras y yo tenga ganas y también de noches con estrellas y de días sin horas.

Puede que tú seas para toda mi vida, o no. Puede que yo sea para toda tu vida, o no. Pero eso sí, yo hoy estoy en tu vida y tú en la mía y hoy es tu nombre el que llevo tatuado a fuego en mi corazón.

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Donde el sur pierde su nombre

images13u006x5Pues sí, ya lo puedo decir sin que me tomen por loca, salidilla o desatinada. Lo reconozco, desde hace semanas ando con cuerpo de verano, con un comecome que me recorre los por dentros y no me deja en paz. Es que lo del calendario oficial de las estaciones como que me la refanfinfla, lo que cuenta para mí es mi revuelo hormonal y de ese ando para dar y tomar, avisados quedáis. Ahora que por fin el 21 de junio ya dio el chupinazo oficial, me declaro veraneanta en cuerpo y alma.

Está claro que no es lo mismo que pasear en invierno envuelta y atrincherada, vamos, lo mismito que si viviera en Alaska, ahora todo mi ser ha salido de la cueva al son de bachata y vallenato. Y así me siento y así me va. Mi piel va camino del color Caribe y al aroma de las brisas de Hawaii. Mis piernas se han alargado un palmo, lo mismito que se han acortado mis faldas. Y ahora resulta que he descubierto que debajo de la bufanda, además de cuello, hay un canalillo que sugiere sin enseñar y que promete más de lo que tú te puedes imaginar.

Hace tiempo que me di cuenta que eso de ser sensata, organizada y precavida es totalmente incompatible con el verano. Porque el calor es para no hacer planes, es para dejarme llevar y, si eso, también para dejarme traer. Me niego a cerrar puertas, ni a saber con exactitud a qué hora y en qué día voy a estar aquí o allá. Pues no, que eso además de ser un rollazo es un desatino, lo mires por donde lo mires. Yo, en cambio, por estas fechas hago una maleta y la lleno con todo lo que se me ocurre, pero eso sí, jamás con lo que impida a mis pasos llevarme al sur, porque yo hace mucho que perdí el norte y, desde luego, espero que no vuelva para buscarme. Reconozco que cuando yo tenía la cabeza muy en su sitio era una mujer de palabra, ordenada, comprometida, cumplidora, pero lo que más, es que era una aburrida y, por descontado, igual de aburridos eran todos mis pretendientes. Así que un día decidí hacerle caso a la Carrá y me tomé muy en serio aquello que ella berreaba por los platós llena de ritmo y gracejo:

Para hacer bien el amor hay que venir al sur. ¡Sin amantes, esta vida es infernal!

¡Cuánta filosofía de la buena se esconde en este himno, en esta loa a la pasión, en esta exaltación al furor irracional por el sur! Porque no hay caminos directos a ese lugar secreto que florece al roce de mi piel, a ese paraíso disparatado, a ese sur de mis sentidos. Así que, dicho y hecho, cada vez que se me pone el cuerpo sarandongo, saco mi brújula de las sensaciones y para el sur que mande, allá que dirijo mis pasos sin mirar atrás. Está más que comprobado que en el norte hará mucho fresquito, se comerá estupendamente, tendrán bosques frondosos, pero los norteños son de un desaborío que a mí allí, en lugar de correrme la sangre a borbotones, oye, que me da bajón y ni las ganas de menear las caderas me salen cuando me paseo por sus calles, y claro, es que un verano sin calor no tiene fuste ni muste. Que no, que no y que no. Así que a seguir haciéndole caso a la dichosa cancioncilla que se me ha metido en la sesera y no me deja pensar en otras cosas:

Tuve muchas experiencias y he llegado a la conclusión que perdida la inocencia,      ¡en el sur se pasa mejor!

Y el que me quiera buscar ya sabe dónde encontrarme. El que quiera navegar conmigo por mares prohibidos o surcar cielos infinitos en vuelos inimaginables, ya sabe, nada como dejarse a la deriva hasta el sur de mi cuerpo, en ese allí donde los vientos galopan sobre caderas desbocadas y el sudor de nuestras caricias desliza tu mano sobre mi piel y mi espalda se eriza bajo tu aroma…

Y si te deja, no lo pienses más, búscate otro más bueno… ¡Vuélvete a enamorar!

Sí, el verano ya está aquí, en el calendario y en mi alma. Es en esta noche mágica llena de fuego abrasador, con hogueras sobre las que danzar y pedir deseos la que me llevará lejos, muy lejos. Tiro de tu mano hasta las brasas de San Juan para perdernos en la pasión de una noche de verano. Allá donde el sur pierde su nombre, allá donde tú y yo dejaremos de ser tú y yo, donde el deseo sea la única ley que impere en el sur de nuestros cuerpos y bajo un cielo estrellado se abrasen todos nuestros besos iluminados por el fuego de las hogueras.

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Día+Hora=Cita

imagesccccccCon la de veces que me había imaginado la escena y ahora que ya por fin se cumple, va y se me amontonan los síes y los noes. Lo cierto es que todavía no me lo puedo creer, ¿será posible que por fin vaya a tener una cita con él? ¡Madre mía! Digo yo que quedar un día, con una hora fija… eso es una cita, ¿no? Es que como hace ya tanto que no me sale ningún espontáneo, igual es que lo estoy confundiendo con una entrevista de trabajo.

Vamos a ver, que las cosas hay que hacerlas bien, nada de a lo que salga. Lo primero, ¿comida o cena? Pues ni lo uno ni lo otro, porque como la cosa me salga rana, me veo con cara de ajo hasta que llegue el postre. Decidido aperitivito y si va bien, llegará la comida, la merienda, la cena… ¡y hasta el desayuno!

¿Y qué me pongo? Genial, ya tengo excusa para escaparme de shopping. Pero, ¿y por dentro? Asunto peliagudo, a ver si me voy a poner mi conjuntito de lencería parisina y después nada, ¡vaya un desperdicio! Aunque el suje de estar por casa tampoco, que como decía mi abuela: Tú siempre la muda limpia y de estreno, que nunca se sabe dónde te la vas a tener que quitar…

Horror, como no he empezado la temporada playera aún, me temo que el ecosistema anda un poco a lo Tarzán. Cita de urgencia con el láser, la peluquera, la esteticista y con mi amigo gay, que este seguro me encuentra algún pelo donde nadie lo ve.

Ojo que mira que me conozco, soy de las que con los nervios me aturullo y lo mismo me da por quedarme muda como por convertirme en una cotorra disparatada. ¿Y de qué hablo? Casi que mejor va a ser de qué no le hablo. Voy a hacerme una lista de temas prohibidos y me la apunto en el móvil y así, cuando se me caliente la boca, voy y lo repaso con disimulo antes de que se me vaya la pinza verborreica. A ver, jamás de los jamases nombrar a algún ex, ni para bueno ni para malo, que esa información en manos del adversario es más que peligrosa y además, mejor no mentar al diablo no vaya a ser que se manifieste y me dé mal fario. De fútbol y religión, va a ser que tampoco, por si me sale de los contrarios y se va el traste el plan por un simple fuera de juego mal pitado. De política ni hablo yo ni dejo que me hablen, que para eso ya están los rollazos de la tele. ¿Y de qué nos queda…? Lo mejor será que dejemos hablar al corazón, que ese pondrá las cosas en su sitio o las descolocará, pero acertará seguro.

Una cosa sí que la tengo clara, como me haga esperar, ahí se queda, que no estoy como para perder el tiempo y porque digo yo, si el primer día no está nervioso y deseando verme, no quiero ni pensar a qué hora llegará al año de salir juntos.

Lo cierto es que el problema no es la primera cita, qué va. El problema viene después, porque así, para un rato, todos somos encantadores, pero ¿seguiremos igual de encantadores en una segunda, tercera o cuarta cita? O lo que es peor, ¿estaré preparada para que la primera cita se convierta en la última y me quede esperando con cara de boba un mensajito de los de estoy deseando volver a verte? Uff, vistas así las cosas no sé yo si anular esta primera cita. Pues va ser que no, a ver si soy yo la que se viene arriba y al final no le doy más pases para las siguientes citas…

Y sobre todo, algo fundamental, no se puede olvidar tener un plan indiscutible para el día siguiente. Nada de llevar la agenda en blanco, nada de parecer disponible 24 horas, nada de ser previsible. Lo mejor es quedarnos con las ganas de más, es como desear y no poder, es como decir nos tomamos la última y saber que no es ni la penúltima, es como mandar el emoticono del besito de corazones y saber que aún te queda por enviar una ristra del de los ojos de corazón… pero eso sí, la próxima cita la pongo yo.

Lo cierto es que lo más bonito de una primera cita no es la suerte de tenerla. Lo mejor es el llevar una semana con un nudo en el estómago, es hablar de él a todo el que me cruzo, es acostarme con un runrún en la cabeza y levantarme con más runrún todavía, dando un salto mortal y deseando que por fin llegue el día… ¡y sí, el día y la hora ya están aquí!

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Mariposas casaderas

blogmonica5aLa verdad es que cada vez que abro el buzón y me encuentro cara a cara con una invitación de boda me estalla la caja de sensaciones cruzadas que guardo en mi corazón. Pensando en el cuerpo de fiestuqui, risas y taconazos por la alfombra roja me da el subidón, pero cuando consigo se me cure tanta tontuna, me da el bajón y me agobia la ruina de ese fin de mes y el mal rollito de la mesa friki que me va a tocar, porque seguro que me sientan con el primo solterón, la tía viuda del novio y con los que no quiere nadie por si se lía la cosa y esta se tira de los pelos con la otra. Pero lo cierto es que al final gana el plan bodorrio y toca gastar glamour y dinero. Y sí, voy por si las moscas, por ese nunca se sabe, por si se diera la ocasión que estaba esperando… Y porque yo me niego a perderme todos los por si acasos, aunque me da en la nariz que nada va a ser diferente de las otras.

Mira que he ido a bodas, sobre todo porque como ahora ya no es para la eternidad, pues eso, aunque seguimos teniendo solo una vida, en cambio, muchos tenemos más de un amor eterno, más de un sí quiero, más de una boda por cabeza y más de unos bienes gananciales por los que acabar tirándonos las cosas a la cabeza.

Y es que ninguno escarmentamos, pero ni en cabeza ajena ni en propia y ale, vamos y nos lanzamos a la piscina del matrimonio, aunque eso sí, llenos de ilusión y sin ningún flotador. Y después qué, pues que el que más o el que menos, se tira al charco y terminamos con la cabeza llena de chichones, cornamentas y cicatrices en el alma mal curadas. Y aun así, oye, que no aprendemos y es que es sentir mariposas casaderas en el estómago y nos creemos que esta vez es la buena, la definitiva, la acertada, la de para toda la vida. ¡Cuándo nos daremos cuenta que incluso la mariposa más bonita termina haciendo el capullo y convirtiéndose en gusano…!

Pero ya metidos en harina, lo cierto es acabamos ilusionándonos con el lío este del bodorrio. Porque lo difícil, lo increíble, lo arduo ya lo hemos superado, que aquí lo que de verdad es prácticamente misión imposible es eso de encontrar novio. Bueno, dicho así parece que estoy exagerando, pero no, solo los que hemos pasado por este trance sabemos muy bien a lo que me refiero:

-¡No me puedo creer que no haya hombres casaderos!- me dice la inútil de mi prima, esa que se cree que todo lo sabe, bueno, todo menos los cuernos que le pone su maridito, que eso lo sabemos todos menos ella.

-Hombres hay, pero casaderos… es mucho decir. Y aptos que yo les diga un sí quiero, ¡eso ya son palabras mayores!

Está ese que me cae genial, que me invita al cine y hasta me deja elegir película, que me escucha y parece que me entiende e incluso me da la razón. Pero solo de pensar en darle un morreo… se me eriza la piel y me da sarpullido, vamos que no me pone nada. Descartado.

También el típico buenorro que me gusta, me hace reír, con el que cierro los ojos y me ilusiono. Todo genial hasta que el amor pasa a palabras mayores, y yo me lanzo y doy el paso y me invita un finde a sus posesiones. Y zas, entro en el reino del aquí no cabe nadie más, cada centímetro cuadrado lleva su nombre grabado y, o me voy de ahí sin mirar atrás, o pido un rescate para que venga alguien a salvarme urgentemente y me saque de Egoistilandia. Vamos, como para dejarme yo ahí mi secador olvidado…

Y por fin, aparece él. Y por fin, lo tengo claro. Y por fin, me dejo caer en los brazos inconmensurables del amor. Relajo el alma, parpadeo los ojos, abro el corazón, ablando el genio, caliento motores y echamos a volar juntos, porque me haces sentir y contigo todo es maravilloso… Eres perfecto. Además, no tiene ex que arrastre malos rollos, no tiene fines de semana de niños compartidos, no tiene una palabra más alta que otra, no tiene defectos… Tan solo tiene un hay, y cuando mejor estaba todo, va y entra en escena arrasando igual que un tsunami. Es verdad que una ex puede incordiar, unos niños cada quince días pueden fastidiar, un jefe porculero puede llegar a molestar… Pero, ¿qué no puede llegar a hacer una madre absorbente, una madre de Edipo, una madre de Psicosis, una madre empoderada, una madre omnipresente…? Pues eso y hasta el infinito y más allá. Así que desde ese día lo primero que pregunto es: ¿Eres huérfano?

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El guardián de mis secretos

mujer-con-abanico_500Llevo ya un rato largo con la vista clavada en el techo, tumbada en mi cama y con la cabeza en otras cosas. De pronto, me doy cuenta que lo estoy mirando con cariño porque bien sabe él que aún nos quedan muchas horas por compartir, pero ahí sigue él, a pesar de que desde hace meses no le hago ni caso. Tarde o temprano volveremos a ser nosotros y él volverá a ser el único que comprenda que a mí el calor me puede, me arroja al abismo del estoy para el arrastre y entonces, comenzará suavemente a girar jugueteando con la fina tela del camisón hasta conseguir levantarme el ánimo regalándome esa suave brisa que necesito cada mañana. Es el empujón que me lanza a comerme el mundo. Bien sé yo cuánto te tengo que agradecer, querido ventilador. Aunque solo sea por las muchas cosas que solo él y yo sabemos, porque él es mi fiel testigo, es mi guardián de secretos secretísimos, de risas, alegrías, desenfrenos y decisiones eternas. Por eso y, por mucho más, no quiero abusar de sus fuerzas, no quiero cansarlo tan pronto, que el verano es largo y, por ahora, esta primavera revoltosa se está portando. Le guiño un ojo y le digo:

-¡Ánimo, que en nada te saco de la lista del paro y te pongo a dar vueltas como un tiovivo!

Y sigo en la cama remoloneando, ¿hay algo más placentero que dejarse querer sin mirar el reloj? Y de pronto, la cortina se crece, una brisa fresquita inunda el dormitorio, me acaricia y todo mi cuerpo se impregna de pasión de primavera. Se me eriza la piel, y no es de frío, qué va. Una y otra vez el visillo revolotea al compás de las rachas mañaneras y me hace cosquillas en el pie y yo, que hoy no estoy para nada, cierro los ojos pero dejo entreabierto el corazón y entonces… apareces tú.

Y me lío, ya no sé bien quién es el atrevido que surca mi piel, quién es el que acaricia y sube lentamente rozando mi tobillo, es demasiado bonito para que sea solo el jugueteo de las cortinas, es demasiado de todo como para hacerme abrir los ojos. Prefiero dejarme llevar y que seas tú. Quizá esté equivocada, pero sé que no, es todo tan verdad, es tan como siempre…

Tus manos me buscan con ese ardor del que sabe que se conoce el final del camino, del que merodea por los atajos secretos de mi corazón, del que no piensa darse por vencido porque hay batallas que se libran solo para perderlas y caer preso del enemigo y enredarse en sus encantos.

Y yo me dejo querer, respiro y me arrastra el deseo, siento frío y calor, me abraso. Lentamente alargo mi mano buscando una fina sábana para cubrir mi desnudez y ahí, enredado entre la colcha y mi pelo alborotado, encuentro tus labios, me empujan hacia a ti y nos fundimos en un abrazo, el que teníamos pendiente desde aquella última vez, esa la última que nunca es, porque entre nosotros es imposible. Tú eres mi fuego y yo soy tu pasión.

El peso de tu cuerpo me ahoga, me deja sin respiración, la fuerza de tus manos me inmoviliza los sentidos. Me resisto y me dejo llevar. Pienso en todo, pero tus besos me dejan caer en el abismo. De nuevo, la brisa entra por la ventana inundando la habitación y fundiendo nuestros cuerpos. El calor se vuelve espeso y pegajoso, mi piel me quema, me agarro a ti, mis dedos se clavan en tu espalda hasta dejarlos señalados una vez más. Se acabó, soy tuya y tú eres mío. Somos nosotros, los de siempre y para siempre.

Abro los ojos y descubro mi piel húmeda, sudorosa. Las sábanas enredadas en mis piernas y los brazos aún entumecidos por tanta pasión clandestina. El sabor a ti enjuga mis labios y tu olor impregna este calor denso pegado a mi cuerpo. Tu voz ronda mis sentidos y, como un mantra, entre susurros recorre el corto camino que va desde mi alma hasta mi corazón.

Poco a poco empiezo a volver en mí, sé que las sensaciones que me corren por las venas no me las he inventado, nada de lo que ha ocurrido lo he soñado. Siempre es así, jamás dejas de poseerme y yo de entregarme a ti.

Sí,  el calor es sofocante, me faltan el aire y las fuerzas para levantarme y comerme el mundo, después de ti siempre este feliz letargo me arrastra. Alargo la mano y suavemente enciendo el ventilador, él es el único testigo de lo que aquí ha ocurrido, es el mejor guardián de mis secretos y el único capaz de hacerme revivir, de llevarse suavemente todo el aroma que me envuelve, ese que me lleva irremediablemente a ti.

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Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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