La Verdad
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Tengo cuerpo de viernes
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Mar Peté | 10-12-2017 | 15:35| 0

descargaDicen que el primer día de la semana es el lunes, ¡pero qué equivocados están los que piensan así! Seguro que todos esos son un puñado de amargados que se pasan luego la semana penando y con cara de pocas bromas. ¿Y en qué me baso para tener las cosas tan claras? Pues muy fácil, yo cuando empiezo algo siempre lo empiezo por donde más me gusta, me da el subidón y se ponen las hormonas dispuestas a todo y a más. ¿Que el primer plato no me gusta? Pues empiezo por el postre y así, de paso, me libro de tener que compartirlo con nadie, que no hay cosa que más rabia me dé que ese que te suelta: “Una cucharadita, solo por probar…”. Pues si lo quieres probar, te lo pides. Si te gusta, te lo comes. Y si te lo comes, pues eso, engordas lo mismo que yo y no me dejas a mí con el remordimiento de meterme 1175 calorías y tú solo 25. Así que si vamos a pecar, que pequemos todos, y si no, ni te me acerques.

Bueno, a lo que iba, que empezar a contar la semana desde el lunes es todo un error, es lo mismito que sacar un billete al Caribe en plena temporada de huracanes o apartar la cebolla de la tortilla de mi madre, cuando todo el mundo sabe que ese es el secreto de las mejores tortillas del mundo. Como la semana tiene siete días para elegir, ¿por qué escoger el malo si podemos empezar por el mejor?

-Nada como los viernes, ¡es que tienen un glamour…! Las mejores cosas de mi vida han sucedido en viernes o en casiviernes, porque claro el sábado también tiene su aquél.

Mi vida se cuenta de viernes en viernes. Además mi cuerpo, que es muy sabio, lo nota. Y zas, solo con poner un pie al levantarme siento que se me pone el cuerpo golfo de viernes y entonces, ya sé, a ojos cerrados, cómo vestirme y la falda esa tipo guerrillero que me compré el otro día, toca estrenarla. ¡Y qué decir de los taconazos que me pienso calzar! A mí hoy no me amarga el día nadie, porque no me da la gana. Los viernes saben a risas, huelen a planazo seguro y mi piel se eriza solo de pensar en cruzarme contigo, en ese vernos sin mirarnos y con ese rozar tus labios sin despintar los míos.

Y yo cada viernes me lanzo a comerme la vida, a darme un atracón de calles y a quemar los garitos de copas hasta arrasar. Pero eso sí, un día aprendí a dosificarme, porque claro, si lo doy todo los viernes, ¿qué me queda para el resto del fin de semana? Tengo mi propio plan infalible: los viernes se hace un estudio de campo, se inspecciona a fondo, se tantea el terreno y, con todo eso, me reservo para el resto del finde. Analizo las posibilidades y me lanzo o me retiro a las trincheras si veo que la batalla no merece la pena librarla, esperando mejores acometidas para el resto del fin de semana.

También es verdad que no siempre he tenido las ideas tan claras, ¡qué va! ¡Ay, si la afición hablara! Reconozco que hay más de una y más de dos tardes de esas que mejor no rememorar. Lo bueno de estas cosas es que aquí, el que más o el que menos, ha pinchado en hueso y el pacto de silencio de los días de fracaso funciona… un día por ti y otro día por mí. En secreto, y con la boca pequeña, confieso que tengo un puñado de arrepentimientos con nombre de viernes, sábado y domingo. Pero es que claro, a ver a quién es el guapo que no tiene en su currículum festivo algún que otro tropezón desatinado. Aunque de algunos de esos errores me acuerdo, con otros mi memoria histórica se ha hecho selectiva y me ha ahorrado almacenar detallitos de color de ciertas ocasiones poco memorables.

-Hola…-me suelta uno al pasar a su lado.

Yo que lo miro. Yo que lo remiro. Y la cosa es que no me disgusta, pero de pronto se me enciende las alarmas y se pone en marcha el protocolo de emergencia. Giro mis tacones y sigo mi paso… hasta que siento que me agarra del brazo y me dice:

-¿No me vas a saludar? ¿Es que no te acuerdas de mí?

-Hay cosas en esta vida que prefiero olvidarlas…

Y sigo mi camino, despachada y con la memoria intacta. Que no está una como para que en un viernes le amarguen el resto del fin de semana con una mala reminiscencia tan torpe como minúscula, además de soporífera. Es cierto, hay mucho arrepentimiento de fin de semana, pero también hay mucho triunfo victorioso digno de ser evocado, aunque no relatado. ¡Y hoy es sábado!

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Enredando y sin atinar
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Mar Peté | 03-12-2017 | 09:19| 0

ojYa se acercan las fechas en las que los más valientes, o quizá debería decir los más incautos sabelotodo, van de televisión en televisión vaticinando lo que nos va a deparar el año que viene. Unos, en plan acojone, nos anuncian guerras químicas con finales del mundo incluidos. A otros les pone más el morbo del famoseo y basan toda su sapiencia futuróloga en amoríos y desamoríos de los personajes de más tirón del momento e incluso hasta osan desenterrar del olvido a alguno de esos de los que hace mucho no se sabe nada y así vuelve al candelero, aunque sea a costa de alguna catástrofe nuclear en su vida festivo-amorosa.Es curioso, porque los espectadores, yo incluida, escuchamos todos esos presagios con ciertas dosis de credibilidad, nos escandalizamos, algunos hasta los damos por imposibles, pero en el fondo llegamos a dudar por si pudieran realmente suceder aunque sea solo un poco, no vaya a ser que se cumplan las profecías y a mí, por incrédula, me pille fuera de juego y, como siempre, me pierda lo mejor o termine pringada en lo peor. Pero digo yo, ¿dónde están ahora que se está acabando el año todos esos que auguraban tales tropelías para el 2017? Pues me figuro que más de uno anda escondido y atrincherado en vista de que no dio pie con bola o quizá esté en la fila del INEM porque para este fin de año no creo que lo vuelvan a contratar como adivinador.

Yo no sé si alguno tuvo alguna visión sobre los disparates que iban a pasar en Cataluña, pero estoy muy segura que se habrá quedado corto y eso que aún nos queda por ver cómo salimos parados del 21-D. Pero vamos, si en su bola de cristal ve la cara de Puigdemont haciéndole ojitos, mejor será que la desconecte hasta la vuelta y que el personaje en cuestión se tome su cava y su turrón por tierras belgas, porque estoy muy segura de que el futuro, el presente y el resto de los españoles se lo vamos a gradecer y mucho.

Por lo demás, lo cierto es que las cosas no han cambiado demasiado de un año para otro, o eso parece. Los mangantes aún siguen, aunque ahora parece que merodean más por los juzgados que hace algunos años. Y la Preysler, ahí está ella tan contenta y tan estirada, de piel y de lo otro, como siempre.

La verdad es que con mis pronósticos aún no sé si dieron en el clavo o mi adivina personal desvarió tanto que ni ella misma sabía qué me decía cuando me soltó:

-De tu pasado, volverá. En tu presente estará, sin estar. Tu futuro… llevará su nombre.

Y ale, todo eso así, de sopetón y sin manual de instrucciones. Por culpa de eso llevo yo todo el año elucubrando a ver si ese futurible fuera a llevar la cara de uno que está más que pasado, aplastado y pisoteado… pero sin rencor, ¿eh? Lo cierto es que, a mil gracias, no he tenido la desdicha de cruzarme con su linda cara en todos estos meses.

-No seas bruta- me reprocha mi querida visionaria particular.- El futuro es más sutil, y cuando menos te lo pienses, ¡ya verás como le pones cara, nombre y lo que le haga falta!

Pues sí que estamos buenas, yo estoy ya en una edad que lo de las sutilezas como que no. ¡A mí lo que me gusta es ver y tocar desde el minuto cero!

-Igual el futuro lo tienes más cerca de lo que te crees, pero como andas empeñada en enredar con el pasado…

Pues yo creo que un poquito de razón sí que va a tener, pero no pienso reconocérselo, que a esta le da el subidón y para el año que viene me echa algún conjuro y me chafa los doce meses siguientes.

Por aburrimiento me he puesto a revisar el 2017 de mi móvil, los whatsAaps, las fotos, los mensajitos y ya, cuando llegaba casi al lado oscuro del fondo de armario del teléfono, me aparece tu jeta. Bueno tu carita, tu sonrisa y tu mensaje de felicitación de las Navidades pasadas. Y de pronto me doy cuenta de que, desde entonces, a ese whatsAap le han seguido unos cuantos más. Y sí, lo reconozco, a los tuyos les correspondieron los míos y así hasta ayer mismo que nos llamamos para nada y para todo al mismo tiempo. Y entonces a mí me vienen a la cabeza las palabras de mi predicción del 2017: “De tu pasado volverá. En tu presente estará, sin estar. Tu futuro llevará su nombre.” Y me echo a temblar. Todo se me remueve y el corazón me va a trompicones. Me queda un mes para terminar el año, un mes para no enredar con el presente y atinar más con el futuro.

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Rojo sangre
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Mar Peté | 25-11-2017 | 09:53| 0

images3Lo acepto, es más, no me importa confesarlo, tampoco pienso disimularlo ni una pizca. Esta mañana me he levantado furiosa, iracunda, de mala leche e irascible hasta decir basta. Y eso que aún me duelen los pies y me tiembla la tarjeta del puñetero black friday, pero reconozco que no me pude resistir. Ni con esos miles de trapitos y caprichos de mis compras de ayer se me va a mejorar el humor, qué va. Lo grave de todo es que tampoco tengo intención de cambiarlo, por la simple razón de que mis motivos tengo para ello, ¡ya quisiera yo que no los hubiera!

Y la culpa la tiene, ni más ni menos, que este asqueroso 25 de noviembre señalado de rojo en el calendario y no por festivo. Está pintado de rojo sangre, de la sangre de todas estas mujeres anónimas cuyo único delito ha sido nacer siendo mujeres. Viene señalado de rojo por el dolor de sus hijos, de sus madres, de sus padres, de sus amigos, de sus compañeros de trabajo, de sus vecinos, de los que nunca las conocimos, pero que, por desgracia, tuvimos que ver su foto en un telediario.

Me niego a justificarlo por eso de que estas cosas siempre han sucedido, pero que como ahora salen en las noticias se oyen más… ¡Pues peor me lo estás poniendo! Me niego a creer que no hemos aprendido nada en todos estos años y que lo único que somos capaces de hacer es salir a la puerta de los ayuntamientos a guardar un minuto de silencio. Y me niego porque está claro que en algo nos estamos equivocando. ¿Por qué la mujer acosada es la que tiene que llevar un policía a su lado? Entonces, ¿qué es lo que tendría que llevar el acosador? Si a nuestras hijas les enseñamos que nuestra libertad empieza por la independencia económica, afectiva y emocional, ¿qué hacemos leyendo literatura mediocre en el que la sumisión femenina es el papel principal frente a la posesión de la masculinidad de un personaje empoderado frente al de la chica? Me niego a conformarme con cifras y porcentajes, esos números no nos van a devolver a Maruja, a Teresa, a Ana, a Cristina… Y lo que es peor, no me aseguran que el próximo año, este mismo día, no tenga que volver a sentirme igual de indignada que hoy.

Y ahora es cuando los neomachistas, llenos de razones, sueltan eso de que hay muchas que denuncian en falso, ¡¿perdona?! ¿Eso es razón para que no se les reconozca su dolor a las que denuncian con sinceridad? No señores míos, me niego a que las excepciones hagan granero.

Vale, ya tenemos un número de teléfono que no deja rastro en la factura, tenemos atención especializada en comisarías y juzgados, tenemos a la sociedad mucho más concienciada, pero ¿alguien me puede decir qué hacemos con el miedo paralizante que la bloquea para tomar decisiones y poner en marcha todo lo anterior? ¿Qué hacemos con ese temor a involucrarnos cuando oímos gritos en la casa de al lado? ¿Y con esos hijos acobardados y en shock emocional provocado por las lágrimas de su madre? ¿Y con ese tipo que no pega puñetazos, pero sí clava puñales en el alma porque es su amo y señor? ¡Ya lo tengo! Declaramos un Día contra la Violencia de Género y asunto arreglado.

Lo acepto, estoy culpando a todos y eso no es justo. Los que de verdad queremos que este día deje de estar señalado de rojo sangre en el calendario tenemos en nuestras manos la solución. Tan fácil como mostrar tolerancia cero a cualquier situación que en una relación entre un hombre y una mujer no hable del amor. O educar a nuestras hijas en el respeto a sí mismas, en que su dignidad no está en venta y, sobre todo, que su felicidad nunca dependa de nada ni de nadie, sino de ellas mismas y de su paz interior. Qué mejor que ayudar a nuestros hijos a ver en la mujer a una compañera y no a su rival, a una persona y no a una posesión, a alguien con quien compartir las alegrías, las penas, las ilusiones, los sueños, el amor y el desamor siempre desde el respeto y nunca desde el orgullo masculino, que, no sé yo muy bien, en qué se diferencia del femenino. ¡Y que todo esto sea prioritario!

Quizá este arrebato con el que me he levantado se me pase un poquito el día que me entere de que hay una “manada” enchironada para el resto de sus putas vidas, y no porque lo diga yo, sino porque la Justicia se lo explique a ellos y a todos los que se divierten con el dolor de otros.

Sueño y confío que el miedo y la impotencia nunca más marquen de rojo la hoja de un calendario.

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Indocumentados y sentimentales
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Mar Peté | 19-11-2017 | 09:23| 0

imagescaac2qk4Con tantas leyes y tantas normativas que hay para todo, a este paso vamos a tener que leernos algún tocho de Derecho para sobrevivir sin terminar en presidio. Yo soy muy fan de cumplir con las leyes vigentes y hasta con las que ya ni existen, por si acaso. Pero es que entre las de circulación, las de pagar a Hacienda y las de ortografía ya me doy por contenta. Y digo yo:

-¿Si todos nos supiéramos el código penal, civil o los que sean de pe a pa, entonces, qué pintaría tanto abogado encorbatado por el mundo? ¿O a ver de qué puñetas iban a comer los jueces si a todos nos da por ser ciudadanos responsables e intachables?

Lo cierto es que yo no tengo ningún interés en sentarme en el banquillo, ni de culpable ni de absuelta, que yo me lo paso mucho mejor sentada en las terracitas tomándomelas con mis amigos. Pero eso, si algún señor letrado de esos de toga y puñetas quiere algo de mí y me busca, me va a encontrar, pero mejor que me busque de parranda y a mi aire y mientras, que enchirone a otra, que yo soy muy legal para mis cosillas.

Sí, lo reconozco, en mi casa hay un armario nada más que para zapatos, pero ¿acaso eso es un delito? Quizá un poco de síndrome de Diógenes entaconado tengo, pero es que ni quiero ni puedo resistirme, así que si te dan tentaciones de hacerme un regalo, ahí tienes una buena pista… ¡que yo me dejo regalar!

Yo no sé qué es peor, si el armario de los zapatos o el mueble de los papeles. Toda una vida resumida en facturas, letras, escrituras, seguros de coche, documentos inclasificables, sentencias… ¡sentencias de qué!

-Y ese, ¿es tu marido?- le pregunta una amiga nueva a mi mejor amiga.

¡Quién ha osado proferir esa palabra en mi presencia! Hay momentos en los que decir marido produce sarpullido o pronunciar esposa activa las alergias. Pero es que claro, aquello de la parienta, como que suena mucho peor… Y entonces, yo le miro, le repaso de arriba abajo y me pregunto:

-Un marido… ¿y eso qué es lo que es?

-Pues es ese ser al que cada mañana le dices: ¡Buenos días! O ese personaje al que llamas para que se pase por el supermercado antes de que llegue a casa porque no quedan yogures. También es uno al que ya hace mucho no le mandas whatsApp picantes porque te los reservas para el grupo cañero.

Pues ante este planteamiento, lo cierto es que yo no sé muy bien si este es o no es un marido con todas las de la ley.

-Nena, un marido es ese que elegiste, te lo merendaste y lo enredaste hasta que firmó en la vicaría, en el juzgado y hasta en la hipoteca… ¡Adivina a ver cuál de esas tres firmas durará más!

La cosa es que los maridos también son los que te calientan los pies sin rechistar, aunque se les quede el trasero colindando con Alaska. También es el que nunca se acuerda del día del aniversario de boda, pero es capaz de adivinar si tienes los ojos abiertos en mitad de la noche sin encender la luz. Y desde luego, no hay nada como ser marido para distinguir el día en que estoy fatal y encima la tomo con él, pero en cambio, es incapaz de echarme una bronca porque sabe que un día malo lo tiene cualquiera, y su mujercita, también.

-Pues yo a este no le he hecho firmar nada. Y sin pedírselo me hace todas esas cosas y muchas más que no te cuento…

-Tú lo que tienes es un simpapeles.

Pues sí, mi nueva amiga tiene razón, no hay como tener un marido ilegal. Me encanta la idea, ¡un esposo sin papeles! Un espalda mojada del amor. ¡Un indocumentado sentimental!

-Decidido, prefiero un marido simpapeles en mi cama que un exmarido con papeles enredando en mi vida, ¡dónde va a parar!

Hubo un tiempo en el que, ilusa de mí, me creía que lo que estaba por escrito era más de fiar que un apretón de manos y mucho más que un acuerdo verbal. ¡Pero qué equivocada estaba! El papel se lo lleva el viento, el agua lo moja y el fuego lo quema.      O peor, ¡acaba ahí almacenado en mi cajón de los documentos! Pero que me diga alguien si cada apretón de manos, de cintura, de abrazo o de corazón dándome tu amor, no vale más que todos esos legajos que tengo abandonados y olvidados. Que venga un juez a decirme que no hay mayor compromiso que tu palabra con la mía o tu mirada contra la mía. Y entonces, y solo entonces, nada es comparable como sentirnos indocumentadamente casados. ¡Qué sabrán de sentimientos los dichosos papeles!

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Minutos de ilusión
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Mar Peté | 12-11-2017 | 09:24| 0

2jhc7ck¡Qué pocas cosas hay que no sean pecado, engorden, salgan gratis y que además den gusto! Es cierto que algunas veces pecar da más gustirrinín que coger dos kilos, porque aunque a esta altura de mi vida, he de reconocer, que me arrepiento de alguno de mis pecadillos, pero hay de unos cuantos que no tengo ni el más mínimo remordimiento, es más, confieso que si la otra parte se prestara, hasta sería reincidente.

Reconozco que sentarme en el sofá en plan maratón de series me atrae un montón, sobre todo ahora que la mantita ha vuelto a ser mi segunda piel. Pero para ser planazo total, nada como una tableta de chocolate en una mano y un capazo de palomitas en la otra… ¡si es que solo de pensarlo estoy segura de que ya he cogido varios kilos! Y claro, después qué, arrepentimiento, desesperación y directa al gimnasio para rebajar el soffing del weekend. No hay lágrimas más caras que las derramadas tras pasar por la báscula, porque primero me costó comer pero mucho más me va a costar el descomer. Es curioso, un atracón de palomitas dura a lo sumo un par de horas, pero para despegármelas del trasero, menos de dos semanas de autoflagelación en forma de sudor no me las quita nadie.

Y si después de comprarme un caprichito, gastarme los cuartos y dejarme la cuenta temblando para una temporada, no me da gusto, entonces, es que es para matarme. Reconozco que a veces soy un poco cabeza loca con la tarjeta, que se me calienta el monedero y zas, y veo unos tacones que me hacen ojitos, lo cierto es que soy incapaz de darles la espalda. También es verdad que últimamente estoy notando un no sé qué por dentro, igual que si estuviera entrando en esa edad en la que la palabra sensatez y prudencia empiezan a hacer hueco en mí. No sé si alegrarme por ello o echarme a temblar, ¿será que me estoy haciendo mayor? Bueno, sea lo que sea, la verdad es que mi banco y mi estrés emocional me lo están agradeciendo. Tanto, que en mi cuenta últimamente en lugar de números no hay nada más que emoticonos con ojos de corazón.

Pues sí, en vista de lo visto, que lo de pecar, engordar y gastar dinero tiene su peligro, he decidido usar toda mi energía en tener ilusiones. Y me encanta, porque he puesto en práctica una nueva terapia que me he inventado yo solita. Se llama el minuto mágico. Cada mañana, antes de poner en acción toda esta adrenalina con la que se despiertan mis huesos, guardo un minuto de silencio, y no por ningún muerto, qué va. Es mi minuto de la ilusión mañanera y pienso en algún trajín para ese día con el que me sienta removida por dentro, un lío que esté deseando poner en marcha y oye, que noto que me pone las pilas a cien. Así da gusto encararse con la vida, porque no hay gilipollas capaz de borrarme esta sonrisa que mi ilusión mañanera me dibuja y además es que me dura todo el día y, si me apuras, hasta parte de la noche, sobre todo si encima la cosa se complica para lo bueno, claro.

Pero si lo de la mañana está genial, ni qué decir tiene ese otro minuto de silencio que me guardo para la noche. Le llamo el minuto de la felicitación, y oye, que nada como rebuscar en el día alguna cosilla que haya hecho digna de merecer un puñado de parabienes, y qué, pues que ni una ni dos, ¡qué va! Yo me vengo arriba y no hay quien me pare, porque vaya puñado más gracioso de felicitaciones que me dedico cada noche sin cortarme ni un pelo. Y claro, a ver quién es la guapa que después de este subidón de autoestima no es capaz de dormir a pierna suelta, con la conciencia en modo avión y dispuesta a cualquier cosa, incluso a pecar un poco si es que se diera el caso. Pero es que pecar con remordimientos no sabe igual que caer en la tentación cuando una va sobrada, sobre todo, si es de ilusiones, emociones y con la tarjeta intacta.

Es posible que solo los tontainas vivamos de sueños, quizá algunos prefieran al pan pan y al vino vino, pero lo cierto es que yo solita me hago ilusiones, me las quito de la cabeza y me las vuelvo a creer y todo esto gratis y sin engordar. Y mientras, me lo imagino, me acuerdo de aquella vez o me figuro de cómo sería y a veces, aunque solo a veces, la vida me regala una ilusión convertida en realidad y yo, entonces, voy y la disfruto a sabiendas que no hay nada mejor que caer en la tentación de una ilusión deseada, soñada y conseguida.

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Del 155 y otras lindezas
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Mar Peté | 05-11-2017 | 08:06| 0

ttPues sí, cuando lo hipotético salta al plano de lo cotidiano termino dándole la razón a esa Constitución que ha puesto en su sitio a esta pandilla de estrafalarios que osadamente le han seguido los pasos a un iluminado atrincherándose en el absurdo delirio de independizarse así, a las bravas. Y digo yo, ¿me ha preguntado alguien si yo quiero deshacerme de un pedazo de mi patria? A lo mejor este puñado de nosotros apartados lo que pretende es hacernos un simpa y largarse como si no hubiera pasado nada.

¿Juzgados por rebeldes? ¡Ya quisieran ellos! Ser rebelde mola mucho y no pienso darles ese bonito triunfo. ¡Qué va! La rebeldía es para los valientes, para los honrados, para los que la lían y dan la cara en vez de fugarse en la oscuridad, para los que la libertad es un sueño y no osan en convertirla en una pesadilla. Así que, si aquí hay alguien que va a abanderarse y piensa cometer algún delito por rebeldía, señores, esa voy a ser yo.

Y aprovechando esta vena justiciera confieso que me declaro insurrecta, sublevada, revolucionada y amotinada contra todos aquellos que tiran la piedra y esconden la mano. Sí, esos cansinos que un día te dicen lo que no sienten y al otro día lo vuelven a repetir, así hasta hacerme ilusiones y, cuando ya estás a punto de caramelo, zas, van y me dejan tirada. Directos al artículo 155 y no se hable más.

Tampoco se van a escapar del mamporrazo del 155 los que ni comen ni dejan comer. Mira lo que te digo, si no estás para nada, tampoco estés para todo y folloneando, mira que me espantas a los que sí que dan juego y a mí terminas más por marearme que por darme gusto. Anda y largaos una temporadita a chirona, dad la murga por ahí para que cuando salgáis os hayáis rehabilitado de porculeros.

Estoy deseando mandar a los mozos de escuadra, a la guardia civil y hasta al ejército, para que se paseen por los garitos y retiren del mercado a más de uno o a más de dos. Sí, amigos picoletos, haced el favor de recoger de las calles a los pasapenas que te sueltan el rollo de todas sus desgracias y luego ellos se van de rositas a sus casas y ahí me dejan a mí, compungida y comiéndome el tarro. Y bueno, que no se me vaya a olvidar los que salen a la calle con la escopeta montada dispuestos a la caza y hasta que no consiguen marcar una muesca más en su culata esa noche no cejan en el intento… ¡Por Dios, no hay personaje más ridículo, baboso, patético e insoportable que el cazamariposón que no acepta un NO por respuesta! A este par de especímenes les voy a dar un consejo: caballeros, a la calle se sale llorado, despenado, amado, consolado y f…ado. ¿Qué no entran en razón ante el requerimiento de las autoridades? Pues artículo 155 y sin más explicaciones.

La verdad es que tengo que reconocer que yo también tengo mis días, bueno, mis días y hasta mis semanas. Porque de pronto me dan arrebatos y, como soy muy mía, pues creo no necesitar nada de nadie, o eso pienso yo. Y si estoy en pleno frenesí no atiendo ni a razones, ni a carantoñas, ni a cualquier cosa, y entonces no se me ocurre nada mejor que lanzar un desafío independentista a la vida. Incluso hay veces que me arremolino, me calzo los tacones, arranco el coche y me lanzo por el mundo a lo Thelma y Louise, pero en solitario. Y ahí que me voy a hacer kilómetros y kilómetros, hasta que de pronto me da un frenazo en los por dentro, me salta el airbag emocional, me miro al espejo del retrovisor y me digo:

-¿A dónde voy en plan exiliada? ¿Y si a nadie se le ocurre echarme de menos? ¿Estoy preparada para ver que a la vuelta de este autodestierro el mundo siguió girando sin mí?

Pues decidido, doy plena libertad a las autoridades competentes para que cuando veáis que me está creciendo el flequillo a lo Puigdemont y las ideas se me estén radicalizando, con un mucho de absurdas y totalmente descerebradas por falta de fundamento… No lo penséis más, dadme un buen testarazo en forma de artículo 155, que estoy más que segura de que acabo entrando en razón sí o sí.

Sé que como me ponga soy capaz de encontrar 155 razones para retirar del todo este artículo de nuestro día a día, pero me temo que también tengo otras 155 para dejarlo donde está, porque los cantamañanas no se acobardan tan fácilmente. Pero eso sí, me niego a que la rebeldía sea un delito, porque ¿qué sería de la pasión sin esa sobredosis de rebeldía tan insurrecta?

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Misión imposible
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Mar Peté | 29-10-2017 | 08:27| 0

images-18Qué bueno es saber que eso que se me ha metido en la cabeza es misión imposible, porque entonces me da el subidón y se me pone cuerpo de reto. Entre lo facilón y lo difícil, yo lo tengo clarísimo, ¡dónde va a parar! Tampoco es cosa de que me lo pongas tan tan complicado que me hagas sufrir, porque puedo ser retadora e insumisa como la que más, pero de ahí a ser masoca para tu puro placer, pues va a ser que nones.

Lo cierto es que a veces las cosas no son tan complicadas, pero para eso estamos nosotras, para retorcerlo todo tanto y hacerlo tan lioso que ahí es cuando comienza a ser atractivo, apetitoso, inalcanzable e irresistiblemente insoportable.

-Ni siquiera le he bloqueado, ¡ya quisiera él! Ha sido un ataque mortal. Le he borrado, le he hecho desaparecer de la faz de mi tierra virtual. No me quedan de él ni una sola foto y ni mucho menos sus whatApps bipolares- me cuenta una amiga en ese episodio número infinito del serial de sus últimos meses.

Y para qué vamos a dar por terminado el capítulo de hoy, qué va, es precisamente ahora cuando la cosa se pone mejor:

-No lo puedo remediar, es que estoy pillada por él hasta el infinito y más allá- continúa su historia mi amiga de los viernes.-Pero ese se va a quedar en el limbo de los bloqueados hasta el fin de los días. ¡Ale, ahí, por impresentable!

Pues menos mal que le ha puesto de cara a la pared y que este ya no es nadie en su vida porque lo que es en el rinconcito de su corazón lo tiene en pleno ecuador y subido a un pedestal, aunque por su boca salga en forma de sapos y culebras llamarlo tontainas y mil cosas más.

Y la tarde sigue, y las de la chupipandi ahí estamos, porque no hay nada que una más la amistad femenina que el apoyo incondicional ante el amor imposible. Si tenemos que odiarle, tranquila, que ahí estamos todas a una, odiándole a tope. Pero ojo, si la sufridora le levanta el asedio, no hay problema, el cerco al innombrable se le retira y nosotras ahí, hasta el final. Y si el personaje en cuestión vuelve a salir a escena… pues, ¡bienvenido!

Pero es que hay días para todo, lo mismo me paso una mañana, con su tarde y con su noche más aburrida que nada, que en el mismo día se me amontona el trabajo… Y entonces ahí apareces tú, hecho un dandy de pies a cabeza en un extremo de la calle y yo, paralizada, en el otro. Tú me miras y yo te dejo mirar, me sonríes y a mí se me ríen los huesos y hasta las pestañas me tiemblan y, como si le hubieras pagado a escondidas al del acordeón, va y se pone a tocar a Sinatra… ¡Ya me gustaría a mí que todo esto lo hubiera soñado, porque así sería mucho más fácil vivir sin vivir en mí desde ese día! Te acercas, me rodeas por la cintura y me susurras al oído:

-¿Bailamos…?

-Mejor me dejo invitar a una cerveza que lo de bailar ya sé en lo que podría acabar- Ya está, queda levantada la primera barricada.

Nunca una cerveza me inspiró mejor. ¡Bendita cerveza que me colocó la sesera y el corazón tan en línea que ya quisieran los planetas para sí!

-Te invito a comer…

Y de pronto recuerdo que a este lo tenía yo a dieta, que los tiempos aquellos de comernos a bocados ya pasaron. Y me vengo arriba, le miro a los ojos, me humedezco los labios para dar más versatilidad al regate y con esa calma estresante del que sabe que es mejor lanzar el balón fuera antes de que el contrario meta gol, respondo:

-¡Uy, imposible! Hoy como con una amiga.

A veces es difícil decir que no, muchas otras veces es hasta misión imposible, pero no hay nada más gratificante como el sentimiento del deber cumplido y yo a este, se la debía, ¡ya lo creo!

Y el día no termina, porque de pronto un pajarito me confiesa que sabe de uno al que yo le gusto, y la cosa es que el muchacho en cuestión tiene su aquel, pero su otro aquel le hace del todo imposible. Y cuando ya me creía yo que era improbable más triunfo, mi móvil me suena y entre otras muchas lindezas al nuevo susodicho se le escapa toda una declaración de intenciones:

-Bésame, sabes que tus besos me dan la vida…

Miro el reloj, toca retirada. Por hoy ya me he hecho lo suficientemente imposible como para ser realmente difícil e inaccesible. ¿Sería todo igual si no fuera tan imposible alcanzarme? Entonces mi autoestima va y me recuerda que por hoy ya está bien.

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A la tercera va la vencida
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Mar Peté | 24-10-2017 | 20:30| 0

13980670907504Se pueden tener tres, cuatro y hasta diez novios en esta vida y no por eso ser más feliz que la que solo ha tenido uno. Quizá me deje llevar a veces por la suerte a ojos cerrados por si esta tiene más puntería que yo para acertar el número del cupón. Es cierto que estar en números rojos tiene poco morbo, por no decir que no tiene ninguno. Pero, ¿quién se puede escapar del poder de los números? A ver quién es la guapa que se atreve a llevarle la contraria a la numerología, vamos, ni los egipcios en la Antigüedad osaron hacerle frente.

Lo queramos o no, los números saben de nosotros más que nosotros mismos. Y yo me pregunto:

-A ver, ¿qué fue primero, el Kama-sutra o el 69? Ahí lo dejo…

Yo siempre he sido una chica muy 100 por 100. Es decir, si me pongo, me pongo. Que toca enamorarme, pues hasta las trancas. Que lo que ahora manda es que me pongan los cuernos, ¡pues ole, a llevar con orgullo dos buenas cornamentas! Pero eso sí, sin rencor, ¿eh?

-El número que más temo es al 3, el de la maldición- me confiesa lleno de razones mi compañero de mesa del trabajo.

¡Qué cosas! Es que hay gente para todo, mira que tenerle fobia a un número tan simpático como ese… Ya se sabe, no hay dos sin tres, donde caben dos caben tres o a la tercera la vencida…

-Por eso mismo precisamente, como llegues a 3 ya no te escapas ni pegando saltos- insiste.

Y yo me voy dándole vueltas a esa extraña confesión sobre el 3. ¡A la de una, a la de dos y la de tres! Y después de eso siempre venía algo bueno en mi infancia. Y qué decir de los 3 Reyes Magos, vamos que vaya una pedazo de fantasía inimaginable, porque a mí eso de que fueran reyes ni fu ni fa, pero si son magos… ¿será porque echan polvos mágicos antes subirse a los camellos?

Pero como yo no puedo soportar tanta incertidumbre, voy y me planto en su cara y le pido explicaciones, a ver a qué viene tanto mal fario contra el número 3. Y él que me mira, y yo que me pongo en jarras. Él que se repanchinga en su silla y me dedica una sonrisa como nunca me había sonreído antes. A mí que me da el tic nervioso, pero también se me empieza a poner cuerpo de jota. Se me acerca al oído y me hace una proposición indecente, tan irrenunciable como atractiva. Y yo que me vengo arriba, y le contesto arrebatada que sí.

-¿Ves? El 1 no tiene peligro. Tú quieres, yo quiero, y ya está. Y después, qué. Pues tú por allí y yo por allá, y los dos tan contentos.

Y otra vez el puñetero runrún del 3, y otra vez me lanzo a la carga. Y de pronto me suelta a la cara:

-¿Tú repetirías conmigo? ¿Lo harías 2 veces?

Me quedo parada, y me digo: ¿Y por qué no? ¡Igual hasta mejoramos el anterior!

-¿Ves? El número 2 tiene también su morbillo.

Ahora ya sí que me temo lo peor, porque claro la siguiente propuesta me la imagino, ya sé por dónde van los tiros… Y de pronto, me doy cuenta que empiezo a visualizarlo… cómo quedaría desayunando en mi cocina un domingo por la mañana o cómo será compartir la toalla de la ducha con él. Una cosa es un flas loco de una noche y si me apuras de dos, pero está claro que a la de tres va la vencida, ¡y tanto! Lo cierto es que solo de pensarlo me mola la idea. Oye, compartiendo despacho cientos de años y nunca me lo había ni planteado. Pero es que claro, así ya no es lo mismo, que una tiene también sus principios, repetir tres veces con el mismo es señal inequívoca de que me estoy pillando hasta decir basta o es que estoy desesperada, y lo siento, pero esto último no es mi caso. Y me da la risita floja solo de imaginármelo en mi sofá con el mando de la tele en su mano…

De pronto, siento su aliento en mi nuca. De repente, toda mi piel se eriza. Y como el que no quiere la cosa, va y me susurra al oído:

-¿Ves como a ti también el número 3 te ha puesto en el abismo?

Decidido, la próxima vez me voy a saltar el 1 y el 2. Porque el que de verdad ilusiona es el 3, el 4 y todos los puntos suspensivos que le siguen. ¿Para qué quiero yo los dos primeros si vamos a terminar tú en tu cama y yo en la mía? Decidido, derechita a por el tercero, que para algo yo soy una chica 100.

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Toma y daca
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Mar Peté | 15-10-2017 | 09:03| 0

90417c7d84c7dfa6a12feff14f3f75a7opEs verdad que a veces nos sobran razones, es cierto que también podemos andar sobrados de ilusiones, pero lo que nunca es admisible es ir por la vida de sobrao creyendo que el mundo debe está agradecido por haberte conocido. Por eso me encanta hacerme la chulita con esos que presumen de no necesitar nada de nadie, de tener de todo y a manos llenas, yo sé de buena tinta que de lo único que andan sobrados es de carencias y especialmente escasos de sus presunciones.

A mí, en cambio, me encanta ir por ahí dando y pidiendo porque nunca tengo suficiente de nada y siempre tengo mucho de todo. Es curiosa la cara que le veo a más de uno cuando en el después le doy las gracias. Lo cierto es que se quedan tan descolocados que alguno hasta osa deslizarse entre las sábanas en silencio y va a mirarse al espejo para ver si con ese cuerpo la cosa ha podido dar para tanto agradecimiento. Pero es que claro, a ninguno se le ocurre echar un vistazo dentro del alma para ver qué bonita se nos queda tras ese combate cuerpo a cuerpo, alma a alma.

A mí me encanta dar las gracias, creo que es la cosa más bonita que se ha inventado, bueno, rectifico, va después de disfrutar de un atardecer apoyada en quien yo me sé; pero por lo demás, dar las gracias está en el primer puesto de las cosas preciosas. En los días que no me pasa nada, me da el runrún de estar en deuda con el dar y me invento una excusa y, de pronto, noto que la vida misma es suficiente para sentirme agradecida. Me encanta recordar a esos que en su momento no dieron la talla y les estoy agradecidísima, ¡qué grande me hicieron sus desplantes! O como aquellos, que desde su distancia y su silencio, creyeron que me iban a callar, ¡muchísimas gracias! Aprendí a regalarle mi aprecio a los que de verdad se lo merecían, y oye, que ando sobrada de buena energía y buenos rollos y me siento querida y rodeada de todos a los que de verdad importo.

Quizá las prisas nos quitan tiempo, pero yo no quiero que me roben un puñado de minutos para poder acariciar la mano de mis amigos, para esconder nuestro último abrazo en el hueco secreto de los apretones o para escuchar tus penas y tus risas sin mirar el reloj porque sé que contigo el tiempo se para y esos minutos me los devuelves siempre envueltos en el papel de regalo de tu amor.

Yo nunca voy sobrada de nada, yo soy más de pedir. Me encanta pedirte perdón por esas cosillas que sé que nunca me echarás en cara, para que nunca sean una pincha que revolotee en la nube virtual de nuestra bonita historia. Y como por pedir que no quede, me muero por pedirte permiso para entrar hasta el fondo, acariciar tu corazón y quedarme dentro merodeando y enredando.

Dar y pedir, bonita balanza. Las emociones equilibradas, ese toma y daca entre tus sentimientos y los míos. Y tú me das y yo te doy, y siempre a manos llenas. Unos días tú me pides y los otros te rondo yo con peticiones de todos los colores. Tu mano con la mía, tu corazón en el mío y nuestras sensaciones alborotadas entre tanto trueque.

Bien sabes que tengo guardados mil besos en mi cartilla de ahorros emocional. Dicen que mis labios saben a canela y a carmín, pero mis besos no están de oferta, ni se venden ni se subastan. Los que rozaron mis labios también saben que jamás regalo un beso, que mis arrumacos no andan por Wallapop esperando al mejor postor. ¿Cómo voy a vender mis besos? ¡Un beso mío no tiene precio! Porque no, porque mis besos ni se piden ni se dan, mis mejores besos se roban, se raptan de mis labios a traición, con nocturnidad y alevosía.

Me encanta pedirte perdón. Y pedirte permiso hasta me da morbillo. Pero no esperes que pida tu amor porque no hay nada más triste y penoso que un amor limosneado, un amor pedigüeño, un amor por caridad… Tú me quieres y yo te quiero, ¿y lo demás? Todo lo demás mariposea alocado entre nosotros. No me quieras tú más que yo, nada de amor sobrante, que ese amor es tan engreído que pasa factura y como no le salgan las cuentas es capaz de acabar con el toma y daca y entonces el “qué bueno mientras duró” gana la batalla.

Me encanta sentir cómo me das cuando tu mirada se cruza con la mía, me vuelve loca ver cómo me pides cuando, sin abrir la boca, sabes bien lo que quiero y me arrebola hasta decir basta cuando, sin pedir ni dar, me lo robas y me dejas sin aliento.

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Me dejo desquerer
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Mar Peté | 08-10-2017 | 08:06| 0

73fe62460c875cc44896114c878869b5En secreto busco un refugio para mis pies que, sin mi permiso, osan quedarse fríos en el sofá mientras veo la tele; en secreto le doy al microondas medio minuto más cada mañana para que la leche se vaya calentando en modo invierno; en secreto miro de reojo las minifaldas de colorines de mi armario y, con el corazón encogido, veo cómo empieza a ponerse en primera fila lo de manga larga. En secreto, a escondidas y con la boca pequeña me doy cuenta de que me toca aceptar que el veranillo del membrillo está dando sus últimos coletazos porque, por mucho que me asfixie cuando me meto en el coche y a mí me siga haciendo ilusión darle al aire acondicionado, sé que voy a terminar desconectándolo a los cinco minutos sintiendo gangrenado el brazo que pilla del lado de la rejilla.

Todos los años me ocurre lo mismo y hasta que no termino resfriada por negarme a sacar una chaqueta para el camino de la mañana, no reacciono. Porque yo soy muy de no aceptar que hay un final, muy de negarme a ceder y a reconocer que el otoño, me guste o no, tiene sus derechos en el calendario. Y me encanta boicotearle comprándome un helado o haciendo planes para ir a pasar el domingo a la playa y él, sonriendo, me deja hacer, y en lugar de echarse un pulso conmigo es benevolente y me ayuda a disfrutar de horas al sol sin el calor abrasador del verano mientras me dora suavemente mi piel. Y yo me sigo haciendo ilusiones de que gano esta batalla imaginando que el verano aún no se acaba. Y cuando más confiada estoy, zas, de un día para otro, lo que para ayer estaba bien, para hoy es de alto riesgo y comienza esa bonita estación en la que las botas conviven en paz y armonía con los tirantes, el moquillo con el moreno y las chanclas de dedo luchan por calzarse con los calcetines de colorines. Y yo me digo:

-¡Aún hay posibilidades… el otoño puede ser traicionero, pero nunca ha sido cruel conmigo!

Y me autoconvenzo de que mientras no saques las garras, siempre es posible una reconciliación. De que mientras no me retires el saludo, siempre queda una posibilidad. Y yo misma me voy engañando, porque un día termino por dejar en el coche un chaquetón, no vaya a ser que a la salida del cine me quede helada. También tengo mis truquillos secretos, cuando veo encender las farolas por la tarde jamás miro el reloj y así hago como que no es verdad que las tardes son cada vez más cortas o cuando de pronto dejas de contestar mis mensajes, entonces te mando gifs divertidos para que no te huelas, ni por asomo, lo cabreada que de verdad me tienes.

-Como estrategia no está mal, pero ¿tú crees que el otoño se va a arrepentir y va a buscar otro sitio mejor para quedarse?

-El otoño es muy sabio y sabe que conmigo, para ganar, es mejor parecer que me da la razón. El otro, el de los mensajes sin contestar, es menos listo y no sabe que su silencio es mi mejor arma porque podrá ganar esta batalla, pero la guerra es mía y si no, al tiempo.

No es cierto que todo lo que empieza finaliza, es posible que pase por una fase terminal, pero yo no me doy por vencida tan fácilmente, qué va. Cuando me huelo que algo o alguien pretende darme carpetazo, en lugar de plantarle cara, yo me dejo querer o desquerer, según se mire. Y te suelto del hilo para que no te creas que el anzuelo te tiene pillado por los cataplines. Te confías y hasta te vas a picotear creyéndote libre de mis influjos mágicos. Y es cuando llega la hora de la verdad, porque no hay nada como ir de gallito de corral y terminar desplumado, picoteado y ladeado. Entonces es tiempo de rebuscar entre aquellos whatsAaps que dejaste sin contestar porque te creías que lo tuyo y lo mío había terminado, en ese tiempo en que yo me negaba a aceptar que aquello era el final.

-Pero cariño, ¿no sabes que el otoño es el entretiempo entre la pasión del verano y el refugio romántico frente a la chimenea de nuestras infinitas tardes de invierno?

Es cierto, por mucho que me ponga panza arriba y me rebele, el verano ha terminado. Pero por mucho que me niegue a aceptar que nada es para toda la vida, creo que aún es más difícil que tú no seas capaz de ver que después del verano siempre llega el invierno, que después de amarme a mí, siempre hay un después tan imposible de olvidar que te hará volver.

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Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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