La Verdad
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Ex-cupido
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Mar Peté | 04-02-2018 | 10:05| 0

images-10Un año más, y sin posibilidad de escapatoria, ya están aquí las cuñas publicitarias convocando a Cupido, a san Valentín y a toda su corte celestial. Veladas románticas por aquí, cenas con velitas por allá y noches pastelonas sí o sí… A ver quién es el guapo que se atreve a buscarse una excusa y eludir la cita, vamos, que te la juegas de todas todas. A no ser que así tengas por fin el plan perfecto para dar por terminado oficialmente lo que para ti había finiquitado hace ya tanto que ni te acuerdas. Entonces ponte una reunión de trabajo o pídele a las fuerzas del universo que haya un partidazo de Copa, de Champions o de lo que se te ocurra y… ¡aleluya, por fin verás cumplidos tus sueños y tu pichurri te dará un patadón de ida y sin vuelta!

La cosa es que así contado hasta parece que voy de aguafiestas y de antirromanticismos. Qué va, yo por una cenita en restaurante francés y puesta de sol incluida en el IVA, soy capaz hasta de cambiar mi estado en el móvil y poner corazones entrelazados llenitos de purpurina. Pero lo cierto es que estamos muy necesitados de que se declare el día oficial de los ex. Exijo al mundo virtual y al Corte Inglés que podamos salir a la calle, reservemos mesa y celebremos que somos ex, ¿habrá cosa más morbosa que tener pasado? Vamos, que a mí me viene uno sin currículo sentimental y me faltan piernas para salir corriendo, porque  digo yo: ¡¿qué habrá estado haciendo este hasta ahora?! Yo ya estoy autorizada en esta vida para poder contar batallitas y hasta alguna que otra guerra de fuego cruzado. Y  lo que un día fue el dramón del siglo, curiosamente, el tiempo termina transformándolo en unas risas entre amigos y cervezas. Y si no me sonrío al recordar, seguro que me troncho la próxima vez que vea pasar al ex y me quede en shock al descubrir en lo que se ha transformado, porque no falla, no tengo ningún ex que haya mejorado, sino todo lo contrario, ¿será que mientras estaban conmigo era yo la que necesitaba gafas y ahora he recobrado las dioptrías que me hicieron perder?

Decidido, es urgente revindicar el Día de san Ex-cupido y así, en una sola velada, nos desahogamos para el resto del año y quedamos libres de toda esa tirantez que nos persigue mientras cotilleamos las fotos de los contactos del teléfono y se nos aparece él. Lo siento, pero es que no me puedo contener. Ya sé que lo más fácil sería borrarlo, bloquearlo e incluso darlo por muerto, pero es que a mí lo fácil no me pone. Yo soy más de sufrir en bajito, porque eso sí, este no me va a ver llorar a mí ni queriendo, pues no somos nadie yo y mi orgullo, como para darle gratuitamente de comer a su ego y a sus testosteronas del rencor…

El día de san Ex-cupido me comprometo a concentrar toda mi mala sangre y mis peores deseos para que no me queden resentimientos por ahí sueltos y sin purgar. Acepto que a partir de esa cena no puedo maldecir a ningún ex hasta el año próximo. Pero eso sí, pienso echar por mi boca todos los maleficios que me dé la gana sin temor a que se vuelvan contra mí. Así que, a uno que yo me sé, estoy deseando que la próxima vez que le tire los tejos a una y esté en lo apasionado, entre beso y beso, se le escape mi nombre y no se dé ni cuenta. A otro que me viene ahora a la cabeza, nada mejor que tome de su propia medicina y que cuando vaya a peinarse note que el peine se le atasca en la frente y que el casco de la moto se tropieza con la cornamenta que le corona. Y por descontando, está mi ex por excelencia, a ti te deseo que cada vez que te creas que tu vida es mucho mejor desde que ya no estás conmigo, entonces, quiero que encuentres un pelo mío debajo de la almohada, una foto de nosotros dos riéndonos de tanto amor y que aparezca en tu pantalla mi último WhatsApp, sí, ese que te llené hasta el infinito de emoticones con ojitos de corazón y que tú jamás contestaste.

Pero oye, que yo hace tiempo con todos estos pasé página y hasta cambié de libro. Aunque lo cierto es que a veces a mis pordentros les sale la vena resentida y vengativa. Juro que os tengo a todos curados, perdonados y sin rencor, pero eso sí, jamás olvidados, que una recaída con un ex–cupido es lo peor de lo peor, por eso, lo mejor, y por vuestro bien, es  guardaros este pelín de resquemor.

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Solamente una vez
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Mar Peté | 28-01-2018 | 09:13| 0

llkAnda que no le gustan a mi abuela los boleros, para mí que son lo mismo que lo que viene a ser hoy una serie pastelona, pero en versión pasional y requeteaprisionada. Lo cierto es que cuando me figuro a mi abuelo susurrándole al oído un: “Bésame, bésame muuucho…”, o ese irresistible: “Dos gardenias para ti…”, a ver quién es la guapa que se puede refrenar ante tanto ímpetu, que yo bien que me los imagino ahí a los dos acaramelados, con esa mano ciñendo la cintura de ella y con su mejilla pegada a la de él.

Vistas así las cosas, quizá el secreto está en esto, porque ahí siguen, pasan los años y tan felices que se les ve juntos. La verdad es que no puede ser lo mismo un amor que comienza al ritmo susurrante de boleros, que otro que ve la luz con un machacón hip hop rapeado o con un tío perreando que te quiere a ti y a otros cuatro y todos tan felices, ¡es que no hay color!

Pero si hay un bolero por excelencia es ese que dice: “Solamente una vez se ama en la vida…”, y no veas la de veces que me he preguntado si la frasecita está acertada o si soy yo la que ando equivocada porque con mi currículo sentimental no estoy como para ir tarareando ese eslogan y abanderar con esa melodía mis altibajos amorosos. Aunque lo cierto es que desde hace muchos años no puedo evitarlo y de vez en cuando se me mete en la cabeza el runrún del dichoso bolero con ese “solamente una vez…” Y oye, que digo yo que esta insistencia tendrá su aquél, pero yo es que no se lo encuentro por más vueltas que le doy.

-Parece mentira que con lo expertilla que tú eres en estos asuntos, me vengas con esas -me reprocha una amiga versada en las cosas exotéricas y que siempre le encuentra su punto tridimensional a todo.

-¡Pero si es que yo no me he enamorado ni una ni dos, ha sido cientos de veces!

-Anda, cierra los ojos y cuando yo te diga “enamorarse”, dime quién te remueve la cabeza, el corazón y los pordentros.

Y dicho y hecho, la muy bruja de mi amiga me abrió los ojos y los chacras en un plin. Y sí, fue decir amor y de pronto, sentí que todo tú me asaltaste, me conquistaste y me usurpaste los sentidos. Al cerrar los ojos e imaginarte, de golpe palpité al son de un bolero y con el ritmo de un delicioso te quiero.

-¿Alguna vez volviste a decir a otro te amo lo mismito que se lo decías a él?

Esta vez sí que me dejó paralizada y con la lengua pegada al paladar. ¡Cuántísimas veces he querido volver a trastornarme como lo hice contigo! Me acabo de dar cuenta que la última vez que mi cabeza, mi corazón y mis labios dijeron te amo fue cuando tú, sin soltarme ni una palabra, me lo dejaste tatuado en el alma para siempre. He besado otros labios, pero siempre supe que no eran los tuyos. He acariciado otra piel, pero nunca volvió a ser la tuya. Me han peinado el alma, pero jamás la rozaron como tus dedos.

¡Ay abuelo que vas a llevar razón! “Que solamente una vez se ama en la vida, solamente una vez y nada más…”. Y la tonta de mí que me creía una experta en quereres y asuntillos del corazón y, mírate tú por dónde, que con tanta modernidad y tanto wasapeo nos olvidamos de la sabiduría con fundamento. Porque es que no falla, me imagino a aquellos cantantes, en blanco y negro, entonando esas cosas tan sentidas y poniendo hasta las trancas todos los sentidos en el alma y en el corazón.

Y otra vez que se me ha metido en la sesera el puñetero bolero, y para mí que esta vez ha venido, pero para quedarse, y yo encantada. A partir de ahora pienso enarbolarlo como el himno de mi querer y el que ose ronronearme y esté dispuesto a salir ileso de la contienda, no voy a tener más remedio que susurrarle algo así: “Y cuando ese milagro realiza el prodigio de amarse, hay campanas de fiesta que cantan en el corazón…”. Y oye, que si el tipo en cuestión va y me regatea con un: “Contigo aprendí que puede un beso ser más dulce y más profundo…”. Entonces sí, entonces reconoceré que me ha ganado por la mano, que aunque solamente una vez se ama en la vida, la vida ya se ocupará de hacerme amar todas las veces que hagan falta, que aunque vida sola hay una, y lo nuestro lo pienso llevar siempre conmigo, voy de bolerear con toda mi alma con el que se preste como si fuera la única vez en mi vida.

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Tontilusiones
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Mar Peté | 21-01-2018 | 10:21| 0

kkDicen que esto del amor está muy sobrevalorado, y si lo dicen por algo será, ¿no? También comentan que cuando uno encuentra el amor de su vida no lo cambiaría por nada, claro que eso está bien mientras la otra parte tampoco te cambie a ti por una que pasaba por allí… Pero con quereres o sin quereres, yo soy muy de sobrevalorar esas ilusiones tontainas que me gustaría verlas hechas realidad ¡y luego… ya veríamos cuánto valor les daría!

Yo por ahora te cambio una escena de príncipe trasnochado con rodilla hincada en el suelo y cara de agilipollado prometiéndome infinitas sandeces, que tú y yo bien sabemos que lo más probable es que no se cumplan, por una pintada en un puente de la autovía con tu nombre y el mío y un “TE AMO” en letras mayúsculas, ¡pero dónde va a parar! Si solo de pensarlo me da regustillo por dentro. ¿Tú sabes la de conductores que cada día pasarían preguntándose quién será la suertuda beneficiaria de tal muestra de amor infinito grafiteado para la posteridad? Porque no quiero ni pensar los cataplines que has tenido que tener para colgarte ahí asomado a la barandilla del puente, cuerpo al aire y poniendo en juego tu vida a cambio de darle vidilla a la mía. Vamos, ni media docena de whatsApps en un día de bajón llenos de corazones vale tanto como una pintada de autovía, ¡eso no me lo discute nadie! Fíjate que hasta estaría dispuesta a pedir oficialmente que se declarara monumento artístico internacional a esa pasarela para que así estuviera protegida y ningún descerebrado se le ocurriera pintarrajear encima.

También soy de las que cuando me dicen: “¿Te vienes a…?”, antes de que acaben la pregunta, allí estoy. Reconozco que por un sarao, un plan sin plan, una fiesta y una barra de bar con musiquilla soy capaz de todo y de más. Lo cierto es que hasta mandaría todo eso a paseo, pondría en modo avión mi móvil y me disolvería en la nada, si es preciso, a cambio de tener contigo diez minutos sin hablar pero mirándonos a los ojos, de decirnos sin decirnos y entenderlo todo, que me faltasen las palabras y nos sobraran los motivos, por una chimenea encendida con calcetines de dibujitos y copa de vino en la mano, por sobrevalorar el amor hasta convertirlo en pasión, en revolcón y en vuelta a empezar. Fíjate si estaré tontilusionada que la cabaña en la montaña está ya reservada, las maletas las tengo hechas y aquí estoy, asomada a la ventana con la vista clavada en el final de la calle esperando ver tu coche a lo en Pretty woman y eso que ni tú eres Richard Gere ni yo soy una putita graciosa, pero ¿acaso puede haber algo más bonito que imaginar a cambio de tener el móvil apagado durante todo un fin de semana?

¡Y qué decir de un: “Para toda la vida”! ¿Pero si es que eso estaba muy bien para aquellos tiempos en los que nuestra esperanza de vida era una mierda? Que no puede ser, que no. La ciencia por un lado investigando para que algún día todos lleguemos a los cien años, la dólar-medicina empeñada en que cada vez parezcamos más jovenzanos y así nos dé por operarnos de todo lo que se pueda caer o arrugar y a base de silicona y botox volvérnoslo a poner otra vez para arriba y estirado… Pues eso, que yo no estoy en contra de querernos hasta las trancas y más, ¿pero así de intenso durante cien años? Solo de pensarlo se me cae lo que me había subido y se me estruja todo lo planchado. ¿No sería mejor cada par de años ir renovando los votos? Y oye, que no te digo yo que a lo mejor voy e insisto con el mismo, que una vez que ya nos hemos hecho a los ronquidos del uno y a los pies fríos de la otra… pues igual ya no estamos con el ánimo de actualizar el estado y andar reseteándonos con manías de alguien diferente. Pero al menos, cada dos años habría que desear ganarse la plaza, habría que volver a opositar, a concursar por los puntos, a hincar los codos para que nadie te quite el puesto, a querer volver a querernos, a buscar aquel puente de la autovía y ampliar el “te amo” con un “más que ayer”, a ganarnos el cariño de la otra parte con el sudor de la frente y con misma la pasión o más que cuando me tontilusioné la primera vez.

Pues entre ilusiones, quereres, amores y tontainadas de las mías, tan feliz que voy por la vida a dos palmos del suelo más los quince centímetros de mis tacones, que esos también ayudan en estos asuntillos de amoríos y pasiones.

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Fitness cardio-sentimental
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Mar Peté | 14-01-2018 | 17:56| 0

images81ipbjw3Como hasta san Antón, Pascuas son… todavía estoy a tiempo de buenos propósitos y cosillas de esas. Aunque eso sí, para lo del descomer el refrán no me vale, porque si por mí fuera soy capaz de arrastrar la Pascua hasta Ramos y de santoral en santoral, tiro porque me ha tocado.

La verdad es que yo hace mucho que desistí de los propósitos tipo anticulpabilidad. Me niego a caer en la trampa de los gimnasios, con esa tontuna de poner en forma los musculitos, ¿o es que acaso el corazón no es también un músculo? Pues eso, que este año voy a centrarme en el fitness cardio-sentimental. No sé si conseguiré ponerme en forma, no tengo ni idea si de algún esfuerzo amoroso voy a terminar con un tirón o una luxación ventricular, pero lo mejor de todo es que ni lo sé ni me importa. Yo tengo mi teoría, y es que un corazón bien entrenado está a prueba de un subidón de pulsaciones o incluso hasta de una fibrilación inesperada. Yo lo noto, no hay nada como una pequeña dosis de sexy-adrenalina y no hay palpitaciones que se resistan. Y si ese runrún se enciende a tope, mi cuerpo, mis rodillas, mis pestañas y mi ritmo cardiaco se ponen tan en forma, que un guiño de tus ojos vale más que una sesión de zumba en el cutregimnasio de la esquina. Pero eso sí, aún no tengo muy claro si mi corazón va a conseguir mantener las pulsaciones cuando el tuyo palpite al compás del mío o me va a dar tal apretón, que del infarto me caigo redonda y no va a haber boca a boca ni masaje capaz de reanimarme. Aunque pensándolo bien, ¿qué es estar enamorado? Pues es un corazón felizmente atontado y paralizado sin recuperación posible.

Y bueno, ya para qué decir del dichoso y eterno propósito que año tras año me sigue, me persigue y me angustia. Aprender inglés. Además, cuando ya me creo que sé algo, van y me dicen que no, que después del B1 va el B2, y el C1… y así ¿hasta el Z1? Pues ya está, decidido, no pienso apuntarme a una academia de idiomas nunca jamás de los jamases. Que no, que ya lo he comprobado hasta decir basta, que ni sé ni voy a saber inglés en mi vida, ¿cuántas veces más voy a tener que demostrarle al mundo que lo mío son otras lenguas? Sí, he dicho otras lenguas y qué, ¡pero con el inglés, never ever!

Ya puestos, prefiero apuntarme a coger sitio fijo en la zona VIP de la biblioteca, porque me temo que me va a ir mejor en el asunto de la puesta en forma del corazón con los de ahí que con los del gimnasio. Hace tiempo que decidí tenerlo claro con los criterios de selección del casting amoroso y no tengo la menor duda. Me niego a aceptar faltas de ortografía, soy incapaz de justificar un arrebato pasional escrito con corazón, pero sin conocimiento. Seguro que entenderás que ante un “Haver si nos vemos pronto”, yo directamente te bloquee o, si ya quieres dejarme sin sentido y con ganas de morir, olvídate de poner las tildes y escríbeme con abreviaturas como si estuviéramos en el instituto. Tío, en Tele 5 al mediodía te están esperando, ahí triunfas seguro. Quizá la flora y fauna de las bibliotecas sea, como poco, peculiar; pero al menos, a falta de musas, tienen buena materia prima de donde sacar porque, ¿va a ser lo mismo un whatsApp de inspiración becqueriana que un trending topic de su grupo de amigotes? Es verdad, a veces estos intelectuales son un rato frikis, pero para eso estoy yo, ¡anda que no doy vidilla y de la buena entre capítulo y capítulo de un clásico! Voy, me calzo los tacones y ya verás de lo soy capaz de hacer por amor al arte… ¿Y tú me lo preguntas? ¿Poesía? Poesía soy yo… y como me pongas esos ojitos te van a faltar metáforas,  anáforas, elipsis y aliteraciones para salir vivito y coleando de esta.

Pues sí, aún me quedan unos pocos días para poner en marcha mis proyectos y espero que san Antón, que siempre ha sido tan comprensivo conmigo, sea capaz de entender que en lo del descomer no sé si voy a poder cumplirlo. Yo, por ahora, me he congelado en trocitos lo que me sobró del roscón y así, cada vez que me dé la tentación me como uno y le echo la culpa a san Antón o al santo que toque ese día. Pero como lo de la fusión de la puesta en forma del músculo cardiaco y lo literario me salga bien, para el año que viene me forro, ¡que tiemblen los gimnasios y Tele 5 porque las bibliotecas lo van a petar!

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Carbón para las niñas malas
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Mar Peté | 06-01-2018 | 12:07| 0

descargaDónde va a parar, si es que no tiene comparación, ya pueden seguir inventando fiestas frikis los norteamericanos que a mí no me engañan. Que se queden con su Halloween, su Black Friday y su Papá Noel, pero eso sí, que no se les ocurra tocarme a mis tres Reyes Magos porque por ahí no paso, ¿eh?

Lo cierto es que Santa Claus lo tiene bien complicado, porque puestos a elegir, a ver quién es capaz de ganarle la partida a tres buenos mozos, venidos de lugares exóticos, con barbas o sin ellas y a elegir entre mulato, asiático o más de los de por aquí. Además, hasta son capaces de cualquier cosa, porque claro, son tres y magos, y cuando digo cualquier cosa, es cualquier cosa. Y para colmo, es que están forrados, porque no son de esos que regalan un jarrón de Ikea para salir del paso, qué va. Nada más y nada menos que traen oro, ahí es nada; incienso, que viene a ser lo que un perfume de Chanel de estos tiempos, como poco; y mirra, todo un presente digno de una diosa. ¿Y todavía alguien cree que Papá Noel tan viejuno y barrigón es una dura competencia?

Yo, desde luego, lo tengo claro. Tres tíos capaces de venir desde tan lejos, acertar siempre con mis deseos y con la alevosía y el morbo que confiere la noche… ¡A mí no me comen el tarro estos yanquis! Si es que cómo no me voy a dejar engatusar por sus majestades, si lo único que me piden a cambio es que les deje un par de zapatos en el mejor lugar de la casa. Y yo, que para estas cosas soy muy pillina, voy y les pongo mis taconazos más fashion, no vayan a pensar que a mí con unas tontadas de alguna tienda de chinos de oriente me conformo. Estoy convencida de que en cuanto los ven, lo tienen claro, aquí toca dejar regalitos de gama alta, sí o sí.

Lo cierto es que todas mis mañanas del 6 de enero desde que era pequeña siempre han sido especiales y, por descontado, la de hoy no es diferente. De pronto, entre sueños, me hacen runrún las tripas y no es por hambre, que anoche di buena cuenta del roscón y aún estoy intentando hacer la digestión. Lo tengo más que claro, ese cosquilleo en la barriga son nervios, es una desazón que me tira de la cama y me lleva directa al salón. Pero antes, miro por el rabillo del ojo y ahí están las tres copas de licor vacías y los papelillos de los polvorones abiertos y rodeados de miguillas. Entonces sí, toca envalentonarme, cierro los ojos y abro el corazón dispuesta a encontrar todo lo que les escribí en un whatsAap dejándoles bien claras mis ilusiones. Aunque también está lo otro, porque eso de ser una niña buena, pues me da a mí que no lo he cumplido mucho, bueno ni mucho ni poco, para mí que este año he hecho un poco de las mías…

Abro la puerta y ahí están mis zapatos mirándome con cara de pocos amigos. ¡Madre mía, y ahora qué hago! No hay ni rastro de las miles de sorpresas de los otros años esperándome envueltas y con su lazo en lo alto. Si es que esto es lo que me pasa a mí por pasarme un año entero liándola y sin acordarme de portarme bien. Me acerco, me asomo y veo dentro de uno de mis zapatos un trocito de carbón… Lo cojo, le doy un lametón y está tan dulce que no me puedo contener, voy y me lo zampo enterito. De pronto, me fijo bien y me doy cuenta de que hay un papelito que lleva mi nombre, ¡ay, qué nervios! Lo abro, me tumbo en el sofá y, mientras me relamo los restos del carbón dulce que se me han quedado pegados en los labios, lo leo:

“Dice la leyenda que a las niñas malas los Reyes Magos les regalan carbón y aquí lo tienes, por ser tan tremenda. Pero lo fácil es ser buena con tal de conseguir un regalito. A nosotros tres lo que más nos gusta de ti es lo bien que te lo pasas porque lo tienes superclarísimo: vida solo hay una y eso de ser una aburrida se lo dejas a las niñas buenas. Sí, esas que luego necesitan regalitos para a ver si así se entretienen un poco.

Este año nuestro regalo no viene envuelto ni es para que lo luzcas en tus saraos. Nuestro regalo se llama vida, alegría, risas, amigos, fiestas y amor. Y nosotros queremos verte siempre disfrutando a tope. Así que, por favor, sigue siendo una niña mala, no te arrepientas, que de las buenas y aburridas ya estamos hartos”. Firmado: tus tres admiradores secretos mejor guardados.

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12 meses, 12 pasiones
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Mar Peté | 31-12-2017 | 09:22| 0

navidadY oye, que hace nada estaba yo en el chiringuito playero con las chanclas y el pareo, y de pronto, ando comprando las uvas con el plumas puesto y canturreando un villancico machacón que me persigue. La cosa es que el tiempo pasa requetevolando y por más que quiero saborearlo y hasta detenerlo, no hay quien pueda ralentizarlo y quitarle a los minutos un puñado de fibra óptica para que estos segundos supersónicos nos parezcan horas.

Lo cierto es que yo soy muy de vivir y revivirlo todo hasta el máximo, que no estoy por perderme nada y que se me escape lo mejor, porque los ratos buenos, son buenos desde el antes, el durante y el después. Así que nada de ser aguafiestas con eso de irnos los primeros, que en el después siempre llega lo mejor y nos toca la resaca recordando y repasando nuestras locuras muertos de risa. Y como cada instante de mi vida es irrepetible, pues a mí plin con tus excusas de aburrido.

En la tele dicen eso de 12 meses, 12 causas; pues yo no voy  a ser menos. Así que, ahora que toca hacer propósitos, los míos van a ser 12 meses, 12 pasiones. Pero eso sí, en estas cosas es importante la organización, que luego nos pilla el tiempo y en cuanto nos descuidemos estamos sacando las procesiones y los refajos y, a renglón seguido, ale, otra vez la sombrilla y el turrón. Nada de improvisación, que esa es para los que viven en el last minute de la vida y a esos ya sé yo luego cómo les salen las cosas. La mejor improvisación es la que se prepara, que de improvisaciones improvisadas están los fracasos llenos.

Si con cada uva mañana me pido un deseo, con cada mes este año me toca un subidón de pasión.

En enero, me ocuparé del calor interior, que el otro, con una buena chimenea y una bufanda se arregla pronto. Pero como es imposible ilusionarse con el corazón frío, en enero toca calentar motores y dejar que las caricias abrasen por dentro y los besos enciendan las llamas.

Y así, sin más, llegamos a febrero. Y como ya me habré preocupado en enero del cambio climático de mis sentimientos, nada mejor que estar predispuesta a celebrar sí o sí el 14 de febrero. Claro, que para eso más vale tener con quién y no contra quién.

¡Ay, ese marzo tan juguetón! ¡Ese marzo que saca lo mejor de cada uno de nosotros y termina regalándonos una primavera! ¿A caso no voy a ser capaz de dejar despertar esa naturaleza salvaje que llevo dentro en ese intenso letargo invernal? Pues va a ser que nones. Así que, que se preparen los alérgicos que este año vengo dispuesta a todo y a más.

Mayo… mes por excelencia de las declaraciones. La de Hacienda, seguro, pero ya me ocuparé yo para que haya alguna otra y, a ser posible, que me salga a devolver, que esas son las que molan.

En junio, a más de uno que yo me sé le van a catear, y a septiembre que los pienso mandar con un par de asignaturas pendientes.

¡Qué decir de ese julio maravilloso! Con vacaciones o sin ellas, mi cuerpo se pone en modo playa y no hay quien lo pare, y como alguno lo intente, voy y se lo explico.

¡Por fin agosto, el rey de reyes de los 12 meses! ¿De verdad hay alguien que sea incapaz de ser feliz en agosto? Pues será un aburrido, porque yo con un chiringuito y saraos nocturnos inconfesables no pido más, o sí, ya veremos…

Septiembre el estupendo. Se acabó el calorín, mi piel caribeña sigue dorando tus miradas y a los amores de verano los despacho. Pero eso sí, mi cuerpo sigue de vacaciones. ¡Y ale, otra vez el lío en los garitos de ciudad! Nada como renovar la agenda con las novedades que cada otoño salen a la calle para desllorar los corazones partidos de las crisis amorosas del verano.

De octubre no tengo nada más que buenas palabras. Es el mes de los escotes, de las mini faldas y de los taconazos… ¡que para abrigarnos y quedarnos encerrados en casa ya habrá tiempo!

Me encanta noviembre, por fin me puedo lanzar a renovar el armario porque comienza a refrescar y la gente no me mira con mala cara si vuelvo con un puñado de bolsas llenas de ropa de nueva temporada recién comprada.

Nada como diciembre. Es tiempo de auditar las pasiones. Es tiempo de reconocer que me he pasado un año de puta madre. Es tiempo de pensar lo bien que me lo he montado… si es que hay veces que hasta me sorprendo tanto de mi misma, que ni me soporto. Objetivo cumplido: 12 meses vividos a tope y 12 pasiones disfrutadas sin pizca de remordimiento.

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Maldita lotería
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Mar Peté | 24-12-2017 | 08:53| 0

sexy_xmas_girl-500x412Pues sí, aquí estoy un año más, tan pobre como ayer o tan rica como siempre, según se mire. Pero lo cierto es que ni a mí ni a un buen puñado de españoles nos ha tocado ni una perra en la maldita lotería. Pero yo, que soy muy de sacar de donde no hay, creo que esto es una señal ¡y de las buenas! La verdad es que todos los años me empeño en pellizcar a la suerte y la suerte, ni caso. O quizá sí.

Y mientras, aquí estoy yo, jugueteando con los décimos que ya no sirven ni para sonarme los mocos… ¡Ay, mi gozo en un pozo! Y tiro a la papelera la lotería sin premiar junto con todas mis ilusiones de creerme millonetis. De pronto, miro de reojo mi armario y me pregunto dónde pensaba yo meter los miles de modelitos y los cientos de tacones de marca que iba a comprarme como hacen las ricachonas.

Si es que la vida es muy sabia y claro, seguro que antes de llenar los bombos con los números, algún duendecillo de la suerte se ha dado una vuelta por mi casa y ha corrido la voz de que no me falta de ná y yo que lo ratifico. Si es que cada vez que se me va la mano y caigo en la tentación de comprarme alguna chuminada, me viene el eterno dilema, porque a ver quién es la lista que es capaz de decidir qué otra chorradilla, de las que ya tengo, quito para poner el último caprichito. Así que, al final termino convocando a la chupipandi, hago una merienda-mercadillo, con tómbola incluida, y así dejo espacio para las novedades, porque me da a mí que las apreturas no son buenas para nada en esta vida.

Lo cierto es que una Navidad sin regalos va a ser como que no. A mí, desde bien pequeñita, me gustaba regalar a todo el que me cruzaba, y como antes no había una tienda de los chinos en cada esquina, pues me iba agenciando los regalos como podía. Y entonces rebuscaba entre los cajones de mi madre, era como ir de compras pero sin tarjeta, vamos lo que viene a llamarse una shopping-house. Después hacía paquetitos requetenvueltos en papel de colorines y lo divertido llegaba cuando los iban abriendo y mi madre descubría que había regalado un cenicero de plata aboyado, su reloj sin pila y con la correa rota, una bolsita con las cuentas de un collar que jamás arreglaría… y entonces, mi madre se reencontraba con todos sus tesoritos repartidos entre los primos y los vecinos, y sé que hasta le daba gusto el reciclaje sorpresa de sus cajones.

Por eso, yo me niego a dejar pasar unas navidades sin vivir la ilusión porque a mí me encanta dejarme llevar por las luces de las calles y apretar entre mis manos un cucurucho de castañas asadas mientras que me arde la boca con el primer mordisco y aprovecho para jugar a echar vaho imaginando que voy fumando como en las películas en blanco y negro. Y la Navidad se me mete hasta bien dentro, y la ilusión me llena de regustito, y cierro tanto los ojos que me parece que las estrellas se van encendiendo a mi paso y brillan tantísimo que no conozco a nadie que se niegue a sentir el espíritu navideño. Incluso con un esfuercito voy a ponerle buena cara a la prima renegona y, si me apuras, hasta soy capaz de comprarle un regalo sorpresa al cuñado sabelotodo y acertar de pleno.

Yo, esta Navidad, no quiero nada y lo quiero todo. Me pido llenar mi casa de risas y de niños dando el follón. También me encantaría levantarme al día siguiente con la cocina toda revuelta, con cientos de copas para fregar y el salón patas arriba. Espero que no se me olvide dejar un hueco para que quepa, junto a los pedacitos de turrón y mazapanes, cientos de abrazos de todos vosotros, esos con los que durante el año he tenido minutos de gloria llenos de amistad. Pero sobre todo estoy deseando volver a sentarme con esa amiga que, sin darnos cuenta, un día dejamos de cruzarnos por los caminos pero que yo la he tenido en el runrún de mi corazón miles de veces.

Qué lista es la vida y qué tonta que soy a veces. Todavía no sé en qué estaría yo pensando el día que me fui como las locas a comprarme un puñado de décimos de lotería. Para qué habré derrochado tantas ilusiones deseando que me tocara, pues no me faltaba otra que meterme en un lío de cientos de millones de euros y que se me amontonasen las ilusiones verdaderas con las listas de caprichos… Y aquí estoy yo, con los armarios a reventar y mi corazoncito, en cambio, llenito de sueños cumplidos.

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Las princesas mudas
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Mar Peté | 17-12-2017 | 10:58| 0

gfÉrase una vez un lugar en el que las princesas se habían quedado mudas. Un lugar en el que algunos príncipes, lejos de ser valientes defensores del bien, preferían ser todopoderosos y no había mayor placer para ellos que abusar de esos privilegios. Y mientras ellas eran mudas, o eso creían, el resto de los habitantes del reino se hacían los ciegos y sordos. Incluso el cuello les dolía por esa dichosa costumbre de llevar girada la cabeza, siempre bien seguros de mirar hacia otro lado.

Érase un mundo que se llamaba Hollywood, despachos, universidades, partidos políticos, empresas, teatros… Era un mundo en cualquier lugar donde la desvergüenza de unos pocos osaba poner precio a la dignidad de mujeres que simplemente anhelaban y deseaban ver cumplidas sus ilusiones. Tan solo querían llegar tan lejos como fueran capaces, tenían sueños con los que poder ser felices mientras actuaban, bailaban, aprendían, ganaban elecciones o alcanzaban la máxima responsabilidad en su profesión. Mientras algunas lo consiguieron, otras no, pero otras muchas pagaron y sufrieron los daños colaterales con su mudez y su miedo.

Y pasaron los años, con sus días y sus noches, con sus silencios y con sus secretos a voces… Y de pronto, en la lejanía se oyó una voz tan tímida como valiente. Esa que, poco a poco, fue haciéndose cada vez más clara. Primero una princesa, después otra y otra hasta que empezaron a recobrar la palabra… ¡Ya no eran mudas! Y les dio por contarnos al mundo las fechorías de un puñado de indeseables príncipes, que en absoluto eran caballeros adalides del bien. La realidad los desenmascaró y vimos sus caras de desalmados auténticos que aprovechando su poderío, se beneficiaron sin escrúpulos desde su bravuconería. Y así fueron robando a toda dama que se les cruzara sonrisas, sueños, ilusiones, corazones indefensos e inocencias desprotegidas. Pero ya no, porque de aquella voz han nacido otras, ya por fin es posible escuchar un hermoso coro entonando y exigiendo un bello canto a la justicia.

Ni mi trasero ni mi boca ni mi cama están a disposición de tu prepotencia. Ya no pienso callar, porque la valentía de unas pocas ha hecho despertar el coraje de las princesas mudas, de aquellas damiselas asustadas, de las miles de mujeres que su único pecado fue desear ser lo que sus sueños les empujaban.

-Para mí que las mujeres se han vuelto todas locas. ¡Ya será para menos! ¿A ver si es que ahora va a resultar que a todas las han pasado por el catre? Y bla, bla…- ¿Será que prefieres no saber o es que quizá tienes algo que esconder para justificar tu currículo de abusador?

Pues quizá sí, a lo mejor es que hemos tenido que perder esa cordura que nos inculcaron y que, sin querer, nos hacía cómplices y víctimas a la vez. ¿Que estamos todas locas? Puede que sí, pero lo cierto es que nunca me he sentido más orgullosa de la cordura y de la valentía de mi sexo. Por fin ha llegado la revolución, por fin la prepotencia es un delito, por fin sobrepasarse no es algo gracioso que contar a los amigotes en la hora del café. Por fin mi dignidad es intocable y no está para que la manosees y te fanfarronees de ello.

De la mano de todas ellas vamos los demás. Porque no estáis solas, porque ya está bien de que nos escondamos en nuestro caparazón, que ya no nos vale el conformismo diciendo: “Esas cosas han pasado toda la vida”, ¿y? Me niego a que la falta de respeto a una mujer se compute como un mal menor y se confunda con tradiciones heredadas de padres a hijos… ¡Se acabó! ¡Me too!

Érase una vez un reino en el que desear alcanzar lo inalcanzable no tiene precio, tan solo con luchar por ello y demostrar que puedes, es suficiente. Érase un lugar en el que ser hombre no es un cupón de recambio para que tus superpoderes puedas utilizarlos sin miramientos. Érase una vez un cuento en el que las princesas tienen vida propia y los valerosos caballeros se ocupan de asuntos mucho más interesantes que andar despertando a bellas durmientes porque, me temo, que estas de adormiladas tienen ya bastante poco.

Y de pronto, aquel lejano país se ha convertido en un mundo en el que hombres y mujeres disfrutan y comparten los mismos privilegios, donde amar y ser amado no depende de la oferta y la demanda de los puestos de trabajo y donde mi cuerpo y mi placer no son moneda de cambio de mis sueños y mis ilusiones.

Y colorín colorado este cuento por fin ha acabado con esos indeseables, bellacos, pícaros, trúhanes, cabrones, malnacidos, destrozailusiones, dominadores y todos los hijos de p… que podamos seguir añadiendo a esta lista. Porque yo no soy muda y mi voz es la vuestra… ¡no estáis solas!

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Tengo cuerpo de viernes
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Mar Peté | 10-12-2017 | 15:35| 0

descargaDicen que el primer día de la semana es el lunes, ¡pero qué equivocados están los que piensan así! Seguro que todos esos son un puñado de amargados que se pasan luego la semana penando y con cara de pocas bromas. ¿Y en qué me baso para tener las cosas tan claras? Pues muy fácil, yo cuando empiezo algo siempre lo empiezo por donde más me gusta, me da el subidón y se ponen las hormonas dispuestas a todo y a más. ¿Que el primer plato no me gusta? Pues empiezo por el postre y así, de paso, me libro de tener que compartirlo con nadie, que no hay cosa que más rabia me dé que ese que te suelta: “Una cucharadita, solo por probar…”. Pues si lo quieres probar, te lo pides. Si te gusta, te lo comes. Y si te lo comes, pues eso, engordas lo mismo que yo y no me dejas a mí con el remordimiento de meterme 1175 calorías y tú solo 25. Así que si vamos a pecar, que pequemos todos, y si no, ni te me acerques.

Bueno, a lo que iba, que empezar a contar la semana desde el lunes es todo un error, es lo mismito que sacar un billete al Caribe en plena temporada de huracanes o apartar la cebolla de la tortilla de mi madre, cuando todo el mundo sabe que ese es el secreto de las mejores tortillas del mundo. Como la semana tiene siete días para elegir, ¿por qué escoger el malo si podemos empezar por el mejor?

-Nada como los viernes, ¡es que tienen un glamour…! Las mejores cosas de mi vida han sucedido en viernes o en casiviernes, porque claro el sábado también tiene su aquél.

Mi vida se cuenta de viernes en viernes. Además mi cuerpo, que es muy sabio, lo nota. Y zas, solo con poner un pie al levantarme siento que se me pone el cuerpo golfo de viernes y entonces, ya sé, a ojos cerrados, cómo vestirme y la falda esa tipo guerrillero que me compré el otro día, toca estrenarla. ¡Y qué decir de los taconazos que me pienso calzar! A mí hoy no me amarga el día nadie, porque no me da la gana. Los viernes saben a risas, huelen a planazo seguro y mi piel se eriza solo de pensar en cruzarme contigo, en ese vernos sin mirarnos y con ese rozar tus labios sin despintar los míos.

Y yo cada viernes me lanzo a comerme la vida, a darme un atracón de calles y a quemar los garitos de copas hasta arrasar. Pero eso sí, un día aprendí a dosificarme, porque claro, si lo doy todo los viernes, ¿qué me queda para el resto del fin de semana? Tengo mi propio plan infalible: los viernes se hace un estudio de campo, se inspecciona a fondo, se tantea el terreno y, con todo eso, me reservo para el resto del finde. Analizo las posibilidades y me lanzo o me retiro a las trincheras si veo que la batalla no merece la pena librarla, esperando mejores acometidas para el resto del fin de semana.

También es verdad que no siempre he tenido las ideas tan claras, ¡qué va! ¡Ay, si la afición hablara! Reconozco que hay más de una y más de dos tardes de esas que mejor no rememorar. Lo bueno de estas cosas es que aquí, el que más o el que menos, ha pinchado en hueso y el pacto de silencio de los días de fracaso funciona… un día por ti y otro día por mí. En secreto, y con la boca pequeña, confieso que tengo un puñado de arrepentimientos con nombre de viernes, sábado y domingo. Pero es que claro, a ver a quién es el guapo que no tiene en su currículum festivo algún que otro tropezón desatinado. Aunque de algunos de esos errores me acuerdo, con otros mi memoria histórica se ha hecho selectiva y me ha ahorrado almacenar detallitos de color de ciertas ocasiones poco memorables.

-Hola…-me suelta uno al pasar a su lado.

Yo que lo miro. Yo que lo remiro. Y la cosa es que no me disgusta, pero de pronto se me enciende las alarmas y se pone en marcha el protocolo de emergencia. Giro mis tacones y sigo mi paso… hasta que siento que me agarra del brazo y me dice:

-¿No me vas a saludar? ¿Es que no te acuerdas de mí?

-Hay cosas en esta vida que prefiero olvidarlas…

Y sigo mi camino, despachada y con la memoria intacta. Que no está una como para que en un viernes le amarguen el resto del fin de semana con una mala reminiscencia tan torpe como minúscula, además de soporífera. Es cierto, hay mucho arrepentimiento de fin de semana, pero también hay mucho triunfo victorioso digno de ser evocado, aunque no relatado. ¡Y hoy es sábado!

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Enredando y sin atinar
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Mar Peté | 03-12-2017 | 09:19| 0

ojYa se acercan las fechas en las que los más valientes, o quizá debería decir los más incautos sabelotodo, van de televisión en televisión vaticinando lo que nos va a deparar el año que viene. Unos, en plan acojone, nos anuncian guerras químicas con finales del mundo incluidos. A otros les pone más el morbo del famoseo y basan toda su sapiencia futuróloga en amoríos y desamoríos de los personajes de más tirón del momento e incluso hasta osan desenterrar del olvido a alguno de esos de los que hace mucho no se sabe nada y así vuelve al candelero, aunque sea a costa de alguna catástrofe nuclear en su vida festivo-amorosa.Es curioso, porque los espectadores, yo incluida, escuchamos todos esos presagios con ciertas dosis de credibilidad, nos escandalizamos, algunos hasta los damos por imposibles, pero en el fondo llegamos a dudar por si pudieran realmente suceder aunque sea solo un poco, no vaya a ser que se cumplan las profecías y a mí, por incrédula, me pille fuera de juego y, como siempre, me pierda lo mejor o termine pringada en lo peor. Pero digo yo, ¿dónde están ahora que se está acabando el año todos esos que auguraban tales tropelías para el 2017? Pues me figuro que más de uno anda escondido y atrincherado en vista de que no dio pie con bola o quizá esté en la fila del INEM porque para este fin de año no creo que lo vuelvan a contratar como adivinador.

Yo no sé si alguno tuvo alguna visión sobre los disparates que iban a pasar en Cataluña, pero estoy muy segura que se habrá quedado corto y eso que aún nos queda por ver cómo salimos parados del 21-D. Pero vamos, si en su bola de cristal ve la cara de Puigdemont haciéndole ojitos, mejor será que la desconecte hasta la vuelta y que el personaje en cuestión se tome su cava y su turrón por tierras belgas, porque estoy muy segura de que el futuro, el presente y el resto de los españoles se lo vamos a gradecer y mucho.

Por lo demás, lo cierto es que las cosas no han cambiado demasiado de un año para otro, o eso parece. Los mangantes aún siguen, aunque ahora parece que merodean más por los juzgados que hace algunos años. Y la Preysler, ahí está ella tan contenta y tan estirada, de piel y de lo otro, como siempre.

La verdad es que con mis pronósticos aún no sé si dieron en el clavo o mi adivina personal desvarió tanto que ni ella misma sabía qué me decía cuando me soltó:

-De tu pasado, volverá. En tu presente estará, sin estar. Tu futuro… llevará su nombre.

Y ale, todo eso así, de sopetón y sin manual de instrucciones. Por culpa de eso llevo yo todo el año elucubrando a ver si ese futurible fuera a llevar la cara de uno que está más que pasado, aplastado y pisoteado… pero sin rencor, ¿eh? Lo cierto es que, a mil gracias, no he tenido la desdicha de cruzarme con su linda cara en todos estos meses.

-No seas bruta- me reprocha mi querida visionaria particular.- El futuro es más sutil, y cuando menos te lo pienses, ¡ya verás como le pones cara, nombre y lo que le haga falta!

Pues sí que estamos buenas, yo estoy ya en una edad que lo de las sutilezas como que no. ¡A mí lo que me gusta es ver y tocar desde el minuto cero!

-Igual el futuro lo tienes más cerca de lo que te crees, pero como andas empeñada en enredar con el pasado…

Pues yo creo que un poquito de razón sí que va a tener, pero no pienso reconocérselo, que a esta le da el subidón y para el año que viene me echa algún conjuro y me chafa los doce meses siguientes.

Por aburrimiento me he puesto a revisar el 2017 de mi móvil, los whatsAaps, las fotos, los mensajitos y ya, cuando llegaba casi al lado oscuro del fondo de armario del teléfono, me aparece tu jeta. Bueno tu carita, tu sonrisa y tu mensaje de felicitación de las Navidades pasadas. Y de pronto me doy cuenta de que, desde entonces, a ese whatsAap le han seguido unos cuantos más. Y sí, lo reconozco, a los tuyos les correspondieron los míos y así hasta ayer mismo que nos llamamos para nada y para todo al mismo tiempo. Y entonces a mí me vienen a la cabeza las palabras de mi predicción del 2017: “De tu pasado volverá. En tu presente estará, sin estar. Tu futuro llevará su nombre.” Y me echo a temblar. Todo se me remueve y el corazón me va a trompicones. Me queda un mes para terminar el año, un mes para no enredar con el presente y atinar más con el futuro.

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Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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