En mi opinión, las bacterias, microbios y demás microorganismos que atacan nuestros cuerpos no existen. Creo que todo eso no es más que una patraña, una vil invención protagonizada probablemente por los dueños de grandes empresas de productos de limpieza para aumentar sus ventas. Lo digo porque, si esos bichitos existieran, yo no estaría ahora mismo escribiendo esto. Sería un montón de huesos carcomidos por esas bacterias asesinas.
Para entender esto, sólo hay que fijarse en el estado en que normalmente se encuentra la cocina donde vivo. Por desgracia, me ha tocado compartir casa con un hatajo de cerdos, sucios y vagos que prefieren vivir en la más mísera inmundicia antes que perder dos segundos limpiando la bancada (o el mármol, falso en este caso por supuesto, según cada cual lo quiera llamar) de la cocina. El trapito con el que supuestamente se tendría que limpiar esta superficie está siempre en un estado de suciedad penoso, por no hablar del intenso hedor a humedad podrida que despide, pues nunca se dignan a ponerlo a secar. Este trapito pasa su corta existencia dentro del fregadero, junto a restos de comida y agua permanentemente, por lo que uno se puede hacer una idea. Los “secamanos” entonces, viendo el estado del trapito anterior, son usados para limpiar todo tipo de superficies incluido el suelo, y luego los vuelven a dejar por ahí encima como si nada. Al final no hay donde secarse las manos entonces.
Al principio solía limpiar la bancada cada vez que iba a cocinar, pues jamás lograba encontrarla limpia, y por supuesto la volvía a limpiar después de haberla usado. Pero la siguiente vez tenía que hacer lo mismo, puesto que nunca la encontraba limpia al ir yo a cocinar, entonces al final me di cuenta de que la estaba limpiando como 6 veces al día, dejándola limpia detrás de mí y jamás encontrándola limpia al entrar. Así que, sencillamente, dejé de limpiarla. Al principio me preocupé por todo ese tema de las bacterias y microbios, pero me dije que si el hatajo de cerdos no se había muerto aún yo podría sobrevivir. Y de hecho lo estoy haciendo, aún no he cogido ninguna enfermedad ni nada parecido.
También he observado que a estas “personas” les encanta ver cosas por el suelo. La comida que se les cae por lo visto la consideran adornos de suma elegancia, pues nunca se agachan a recoger nada que se les haya caído. Un día igual podría completar mi compra de la semana en el suelo de la cocina. Así que uno anda resbalándose y pisando bultitos continuamente por allí. Quizá creen que es bueno para la circulación…
En el tema de cómo friegan los platos (cuando los friegan) mejor no entro, sólo diré que normalmente me toca fregar antes todo lo que voy a usar, rascando concienzudamente los restos de comida adheridos en ellos.
Y el baño… esto es algo que no se puede explicar con palabras… El lavabo creo recordar que era blanco… Es un milagro que no haya pillado algún hongo u otro tipo de extraña bacteria.
En fin, es lo que tiene de malo tener que compartir casa, porque desde luego al precio que van los apartamentillos de una habitación aquí en Inglaterra uno no se lo puede permitir. Yo, por lo menos, no.

