La Verdad

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Categoría: Gastronomía
El Mursiya Mezzé para Barahonda

 

El restaurante Barahonda, ubicado en las instalaciones de esta bodega de Yecla, ha recibido, en la persona su jefe de cocina, Cristian Palacio, el premio Mursiya Mezzé 2016 que otorga anualmente el Club Murcia Gourmet. El restaurante fue elegido entre todos los que visitaron y valoraron cada mes los miembros de este club como el mejor del año pasado. Cristian Palacio ya había recibido el premio al mejor chef creativo de la Región, concedido por ‘La Verdad’ el pasado diciembre. El segundo lugar en la valoración fue para el restaurante Magoga, en Cartagena y el tercero, para El jardín de Oli. Unas ochenta personas, entre socios e invitados acudieron a la comida en la que tuvo lugar la ceremonia de entrega del premio, que recogió Cristian Palacio, quien aludió a la labor de su equipo “en el intento de aportar todo lo que podamos para que la gastronomía de Murcia y Yecla crezcan”. Por su parte, Antonio Candela, copropietario de las Bodegas Barahonda agradeció la distinción y posteriormente compartió la comida con los miembros del Club Murcia Gourmet, el club privado más influyente de la Región e el sector de la restauración. Previamente, todos los asistentes disfrutaron de una visita guiada por las instalaciones de la bodega, que produce entre 7 y 10 millones de litros de vino al año, con  la variedad Monastrell. Unas instalaciones capaces, por ejemplo, de llenar y cerrar 4.000 botellas a la hora.

Y en la comida, el jefe de cocina galardonado desplegó sus habilidades con un excelente menú del que formaron parte platos como una marmolada de gamba roja de Santa Pola, el ya famoso foie de patito de goma, su conocida ‘caballa sangrienta’, todo un ejemplo de emplatado pictórico, y un lomo alto de buey Angus con cenizas y emulsión de avellanas, entre otros.

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Maridaje, el arte de seducir

 

Pedro Martínez, en un momento del maridaje en el Keki Tapería.

Una ocasión única e irrepetible la que vivieron los miembros de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia; un maridaje didáctico conducido por quien fue campeón de España de Sumilleres y ‘Nariz de oro’, Pedro Martínez; un despliegue de sensibilidad y dominio del arte de seducir a través de la armonía entre la comida y el vino, y una primicia sobre un revolucionario método para objetivar los criterios que deben conducir en cada caso a un perfecto ‘matrimonio’, que, en su momento, será publicado. Para Pedro Martínez, “conseguir un buen maridaje es difícil ya que nos enfrentamos a los hábitos de consumo de los seres humanos y a nuestra falta de objetividad en lo que a gastronomía se refiere; solo nos apoyamos en la satisfacción sensorial sin obedecer a normas establecidas o controlables”.

El encuentro, organizado por la propia Academia, se celebró en el restaurante Keki Tapería y una de las claves del éxito fue la perfecta coordinación y entendimiento en los minuciosos trabajos previos entre el propio Pedro Martínez  y el cocinero Sergio Martínez, que establecieron un impactante diálogo entre sus respectivas competencias. La mayoría de los vinos fueron aportados por Casa Rojo, que cuenta en su catálogo con caldos de diferentes denominaciones de origen nacionales, además de un Lavia+, excelente a sus  diez años y un extraordinario Tokay para terminar. Y empezó el juego de sensaciones. Con un cava Molto Negre, los asistentes se enfrentaron a dos versiones de un mismo producto en sendas cucharitas. Una sepia congelada cocida con aceite normal y sal y un cubito de mango, frente a una sepia fresca cocida al vacío con menta con un aceite  de oliva virgen extra 0,4 y unas tiras de mango. En un principio, la diferencia era evidente. Al final, tras el último trago, abismal. Hubo muchos juegos más de este tipo con vinos como La Marimorena 2015, un rías Baixas delicadísimo, con una coca con caballa marinada y aliño de tamarindo; un Rueda (El Gordo del Circo, 100% verdejo) que adquirió toda su expresión cuando se ‘casó’ con un rollito de pollo al curry rojo; un exultante encuentro entre una Gamus, cerveza artesanal de Jumilla, con toques de jengibre con un taco de cigala en tempura y caldo cítrico; un priorato (Maquinón) en este caso bígamo, que se enfrentó a dos preparaciones, una croqueta cremosa de bellota y un bikini de rabo de toro; y un maridaje objetivo, que asoció a un ribera del Duero (Alexander vs the ham Factory) con un canelón de pato con salsa de mostaza. Y antes de la guinda, el maridaje del territorio. El Lavia+07 con un cocido de chato murciano. Y la guinda. El Tokay, con una cucharita que contenía los sabores esenciales: dulce, ácido, amargo y salado, un diente de sierra de sensaciones, degustado a oscuras que aún permanece en la memoria cuando se escriben estas líneas.

En su ‘Manual del Vino’ Mauricio Wiesenthal asegura: “Saber comer es un exponente de buena educación, saber beber es una manifestación de buen gusto”. Saber combinar ambos conocimientos, decimos nosotros, es una muestra del dominio del arte de seducir. Y en ese terreno, Pedro Martínez hace mucho tiempo que alcanzó la excelencia. Su clase magistral junto con la documentación aportada, sirvió a los académicos para adentrarse de la mano de un guía experto por un mundo de gran complejidad e infinitos matices.

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Elogio del chato

Algunos momentos de la presentación de las II Jornadas Gastronómicas del Chato Murciano en el restaurante Airemar.

Pocas veces nos encontraremos con un producto gastronómico de reciente aparición en los mercados tan capaz de aglutinar en torno a su historial (el camino que va desde su origen genético hasta su configuración final puesto en el plato) tantos aspectos –científicos, productivos, económicos, sociales, identitarios…) como el chato murciano. Para José María Cayuela, Vicedecano de los grados de Nutrición, Tecnología de los Alimentos y Gastronomía de la UCAM, la recuperación  de esta especie autóctona que estaba en vías de extinción y su puesta en valor gastronómico es “un gran proyecto integrador”, ya que pone en contacto cultura, tradición, producción, economía, empresa, investigación, gastronomía y personas. Ángel Poto, investigador del IMIDA y promotor de las Jornadas Gastronómicas del Chato Murciano, cuya II edición se ha presentado en el restaurante Airemar (restaurante y productor y transformador de esta carne y sus derivados) se empeñó, hace años,  apoyado en un amplio equipo de investigadores, en recuperar esta raza porcina. Y lo hicieron a través de programas genéticos de cruces para disminuir la consanguinidad, de la puesta a punto de pruebas de paternidad de los animales para evitar cruces no deseados, y de estudios de calidad de las canales, de la carne y de los productos derivados. Pero también y tan importante, mediante el “fomento de la cabaña ganadera de la raza autóctona Chato Murciano entre los ganaderos interesados en su cría, adoptando sistemas de manejo y de alimentación, específicos para este tipo de animales y adaptando las instalaciones que alberguen a este tipo de ganado porcino, en la consecución de objetivos de Bienestar Animal”, según puede leerse en la memoria de actividades 2005-2006 del IMIDA. Y Ángel Poto se encontró en el camino con un cómplice, Juan Martínez Antolinos, propietario de la antigua venta los Tres Hermanos, en la antigua carretera a San Javier, y hoy del restaurante Airemar, a pie de la moderna autovía. Un gran restaurante con una espectacular carnicería-charcutería dentro, que esconde algunos ‘secretos’. Toda la planta que está bajo los amplios salones de celebraciones está ocupada por unas modernísimas instalaciones de despiece, curado y transformación de productos procedentes de los chatos murcianos que este mismo empresario cría en una granja situada a poca distancia. Una gran inversión que el propio Martínez Antolinos justifica: “Esto no se hace para ganar dinero, sino para tener satisfacción”. Y es que estos pioneros de la cría de esta raza que ha estado a punto de desaparecer, son pocos. Siete productores. Como pocas son las cerdas reproductoras que existen en la Región: poco más de 400. Y eso es lo que debe cambiar. Este es un proyecto en el que están comprometidas muchas personas: productores, restauradores, investigadores del IMIDA, de la UCAM y de la UMU, la Consejería de Agricultura… y al que hay que sumar el compromiso de los consumidores.  Según aumente la demanda de estos productos tanto en tiendas y lineales como sobre los manteles de los restaurantes, se incrementarán las producciones y en consecuencia la población de estos animales.

En el año 86 no existía el queso de Murcia al vino. Un compromiso parecido (también la figura de Ángel Poto estaba en su génesis) lo ha convertido, 30 años después, en un producto de alto valor añadido, con alta carga identitaria y reconocido internacionalmente. Pues bien, ese camino es el que debe recorrer el chato murciano: un gran producto, exclusivamente nuestro, en torno al que se puede articular toda una narrativa con un gran atractivo para consumidores, foodies y gastrónomos internos y clave en iniciativas de gastroturismo.

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Assurbanipal en Cieza

Trasladarse a Cieza para comerse una albóndiga de cordero, nueces y malva en salsa de granada, inspirada en una milenaria receta de Assurbanipal, solo es posible si es la Academia de Gastronomía, y concretamente, uno de sus miembros, Juan Ángel España, quien lo organiza. Lugar, restaurante Tarradelllas, al frente de cuyas cocinas están las mágicas y delicadas manos de su jefa de cocina, María José. Motivo, la celebración de un ágape gastronómico abierto en torno a la floración de los árboles frutales en Cieza, un subyugante fenómeno natural que pinta los campos de impactantes colores rosas, blancos y verdes, una mágica paleta con millones de flores como protagonistas, un vasto lienzo sobre el que la naturaleza y la mano del hombre trabajan al alimón con sus pinceles y que Manuel, el guía de la visita, supo desentrañar para los neófitos visitantes. Y las flores fueron también protagonistas en el ágape, cuya declaración argumental no podía ser otra que “Cocinar con flores”. Pero antes que el estómago, había que alimentar el espíritu. En su docto recorrido, Juan Ángel España viajó por los diferentes hitos de la florifagia (acto de comer flores), una manifestación cultural y gastronómica que, por más que se empeñen algunos snobs malinformados, nada tiene de moderno. Porque desde Homero y su encuentro con los lotófagos, en el capítulo IX de la Odisea,  desde el recetario del romano Apicio, o desde el tratado del boticario griego Dioscórides hasta las recetas con flores de Nostradamus (si, también dedicó su tiempo a la cocina el gran visionario), la revitalización de su uso en la alta cocina con los chefs Michel Bras y Marc Veyrat y su extensión a templos de la vanguardia culinaria como El Bulli o el Celler de Can Roca, su utilización, con altibajos ha sido constante. No podemos olvidar (continúa el pequeño tratado que, a modo de documentación acompañó el ágape) que alimentos que nos son tan habituales como el brócoli, las alcachofas, el azafrán, la coliflor o las tápenas no son sino flores. Y metidos ya en la faena de alimentar el cuerpo, el despliegue culinario fue impactante: además de la albóndiga de Assurbanipal, último gran rey de Asiria (que por cierto, las ofreció en un ‘pequeño’ banquete con  casi ¡70.000 invitados!), flores de pensamiento y tápena sobre bonito y láminas de tomate; flor de calabacín en tempura rellena de queso y anchoas; arroz de alcachofas y coliflor con pétalos de caléndula;  bacalao con crema de almendras, genenciana y pétalos de azahar, crema de peras con pétalos de rosa, melocotón chato ciezano en almíbar con sus flores… Toda una sucesión de impactos sensoriales delicadamente empaquetados con un emplatado pleno de delicadeza y sensibilidad, como correspondía con la condición de las protagonistas de la velada: las flores.

Gracias mil sean dadas a medias a Assurbanipal y a Juan Ángel España.

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El relato gastronómico

La alcaldesa de Bullas, María Dolores Muñoz, Pachi Larrosa y Toñi Fernández, de la Ruta del Vino, en la presentación de Vinarte.

Cocinando con melocotón en Cieza.

Las gastronomías locales-regionales (entendemos por gastronomía mucho más allá que cocina: historia de las sociedades, sistemas de producción, formas de vida, usos y costumbres condicionados por esos sistemas, producción cultural asociada…) conforman una de las expresiones culturales más definitorias de lo que se ha denominado el patrimonio intangible de un territorio. Y el potencial turístico (ahora se diría las posibilidades de oferta experiencial) que ofrecen es contundente… siempre que se sepan segmentar, por un lado y englobar en un relato más amplio, por otro. Y ¿qué es el relato? Pues el conjunto de las diferentes líneas argumentales que contextualizan esas experiencias y les proporcionan coherencia. Estos días asistimos en la Región a una especie de ‘boom’ de microrelatos gastronómico-turísticos que son  un magnífico ejemplo de lo que decimos.  Se está celebrando el  programa  de actos relacionado con el fenómeno de la floración de los frutales en Cieza. Cómo, a partir de un fenómeno natural se articula un paquete de actividades que van desde rutas temáticas (senderismo, rafting, almuerzos campestres…), ofertas comerciales (alojamientos, restaurantes..), menús relacionados con la floración, un concurso de cocina del melocotón,  exposiciones, mercadillos… y un sin fin de actividades más. Bullas, ‘bulle’ este mes en torno al vino. La D.O. presenta sus novedades mientras desde el Museo del Vino se organizan cenas maridaje, visitas guiadas a bodegas y viñedos, talleres de cata, degustaciones acompañadas de conciertos de música en vivo… Y en Murcia se celebra un evento que debería ser el germen de algo mucho más grande, dado que aquí, el ‘relato’ es el de las formas de vida que han configurado la Murcia actual: la Semana de la Huerta. Tres acontecimientos muy directamente asociados con el entorno local y sus gentes, con su historia y con su futuro.ᨸ

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‘Gastromunicación’

Internet en general y las redes sociales en particular han cambiado radicalmente los modos de consumir información. Eso lo saben muy bien –y lo sufren en sus cuentas de resultados– los periódicos tradicionales impresos en papel. Pero, además,  el hecho de que esa información nos llega a través de un soporte (el digital) que, al contrario del analógico (un libro, un periódico), ofrece multitud de estímulos cada segundo, ha provocado también un cambio capital en nuestra manera de leer. En realidad, en una pantalla no leemos, escaneamos. No incorporamos largas cadenas de palabras, sino que registramos impactos visuales que exigen apenas unos segundos de atención. Y de la misma manera que un grupo de comunicación deberá tener en cuenta todas estas cuestiones si quiere seguir contando con el favor de sus lectores, así, los negocios de restauración tendrán que hacerlo si quieren  atraer clientes. Esta es una de las tesis que desarrolló en el Centro de Cualificación Turística la experta en marketing gastronómico Erika Silva, en una jornada más del ciclo ‘Re-evolucionando la Sala’.

Erika Silva

Y deberán tenerlo en cuenta en el diseño de su web o blog, en los mupis o en los carteles, en sus flyers y pizarras e incluso, en sus cartas. La comunicación gastronómica debe ser visual y jerarquizada, según Silva; hay que superar esas largas cartas llenas de letras que echan para atrás. Y al igual que un periódico diseña cada página haciendo que sea un tema (y solo uno) y una fotografía (y solo una) los que ‘manden’, los que pesen’, esa estrategia es la que deben acometer los restaurantes, centrando al futuro cliente en unos pocos aspectos bien definidos. Y tan importante o más: deben pensar en el posible ‘feedback’ que proporcionan las redes. Tienen que lograr que los clientes hagan fotos: de la carta, del restaurante, de los platos… -y para lograrlo todo ello debe ser lo suficientemente atractivo como para ser fotografiado- que luego colgarán en las redes sociales multiplicando los impactos  gratuitamente. En la era digital, más que nunca, cada cliente satisfecho será un publicista del restaurante.

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Sobre el autor Pachi Larrosa
Periodista, crítico gastronómico. Miembro de la Academia de Gastronomía de la Región de Murcia. http://gastronomia.laverdad.es/almirez.html

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Gastrovin se hace mayor
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Gastrovin se hace mayor

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