La mente perruna es así, amigos. Somos en cierta manera sencillos, pero adorables, no me digan que no. Sentarme entre los pies de mis dueños cuando miran el sofá mientras mordisqueo mi pelota es una de las mejores sensaciones del mundo. Por eso les quierooo (como diría el perro de Up). Y cuando nos obsesionamos con algo somos persistentes como nosotros solos (¡ardilla!). Y es algo que me encantaaaa: correr tras la pelota y no pensar en nada más que en alcanzar mi objetivo, que es volver a capturar a esa pelota esquiva que me tira mi dueña.
¡Cómo mola jugar con la pelota!
Lo que más me gustaría es tener un collar como el que sale en la película con el que mis dueños pudieran entender todo lo que les digo. Aunque nuestras expresiones son bastante comprensibles, como cuando rascamos la puerta con la pata o saltamos de alegría al ver la comida. Pensándolo bien, ¡nos entendemos!

