Relatividad General

La Relatividad Especial limita su ámbito a sistemas de referencia no inerciales, es decir, no tiene en cuenta aquellos sistemas sometidos a aceleraciones. Once años después de la publicación de la RE, Einstein completó el desarrollo de la Relatividad, incluyendo estos sistemas de referencia.

Para ello se generalizó el Principio de Relatividad, aseverando que “Todos los sistemas de referencia son equivalentes”, es decir, las leyes físicas son igualmente válidas, independientemente del sistema de referencia utilizado.
Se pueden identificar sistemas de referencia inerciales, tales como una nave espacial acelerando, la superficie de un planeta (donde hay una aceleración debida a la fuerza de la gravedad), o un ascensor (en el que se juntan ambas aceleraciones). Es imposible distinguir desde el interior de un habitáculo si nos encontramos en un campo gravitatorio o sometidos a una aceleración constante, así como es imposible saber si nos encontramos en el vacío, lejos de todo campo gravitatorio o en caída libre sobre un astro.
Una vez establecidos estos principios, para conocer como se comportan el tiempo y el espacio en las proximidades de un campo gravitatorio intenso se puede utilizar el experimento mental del disco rotatorio.
Es un disco que gira a altas revoluciones, de forma que en su circunferencia se alcancen velocidades próximas a la de la luz. Siendo w la velocidad angular y r el radio del disco, la velocidad lineal será v= w·r. La aceleración debida a la fuerza centrífuga será a = v2 / r.
Como explicamos en el artículo referente a la Relatividad Especial, a altas velocidades se produce una contracción del espacio y una dilatación del tiempo. Por analogía, en presencia de un campo gravitatorio, el tiempo se dilata y el espacio se contrae. Esto se ha demostrado para la superficie terrestre, comparando relojes en la superficie del planeta y en naves en órbita (estar en órbita es equivalente a una caída continua, sin llegar a alcanzar en ningún momento la superficie, por eso la gravedad en las naves es cero).
Para campos gravitatorios extremos, como el de un agujero negro, la dilatación temporal haría que, desde un punto de vista externo, nunca se alcanzará el centro del mismo.

Relatividad especial

Únicamente dos principios son necesarios para definir la teoría especial de la relatividad:

1) El principio de relatividad de Galileo que establece que todas las leyes físicas son iguales para sistemas de referencia que se muevan con movimientos uniformes (no acelerados).
2) La constancia de la velocidad de la luz en el vacío. La velocidad de la luz es la misma para todos los sistemas de referencia.
Si se considera que la velocidad de la luz es una ley física, el segundo principio es consecuencia del primero.
Todos podemos comprobar el primer principio, al desplazarnos en un tren o un avión, las leyes físicas son las mismas que estando parados en la estación o el aeropuerto.
Michelson y Morley demostraron que la velocidad de la luz es constante. Para ello confirmaron que la velocidad de la Tierra en su órbita alrededor del Sol (a unos 30 km/s) no afecta a la velocidad de la luz y que esta permanece constante a 299792,458 km/s
Partiendo de estos dos principios se pueden extraer las fórmulas de la dilatación del tiempo y la contracción del espacio y la fórmula de la conversión del masa en energía.
La clave está en el concepto de simultaneidad, al ser la velocidad de la luz una constante finita dos sucesos no pueden ser considerados simultáneos de forma universal, dependiendo del punto de vista del observador pueden ser simultáneos o no, supongamos que en dos puntos de una recta sucede un evento, para un observador fijo equidistante de ambos puntos, los eventos serán simultáneos, para un observador situado más cerca de uno de ellos, el evento de este será anterior al del otro.
Al desaparecer el tiempo como valor absoluto, es necesario redefinir los conceptos de velocidad relativa, así como de espacio ya que estos van a depender del sistema de referencia del observador.
En concreto, suponiendo que dos sistemas de referencia (SR y SR’) se desplacen con una velocidad v el uno respecto del otro, la posición de un cuerpo en SR’ puede ser obtenida respecto a la posición en SR:
x’ = (x – v*t) / raiz( 1 – v2/c2)
El tiempo en el SR’ será diferente del tiempo en SR:
t’ = (t – v*x / c2) / raiz( 1 – v2/c2)
donde c es la velocidad de la luz
para observadores en el mismo punto pero con distinta velocidad relativa, el tiempo es:
t’ = t / raiz( 1 – v2/c2)
Por tanto el tiempo visto desde el SR’ es mayor que el tiempo desde SR, hay una dilatación en el tiempo.
Asimismo la longitud en el sentido del movimiento será:
x’ = x * raiz(1 – v2/c2)
Por tanto la longitud vista desde SR’ es menor que desde SR, hay una contracción en el espacio.
Finalmente, la energía en relatividad viene dada por la siguiente ecuación:
E2 = m2c4 + p2c2
Donde p es el momento (masa * velocidad). Para objetos en reposo, el momento vale cero y por tanto
E2 = m2c4, o lo que es lo mismo
E = mc2.

Documentación del proyecto Apollo

A pesar de lo que se comenta en ciertos foros, sí que existen imágenes de todos los módulos integrados, recientemente fue eliminada la confidencialidad del programa Apollo, toda la información relativa al mismo puede ser accedida de forma pública y gratuita en
http://www.hq.nasa.gov/alsj/main.html
En concreto, la imagen de los tres módulos ensamblados es esta
http://www.hq.nasa.gov/alsj/S66-05120.jpg

Distancias astronómicas

Empezaremos calculando la distancia a la Luna y después al Sol, a partir de ella será relativamente sencillo calcular las distancias a otros planetas, e incluso a otras estrellas.
La base de la argumentación es que no hace falta ninguna ley física para calcular estas distancias, tan solo las reglas trigonométricas elementales. De hecho los antiguos griegos ya conocían la metodología de estos cálculos y únicamente su carencia de cualquier aparato de precisión (como los existentes ya en el S. XV) evitó que dieran los resultados correctos. En concreto, utilizaremos el método desarrollado por Aristarco, pero sirviéndonos de las medidas obtenidas actualmente con la instrumentación disponible.
El primer parámetro necesario es el diámetro de la Luna. Este se obtiene a partir de la sombra de la Tierra sobre la Luna durante un eclipse de Luna.
Se puede ver que la Luna recorre un espacio en la sombra de la Tierra en el cielo igual a 2,7 veces su propio diámetro. Pero este resultado no es válido, ya que la sombra de la Tierra no forma un cilindro sino un cono. De hecho, en un eclipse de Sol, la luna y el Sol tienen el mismo tamaño aparente y la sombra producida es un cono prácticamente con su punta sobre la superficie terrestre. Por tanto consideraremos que la sombra de la Tierra sobre la órbita de la Luna es un diámetro lunar más pequeña por el efecto cono. Como resultado, el diámetro de la Tierra será 3,7 veces el diámetro de la Luna. Como el diámetro de la Tierra es conocido (12740 km), se puede calcular el diámetro de la Luna, el resultado es de 3443 km.
A continuación, sabiendo que el ángulo aparente de la luna es de 0,5º (exactamente 31′ de arco) se obtiene la distancia Tierra-Luna = diámetro_luna / tan(0.5), que es de 381800 km.
Ahora se construye un triángulo rectángulo con base en el segmento Tierra-Luna y su altura el segmento Luna-Sol. Este triángulo se construirá cuando la luna esté en un cuarto (creciente o menguante). Ya tenemos dos elementos del triángulo, lado Tierra-Luna y ángulo de los dos catetos (90º). Para hallar el otro lado, solo hay que saber el ángulo que forman los lados Tierra-Luna con el Tierra-Sol. Con la ayuda de un telescopio sencillo se puede obtener con una altísima precisión este valor, que es de 89º51′.
La distancia Tierra-Sol es igual a la distancia Tierra-Luna dividida por el coseno de este ángulo, es decir, 381800 / cos(89º51′) que es 146 millones de kilómetros, aproximadamente.
laverdad.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.