Google Drive, Dropbox, Cubby. Tus archivos vuelan

Mucho se ha rumoreado en los últimos meses sobre la llegada del servicio de almacenamiento en la nube de Google, un territorio donde hasta ahora Dropbox ha sido el rey. Dropbox lo ha hecho todo bien y eso ha llevado a esta pequeña empresa de la nada al todo. Es un ejemplo más de que la creatividad y el cuidado por los detalles pueden encumbrar en internet a una ‘startup’ valiente. Dropbox ha vivido casi sin adversarios hasta ahora y ha logrado incluso el apoyo económico de alguna que otra celebridad, como el no siempre acertado en sus inversiones cantante de U2, Bono.

Pero la cosa se complica a toda velocidad. Y quizá conscientes de ello, Dropbox acaba de presentar algunas novedades. Entre ellas destaca su nuevo sistema para compartir archivos públicamente que incluye la posibilidad de verlos en ‘streaming’. Eso permitiría ver, por ejemplo, películas que un amigo haya subido al servicio…, o un desconocido… ¿Te suena? Exacto, eso era más o menos lo que ofrecía Megaupload.
Interesante movimiento porque, como decía, los frentes se abren en muchas direcciones. Hace solo unos días la empresa LogMeIn lanzó la versión beta de Cubby, su visión sobre el almacenamiento en la nube y la compartición de archivos en internet. Su gran baza es que ofrece más espacio que Dropbox (5Gb gratis frente a 2) y que permite enviar archivos de un usuario a otro a través del protocolo p2p, es decir, sin pasar por ningún servidor ni almacenarse en ninguna parte, sencillamente de un dispositivo a otro. Buen golpe. La privacidad es posible. Yo ya tengo mi cuenta en Cubby.

Ahora ha llegado el que será seguramente el competidor más duro. Drive, la alternativa de Google. También ofrece 5 Gigabytes. ¿Su punto fuerte? Permite editar documentos de forma colaborativa, ideal para trabajos en grupo y, por supuesto, es de Google, una página que casi todos visitamos varias veces al día. Eso hará que no haya nadie que no se entere de su existencia, una ventaja que no tienen sus rivales.

Yo de momento uso Dropbox y miro con curiosidad Cubby. De Drive esperaba más, alguna característica que marcara la diferencia. Veamos cómo evolucionan. Dropbox empezó a correr antes de que el juez disparara la pistola y aún puede permitirse mirar atrás y calcular los esfuerzos que le van a ser necesarios para ganar la carrera.

¿Y tú? ¿Con cuál te quedas?

- Dropbox
- Cubby
- Google Drive

Los japoneses no miran, sospechan

La función de autocompletado de Google es como una de esas pelotas de goma que botas y nunca sabes hacia dónde va a salir disparada. El funcionamiento es automático y como todo lo automático tiene sus peligros. Desde hace un tiempo, cuando escribes cualquier cosa en la barra de búsqueda de Google comienzan a aparecer de forma instantánea sugerencias para completar la frase. La idea es ahorrar tiempo al usuario, hacer más rápidas las búsquedas.

Pongamos un ejemplo. Con tan solo escribir una ‘p’, Google, raudo y veloz, te sugiere que lo que deseas buscar es ‘películas yonkis’. Para ofrecer esta ‘ayuda’, el buscador emplea una mezcla de algoritmos y datos almacenados de los usuarios para predecir los términos deseados. Esto, claro, es la teoría. En la práctica la cosa no es tan sencilla.

Un tribunal japonés ha solicitado recientemente a Google la retirada de algunos términos del servicio de autocompletado tras la denuncia de un usuario que aseguraba que, al escribir su nombre, éste aparece relacionado con delitos que no ha cometido. Desde Google aseguran estar “revisando esta petición”.

Por el momento este hombre tendrá que seguir soportando que al escribir su nombre Google sugiera resultados relacionados con delitos.

Tengo una amiga que siempre ha considerado de lo más divertido esto del autocompletado. Solía retarla a que encontrara casos cómicos, y ella siempre respondía superando con creces mis espectativas. Me envía capturas de pantalla cada vez que encuentra uno. Revisando algunas de ellas, puedo entender que Japón haya sido el primer país en pedir modificaciones en el servicio. Os invito a hacer la prueba. Escribid “los japoneses” en el campo de búsqueda. Google hará el resto. ¿Algoritmos y estadísticas? La compañía explica que los resultados de Autocompletado “se producen por múltiples factores como la popularidad de los términos que se buscan” y especifica que  “Google no determina esos términos de manera manual” así como que “todas las palabras que aparecen han sido escritas por los usuarios en el buscador previamente”.
Si es así, el sentido del humor de algunos está jugándole malas pasadas.  Ahora haced lo mismo escribiendo “qué probabilidades”. Estoy seguro de que el resultado os va a sorprender.

Actualización: He añadido al texto la versión oficial y algunas explicaciones adicionales de Google sobre cómo actúa el servicio después de que el departamento de prensa en España del buscador se pusiera en contacto conmigo para aclarar la postura de la compañía.

¿Qué supone el cierre de Megaupload?

Con Megaupload cerrado, Twitter parecía ayer un avispero regado con Red-bull. El cierre llega en un momento en el que muchos en Internet enarbolan la bandera de la libertad de expresión contra la temida ley SOPA estadounidense, que pretende preservar los derechos de autor sin importar el coste, y que tiene enemigos tan poderosos como Google, Facebook o Wikipedia.

La excursión del FBI a Nueva Zelanda para terminar con Megaupload sienta un precedente de hondos surcos para el futuro de algunos servicios de Internet. En concreto para las futuras ubicaciones de los servidores de estos servicios.

No hay que engañarse. Si uno bucea un poco en la biografía de Kim ‘Dotcom’ Schmitz, el creador de Megaupload, entenderá que sus preocupaciones andaban bastante lejos de la lucha por la libertad de expresión.

El ruido que ha generado el cierre de Megaupload responde a la popularidad que había alcanzado el servicio. Queda patente al comprobar que ocupaba el puesto 70 de las páginas más visitadas del mundo, según Alexa. Y eso en un ranking en el que Google ocupa un lugar por cada país en el que tiene un domino personalizado para su buscador.

Sin embargo, el cierre de Megaupload no puede tener una repercusión duradera en la forma en que la gente descarga contenidos. Daré diez motivos pero podría dar veinte: Fileserve, MediaFire, RapidShare, Filesonic, Uploaded, Gigasize, FileJungle, i-Filez, Hotfile y Depositfile.

Internet está llena de páginas web que ofrecen lo mismo.

La verdadera injusticia que se comete con el cierre es el perjuicio que sufren los usuarios que utilizaban el espacio ‘online’ de Megaupload  para fines absolutamente legítimos, como guardar copias de seguridad de documentos o almacenar cualquier archivo sin derechos de autor.  Conozco varios casos, algunos murcianos, de artistas que repartían su obra a través de Megaupload de forma gratuita y que de la noche a la mañana tienen que buscar otra alternativa.

Fuera de eso, el cierre de Megaupload no supondrá más que una incómoda mudanza. Una mudanza de masas.

Lo táctil no es una moda

Desde 2007 lo he visto una y otra vez. Cuando alguien pasa unas semanas con un teléfono con pantalla táctil, una tableta o cualquier otro dispositivo cuya interfaz se maneje con los dedos, algo cambia para siempre. He visto a gente clavar su índice sobre la pantalla no táctil de una Blackberry (un minuto de silencio), de un Nokia, e incluso de un Alcatel…

Algo hay en la tecnología táctil que conecta poderosamente con nuestro cerebro.

Podemos entender una interfaz basada en referencias, podemos interiorizar el extraño hecho de que, al pulsar un botón, algo se mueva cinco centímetros más arriba. Sin embargo, no hace falta explicarle nada a nuestro cerebro cuando la relación con el objeto es directa. Ya sabe que si empujas algo debe moverse. No requiere aprendizaje. Es el gran triunfo de lo táctil, lo que ha hecho que se popularice esta tecnología pese a algunas de sus desventajas. ¿Alguien ha dicho escribir un mensaje sin mirar? No, eso ya no.

Youtube está plagada de niños jugando con estos dispositivos con total naturalidad. La fascinación que sienten es similar a la de los adultos. Pueden dar un iPad a un anciano. Pronto habrá aprendido a usarlo. No lo intenten con su teléfono móvil de finales de los noventa.

Todos hemos crecido en el universo de la referencia. Ponemos laverdadtv pulsando un número en un extraño mando lleno de números, movemos un puntero en la pantalla de enfrente a través de un pequeño dispositivo al que llamamos ratón, entramos a carpetas, ejecutamos archivos. Adaptarse a la simplicidad del nuevo mundo no nos es complicado. ¿Pero qué hubiera pasado si desde el primer momento hubiéramos crecido en un entorno táctil? ¿Cómo reaccionaríamos ante otras situaciones? En ese sentido el vídeo que adjunto resulta especialmente gracioso.

No es una moda. Lo táctil ha triunfado porque lo hemos entendido sin pensarlo.

Ver vídeo

D.E.P. Steve

Conectó lo puntos. Lo hizo de una manera extraordinaria.

D.E.P. Steve

‘Google +’ hace mejor a Facebook

Pocas cosas han cambiado en Facebook en los últimos años: leves modificaciones estéticas, nueva presentación de perfil, nuevo visor para las fotos… Cada uno de estos pequeños cambios en la interfaz de la red social más popular del mundo ha sido recibido por los usuarios de idéntica manera: con protestas.

Es comprensible. Quien usa Facebook, lo hace de manera continuada, y esto genera rutinas. Es como si al ir a salir de casa alguien te hubiera cambiado el pomo de sitio. Andas perdido la primera semana, luego empiezas a abrir con la otra mano.

La rutina genera comodidad, y si a algo debe prestar atención una red social es a la comodidad del usuario. Quizás por eso cambie Facebook tan sutilmente, de una forma casi imperceptible.

El lanzamiento de ‘Google +’, la réplica del gigante de las búsquedas a Facebook, ha resultado más beneficioso que perjudicial para la criatura de Mark Zuckerberg. Facebook se ha visto obligado a dar pasos de importancia allá dónde ‘Google +’ es claramente mejor.

El primer cambio llegó al chat y los mensajes con modificaciones estéticas y de funcionamiento. Se agruparon en hilos tanto las conversaciones en tiempo real como los mensajes enviados a una persona para que los lea cuando vuelva a conectarse y se cambió la ubicación. Los cambios llegaron solo una semana después del nacimiento de ‘Google +’. A esto se sumó el anuncio de un acuerdo con Skype para dotar a Facebook de videochat. Todos estos movimientos apresurados pretendían ensombrecer algunas de las virtudes del nuevo rival.

El otro punto fuerte que destacó en el la llegada de ‘Google +’ fue el control sobre la privacidad. La interfaz ‘Circles’ hace fácil la gestión de quién ve cada una de las cosas que publicas. Un aspecto en el que Facebook siempre ha sido un desastre.

La semana pasada Facebook hacía pública su respuesta. Las novedades no van mal encaminadas: Etiquetas, ubicación y control de la privacidad para las publicaciones desde el mismo lugar en el que se escribe el mensaje.

Ahora es más sencillo etiquetar a una persona en una publicación de forma que reciba un aviso de que ha sido nombrada, una implementación de clara inspiración tuitera; o añadir el lugar en el que te encuentras a la hora de publicar; pero sobre todo, ahora es posible elegir fácilmente quién va a poder acceder a lo que publicas. Justo bajo el ya clásico campo «¿Qué estás pensando?», se ha incluido un menú desplegable con el que marcar si quieres que lo que añadas lo vean tus ‘Amigos’, todo el mundo, un grupo previamente configurado de gente o determinadas personas. Un paso importante en un Facebook poco dado a las concesiones en materia de privacidad, y sin embargo, aún insuficiente. Han de venir más cambios en este apartado si quiere Facebook ponerse a la altura de un rival, que sin haber tenido éxito, sí parece haber metido miedo.

Vuelos cruzados

Spotify sale de Europa para probar suerte en Estados Unidos mientras Netflix inicia los trámites para desembarcar en España

Dos servicios de éxito en internet han decidido casi al mismo tiempo cruzar sus trayectorias en el Atlántico para probar suerte en nuevos territorios. Por un lado Netflix, el servicio de visualización de series y películas online que ha cambiado la forma de entender la distribución de productos audiovisuales en Estados Unidos, se ha puesto en contacto con los productores españoles para alcanzar un acuerdo que le permita desembarcar en España en enero; por otro, Spotify, de filosofía muy similar pero aplicada en este caso al negocio de la música, ha iniciado su incursión en Estados Unidos después lograr más de 10 millones de usuarios en Europa y ya permite acceder mediante invitación a la descarga de su reproductor.

La fórmula que da vida a ambas plataformas, la reproducción online de grandes catálogos mediante suscripción, parece funcionar. Netflix ya cuenta con más de 26 millones de usuarios en Estados Unidos, y no para de crecer. El producto es sencillo. Por 7,99 dólares al mes, la plataforma ofrece acceso a un extenso catálogo de películas a través de internet con un inicio de reproducción casi instantáneo y buena calidad de imagen y sonido. El usuario decide qué quiere, cuándo y cuántas veces.

El modelo de Spotify es más conocido. En España se ha hecho popular a gran velocidad, fundamentalmente porque su oferta, llevada al mundo de la música, ofrecía lo mismo que Netflix pero gratis. A cambio había que escuchar un par de anuncios entre canciones. Era difícil que no lograra usuarios.

Ahora las cosas han cambiado un poco. La cuenta gratuita de Spotify se ha llenado de limitaciones cuando su éxito se ha construido precisamente sobre la ausencia de las mismas, y el servicio se encuentra en ese momento clave en el que puede serlo todo o nada. Los verdaderos amantes del producto pagarán, como hacen los estadounidenses con Netflix, por tener acceso ilimitado sin anuncios a todas las canciones. Así lo esperan en la compañía, aunque la incógnita va a sobrevolarles un tiempo más.

En Estados Unidos, Spotify se enfrenta a competidores fuertemente asentados en la venta de música en formato digital, como lo son iTunes y Amazon MP3. Netflix, sin embargo, llega a un mercado atomizado, sin grandes dominadores, que espera desde hace tiempo el nacimiento de un buen servicio que permita disfrutar de series y películas bajo demanda.

El pago de una cuota mensual de menos de diez euros por un producto que traspase los absurdos -e incomprensibles para el usuario- límites de catálogo, generalmente por falta de acuerdo entre productoras, parece un peaje razonable, sobre todo si se tiene en cuenta que los contenidos de Netflix pueden reproducirse por igual en el televisor de casa que en el ‘smartphone’.

Sorprende que, con el éxito de Netflix a la vista de todos, no se hayan apresurado en Europa a emular el servicio, que no hayan llegado a un acuerdo entre todos los productores audiovisuales para explotar sus obras de forma conjunta en internet. Su lentitud de reacción da alas a las aspiraciones de expansión de Netflix. Al menos ellos parecen saber lo que hay que hacer.

La obsesión de Google

Como un arquero con las manos frías, Google va acercándose lentamente a la diana. Su intención es crear una red social de éxito. Es una obsesión no disimulada. El número uno de las búsquedas quiere el trono de Facebook. Podría decirse que Google+ (léase plus) es la primera flecha lanzada que no va fuera.

La red social recién presentada ha logrado despertar el interés de los usuarios como ningún otro acercamiento de Google al internet social, y ha sido así gracias a un concepto más maduro y mejor diseñado que los anteriores. La forma de introducirlo también ha sido mejor que en otras ocasiones. El intento anterior, de nombre Buzz, llegó como un elefante a una cristalería. Google decidió incrustarlo en el servicio de correo Gmail con la idea de que su presencia, forzada, fomentara su uso. La realidad fue más cruel. La imposición generó tal rechazo que Buzz se convirtió en un cadáver tecnológico casi sin haber terminado de arrancar. Nadie lloró.

Google+ aterriza de forma más amable. Para acceder a la nueva red social es necesario recibir una invitación, al menos durante este periodo inicial de pruebas. Esto ha hecho que en los últimos días las peticiones de invitaciones se hayan disparado, lo que supone un buen montón de marketing gratuito para Google.

Pero no es solo la escasez de invitaciones el motivo por el que Google+ ha atraído las miradas. También algunas ideas interesantes aplicadas al concepto popularizado por Facebook.

Uno de los aciertos, por lo funcional y por lo estético, es la forma en la que se comparten los contenidos con otros usuarios. Cuando publicas un comentario, una foto, un enlace o lo que quieras, debes arrastrarlo hasta un círculo que conforman las personas que hayas elegido. Así, puedes tener los círculos ‘Amigos’, ‘Familia’, ‘Trabajo’, etc, y gestionar de forma sencilla lo que compartes y quién puede verlo. Facebook incluyó hace tiempo algo similar con ‘Grupos’, pero la implementación de Google se antoja bastante mejor porque te obliga a pensar a quién va destinada cada cosa, mientras que en Facebook es más sencillo caer en la inercia de publicar todo para todos tus contactos.

Otra característica llamativa es la inclusión de las ‘quedadas’, que ofrece la posibilidad de marcar el estado como disponible para iniciar un videochat individual o grupal con cualquier contacto que lo desee. La idea es que esperes a ver quién pasa por ahí. No parece que vaya a suponer revolución alguna. Por lo demás, fotografías que se suben automáticamente desde dispositivos Android para elegir a posteriori si se comparten con algún círculo, chat grupal a la manera de WhatsApp con integración en los dispositivos móviles y poco más. ¿Suficiente? Las cartas parecen buenas, aunque es difícil ganar cuando te sientas a jugar con la partida empezada.

La próxima gran tecnología

Es probable que no lo sepas, pero la industria ya ha decidido cuál es la próxima gran tecnología que llevarás en el bolsillo. Su nombre es NFC: Near Field Comunication, o lo que es lo mismo, campo de comunicación de cercanía. Sirve para saber cuándo una cosa está cerca de otra y abrir la transferencia de datos entre ambas. Parece sencillo, pero hasta ahora algo así no ha sido tan fácil. NFC provee además a cada dispositivo de una identidad única. Esto permite aplicaciones diversas, entre ellas el funcionamiento como método de identificación, que a su vez, permite el pago por medios virtuales de forma segura.

Pero pongámonos en situación, porque dicho así, la cosa parece mucho más difícil de lo que realmente es. Un ejemplo práctico de cómo la tecnología NFC va a llegar a nuestras vidas sería el uso del teléfono móvil como método de pago.

La incorporación de un chip NFC en el terminal y otro en en la máquina de cobro posibilitará que, tras haber introducido los datos de tu tarjeta de crédito en el teléfono y haber dado la autorización para ello, el pago de un servicio tenga lugar con sólo un movimiento: el de acercar el móvil. Por supuesto, antes tienes que haber introducido una contraseña, por lo que serán necesarios dos requisitos para que el pago tenga lugar, la presencia del dispositivo y el conocimiento de la clave.
Este tipo de pagos será posible tanto para grandes cifras como para las más pequeñas. Igual dará si acercas el móvil para pagar una televisión de plasma o un bote de refresco en una máquina, si lo haces para contratar un servicio de ADSL a través de internet o para pagar dos entradas de cine.

Puede parecer ciencia ficción, pero lo cierto es que ya está en los planes de todos los fabricantes introducir estos chips en sus dispositivos a corto plazo. La próxima generación de ‘smartphones’ de gama alta contará con ello. Una de las pocas dudas que queda por despejar es si -como dicen los rumores- en el caso de Apple se incluirá en el iPhone 5 o si quedará pospuesto un año más hasta la llegada del iPhone 6.

El mes pasado Google presentó Google Wallet, un software que convierte los Android dotados con chips NFC en auténticos monederos electrónicos. Para ello se asoció con algunas de las principales tiendas estadounidenses, con Citibank y con el emisor de tarjetas de crédito Mastercard en un gran acuerdo para impulsar el pago virtual.

Y es que el escollo que debe salvar NFC para convertirse en un estándar de pago a medio plazo es la adopción masiva en comercios y máquinas expendedoras de los detectores necesarios para el cobro. Una inversión que los encargados de sufragarlo tendrán que ver rentable antes de dar el sí.

Verano sin desconectar

Con el verano llegan los viajes y las estancias fuera de casa. Hace unos años, con los ordenadores de sobremesa y una ausencia total de ofertas para la conexión en movilidad, la renuncia a internet era un paso de obligado cumplimiento, como hacer la maleta.

Para el verano de 2011 las opciones para quienes no desean abandonar su vida digital son muchas y muy variadas, y quien desconecta es porque quiere. Repasaremos algunas de ellas.

En caso de disponer ya de un ordenador portátil, ésta es la opción número uno. Si no, tal vez sea el momento de adquirir uno. Han proliferado este año modelos ultraligeros como el Macbook Air o el Asus Eee PC S101, mientras que los de formato habitual han ganado en potencia hasta ponerlos a la altura de muchos sobremesa. Solucionado esto, empieza entonces la búsqueda de una tarifa de conexión a internet mediante la red 3G de las operadoras de telefonía móvil. Un simple lápiz USB puede convertir cualquier lugar en un sitio ideal para disfrutar de la navegación web o seguir compartiendo experiencias en las redes sociales. Estas tarifas pueden ser prepago, opción aconsejada si se trata de un uso esporádico.

La segunda alternativa es el ‘smartphone’. Las subvenciones de las operadoras y la variedad de modelos y marcas la convierten en una de las alternativas más baratas y sencillas de adquirir si no se dispone de ordenador portátil, ya sea por canjeo de puntos en la operadora de turno o a través de las numerosas ofertas de portabilidad presentes en estas fechas. La opción de hacerse con uno de estos terminales a coste cero y con conexión permanente a internet, resulta de lo más atractivo. Además, en la mayor parte de los casos resulta fácil compartir su conexión a internet por 3G mediante la creación de una red WiFi a la que poder conectar otros dispositivos. Sus contras saltan a la vista: el tamaño de las pantallas limitan la experiencia del usuario y pueden convertir algunas tareas en un suplicio, como escribir un email demasiado largo. Con un ‘smartphone’ se puede hacer casi todo, aunque su posición es más la de compañero de un equipo principal que la de sustituto de este.

Llegamos así a la tercera opción: el netbook. Una solución de bajo coste y muy completa. Sus características son limitadas. Dispone por definición de poca potencia y poca memoria, pero constituye una buena alternativa a la opción de viajar con nuestro ordenador principal a cuestas. Se trata de un equipo barato que puedes llevar a cualquier parte sin el riesgo de perder información valiosa. Tienen pantallas que rondan las diez pulgadas, teclado integrado y funcionan con Windows o adaptaciones de Linux. Su precio se mueve entre los doscientos y los cuatrocientos euros.

Tablet kills de netbook star

En el mismo rango de funcionalidad, aunque con una sencillez y experiencia de uso superiores se encuentra la estrella del año: la tableta. Eso sí, la adquisición de uno de estos dispositivos de moda exige el pago de un precio acorde a esta mejora. Es difícil encontrar alguna opción que cueste menos de quinientos euros.

Las tabletas nacidas a imagen y semejanza del iPad, inexistentes el año pasado, pueblan ya los estantes de las tiendas de tecnología y grandes superficies. La oferta se ha diversificado y estos dispositivos, no sin ciertos accesorios (casi obligatoria la adquisición de un teclado bluetooth), llegan para ocupar el lugar del netbook. Conexión rápida a internet, batería de larga duración, peso contenido y una buena pantalla son los ingredientes de su éxito. La facilidad de uso las distancia del netbook, afectado en casi todos los modelos por un tamaño excesivamente pequeño del trackpad.

Los más atrevidos pueden plantearse la adquisición de un producto recién llegado y de futuro incierto: el ‘chromebook’, una arriesgada apuesta de Google que promete acceso a internet en formato de portátil a precio de netbook y con la ausencia de configuración y mantenimiento de la tableta. Para conseguirlo Google ha desarrollado un sistema llamado Chromium que es, básicamente, un navegador. El chromebook nace para trabajar directamente en la nube y sustituye las aplicaciones como el procesador de textos, el programa de email o el almacenamiento de fotos por servicios online del gigante de las búsquedas como Google Docs, Gmail o Picassa.

No hay por tanto gestor de archivos ni posibilidad de virus ni de perder información alguna. Al arrancar el chromebook el sistema solicita al usuario su cuenta y contraseña. Con eso accede a toda su información en la nube. En caso de extravío del terminal bastará sustituirlo por otro para volver a la normalidad. Al ingresar usuario y contraseña, dispondremos de todo lo que teníamos tal y como estaba, puesto que en el chromebook perdido no había nada almacenado. El primer modelo chormebook iba a llegar a España en el 15 de junio de la mano de Movistar, aunque parece que algunas desavenencias en las negociaciones entre Google y la operadora han retrasado su lanzamiento. A la espera de una fecha, la operadora dispone en su web de un sitio dedicado a los chromebooks (www.movistar.es/chromebook) donde se puede encontrar más información sobre su funcionamiento.

La dependencia de la conexión a internet de los chromebook es a la vez su virtud y su mayor defecto, ya que en zonas con mala cobertura su uso puede convertirse en una verdadera incomodidad. Su precio será de 399 euros para la versión sólo WiFi y de 499 para el modelo WiFi + 3G, opción no ya recomendada sino casi obligatoria dada su naturaleza.
Por lo demás, los chromebook garantizan teclado completo, un trackpad en condiciones y una velocidad de uso sobresaliente con un arranque que no lleva más de ocho segundos y un paso del reposo a activo instantáneo.

Este verano, si desconectas, que sea porque quieres.

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