La Verdad

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La criptografía: veneno y antídoto
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Juan José Ríos | 31-05-2017 | 18:19

Marcus Hutchins, un joven autodidacta de 22 años, es el héroe que consiguió parar el reciente ataque del virus informático Wannacry, casi de forma accidental, como él mismo reconoce.

Analizando una muestra del programa malicioso (malware) se dio cuenta de que una línea de código apuntaba a un dominio de Internet que no estaba registrado.

Por sólo 10€, Marcus lo registró y ahí se acabó todo… de momento. El Gobierno británico lo ha contratado pero él teme posibles represalias de los hackers a los que ha reventado un lucrativo negocio.

Este tipo de extorsión informática, que es muy atractiva, rentable y sin riesgo para los cibercriminales,  es conocida como ransomware.

Consiste en acceder y encriptar la información de los ordenadores o dispositivos previamente infectados a través del correo electrónico para solicitar después un rescate (ransom), normalmente en bitcoins, por su liberación.

El virulento ataque de la ciberdelincuencia que se desplegó el pasado 12 de mayo afectó a 166 países. España fue uno de los primeros en sufrir los efectos del Wannacry, ocupando el puesto 18 a nivel mundial en cuanto al alcance de los mismos.

 

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El Instituto Nacional de Ciberseguridad de España (INCIBE),  es la entidad de referencia para el desarrollo de la ciberseguridad como motor de transformación social y de la confianza digital de los ciudadanos, la red académica y de investigación española (RedIRIS) y las empresas.

El INCIBE ha elaborado un documento muy práctico: Ransomware: una guía de aproximación para el empresario  en el que recomienda a las empresas e instituciones afectadas NO pagar en ningún caso el rescate solicitado.

Con respecto a este último y crucial apartado, no nos cansaremos de reiterar el mensaje de que los datos son oro, y como tal hay que protegerlos, como recogíamos en este blog hace ahora 2 años.

El cibercrimen tiene un impacto económico mundial estimado en 500 billones de dólares anuales, superior al que genera el tráfico de drogas y armas.

A tenor de estas cifras tan desorbitadas, sin obviar el mayor umbral de impunidad para el delito que ofrece Internet respecto al mundo físico, cabe presumir que los ataques de ransomware aumentarán de forma exponencial en los próximos tiempos.

Aparte de las connotaciones económicas, dado que el malware puede afectar a infraestructuras críticas de los países, puede ser utilizado también con fines terroristas y acabar costando vidas humanas.

El imparable aumento de dispositivos interconectados, los avances criptográficos y los sistemas de pago anónimos transnacionales son razones que potencian esta amenaza que supone la ciberdelincuencia.

Sin embargo, la misma tecnología que está en la base del desarrollo de Internet (descentralización de la información) y de las criptomonedas, como el bitcoin, que facilitan el cibercrimen, puede ser su antídoto, el arma más poderosa para luchar contra él.

Y no sólo eso, también puede propiciar un cambio de paradigma que potencie de forma sustancial el comercio electrónico, la reducción de la burocracia, el aumento de la transparencia de los gobiernos y la disminución de costes de las transacciones electrónicas.

Se trata del blockchain, una de las tecnologías actuales con mayor poder disruptivo en los negocios y en una gran variedad de servicios basados en la confianza de las transacciones telemáticas.

Esta tecnología blockchain (cadena de bloques) se basa en un sistema de bases de datos distribuidas que garantizan unos elevados niveles de seguridad y de privacidad por mor de sus potentes algoritmos criptográficos.

La Internet actual tiene dificultades para asegurar la identidad de los participantes en una transacción telemática y la integridad de los documentos y activos, sobre todo el dinero, que se manejan en la misma. Esta falta de confianza supone un freno a la actividad económica on line. 

Con Blockchain se crea una especie de gran registro mundial, inmutable y permanente, que va a modificar sustancialmente muchos procesos y servicios que en la actualidad requieren la participación de intermediarios en los que confiamos, como los que prestan los bancos, las administraciones públicas, las notarías, las aseguradoras e incluso los medios de comunicación.

Algunas aplicaciones prácticas de esta incipiente tecnología pueden ser: enviar dinero a cualquier lugar del mundo en tiempo real y a coste casi cero, pagar por el seguro del coche según las horas que se conduce, gestionar nuestra propia historia clínica, pagar los impuestos directamente, votar, la venta on line sin comisiones, la industria del juego, la distribución musical, el periodismo, la certificación de documentos,

Aparte de un antídoto contra el cibercrimen, blockchain aporta una capa de seguridad y de confianza que potencia de forma extraordinaria las aplicaciones, ya de por sí, con gran poder transformador,  de la Inteligencia Artificial, la Internet de las cosas, el Big Data, la impresión 3D, el coche autónomo, los drones o la biotecnología.

Se avecinan cambios radicales que van a afectar  drásticamente a empresas,  Administraciones públicas, entidades financieras y a la sociedad en general. Época interesante la que nos ha tocado vivir, sin duda.

 

Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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