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¿Superará la biotecnología al turismo?
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Juan José Ríos | 25-07-2017 | 09:20

Cristina, la hija de unos íntimos amigos acaba de superar con éxito una delicada intervención quirúrgica.

Una arriesgada circunstancia, con final feliz, que he seguido con la lógica preocupación, y que ha acentuado mi especial interés por la biotecnología aplicada al ámbito de la salud.
Este caso ha sido ampliamente recogido por los medios de comunicación por lo que no abundaré en los pormenores médicos del mismo.
Simplemente remarcar que se ha tratado de una intervención pionera en España, ya que sólo 6 pacientes, de otros países, habían recibido antes esta válvula cardíaca de origen biológico que le ha implantado a Cristina el doctor murciano Sergio Cánovas, Jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Virgen de la Arrixaca.
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La juventud, las ganas de vivir,  la fortaleza física y mental de la paciente y el apoyo de su familia han sido factores importantes que han contribuido al éxito de la operación, pero los avances científicos y la pericia de un cirujano innovador como el Dr. Cánovas han resultado, sin duda, elementos decisivos.
Una de las definiciones de innovación menos académicas pero más coloquiales y contundentes que conozco  es que innovar es generar y aplicar buenas ideas que funcionan.
Ideas que generan las personas, fruto de su creatividad y de su conocimiento, también de su perseverancia; que funcionan, es decir, que aportan valor, no necesariamente económico, y como tales son reconocidas por el mercado o por la sociedad. O por ambos.
Y qué mayor valor puede aportar una innovación que salvar vidas, prevenir enfermedades o corregir posibles defectos congénitos, como en el caso de Cristina o en el de las investigaciones dirigidas por el catedrático de la UCAM, Juan Carlos Izpisúa.
Como es bien sabido, en el campo de la salud, la irrupción de nuevos fármacos o la fabricación de innovadoras prótesis asociadas a técnicas avanzadas de implantación, suelen ser el fruto de procesos largos y complejos que requieren una labor intensa de investigadores y de equipos multidisciplinares, aparte de cuantiosas inversiones.
Los laboratorios Edwards, fabricantes de la válvula que ha recibido Cristina comenzaron su andadura en 1958, cuando su fundador, Miles Edwards, un ingeniero de 60 años concibió la idea de fabricar un corazón artificial.
Actualmente esta innovadora compañía está presente en 100 países,  tiene  8500 empleados y ha posibilitado el tratamiento de más de dos millones de pacientes en todo el mundo.
Ya se están produciendo grandes avances en la fabricación de órganos de la mano de la impresión 3D, como el prototipo de corazón de silicona que se acaba de anunciar desde el centro ETH de Zürich, la reconocida Escuela Politécnica Federal a la que asistió Einstein.
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La biotecnología implica a distintas áreas de conocimiento, como la ingeniería,  medicina, veterinaria, física,  química o biología molecular,  y consiste en la utilización o manipulación de organismos vivos, o de compuestos derivados de ellos, para la obtención de productos de valor para los seres humanos.
 La tecnología aplicada a los procesos biológicos incide en campos tan diversos como la medicina,  la farmacia, la medicina, la ciencia de los alimentos, el tratamiento de todo tipo de residuos y la agricultura.

El sector biotech tiene un presente cierto pero un indudable futuro. Un hecho quizá poco conocido es que, con el 10% del PIB en 2015, ya ha igualado las cifras del turismo en nuestro país, alcanzando niveles de facturación que superan los 100.000 millones de euros y empleando a casi 180.000 personas de alta cualificación.
Una buena noticia, sin duda, sin desmerecer a una fuente de ingresos, tradicional y  muy importante para nuestro país, pero menos intensiva en conocimiento.
 Precisamente mañana, 26 de julio,  ASEBIO, la asociación española de bioempresas  publica su informe anual. Lo comentaremos.
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Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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