La Verdad
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Autor: Juan José Ríos
Internet de todas las cosas
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Juan José Ríos | 27-10-2015 | 8:28| 0

“Internet es el tejido de nuestras vidas” (Manuel Castells)

Océano de datos

Hasta ahora, la gran mayoría de los contenidos de Internet han sido generados por las personas en forma de textos, vídeos, fotos o aplicaciones.  Sin embargo, dado el imparable desarrollo del Internet de las cosas que se vislumbra, dentro de poco lo extraño será encontrar algún objeto o máquina de cualquier tipo que no vierta datos a la red.

En efecto, de aquí a 5 años se prevé que el número de dispositivos conectados a Internet  crecerá al impresionante ritmo de 1 millón de equipos sensorizados por hora, generando un volumen de negocio de más de 2.5 millones de dólares por minuto, a partir de 2016. También se estima que en la próxima década se van a necesitar más de 2 millones de expertos en Internet de las cosas.

 


Nuestro futuro inminente se va a desenvolver, pues, en un océano de datos interconectados, generando billones de nuevas relaciones  entre las que habrá que bucear para extraer aquéllas que aporten más valor para mejorar nuestra calidad de vida, para transformar los servicios públicos, para hacer más sostenibles y eficientes nuestras ciudades (Smart cities)  y para fomentar el  crecimiento económico.

Big Data

Los datos son intrínsecamente mudos. Hay que saber qué hacer con ellos,  cómo aprovechar el potencial de esos enormes conjuntos de datos, abordando los aspectos  técnicos relativos al almacenamiento, al  tratamiento y a la seguridad de los mismos, así como a la visualización de la información para que sea fácilmente entendible por las personas que deben decidir. De esto trata, en esencia, el Big Data.

El problema es que el hombre  tiene una capacidad limitada de analizar, de interpretar y de tomar decisiones inmediatas cuando las interrelaciones a tratar son continuas, numerosas y complejas. Si no hubiera automatizado sus procesos, ¿cuántos empleados debería tener Amazon  analizando en tiempo real los datos de las compras de millones de usuarios para desencadenar manualmente acciones de publicitarias o de fidelización de clientes?

Si esto está ocurriendo ya, con los datos generados fundamentalmente por las interacciones humanas, ¿qué dificultades cabe esperar de la eclosión del Internet de casi todas las cosas  y la vorágine de datos que van a generar continuamente las máquinas?

Los algoritmos

Básicamente, un algoritmo es un procedimiento para resolver un problema, del tipo que sea. Dado su origen matemático,  desde la más tierna infancia estamos usando, sin saberlo,  algoritmos cuantitativos, para multiplicar, dividir o para hacer raíces cuadradas. Pero todo el mundo, a diario,  aplica algoritmos cualitativos cuando hace algo tan prosaico y tan rico como un puré de patatas, por ejemplo.

A otro nivel, todo programa informático lleva implícito un algoritmo, que suele protegerse celosamente como la fórmula de la Coca-Cola, sobre todo en los casos de más éxito.  Google, por ejemplo, perfecciona su motor de búsqueda cada día. Waze recomienda la ruta óptima a millones de conductores gracias a un complejo algoritmo específico del que se conocen algunos aspectos generales. Un grupo de investigadores canadienses ha diseñado un algoritmo invencible al póker.

La Economía algorítmica

La consultora tecnológica americana Gartner  ha acuñado el neologismo economía algorítmica para incidir en la importancia de las interrelaciones entre los datos generados por multitud de dispositivos de uso personal y profesional, que hasta ahora se tratan aisladamente. Habla de la creación de una malla de elementos (“device mesh”) como son los móviles, los sensores, ropa o accesorios inteligentes (“wearables”), aparatos electrónicos del hogar, automóviles,…

También se refiere a los datos provenientes de sensores y de máquinas que desbordarán la capacidad humana de tratamiento y que requerirán el diseño de algoritmos que posibiliten el entendimiento directo entre dispositivos, que sean sensibles al entorno, que actúen en consecuencia, de forma automática, y que sean capaces, además de aprender, en el sentido de ir perfeccionando su rendimiento para ir automejorando sus prestaciones.

En definitiva, la interconexión de plataformas de Internet de las cosas, el desarrollo de la Inteligencia artificial, la web semántica, la impresión 3D y la impresión 4D,  la realidad aumentada, la robótica colaborativa, la visión artificial … configuran un entorno inmediato lleno de oportunidades para los emprendedores más intrépidos y para las compañías más ágiles o más versátiles que sean capaces de actuar, como dice Gartner, en modo bimodal, es decir, en forma  analógica y digital simultáneamente.

Industria 4.0

En este contexto, merece especial atención el concepto de Industria 4.0, la nueva revolución industrial cuya unidad básica de producción será la fábrica inteligente (smart factory).


El Ministerio de Industria, Energía y Turismo acaba de lanzar su iniciativa “Industria conectada” con el objetivo de definir una estrategia de digitalización de los procesos industriales que se concrete en ventajas competitivas para las empresas españolas.

En nuestra región, es loable el compromiso del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales con el nuevo paradigma de la Industria 4.0 y los esfuerzos que realiza en la difusión y la sensibilización sobre estos conceptos entre los empresarios murcianos y la sociedad en general.  También es de agradecer el papel de los medios de comunicación como amplificadores de estas iniciativas, contribuyendo a crear un clima social receptivo a las innovaciones.

 

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Ponerse en los zapatos del ciudadano
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Juan José Ríos | 16-10-2015 | 8:16| 0

Que un hombre sienta los dolores del parto, o algo mucho más emotivo y placentero como las pataditas de un bebé, tal como las percibe directamente una embarazada, ya es posible gracias al avance de las neurociencias y de las tecnologías de realidad virtual que permiten crear la ilusión en el cerebro de estar en un cuerpo ajeno.

La capacidad de ser otro puede ser un poderoso instrumento para construir un mundo mejor basado en el entendimiento personal. Es un asunto que da mucho de sí, que se presta a muchas aplicaciones relacionadas con las emociones y con las sensaciones, tanto ingratas como agradables, y que seguro habrá disparado ya la imaginación de algún lector.

Ponerse en la piel del usuario en cada punto de contacto con los servicios de una empresa es una oportunidad de innovar. Lo que se denomina experiencia de cliente, the customer journey, consiste en el análisis de ese “recorrido” de interacciones usuario/empresa y existen herramientas que pueden ayudar a las organizaciones a estudiar este proceso y a actuar en consecuencia.

Parafraseando a Javier Megías, “Las mejores compañías son aquellas que, desde el punto de vista del cliente actúan como un solo ente,  fácil de entender e integrado, y no como un reino de taifas compuesto por departamentos, silos o personas deslavazados”

Para las grandes organizaciones y para las instituciones públicas,  la empatía,  la legibilidad y la voluntad de proveer servicios integrados, sin costuras, centrados en los usuarios deberían ser asignaturas obligatorias, dada  la complejidad organizativa y la burocracia que las impregna, tan características como anacrónicas.

Una burocracia que sigue enervando a los ciudadanos y que continúa sirviendo de inspiración para ácidas parodias,  siempre con un punto de exageración, dolorosas para los que somos funcionarios pero no exentas de gracia, como ésta de la televisión vasca:


La transformación de las Administraciones Públicas en organizaciones abiertas e innovadoras es, o debe ser,  una prioridad para todos los Gobiernos y un derecho para los ciudadanos, cuya colaboración, y el ejercicio de presión positiva contra la burocracia es fundamental para la mejora de los servicios públicos.

Una referencia obligada en materia de innovación pública, y más concretamente en el aspecto de “ponerse en la piel de los ciudadanos” es la de MindLab, una iniciativa pionera del Gobierno danés: “Para solucionar los problemas de los servicios públicos tenemos que incluir a los usuarios, que son los que  mejor pueden decir qué cosas van mal”.

Aunque no me consta que se haya tenido muy en cuenta a los usuarios, ayer se produjo una innovación pública digna de ser resaltada, como lo están haciendo los medios de comunicación: Los nacimientos y las defunciones de bebés tras el parto  se podrán inscribir telemáticamente, con todas las garantías  en el Registro Civil desde los mismos hospitales en los que se produzcan.

En principio, el Hospital Comarcal del Noroeste es el único centro sanitario de la región desde el que se pueden realizar esta inscripción telemática que se irá extendiendo progresivamente a todos los hospitales y clínicas de España. Este sistema, garantiza, además, la imposibilidad de que se vuelva a producir algún caso más de niños robados, debido a los rigurosos controles que impone en  la identificación inequívoca entre el bebé y la madre.

En España se producen unos 425.000 nacimientos al año, 20.000 en la Región de Murcia. Uno de ellos ha sido el de mi nieta. Así que sé de buena tinta que el proceso manual de inscripción en el Registro Civil del nacimiento de un niño puede suponer, para el padre, con suerte, unas 3 horas.

Según mi yerno: “La primera barrera es la cola para sacar número. Hay personas que están en la puerta desde una hora antes. Luego están la falta de personal, la hora del desayuno, los farragosos trámites asociados a la inmigración, que colapsan la oficina, …y si te falta un papel,… vuelva usted mañana”

Así que, la inscripción telemática de los bebés desde los centros sanitarios es una medida, impulsada por la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas (CORA),  que apunta en la buena dirección, poniéndose si no en la piel, sí en los zapatos de los ciudadanos, a los que les evita un tedioso trámite, un desplazamiento, una larga cola a la intemperie y una pérdida de tiempo evitable.

Que cunda pronto el ejemplo para los procedimientos más engorrosos, en general,  y que se vaya extendiendo a todos los trámites completos asociados al  nacimiento de un niño, que son bastante prolijos, por cierto, y que implican a varias Administraciones y entidades privadas.

A ver si con mi segundo nieto ya se puede realizar todo el proceso completo requiriendo el mínimo desgaste de zapatos de mi yerno.

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Entropy
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Juan José Ríos | 29-09-2015 | 8:22| 0

 Que haga click con el ratón quien no espere con inquietud el recibo de la luz.  Por el coste en sí y por las discusiones familiares que genera. El jueves, 1 de octubre de 2015 entra en vigor el nuevo sistema de tarificación variable por horas que posibilitan los nuevos contadores inteligentes. En España ya hay desplegados 8 millones de estos dispositivos. Los que no lo tengan instalado todavía pagarán un precio medio ponderado.

Dado que el sistema de facturación por horas tiene cierta complejidad, las compañías eléctricas han editado guías ad hoc con objeto de ayudarnos a optimizar nuestra siempre controvertida factura de la luz, aunque no parece que los ahorros esperables vayan a ser muy significativos.

 

Existen dispositivos en el mercado de la domótica que,  desde un smartphone,  nos permiten optimizar en gran medida nuestro gasto energético, como el termostato inteligente fabricado por Nest (una compañía adquirida por Google), que usa los datos recogidos por diferentes sensores, algoritmos de aprendizaje y computación en la nube para ir conociendo nuestros patrones de conducta y actuar de forma cada vez más autónoma, sin apenas intervención directa por nuestra parte.

Aunque parezca difícil de creer, el dinero no es el argumento fundamental que nos induce a cambiar de hábitos de vida. Varios estudios sociológicos aseguran que nos mueven con más intensidad aspectos como el compromiso con la sostenibilidad ambiental o la sensación de poder colectivo derivado del hecho de compartir con otros usuarios, a través de las redes sociales, datos de nuestro consumo energético e inquietudes sobre las energías limpias. Esta es la base del movimiento Cleanweb (“web limpia”), tecnologías que protegen el medio ambiente.

ENTROPY parece sugerir el título de una película de ciencia ficción pero se trata de una iniciativa real, impulsada por la Universidad de Murcia, que se incardina dentro del grupo de soluciones cleanweb. El vocablo Entropy es un acrónimo entresacado de la frase descriptiva del proyecto: “Design of an innovativE eNergy-aware IT ecosysTem for motivating behaviouRal changes tOwards the adoPtion of energy efficient lifestYles”.

 ENTROPY consiste, pues, en el diseño de un innovador ecosistema basado en el uso de las tecnologías de la información cuyo objetivo es promover la concienciación de los usuarios finales, que somos todos, con objeto de que modifiquemos nuestro comportamiento cotidiano en aras de un aprovechamiento más eficiente de la energía eléctrica.

En efecto, ENTROPY persigue, en última instancia, modificar los hábitos de conducta de los usuarios finales facilitándoles  información comprensible con objeto de mejorar la eficiencia energética de los hogares, de los lugares de trabajo y de los edificios en general, y como consecuencia, contribuir a la sostenibilidad medioambiental, y generar, de paso, ahorros apreciables, tanto en las economías domésticas como en las de las empresas e instituciones. O primero esto último, los ahorros. Tanto monta.En cualquier caso, el compromiso de los usuarios del sistema, los decisores últimos,  es crucial para el éxito del proyecto.

El plazo de ejecución es de 3 años y cuenta con una subvención europea de 2.5 M€, con cargo al programa Horizonte 2020, según nos cuenta el prestigioso profesor e investigador Antonio Skármeta, quien, al frente del grupo de Sistemas Inteligentes y Telemática de la Universidad de Murcia,  coordina esta iniciativa en la que participan empresas y centros de investigación de varios países de Europa.

 

Entropy se basa en la integración de varias tecnologías avanzadas, pero poniendo siempre el foco en el usuario final:

  • Internet de las cosas (IoT): Interconexión e integración en un único sistemas de los datos, estructurados o no, provenientes de distintos sensores y dispositivos, contadores inteligentes, termostatos,  smartphones,  agencias meteorológicas o de las redes sociales relacionadas con un uso adecuado de los recursos energéticos.
  • Big Data: Técnicas de análisis de datos y modelado semántico, linked data, así como herramientas intuitivas de visualización y cuadros de mando sencillos que faciliten a los usuarios la toma de decisiones.
  • Gamificación: Desarrollo de apps personalizadas y juegos relacionados con el uso eficiente de la energía. Los  serious games, como elemento motivador para modificar los hábitos de consumo, mejorando el control del ciudadano sobre su propio gasto energético de una forma práctica y sencilla, fomentando competiciones entre usuarios e incentivando los ahorros.   Implantación en los colegios para inculcar hábitos de responsabilidad medioambiental en los niños.

 

 

 

Entropy incide en los items tecnológicos característicos de una smart city, también llamada “ciudad eficiente” (me permito sugerir el término ciudad innovadora),  concepto  basado en la sostenibilidad – ambiental, económica, social y cultural –   y en la calidad de vida que lleva implícito una gobernanza más abierta y una mayor corresponsabilidad de los ciudadanos.

Precisamente, estos días, 29 y 30 de septiembre se celebran en Murcia unas interesantes jornadas sobre las posibilidades de financiación para proyectos innovadores, como Entropy, que ofrece la Unión Europea por medio de su programa Horizonte 2020 y sobre las Smart cities.

 

 

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Sin ilusión no se puede innovar
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Juan José Ríos | 21-09-2015 | 3:35| 0

La encuesta Gallup 2013, de ámbito mundial, sobre “Compromiso en el puesto de trabajo” arroja unos resultados sorprendentes: ¡sólo el 13% de los trabajadores está comprometido con su empresa¡ Un 63%  de ellos se limitan a cumplir aseadamente, como se suele decir, y un llamativo 24% no sólo están descontentos con su trabajo sino que además  transmiten su negatividad entre los clientes y entre los propios compañeros.

En cifras absolutas, cuantificadas con los datos recogidos en 142 países, unos 180 millones de empleados se implican emocionalmente con su empresa, aplicando pasión y entusiasmo en su trabajo diario. Aproximadamente 900 millones de trabajadores no se sienten motivados y no se esfuerzan más de lo estrictamente necesario. Y nada más y nada menos que 340 millones son improductivos cuando no propagadores activos de su insatisfacción.

 Esta falta tan generalizada de compromiso en el puesto de trabajo afecta negativamente a la imagen de la empresa y a su valoración por parte de los clientes. Genera absentismo y otras incidencias laborales, como robos y mala praxis. Repercute en la calidad de los productos y servicios, en la productividad de los empleados y obviamente en el volumen de negocio y la rentabilidad final de las organizaciones, que se resienten de forma importante.

En un post reciente (El cáncer de los emprendedores)  me hacía eco de la fórmula de de Küppers, de la valía profesional de un trabajador:  V=(C+H)xA, siendo C= Conocimientos, H= Habilidades y A=Actitud. Resulta difícil asumir que la actitud de 340 millones de empleados es nula, por las razones que sean, y por ende, su aportación a las organizaciones es cero cuando no claramente negativa.  Sólo en Estados Unidos se han estimado pérdidas anuales de unos 500.000 millones de dólares por esta causa. Un asunto que merece toda la atención, sin duda.

Sin embargo, muchas empresas parecen ignorar estos datos así como los resultados de otros estudios que estiman que sólo un 10% del aumento de la motivación e ilusión en el trabajo por parte de sus empleados puede reportarles un incremento de hasta el 40%  en los beneficios.

La calidad del empleo, como requisito básico para aprovechar el potencial innovador de los trabajadores es un factor quizá no suficientemente valorado todavía por muchos directivos. Dada la relación directa existente entre compromiso e innovación, sólo del 13% de empleados, de los motivados, según Gallup,  cabe esperar un impulso  innovador propio o  la necesaria receptividad ante las políticas innovadoras de la empresa.

El compromiso y la motivación no aparecen por generación espontánea en las organizaciones. Se requiere un esfuerzo bidireccional en el que las empresas deben dar el primer paso, creando el entorno adecuado, como nos dice Pilar Jericó en el vídeo adjunto, pero los trabajadores deben responder con la debida actitud y profesionalidad. Bidireccionalidad en la que también abunda la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (Arhoe), con sus 10 consejos para rendir más en el trabajo.

 

Algunos de los ítems que recabó Gallup para realizar su macroencuesta, entre trabajadores de compañías de los 5 continentes, señalan los puntos que pueden servir de orientación a los líderes empresariales para mejorar ese escuálido porcentaje del 13%  de trabajadores motivados:

  • Sé perfectamente lo que se espera de mí
  • La empresa pone a mi disposición todos los recursos que necesito
  • Desarrollo el trabajo que más se ajusta a mis fortalezas
  • Me siento importante: se me valora y reconoce mi aportación a la empresa
  • Se tienen en cuenta mis opiniones e ideas
  • Se promueve mi carrera profesional
  •  Observo compromiso también entre mis compañeros
  • El ambiente laboral es bueno
  • Tengo oportunidad de aprender y de crecer profesionalmente

Dando por supuesto que las condiciones salariales son justas y dignas, el dinero no parece ser un elemento crucial para estimular el compromiso laboral. Razón de más para aplicarse en la tarea.

A ver si “del trato surge el compromiso mutuo”, como cantaba Antonio Machín, uno de los artistas preferidos de mi madre, que seguro gusta también a otros nostálgicos, como yo mismo, y cuya canción “Un compromiso” me permito adjuntar.

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¿Es ridículo el trinomio I+D+i?
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Juan José Ríos | 03-09-2015 | 6:09| 0

“Innovar es arriesgado. No hacerlo es estúpido”  (Xavier Ferrás)

He de confesar que hace sólo unos pocos meses que descubrí a Xavier Ferrás, una autoridad reconocida en materia de innovación, tanto desde el punto de vista académico e intelectual como en su vertiente profesional, autor de un blog de referencia: Innovación 6.0 y de un libro con el mismo título, que recomiendo seguir y adquirir respectivamente. Y por supuesto, leer de forma reflexiva.

Aunque soy mucho más aficionado al tenis que a los toros no tengo fijación con el número 6. Lo digo porque en el post anterior hablaba de los 6 sombreros de pensar, 6, de Edward de Bono  y ahora repito guarismo.  Simple casualidad. El título Innovación 6.0 alude a las  olas innovadoras, que se han producido hasta el momento, en opinión de Ferrás.

La primera ola la generó el economista austríaco Schumpeter, en los lejanos años 40 del siglo pasado, acuñando el propio concepto de innovación y el de destrucción creativa. Tras unos 50 años de mar en calma, la eclosión de Internet, de la sociedad del conocimiento y la creciente globalización de la economía han generado, en los últimos 25 años,  un intenso oleaje sinérgico que Ferrás diferencia numerando las 5 restantes olas superpuestas: la del marketing sería la 2ª, y así sucesivamente, vendrían las del modelo de negocio, el codiseño con clientes y proveedores, la innovación abierta y los ecosistemas locales.

 

Esta última ola ya me sirvió de inspiración para escribir el post: “Newton y la innovación. La proximidad importa”, pero realmente mi primer contacto con el blog, para apasionados de la innovación”, de Xavi Ferrás se produjo con la lectura de una entrada que me atrajo de inmediato por lo provocativo que me resultó el título:  “Por qué el concepto de I+D+i es ridículo”.  

Casualmente,  la primera entrada, la de declaración de intenciones,  de este blog de mis inquietudes, en julio de 2013,  se titulaba “La importancia de la i” y en ella también me ocupaba de este conocido trinomio I+D+i, aunque brevemente y a una distancia sideral obvia del artículo de Xavier en cuanto a calidad y contenido.

Así que con el permiso, tácito, de Xavi, vuelvo a inspirarme en su obra, aunque quitándole un punto de acritud, por lo que se refiere a la calificación de “ridículo”  del trinomio I+D+i, lo que no significa que no comparta la mayoría de sus razones, que paso a matizar con mis propios comentarios, sin ánimo de ser exhaustivo, y mucho menos, de enmendarle ningún tipo de plana a un autor tan reputado como Xavier.

Totalmente de acuerdo en considerar la innovación (i) como el principal motor de desarrollo económico y una medida de la eficiencia de la I+D. También en que hay mucha investigación que no llega a desarrollarse y mucho menos en llegar al mercado en forma de innovación. O investigaciones que dan fruto mucho después e incluso en en lugares distintos en los que se generan.

Y sobre todo, existen innovaciones en management, que no provienen de ninguna  I ni de ninguna D contraviniendo la secuencia lineal que parece sugerir el orden en que se enuncia la expresión I+D+i, que puede tener sentido algebraico tal como está escrito pero no tanto como expresión de una suma pues los teóricos sumandos no son homogéneos por lo que se refiere a los indicadores en que se miden. La I+D se suele medir con indicadores de coste (inputs) mientras que la “i” se mide en términos de retorno económico (outputs)

 

Es difícil establecer una causalidad directa entre las inversiones en I+D de una  determinada región o empresa y su perfil innovador. Como bien decía Steve Jobs, lo que realmente aporta ventajas competitivas diferenciales y duraderas es establecer un clima que favorezca la innovación, que la incorpore al ADN de la empresa, cuyo principal recurso, no lo olvidemos, es el humano, su gente. La innovación en management no requiere grandes inversiones pero sí grandes dosis de liderazgo comprometido.

Sin embargo, creo que utilizar la i, en minúscula (no confundir con la unidad imaginaria), obedece a una simple coincidencia de iniciales con la palabra “Investigación” y no tanto a que las  Administraciones Públicas consideren a la innovación como de una categoría inferior por el hecho de afectar más directamente al sector empresarial.  De hecho, la UE utiliza la expresión R&D&I (Research and  Development and Innovation), todas en mayúsculas, para designar a nuestra I+D+i.

No obstante, opino que las Administraciones Públicas en general, deben apostar de forma más decidida por extender la innovación en sus territorios y ámbitos de influencia, como concepto holístico y transversal,  empezando por transformarse, ellas mismas, en organizaciones innovadoras, centradas en los ciudadanos.

Esto es lo realmente importante, más allá de los mensajes subliminales que pueden trasladarnos el uso de mayúsculas o minúsculas en expresiones más o menos afortunadas o precisas. Quizá, más que ridículo, el manido trinomio I+D+i se haya quedado anticuado y resulta confuso, como matiza el propio Ferrás y por tanto necesitaría una revisión crítica.

La aplicación de conceptos como los de innovación pública e innovación social, con su capacidad de arrastre y visibilidad, dentro de los ecosistemas locales (que definen la 6ª ola), junto a la necesidad perentoria de transformación del   paradigma educativo actual hacia otro modelo  que fomente la creatividad desde edades tempranas, pueden configurar un entorno socioeconómico consagrado a la innovación cuya creación  quizá justifique su “bautizo” como 7ª ola.

Para finalizar, como elemento gráfico motivador, a modo de banderín de enganche que reflejara la apuesta estratégica de las Administraciones Públicas por la innovación,  en mi opinión sería conveniente crear un símbolo específico, diferenciado de la I+D,  fácilmente reconocible,  del estilo de  π ó de ∞, que representara de forma inequívoca este concepto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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