La Verdad
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Autor: Juan José Ríos
Sin ilusión no se puede innovar
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Juan José Ríos | 21-09-2015 | 3:35| 0

La encuesta Gallup 2013, de ámbito mundial, sobre “Compromiso en el puesto de trabajo” arroja unos resultados sorprendentes: ¡sólo el 13% de los trabajadores está comprometido con su empresa¡ Un 63%  de ellos se limitan a cumplir aseadamente, como se suele decir, y un llamativo 24% no sólo están descontentos con su trabajo sino que además  transmiten su negatividad entre los clientes y entre los propios compañeros.

En cifras absolutas, cuantificadas con los datos recogidos en 142 países, unos 180 millones de empleados se implican emocionalmente con su empresa, aplicando pasión y entusiasmo en su trabajo diario. Aproximadamente 900 millones de trabajadores no se sienten motivados y no se esfuerzan más de lo estrictamente necesario. Y nada más y nada menos que 340 millones son improductivos cuando no propagadores activos de su insatisfacción.

 Esta falta tan generalizada de compromiso en el puesto de trabajo afecta negativamente a la imagen de la empresa y a su valoración por parte de los clientes. Genera absentismo y otras incidencias laborales, como robos y mala praxis. Repercute en la calidad de los productos y servicios, en la productividad de los empleados y obviamente en el volumen de negocio y la rentabilidad final de las organizaciones, que se resienten de forma importante.

En un post reciente (El cáncer de los emprendedores)  me hacía eco de la fórmula de de Küppers, de la valía profesional de un trabajador:  V=(C+H)xA, siendo C= Conocimientos, H= Habilidades y A=Actitud. Resulta difícil asumir que la actitud de 340 millones de empleados es nula, por las razones que sean, y por ende, su aportación a las organizaciones es cero cuando no claramente negativa.  Sólo en Estados Unidos se han estimado pérdidas anuales de unos 500.000 millones de dólares por esta causa. Un asunto que merece toda la atención, sin duda.

Sin embargo, muchas empresas parecen ignorar estos datos así como los resultados de otros estudios que estiman que sólo un 10% del aumento de la motivación e ilusión en el trabajo por parte de sus empleados puede reportarles un incremento de hasta el 40%  en los beneficios.

La calidad del empleo, como requisito básico para aprovechar el potencial innovador de los trabajadores es un factor quizá no suficientemente valorado todavía por muchos directivos. Dada la relación directa existente entre compromiso e innovación, sólo del 13% de empleados, de los motivados, según Gallup,  cabe esperar un impulso  innovador propio o  la necesaria receptividad ante las políticas innovadoras de la empresa.

El compromiso y la motivación no aparecen por generación espontánea en las organizaciones. Se requiere un esfuerzo bidireccional en el que las empresas deben dar el primer paso, creando el entorno adecuado, como nos dice Pilar Jericó en el vídeo adjunto, pero los trabajadores deben responder con la debida actitud y profesionalidad. Bidireccionalidad en la que también abunda la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (Arhoe), con sus 10 consejos para rendir más en el trabajo.

 

Algunos de los ítems que recabó Gallup para realizar su macroencuesta, entre trabajadores de compañías de los 5 continentes, señalan los puntos que pueden servir de orientación a los líderes empresariales para mejorar ese escuálido porcentaje del 13%  de trabajadores motivados:

  • Sé perfectamente lo que se espera de mí
  • La empresa pone a mi disposición todos los recursos que necesito
  • Desarrollo el trabajo que más se ajusta a mis fortalezas
  • Me siento importante: se me valora y reconoce mi aportación a la empresa
  • Se tienen en cuenta mis opiniones e ideas
  • Se promueve mi carrera profesional
  •  Observo compromiso también entre mis compañeros
  • El ambiente laboral es bueno
  • Tengo oportunidad de aprender y de crecer profesionalmente

Dando por supuesto que las condiciones salariales son justas y dignas, el dinero no parece ser un elemento crucial para estimular el compromiso laboral. Razón de más para aplicarse en la tarea.

A ver si “del trato surge el compromiso mutuo”, como cantaba Antonio Machín, uno de los artistas preferidos de mi madre, que seguro gusta también a otros nostálgicos, como yo mismo, y cuya canción “Un compromiso” me permito adjuntar.

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¿Es ridículo el trinomio I+D+i?
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Juan José Ríos | 03-09-2015 | 6:09| 0

“Innovar es arriesgado. No hacerlo es estúpido”  (Xavier Ferrás)

He de confesar que hace sólo unos pocos meses que descubrí a Xavier Ferrás, una autoridad reconocida en materia de innovación, tanto desde el punto de vista académico e intelectual como en su vertiente profesional, autor de un blog de referencia: Innovación 6.0 y de un libro con el mismo título, que recomiendo seguir y adquirir respectivamente. Y por supuesto, leer de forma reflexiva.

Aunque soy mucho más aficionado al tenis que a los toros no tengo fijación con el número 6. Lo digo porque en el post anterior hablaba de los 6 sombreros de pensar, 6, de Edward de Bono  y ahora repito guarismo.  Simple casualidad. El título Innovación 6.0 alude a las  olas innovadoras, que se han producido hasta el momento, en opinión de Ferrás.

La primera ola la generó el economista austríaco Schumpeter, en los lejanos años 40 del siglo pasado, acuñando el propio concepto de innovación y el de destrucción creativa. Tras unos 50 años de mar en calma, la eclosión de Internet, de la sociedad del conocimiento y la creciente globalización de la economía han generado, en los últimos 25 años,  un intenso oleaje sinérgico que Ferrás diferencia numerando las 5 restantes olas superpuestas: la del marketing sería la 2ª, y así sucesivamente, vendrían las del modelo de negocio, el codiseño con clientes y proveedores, la innovación abierta y los ecosistemas locales.

 

Esta última ola ya me sirvió de inspiración para escribir el post: “Newton y la innovación. La proximidad importa”, pero realmente mi primer contacto con el blog, para apasionados de la innovación”, de Xavi Ferrás se produjo con la lectura de una entrada que me atrajo de inmediato por lo provocativo que me resultó el título:  “Por qué el concepto de I+D+i es ridículo”.  

Casualmente,  la primera entrada, la de declaración de intenciones,  de este blog de mis inquietudes, en julio de 2013,  se titulaba “La importancia de la i” y en ella también me ocupaba de este conocido trinomio I+D+i, aunque brevemente y a una distancia sideral obvia del artículo de Xavier en cuanto a calidad y contenido.

Así que con el permiso, tácito, de Xavi, vuelvo a inspirarme en su obra, aunque quitándole un punto de acritud, por lo que se refiere a la calificación de “ridículo”  del trinomio I+D+i, lo que no significa que no comparta la mayoría de sus razones, que paso a matizar con mis propios comentarios, sin ánimo de ser exhaustivo, y mucho menos, de enmendarle ningún tipo de plana a un autor tan reputado como Xavier.

Totalmente de acuerdo en considerar la innovación (i) como el principal motor de desarrollo económico y una medida de la eficiencia de la I+D. También en que hay mucha investigación que no llega a desarrollarse y mucho menos en llegar al mercado en forma de innovación. O investigaciones que dan fruto mucho después e incluso en en lugares distintos en los que se generan.

Y sobre todo, existen innovaciones en management, que no provienen de ninguna  I ni de ninguna D contraviniendo la secuencia lineal que parece sugerir el orden en que se enuncia la expresión I+D+i, que puede tener sentido algebraico tal como está escrito pero no tanto como expresión de una suma pues los teóricos sumandos no son homogéneos por lo que se refiere a los indicadores en que se miden. La I+D se suele medir con indicadores de coste (inputs) mientras que la “i” se mide en términos de retorno económico (outputs)

 

Es difícil establecer una causalidad directa entre las inversiones en I+D de una  determinada región o empresa y su perfil innovador. Como bien decía Steve Jobs, lo que realmente aporta ventajas competitivas diferenciales y duraderas es establecer un clima que favorezca la innovación, que la incorpore al ADN de la empresa, cuyo principal recurso, no lo olvidemos, es el humano, su gente. La innovación en management no requiere grandes inversiones pero sí grandes dosis de liderazgo comprometido.

Sin embargo, creo que utilizar la i, en minúscula (no confundir con la unidad imaginaria), obedece a una simple coincidencia de iniciales con la palabra “Investigación” y no tanto a que las  Administraciones Públicas consideren a la innovación como de una categoría inferior por el hecho de afectar más directamente al sector empresarial.  De hecho, la UE utiliza la expresión R&D&I (Research and  Development and Innovation), todas en mayúsculas, para designar a nuestra I+D+i.

No obstante, opino que las Administraciones Públicas en general, deben apostar de forma más decidida por extender la innovación en sus territorios y ámbitos de influencia, como concepto holístico y transversal,  empezando por transformarse, ellas mismas, en organizaciones innovadoras, centradas en los ciudadanos.

Esto es lo realmente importante, más allá de los mensajes subliminales que pueden trasladarnos el uso de mayúsculas o minúsculas en expresiones más o menos afortunadas o precisas. Quizá, más que ridículo, el manido trinomio I+D+i se haya quedado anticuado y resulta confuso, como matiza el propio Ferrás y por tanto necesitaría una revisión crítica.

La aplicación de conceptos como los de innovación pública e innovación social, con su capacidad de arrastre y visibilidad, dentro de los ecosistemas locales (que definen la 6ª ola), junto a la necesidad perentoria de transformación del   paradigma educativo actual hacia otro modelo  que fomente la creatividad desde edades tempranas, pueden configurar un entorno socioeconómico consagrado a la innovación cuya creación  quizá justifique su “bautizo” como 7ª ola.

Para finalizar, como elemento gráfico motivador, a modo de banderín de enganche que reflejara la apuesta estratégica de las Administraciones Públicas por la innovación,  en mi opinión sería conveniente crear un símbolo específico, diferenciado de la I+D,  fácilmente reconocible,  del estilo de  π ó de ∞, que representara de forma inequívoca este concepto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Los 6 gorros de pensar
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Juan José Ríos | 14-08-2015 | 2:40| 0

Ayer, en la comida, planteé a mi familia la siguiente situación: Un hombre entró en un bar y solicitó al camarero un vaso de agua. Nunca antes se habían encontrado. El cantinero sacó un arma de debajo del mostrador y apuntó al hombre. El hombre dijo: “Gracias” y se fue. ¿Por qué?

Esta especie de acertijo ha sido considerado el mejor ejercicio de pensamiento lateral que se conoce. El concepto de lateral thinking fue acuñado por el psicólogo de origen maltés Edward de Bono en 1967 para definir una forma de razonamiento diferente, menos ortodoxa desde el punto de vista de la lógica imperante, directa y vertical, pero más creativa, abierta y que puede ofrecer resultados más ingeniosos e innovadores a la hora de resolver problemas empresariales o de la vida ordinaria.

A continuación, mi hijo José Andrés contraatacó con este otro caso, que no acerté a resolver: “Un hombre empuja su coche hasta detenerse frente a un hotel. En ese momento comprende que está arruinado. ¿Cómo se explica esta situación?

 Lo cierto es que con estos acertijos y otros ejemplos de pensamiento lateral, como los que cito a continuación,  pasamos una comida divertida y amena, llegando a olvidarnos del calor e incluso a apagar la televisión para concentrarnos mejor, algo inaudito.

¿Cuál es el objeto más alegre que existe? ¿Cuál es la profesión menos rentable del mundo? ¿Cuál es el vino más amargo? (las respuestas al final del post).

-Tras un año de enfermedad, al final murió.

– ¿Qué tenía?

– Un kiosko

 Muchos chistes y calambures  se basan en juegos de palabras  que sorprenden por su ingenio, saliendo por el lado inesperado o menos evidente, dentro de la lógica divergente que caracteriza al pensamiento lateral.
Por cierto que Quevedo puede considerarse un precursor del lateral thinking (y un as de la osadía) al atreverse a llamar coja, en su cara, a la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, ofreciéndole dos ramos de flores para que eligiera uno de ellos: Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja”.

Volviendo a Edward de Bono, su conocida metodología de los 6 sombreros para pensar está inspirada en el concepto de pensamiento lateral y ha sido aplicada con éxito por muchas empresas innovadoras. Aquí podemos ver un interesante vídeo que resume el papel de cada uno de los “gorros”.

La creatividad es la principal competencia personal del futuro. Implica diferenciación y es la fuente donde bebe la innovación. Tendemos a ver la vida en modo “piloto automático”, rutinario y nos cuesta mucho vencer prejuicios y adoptar perspectivas diferentes de ver las cosas, actitud muy peligrosa en mundo que cambia tan rápidamente.

Las empresas más innovadoras están casi siempre dirigidas por líderes innovadores. Es muy difícil que florezca la innovación en entornos rígidos donde el equipo directivo imponga una disciplina férrea y no posea, ni valore ni potencie las habilidades creativas.

El neurólogo argentino Facundo Manes, en su libro: “Usar el cerebro”, dedica un interesante apartado a la creatividad y desliza la curiosa y alentadora afirmación para el común de los mortales de que las mejores ideas surgen como consecuencia de pensar obsesivamente en ellas, dependiendo más el resultado final del esfuerzo aplicado que del coeficiente intelectual del creador. La creatividad es una cuestión más de perseverancia que de inteligencia.

Soluciones pendientes: i) El primer hombre tenía hipo   ii) El segundo jugaba al Monopoly. Uno podía llegar a imaginar que el coche era de juguete, pero que el hotel no era real era demasiado deducir  iii) El objeto más “alegre”: la escoba, siempre va riendo   iv) La profesión menos rentable: la dejar dinero  v) El vino más amargo: vino mi suegra

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Vivir en clave de blog: 60-60-10
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Juan José Ríos | 21-07-2015 | 8:02| 0

Hasta hace poco  se consideraba que el ideal femenino de belleza  tenía que ajustarse a las medidas 90-60-90. Pues bien, la Universidad de Texas acaba de establecer como científicamente perfectos  los armónicos 99-63-91 de la actriz inglesa Kelly Brooks, lo que no deja de suponer una innovación disruptiva que puede desencadenar efectos de un alcance aún por determinar en el mundo de la moda.

Valga esta digresión veraniega para introducir el post de hoy sobre mi actividad como bloguero. El 60-60-10, que ha generado la asociación de ideas del párrafo anterior, no tiene nada que ver, obviamente con medidas antropométricas ideales ni con la belleza ni con la moda. Es una ocurrencia justificada por las siguientes razones:

  • Mi flamante condición de sexagenario (¡qué mal suena escrito así¡),
  • Porque ésta es la entrada número 60 de este blog, que cumple ahora 2 años.
  • Porque hace unos días publiqué la décima entrada de otro blog que comencé a escribir hace unos meses.

 

Aunque modesto en cifras de audiencia, en total acumulo ya más de 5 años como bloguero,  desde que debutara con el Proyecto COMPAH (pinchar en el enlace para ver vídeo explicativo)  una iniciativa piloto que pretendía reforzar el papel de las familias en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos utilizando recursos de la web 2.0.

Padres COMPAH

Fue una experiencia muy bonita de la que guardo un recuerdo imborrable.  La desarrollé durante 3 cursos seguidos en mi última etapa docente, y tuvo una buena acogida entre padres y alumnos. Publiqué 120 posts, aparte de crear 3 sites complementarios en los que me relacionaba con mis alumnos, llegando incluso a atreverme a darles orientaciones en verso de cara a un examen:

Con parámetros, polinómicas funciones

sabiendo extremos y puntos de inflexión,

hay que derivar en dos ocasiones

poniendo mucha atención.

problemas de optimización

relativos a figuras,

triángulos, áreas y rectas

no os quedéis a oscuras

tras estas orientaciones directas.

Estudio y gráfica de una función,

monotonía y curvatura,

extremos y puntos de inflexión

con alguna asíntota, su regionamiento …

si digo que es racional

puede parecer que miento,

lo mismo que si digo radical,

mira que si es exponencial,…

no lo puedo decir, … lo siento.

 Mantener un blog es una actividad interesante y motivadora pero no exenta de estrés.  Tener dos bitácoras activas simultáneamente puede suponer el doble de interés y de motivación (no lo he calculado exactamente) pero mi percepción es que es, al menos, el cuadrado de estresante.

Vivir en clave de blog significa estar permanentemente con las antenas desplegadas, en continua actitud de vigilancia de todo cuanto se publica en torno al tópico en cuestión. Implica establecer alertas, suscribirte a innumerables sitios web para intentar estar al tanto de las últimas novedades y tendencias.

Supone procesar toda esa información para intentar digerirla y hacerla accesible a tus posibles lectores con una cierta periodicidad que uno mismo se impone. Seleccionar los temas a tratar,  intentando interesar al mayor número de seguidores, en los posts más divulgativos, o dirigiendo mensajes de interés a un público más especializado, pero intentando ser siempre claro, ameno, conciso, dentro de un estilo propio.

Y todo esto sin ser un escritor profesional. Menudo reto.

Vivir en clave de blog es una experiencia apasionante que actúa como válvula de escape de inquietudes o ideas que uno desea compartir, en la que, al mismo tiempo,  tienes la oportunidad de aprender y de establecer relaciones con los máximos especialistas de la materia en cuestión, dada la accesibilidad con la que nos solemos mover todos los que pululamos por la blogosfera.

https://www.pinterest.com/debhinrich/stressed-out/

Pero  también, como dije al principio, requiere mucho esfuerzo personal, robando tiempo a la familia y al descanso.  Es una especie de dogal voluntario, que exige grandes dosis de constancia e impone una disciplina tensionante.  Los  momentos esporádicos de liberación duran apenas unas horas desde que publicas un post hasta que empiezas a pensar en el siguiente.

Con respecto a este blog, la “i de  innovación”, a la hora de hacer balance de estos 2 años transcurridos, diré, a modo de resumen rápido,  que los post han incidido especialmente en ítems como:

  • El ADN del innovador, resaltando las características y habilidades inherentes a las personas innovadoras.
  • Innovación pública y transformación de la Administración. Sostenibilidad de los sistemas sanitarios.
  • Big Data, Open Data, Small Data, apps
  • Negocios innovadores. Economía azul o circular
  • Impresión 4D
Nada me agradaría más que haberle servido de inspiración a alguien.

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El negocio de la inmortalidad
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Juan José Ríos | 07-07-2015 | 7:31| 0

El turismo, la agroalimentación, la salud y los servicios para la tercera edad son algunos de los sectores con mayores perspectivas de negocio a corto y medio plazo, según un interesante informe publicado por Expansión en los que se destacan 10 ámbitos de actuación que están a la espera de la aparición de empresas que se conviertan en una especie de referentes universales, al modo de Google o Facebook.

Uno de los ámbitos que se recoge en el informe es el denominado con un nombre tan sonoro y sugerente como el negocio de la inmortalidad, que no tiene nada que ver, obviamente, con la venta de la propia alma ni de la de nadie, cual Fausto redivivo,  sino con un nicho de mercado propiciado por el aumento de la esperanza de vida con calidad. Rebajemos, pues, un grado nuestras pretensiones y quedémonos en un modesto negocio de la longevidad, que no está nada mal.

La Comisión Europea alerta de forma especial a los estados miembros sobre los efectos del envejecimiento de la población pero al mismo tiempo llama la atención sobre las oportunidades de crecimiento económico asociadas al desarrollo de soluciones innovadoras para el sector de la salud en general y dirigidas al cuidado de las personas mayores en particular.

En 2030, el 20% de los habitantes de los países desarrollados será mayor de 65 años. El aumento de la esperanza de vida y las enfermedades crónicas ha hecho de los senior un mercado interesante de servicios como pueden ser las apps de estimulación cerebral o las redes sociales para evitar el aislamiento de las personas mayores, entre las  que Vincles BCN, reciente ganadora del llamado desafío de los alcaldes es un buen ejemplo.

El conocimiento profundo de cómo funciona nuestro cuerpo y de nuestro ADN nos proveerá de armas para prevenir enfermedades y mejorar nuestra calidad de vida. Un simple análisis de sangre permitirá la detección precoz del cáncer (Universal Diagnostics)  y una gota de saliva desvelará qué enfermedades somos propensos a desarrollar (GenePlanet).

La sanidad evolucionará, a corto plazo, desde un modelo de medicina curativa,  generalista y masiva, como el actual, hasta otro basado en la prevención y en los tratamientos personalizados, que será más eficiente y sostenible.

Emerge con fuerza la figura del e-paciente como persona comprometida con su salud y la de su familia, configurador de lo que se llama   el “entorno personal de salud” , una especie de carpeta de salud familiar que puede contener información sanitaria relevante o almacenar, en la nube,  pruebas médicas digitalizadas, tratamientos o registro de síntomas que pueden contribuir de forma apreciable a mejorar la salud del   entorno familiar, junto a otras actuaciones, como la participación en redes sociales sobre dolencias específicas.

En España se descargan cada día unos 4 millones de aplicaciones móviles. Este mismo año, se prevé que 500 millones de personas en el mundo habrán descargado una app de salud. Un tercio de los usuarios de smartphones en España tendrán instalada al menos una aplicación móvil de salud.

La proliferación de dispositivos móviles y la cada vez más extendida aceptación popular de los wearables (tecnologías del vestir) que convierte en sensores móviles a todos los portadores de estos dispositivos, las técnicas de big data, los propios desarrollos de tecnologías sanitarias, la nanotecnología, la genómica y la fabricación de órganos, vía impresión 3D y 4D, y el incipiente desarrollo de la web semántica dibujan un entorno futuro, cercano,  de medicina preventiva, predictiva y personalizada en la que los propios pacientes podrían incluso participar en el diagnóstico en aras de su propia longevidad.

 

 

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Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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