La Verdad

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Autor: Juan José Ríos
El emprendimiento oculto
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Juan José Ríos | 28-12-2016 | 2:06| 0

Ayer leí en La verdad un interesante artículo titulado: Competitividad y emprendimiento”. El autor es José Ramón Díez Guijarro, profesor del IE  y Director de Estudios de Bankia.

Casualmente, estaba yo preparando este post basándome en uno de los estudios que se recogían en el citado artículo: el último informe del Foro Económico Mundial (WEF) sobre el Intraemprendimiento o emprendimiento oculto.

Los matemáticos somos amantes de las definiciones precisas, aun  de los conceptos que pueden parecer más intuitivos. ¿Qué es la competitividad?  Para el WEF “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”.

A mayor competitividad, más probabilidad de crecimiento económico sostenible e inclusivo y, como consecuencia, mayor prosperidad cabe esperar para toda la sociedad. El WEF mide la competitividad de los países basándose en indicadores de las áreas que se recogen en el  cuadro adjunto:

 

España ocupa el lugar 33 de los 142 países analizados, habiendo avanzado dos puestos con respecto al año pasado. La lista la encabeza Suiza, seguida de Singapur y de los Estados Unidos.

Con respecto a la conocida figura del emprendedor, existen numerosas definiciones, pero, en general, se aplica este calificativo a aquellas personas que  identifican una idea u oportunidad de negocio , aplican todos sus esfuerzos, asumen  riesgos, y crean una empresa para llevarlas a cabo.

Un concepto más reciente, es el de emprendedor interno o intraemprendedor, que alude a la persona que aporta ideas para desarrollar nuevos productos, servicios o procesos, pero en vez de hacerlo por cuenta propia, lo hace dentro de la organización a la que pertenece, sea ésta pública o privada.

De estos últimos nos hemos ocupado profusamente en este blog.  Para muchos analistas, ha llegado la hora de los intraemprendedores, personas creativas, iconoclastas, enemigas de las rutinas, que siempre intentan salirse del guión establecido, buscando el interés general; muchas veces a costa de incomprensiones e incluso de marginaciones.

Se estima que estos rebeldes van a generar el 40% del emprendimiento futuro, siempre que les dejen sus jefes o el sistema jerárquico imperante, sobre todo en las Administraciones Públicas. O ambos.

El World Economic Forum ha acuñado el Entreprenurial Employee Activity (EEA), un indicador que mide el nivel de intraemprendimiento de un país. El EEA es la proporción de la población activa implicada en el desarrollo de nuevas ideas, productos o servicios, o en la generación de nuevas unidades de negocio dentro las organizaciones.

España no destaca en Europa ni por número de emprendedores, creadores de empresas nuevas  (5.7% de la población activa, puesto 22 sobre 28) ni mucho menos por el de intraemprendedores (2% de la población activa, puesto 26, sólo por delante de Grecia y de Italia).

Especialmente lúcido me parece el párrafo final del artículo del profesor Díez Guijarro, del que entresaco algunas frases que suscribo plenamente: “A partir de ahora va a resultar clave impulsar la innovación colectiva. Mejorar la competitividad exige no sólo una mayor inversión en I+D, sino también una ofensiva innovadora que ponga en valor dicha inversión, cuyas garantías de éxito aumentarán si se involucra a todos los agentes económicos y se adopta una estrategia coordinada, transversal y conjunta”.

Modestamente, coincido con Díez en que es preciso y urgente  desatar esa “ofensiva” total, decidida e intensa  que requiere la construcción de una sociedad  innovadora. Parafraseando a Churchill: “La era de la procrastinación, de las medias tintas se ha acabado, estamos entrando en el período de las consecuencias”.

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Prohibido hablar de innovación
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Juan José Ríos | 09-12-2016 | 12:58| 0

Hace poco, un buen amigo, consultor de prestigio que colabora con varias Escuelas de Negocios españolas me comentaba que estaba diseñando con una de ellas un ambicioso y moderno programa de formación para directivos centrado en la cultura de la innovación pero le habían remarcado que en el título del curso no debería figurar la palabra sobre la que debería gravitar el peso del mismo, o sea:  “innovación”.

¿Curioso, no? Es como si se convocara un curso de Inglés avanzado y se publicitara como “Domina el esperanto del siglo XXI”. Este comentario de mi amigo me volvió a recordar el magistral post de Xavi Ferrás, uno de mis gurús de cabecera, “No te podrás jubilar”.

El trinomio I+D+i está muy visto, pero el último término, la “i” , de innovación, parece estar, inexplicablemente,  un tanto desgastado pese a ser el de aparición más reciente,  el menos comprendido y, sobre todo, el menos aplicado.

Al parecer, la palabra innovación ya “no vende”,  al menos como tal vocablo. A lo mejor habría que idear algún sinónimo o crear algún eufemismo para definir este concepto a ver si hace fortuna. Al menos en España, y sobre todo, en el Sur, porque en el norte de nuestro país y en el Norte de Europa no pierden el tiempo con cuestiones semánticas y tienen claro que sin innovación no hay futuro.

Otro tanto podría decirse de China y la prioridad por la innovación marcada por su gobierno con la estrategia  Made in China 2025cuyo objetivo es cambiar la imagen tradicional de manufacturas baratas de baja calidad por otra asociada a productos de alta tecnología y de mayor precio.

Mientras algunos se enredan en disquisiciones lingüísticas, en conflictos de competencias, de liderazgo, o de excusas,  el tiempo pasa sin que asuman  la urgencia de construir sociedades innovadoras, sin emplearse a fondo en esta tarea.

Pero el mundo no espera. Nos estamos descolgando en la lucha por el bienestar futuro, por el empleo de calidad, por el crecimiento empresarial, por la cohesión social. El Norte de Europa se dispara en la carrera por la innovación. Incluso el norte de España pierde paso en su potencia innovadora como arrojan los indicadores del último informe RIS (Regional Innovation Scoreboard) de la Comisión Europea.

La media europea en intensidad de la innovación está en 0´52. España se sitúa bastante por debajo, con un 0´36. Todas las regiones españolas, incluso el País Vasco, nuestro único “innovador fuerte”, que ha disminuido su puntuación en un 6% , han empeorado peligrosamente su capacidad innovadora.

Murcia (-15% con respecto al último informe) ,  está en una posición de “innovador moderado”,  como la gran la mayoría de regiones españolas. Nuestras fortalezas relativas se centran en el Gasto público en I+D, en los niveles de educación universitaria y en exportaciones de productos de media y alta tecnología. Nuestras debilidades se sitúan sobre todo en la insuficiente inversión privada en I+D,y,  en el ámbito de las PYMES, en los aspectos organizacionales, de marketing y de colaboración para innovar.

Los efectos de la crisis, la situación de partida,  o la discutible foto que puede arrojar el sistema de indicadores definido por la UE, son atenuantes de la calificación como innovadores  moderados de nuestro país y de nuestra región en el contexto europeo, pero las reglas del juego son las mismas para todos.

Para aspirar a ser considerados innovadores fuertes o líderes, en terminología de la Unión Europea, habrá que inspirarse en los países y regiones que ya lo son. Este objetivo supone un reto colectivo en el que los gobiernos tienen mucho que decir, pero la sociedad civil también es corresponsable.

Es preciso generar una corriente social innovadora que  ayude, que oriente, y cuestione, llegado el caso,  a las Administraciones Públicas, sean del signo que sean,  que no tienen por qué poseer ni todo el conocimiento ni todos los recursos, ni el criterio para priorizar actuaciones, ni la organización transversal necesaria para dar respuestas a los problemas actuales y futuros de la sociedad.

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Es hora de replantear la tópica cuestión kennedyana. Que cada uno nos preguntemos, y yo, ¿qué puedo hacer? y sobre todo, ¿qué podemos hacer todos juntos?

Contribuyamos entre todos a construir una sociedad innovadora en la que se manejen con soltura y proliferen ideas y proyectos basados en conceptos como bioeconomía, economía creativa, industria conectada, Big Data, impresión 3D, smart cities, cleanweb, el mundo del trabajo, la economía circular, el nuevo management, la innovación social, el futuro de la educación, la innovación pública, el gobierno abierto,…

El reto está servido.

 

 

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La economía algorítmica
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Juan José Ríos | 26-11-2016 | 2:02| 0

 Cada minuto en Internet 

Cada vez que una persona,  una empresa o un dispositivo conectado a Internet realiza alguna actividad on line se generan datos muy valiosos – el nuevo oro – que hay que tratar, analizar y lo que es muy importante, proteger y conservar en algún soporte físico, bien sea personal, en local o en la nube.

Nuestro futuro inminente se va a desenvolver en un océano de datos interconectados, generando billones de nuevas relaciones  entre las que habrá que bucear para extraer aquéllas que aporten más valor para mejorar nuestra calidad de vida, para transformar los servicios públicos, para hacer más sostenibles y eficientes nuestras ciudades (Smart cities)  y para fomentar el  crecimiento económico.

http://www.valerialandivar.com/2016/04/internet-2016.html

El Big Data está aquí

El problema es que el hombre  tiene una capacidad limitada de analizar, de interpretar y de tomar decisiones inmediatas cuando las interrelaciones a tratar son continuas, numerosas y complejas.

Si no hubiera automatizado sus procesos, ¿cuántos empleados debería tener Amazon  analizando en tiempo real los datos de las compras de millones de usuarios para desencadenar manualmente acciones de publicitarias o de fidelización de clientes?  Su algoritmo de recomendación de búsquedas induce un aumento de las ventas de un 15%.

Los datos per se son intrínsecamente mudos. Hay que saber  transformarlos en información y ésta en conocimiento útil, fácilmente visualizable por las personas que deben tomar decisiones.

De esto trata, en esencia, el Big Data. De reconocer el valor de los datos para el negocio, de definir las infraestructuras tecnológicas necesarias, de la generación de modelos, del análisis, la  visualización e interpretación de los datos.

Los especialistas en Big Data,  los Data Scientist serán uno de los perfiles profesionales más demandados en los próximos años, para cualquier tipo de empresa, no sólo las tecnológicas.

Si esto está ocurriendo ya, con los datos originados fundamentalmente por las interacciones humanas, ¿qué dificultades cabe esperar de la eclosión del Internet de casi todas las cosas  y la vorágine de datos que van a generar continuamente las máquinas?

 

 

El poder de los algoritmos

Básicamente, un algoritmo es un procedimiento para resolver un problema, del tipo que sea. Desde la más tierna infancia estamos usando, sin identificarlos como tales,  algoritmos cuantitativos, para multiplicar, dividir o para hacer raíces cuadradas, éste último ya en franca decadencia.

Un claro ejemplo de cómo el conocimiento se puede convertir en una innovación de éxito mundial es el potente motor de búsqueda de Google, la marca más valiosa del planeta. Su PageRank es  una familia de complejos algoritmos matemáticos basados en la teoría de grafos y en el álgebra lineal (matrices de miles de millones de filas y columnas), que sufrió, por cierto, importantes modificaciones el año pasado, obligando a millones de páginas web a adaptar sus contenidos a los smartphones, para no ser penalizadas en los resultados de las búsquedas.

Waze recomienda la ruta óptima a millones de conductores gracias a un algoritmo específico del que sólo se conocen algunos aspectos generales. Lo mismo se podría decir de Spotify, la plataforma líder de difusión musical, con 20 millones de usuarios de pago mensuales. O de los que permiten la aparición del coche inteligente, elemento clave del  futuro del transporte.

La consultora tecnológica americana Gartner  ha acuñado el neologismo economía algorítmica para resaltar el enorme valor potencial que  poseen las interrelaciones entre los datos generados por multitud de dispositivos de uso personal y profesional, que hasta ahora se tratan aisladamente.

También se refiere a los datos provenientes de sensores y de máquinas que desbordarán la capacidad humana de tratamiento y que requerirán el diseño de algoritmos que posibiliten el entendimiento directo entre dispositivos, que sean sensibles al entorno, que actúen en consecuencia, de forma automática, y que sean capaces, además de aprender, en el sentido de ir perfeccionando su rendimiento para ir automejorando sus prestaciones.

Según Gartner los algoritmos se convertirán en una poderosa arma competitiva para todas las industrias, sobre todo a las más intensivas en la generación de datos de múltiples fuentes, como las empresas de logística, las de análisis de riesgos, las aseguradoras y las de selección de personal.

Vale la pena dedicar unos pocos minutos a visualizar este interesante vídeo: “Los algoritmos al poder” que nos sugiere cuestiones como: ¿Cómo prever la música del mañana? ¿Reemplazarán las máquinas y los algoritmos a los humanos? Spotify apuesta por el Big data para anticipar los gustos de los consumidores…

 

Como si fuera la fórmula de la Coca-Cola, tiene todo el sentido que las empresas protejan celosamente sus algoritmos en un entorno en el que Whatsapp, la mayor compañía telefónica del mundo envía ¡35.000 millones de mensajes diarios¡ sin poseer una infraestructura de telecomunicaciones o Uber, principal empresa de taxis del planeta usa algoritmos para conectar vehículos con pasajeros,sin poseer ni un solo coche en propiedad.

La industria TIC se enfrenta a acuciantes retos de gestión, almacenamiento y protección de los activos informáticos, desafíos generadores, a su vez, de oportunidades de negocio y de creación de empleo relacionado con la ciberseguridad y con el análisis de datos.

(Este post es una adaptación, corregida y aumentada, como se se suele decir, de un artículo del mismo título escrito para la edición impresa de la Revista de la Comunidad valenciana, economía3)

 

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Estudiar para trabajar
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Juan José Ríos | 09-11-2016 | 1:01| 0

El futuro del trabajo es uno de los mayores retos que tienen que afrontar las sociedades actuales. En un contexto globalizado, hiperdigitalizado e interconectado, la demanda de profesionales de las tecnologías de la información crece a un ritmo anual del 3%.

El 65% de los niños que han empezado sus estudios primarios este curso trabajarán en ocupaciones que todavía no existen, algunas con nombres tan originales como nostalgista, experto en simplificación, silvestrador o consejero de robots.

La acelerada convergencia de los avances en campos hasta ahora disjuntos o escasamente relacionados, como la inteligencia artificial,  el Internet de las cosas, la robótica, la bio y nanotecnología, el Big Data, la impresión 3D/4D, los nuevos materiales, como el grafeno o la realidad aumentada están en la base de la imparable e incipiente  4ª Revolución Industrial.

El Foro Económico Mundial (WEF), en su última reunión celebrada en Davos, advierte que nunca como hasta ahora, en los albores de la 4ª Revolución Industrial,  se han dado las condiciones para que se desencadene  la “tormenta perfecta”que puede generar la pérdida de 5 millones netos de empleos en los próximos años en Europa.

 

https://www.weforum.org/agenda/2016/01/what-role-will-education-play-in-the-fourth-industrial-revolution

Asimismo, incide el WEF en la necesidad urgente de mejorar la cultura digital de los ciudadanos, de fomentar las vocaciones científico-técnicas entre los jóvenes y de potenciar habilidades como la capacidad de resolución de problemas, la creatividad y el pensamiento crítico.

El mercado de la Industria 4.0 requiere, en definitiva, perfiles multidisciplinares, competentes en tecnología, ingeniería, informática, telecomunicaciones, matemáticas, diseño o marketing, con capacidad de aprendizaje continuo y de evolución hacia otras áreas de conocimiento.

La educación superior debe configurarse más a medida del estudiante, transformando un paradigma que consiste en impartir conocimientos “por  si acaso”, que a lo mejor no se necesitan nunca, en otro modelo just in time, más personalizado, multidisciplinar  y más conectado con el mundo del trabajo.

La educación clásica ha propiciado que nos encontremos en un nuevo entorno que cuestiona su validez por lo que  el Foro de Davos anima a reflexionar sobre la necesidad imperiosa de preparar adecuadamente a las futuras generaciones para acceder el mercado laboral.

Un nuevo escenario exige un nuevo modelo educativo. Resurge con fuerza la dicotomía ciencias-letras. Se comienza a valorar más la acreditación de ciertos conocimientos que algunos diplomas oficiales.  Se cuestiona la importancia de poseer títulos de  algunas especialidades con escasas o nulas salidas, con el coste que implica y la carga de frustración que supone para los estudiantes.

“Las Universidades no pueden ir a remolque de la sociedad. Con cientos de miles de vacantes de puestos de trabajo en la UE sin cubrir y mientras tanto  generando excedentes de profesiones sin salidas laborales. Las universidades necesitan salir de su zona de confort”, como asegura una voz tan autorizada como la de Andrés Pedreño.

Seguir haciendo las cosas como siempre no es una opción. Se necesitan liderazgos fuertes para superar la endémica aversión al riesgo y el inmovilismo que caracteriza al mundo académico,  apostando por la innovación para ofrecer nuevos servicios.

A este propósito,  Xavier Marcet, cuestiona la capacidad innovadora de las universidades, trasladándonos algunas reflexiones que estas instituciones deberían plantearse en aras de su propia supervivencia:

En un mundo que dobla el acceso al conocimiento cada año ¿qué contenidos deben estudiarse?

¿Cómo se va a utilizar la inteligencia artificial en la universidad? 

La realidad virtual tiene un alto potencial didáctico como acaba de demostrar el Pokemon Go. ¿Para cuándo soluciones de este tipo para aprender?

“Todo el mundo debería aprender a programar porque enseña a pensar“, decía Steve Jobs. El incipiente movimiento del coding (la segunda “lengua” que deberían aprender todos los estudiantes), ¿cómo se contempla  en nuestro sistema educativo?

– Los titulados universitarios van a tener una vida profesional muy líquida. Van a vivir en el cambio, Pero, ¿no es una contradicción que sus profesores sean personas de una sola experiencia profesional? 

El mundo es global, pero la universidad es local. Empiezan a surgir propuestas de universidad global, sin campus ni profesores estrella ni clases magistrales,  como el conocido modelo de Minerva: la llamada Universidad del futuro. Ante ello, ¿qué van a hacer las ANECA de turno?

 

 

Finalmente, otra iniciativa digna de consideración y de estudio por parte de las instituciones universitarias es el caso de la Singularity University, por la inmersión en el futuro que posibilita. Está patrocinada por la NASA y por Google, y ha abierto una sede en Sevilla.

Como escribimos en su momento, la Universidad de la Singularidad pretende ofrecer un enfoque multidisciplinar que supere la tendencia de las universidades clásicas de “empujar a la gente a través de embudos estrechos”,  limitadores de la creatividad, y por ende, de las posibilidades de encontrar empleo.

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Los jefes, ¿una especie en vías de extinción?
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Juan José Ríos | 21-10-2016 | 12:01| 0

Es imposible ser completamente feliz sin serlo en el trabajo, al que le dedicamos un tercio de nuestra vida.  Cuánta energía y cuánto talento se desperdician a causa de modelos organizativos y de jefes ineptos, capataces de rutinas,   que no saben motivar a sus empleados. Es lo que Gary Hamel llama la vergüenza del management. No sin razón se suele decir que la gente buena no se va de las empresas sino que huye de sus jefes.

 

Pero, … ¿y si pudiéramos ir cada día al trabajo sin tratar con nadie que nos mandara?

La holocracia, término griego que significa la gestión sin jefes, es un modelo organizativo basado en la corresponsabilidad y la autonomía de los trabajadores, que persigue el pleno desarrollo del potencial humano de la fuerza laboral.

Este nuevo paradigma emergente de organizaciones con alma, centradas en los clientes, por encima de las burocracias al uso, es el que se conoce con el nombre de TEAL (verde turquesa) en la terminología que usa Frederic Laloux,  un ex directivo de Mc Kinsey, en su libro “Reinventando las organizaciones”.

Modelos organizativos

Laloux usa una metáfora muy gráfica para ilustrar este nuevo concepto de organizaciones TEAL y, en concreto,  de la importancia del entorno para conseguir que los empleados consigan un nivel de motivación y de realización personal que les haga estar más comprometidos con su trabajo, mejorando así su productividad.

Los pingüinos son animales torpes en tierra, pero su nivel de eficiencia es máximo bajo el agua: son capaces de nadar a gran velocidad, desplazándose a distancias de 2000 kms con la energía equivalente a 1 litro de combustible.

Diseñar y construir el entorno adecuado en el seno de las organizaciones es el gran reto que deben afrontar los directivos de este cambio de era en el que estamos inmersos. Lo que no significa que el modelo TEAL sea el único y el idóneo para todas las empresas y de forma inmediata.

Las grandes corporaciones e instituciones públicas pueden y deben ser organizaciones duales, funcionando con dos sistemas operativos, al menos por un tiempo: el clásico, rígido y vertical que garantiza los resultados de hoy, y el  estilo abierto, informal, ágil, colaborativo y horizontal del modelo redárquico que estimule el talento necesario para que florezcan las innovaciones que aseguren el futuro.

No obstante, los signos del futuro están siempre en el presente. Uno de los casos de éxito de organizaciones TEAL que se puede considerar un ejemplo de innovación social es Buurtzorg, una institución holandesa sin ánimo de lucro dedicada a la  atención domiciliaria a pacientes crónicos y a ancianos, bajo el lema: “Las personas por encima de la burocracia”.

Su fundador fue Jos de Blok, un enfermero del sistema público de salud de Holanda, que , con un equipo inicial de 10 compañeras, creó su propia empresa, en 2006, cansado de ver cómo desde dentro era imposible cambiar los rígidos y fríos esquemas burocráticos que dificultaban su visión de lo que él consideraba debía ser un modelo integrado, más simple, más humano, y más eficiente, de atender a los pacientes.

En Buurtzorg no hay jerarquías, se trabaja en grupo para resolver problemas de los pacientes, se crean nuevas soluciones, se intercambian ideas, la gente se siente más realizada, y más comprometida.

Las enfermeras trabajan en equipos de 10 a 12 personas y atienden a un máximo de 50 pacientes. No hay líder definido: las decisiones se toman de forma colectiva. Ellos mismos se ocupan de todas las tareas: ingresos, planificaciones, administración, coordinación con los médicos de familia y hospitales,…para lo cual reciben la formación adecuada.

El cuidado de la salud ya no está fragmentado. Buurtzorg es una organización centrada en el enfermo.  Se establece una relación de confianza con los pacientes, poniendo especial énfasis en la autonomía y el autocuidado de los propios enfermos, intentando no hacerse imprescindible,  a pesar de  tratarse de una organización privada cuyo único producto facturable son las horas de servicio. De hecho, facturan sólo el 60% de las horas que trabajan.

Y lo más importante de todo: los usuarios se sienten más satisfechos que con el sistema jerárquico y burocrático anterior. La empresa gana dinero, que reinvierte en mejorar sus servicios, y , sorprendentemente, éstos tienen un coste menor para las arcas públicas.

RESULTADOS

  • Ahora son más de 8000 enfermeras trabajando para Buurtzorg en varios países, como China, Japón o Suecia.
  • Ha sido reconocida en Holanda como la mejor empresa empleadora durante 2 años consecutivos.
  •  Pacientes y familias encantados con el trato y la atención recibida.
  • Los pacientes sanan antes y se vuelven más autónomos en el cuidado de su propia salud.
  • Como consecuencia, se reducen en un tercio los ingresos hospitalarios, y cuando se producen, la estancia media es más breve.
  • Se estima que si todas las organizaciones de atención hospitalaria en Holanda obtuvieran los resultados de Buurtzorg, el sistema de seguridad social se ahorraría cerca de 2.000 millones de euros/año.
  • Si se extrapolara a los EEUU, esta cifra sería de 50.000 millones €/año.
  • Cifras espectaculares para tratarse sólo de atención domiciliaria. Y no incluyen el valor incalculable de lo que significa para los pacientes el apoyo emocional y personal que reciben durante los últimos años de su vida.
    • Y el sentido de la vocación de las enfermeras:
      • Absentismo: 60% inferior al de otras instituciones similares. Un 33% menos de sustituciones.
  • Si se extendiera el ejemplo a otros ámbitos de actuación imaginemos los beneficios y los ahorros potenciales: mayor satisfacción de los ciudadanos y menos impuestos a pagar, o más recursos que aflorarían para dedicarlos a cubrir otras necesidades.

 

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Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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