La Verdad
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Categoría: Innovación y pública, ¿es posible?
Salud, dinero y amor

En estas fechas, infinidad de personas nos hemos cruzado mutuos deseos de ser felices. Pero, ¿sabríamos definir el concepto de felicidad? Item más, ¿sabemos que hay métodos para medirla científicamente? ¿Conocemos en qué consiste la economía de la felicidad?
Como decía una canción de mi adolescencia, tres cosas hay en la vida: salud, dinero (el mundo del trabajo y de la economía) y amor (los afectos, en general), sabio resumen práctico de las tres dimensiones que popularmente le asignamos a la felicidad, y por ese orden de importancia.
Los filósofos, desde la más remota antigüedad,  fueron los primeros pensadores en ocuparse de esta aspiración universal de los humanos de todos los tiempos.

Sin ánimo de ser exhaustivo, aquí van algunas de sus reflexiones, nada sorprendentes por cierto, la mayoría de ellas:

  • Para ser feliz es preciso disponer de un alma sana en un cuerpo saludable, en armonía con la naturaleza.
  • La felicidad se consigue cuando coinciden la vida proyectada con la vida efectiva.
  • Llevar una vida sin angustias, atenta a las cosas, a disfrutar de la fortuna pero sin dejarse llevar por ellas ni hundirse con los reveses que se puedan sufrir.
  • Una mente adaptable a la época (Esto lo dijo Séneca, ¡hace dos mil años!)
  • L felicidad que sentimos es directamente proporcional a la cantidad de tiempo que pasamos ocupados en actividades que nos agradan tanto que  absorben completamente nuestra atención (Ortega y Gasset)

 

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Más recientemente, han entrado en escena los psicólogos. En este colectivo brilla con luz propia Mihaly Csikszentmihalyi, catedrático de Neurociencias de la Universidad de Stanford, aunque no consta la influencia de nuestro Ortega y Gasset en su obra.

En una charla TED: El flujo, el secreto de la felicidad, Mihaly resume de forma amena su conocida teoría del flujo, según la cual,  el trabajo es más idóneo que el ocio  para alcanzar un estado que se puede identificar como de felicidad.

En su estudio, no apto para vagos, analiza el estado de éxtasis, que trasciende la propia realidad existencial, en el que parece que el tiempo se detiene y que acompaña con frecuencia a la inspiración creativa, tan relacionada con el mundo de la innovación.

Otros psicólogos han ideado métodos para medir la felicidad de la gente. Es el caso de Daniel Kahneman, el premio Nobel de Economía en 2002,  con su MRD (Método de Reconstrucción del Día), que consiste en recrear la jornada de una persona pidiéndole que valore cada situación vivida.

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Los matemáticos no íbamos a ir a la zaga en esta materia. Que yo sepa se han acuñado dos fórmulas que predicen el grado de felicidad de una persona en un momento determinado.

Una de ellas, la del gráfico de arriba, es función de las expectativas de un individuo y tiene en cuenta sus sentimientos de envidia y de culpa.

La segunda tiene una curiosa peculiaridad: no  contempla la salud, ni el dinero ni el amor. Fue creada por un exdirectivo de Google que perdió a su hijo en una operación quirúrgica.

Por último, pero no menos importante, economistas y psicólogos han acuñado el concepto de economía de la felicidad, una tecnología social que emerge con el objeto de mejorar el bienestar de todos los ciudadanos en armonía con la naturaleza y con su propia esencia como persona.

Parece cada vez más evidente la insostenibilidad medioambiental y las desigualdades que puede propiciar el desarrollo tecnológico. Es preciso, en un marco ético, supeditar la economía al individuo y a la naturaleza y no al revés.

De ahí la necesidad de establecer indicadores más adecuados que los que sólo miden la riqueza de las naciones, como el PIB.

El PIB refleja la riqueza material de un país pero es un pobre indicador de desarrollo humano, y por tanto de felicidad porque no recoge los factores que determinan calidad de vida de los ciudadanos.

Una vez cubiertas las necesidades básicas, existen otros elementos que son tan importantes o más que el dinero, como pueden ser la salud, las relaciones sociales (familia, amigos),  un trabajo gratificante, un entorno físico agradable, el acceso a la cultura, …

Bután, un pequeño reino de apenas 700.000 habitantes, de renta per cápita media-baja, situado entre la India y China, fue, hace 50 años ya,  el país inspirador del concepto de Felicidad Nacional Bruta (FNB)  como alternativa al PIB.

 La filosofía de la FNB tiene como objetivo fundamental humanizar la economía desde un punto de vista integral y colectivo, buscando el bienestar general, la solidaridad y la cohesión de la sociedad teniendo en cuenta no sólo las necesidades materiales de los ciudadanos sino también las espirituales, culturales y sociales.

Partiendo de la base de que los países más ricos no son necesariamente los más felices, se pretende establecer, en definitiva, el progreso equilibrado de un país o región, inteligente (basado en la innovación), sostenible  (que respete el medio ambiente) e inclusivo (que reduzca las desigualdades)  como objetivo fundamental de las políticas públicas.

La felicidad de una nación puede medirse por medio del Happy Planet Index, un indicador según el cual  España ocupa el puesto 15º entre los 140 países analizados por la  New Economics Foundation (NEF) , un grupo de economistas británicos que crearon el HPI en 2009.

“El foco ya no está en la herencia industrial de producir para consumir, sino en crear para ser feliz.

El talento libre y motivado por un propósito superior es la clave para la construcción de auténticas economías del conocimiento, creativas y humanas, generadoras de prosperidad compartida.

Solo en este nuevo mundo la economía de la felicidad es posible”

(Economía de la felicidad,  magnífico libro de Josep Coll y Xavier Ferrás que me ha servido de inspiración)

 

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Camino de la inmortalidad

Con cierta frecuencia se escuchan expresiones como éstas: “si le hubieran detectado a tiempo la enfermedad. Si el tratamiento hubiera sido el correcto. Si no hubiera ocurrido en agosto…”.

Para el 2045 está anunciada la muerte de la muerte, el hombre será inmortal, pero de momento, sólo en Estados Unidos, se estima que mueren 45.000 personas al año debido a errores de diagnóstico, tantas como las producidas por el cáncer de mama.

En España no existen registros de este tipo pero, con toda seguridad, fallecen anualmente también muchas personas como consecuencia de errores humanos y demoras en las pruebas clínicas.

Sobre los médicos recae la enorme responsabilidad de acertar con nuestras dolencias,  en una breve consulta  (6 minutos de media es el objetivo para el año próximo en Murcia) en el caso de la Atención Primaria, la puerta de entrada a los sistemas públicos de salud.

Para un profesional sanitario cada vez resulta más difícil estar al día de los últimos avances cuando cada 5 años se duplica el conocimiento científico en el ámbito de la Medicina.  Por citar un ejemplo, sólo en el campo de las enfermedades coronarias se publican unos 5.000 artículos anuales.

Sin embargo,  las mismas tecnologías que permiten extender nuevo conocimiento de forma exponencial hasta límites inabordables por la mente humana, hacen posible procesar, en unos segundos, enormes volúmenes de datos convirtiéndose así en un poderoso instrumento de ayuda a las decisiones que deben tomar los facultativos, a los que les puede llegar a facilitar hasta el 80% de sus actividades cotidianas.

Las últimas investigaciones de Google o IBM, con su proyecto WATSON de computación cognitiva, han probado que un ordenador puede diagnosticar la retinopatia diabética o el cáncer de mama con la misma fiabilidad que un médico, al que puede proveer de informaciones muy valiosas sobre la evolución de las enfermedades y de los tratamientos, no sólo de sus propios pacientes sino también de los de sus colegas.

 Estamos en los albores de una medicina de alta precisión como resultado de la aplicación de técnicas de Big Data, de Inteligencia Artificial, de conocimiento cognitivo y de impresión 3D.

En los casos más complejos, se facilita enormemente la posibilidad de no depender del criterio de un sólo especialista, aprovechando, en tiempo real,  y evitando que se pierda la experiencia atesorada, en soporte digital, por los mejores galenos del mundo.

El médico puede disponer, en 15 segundos, de una ayuda inestimable basada en las modernas técnicas de análisis de datos y de lingüistica computacional  que posibilitan extraer correlaciones y hacer predicciones imposibles de realizar por la mente humana, interpretando y modelizando el lenguaje natural en el que  se redactan las historias clínicas.

Vuelve a resurgir, en sentido metafórico, corregido y ampliado, la inteligencia colectiva de las “juntas de médicos” que sólo las personas más pudientes podían permitirse, no hace tantos años, ante la presencia de una patología grave.

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Aunque en España no se suelen solicitar,  “las segundas opiniones son cruciales en los casos de cáncer que van mal,” asegura Miguel Martín, reconocido experto en tumores de mama, actual Presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica.

El conocimiento médico digitalizado es, pues, un poderoso instrumento de prevención y cuidado de la salud,  que se puede compartir de forma instantánea, generalizada, ubicua y también económica.

Los costes de los sistemas públicos de salud son enormes, en un contexto de envejecimiento y aumento de los enfermos crónicos. McKinsey estima que las técnicas de Big Data  pueden generar ahorros de 250.000 M€ en el sector público.

Las dos terceras partes de esta descomunal cifra se estiman en la reducción de gastos innecesarios en el cuidado de los pacientes, pero no son despreciables los relativos a la gestión y administración de centros de salud y hospitales.

De hecho, en la Digital Health Summit de 2013, los expertos concluyeron que no hay otra salida posible para prevenir la quiebra de los sistemas públicos de salud de los paises occidentales que aplicar las tecnologías de Big Data, de Internet de las cosas y de Inteligencia Artificial (IA).

Invitado por la Consejeria de Sanidad, sobre estos temas nos ilustró en Murcia, hace unos meses, el neurólogo y experto en Big Data, Nacho Medrano, de ascendencia murciana, brillante orador, con un dominio de la escena impropio de su juventud.

No en vano puede presumir de haber sido uno de los escasos científicos españoles becado por la Universidad de la Singularidad, precisamente la institución que ha predicho la inmortalidad en 2045.

Suya es la frase:“El hospital más importante va a estar en Internet, no va a ser un espacio fisico”

 

 

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Que viene el lobo

Suiza 164, España 78. Si éste fuera un resultado de baloncesto, o, sobre todo, su equivalente en fútbol,  sería objeto de airados debates populares y motivo de profundos análisis en las más altas esferas deportivas.
Pero no nos preocupemos,  se trata sólo de un marcador global que mide el nivel innovador de los distintos países de Europa y cuya media se establece en 102 puntos, dato que alivia un poco el varapalo comparativo de España.
Innovación y deporte no son, sin embargo, ámbitos disjuntos. Así lo remarcó el año pasado nuestro Rey Felipe VI, en la presentación del informe COTEC 2016, del que nos hicimos eco en este blog:
“Existe un paralelismo claro con el deporte. La creatividad es tan buena para la mente como el ejercicio físico para el cuerpo. Hay que pasar de las proezas extraordinarias a los buenos resultados planificados; de lo individual a lo colectivo; de una concepción personal del éxito, a una proyección del mismo en toda la sociedad”.
 Por cierto, el pasado 12 de junio,en la presentación del informe COTEC 2017, acto que se celebró en el vetusto y casi clausurado Estadio Vicente Calderón, Felipe VI resaltó una de las principales conclusiones de este estudio: “el nivel de inversión en I+D+i sigue estando por debajo de la media y España puede quedar descolgada de los grandes desafíos de los estados actuales”.

Volviendo al principio, el último informe EIS (European Innovation Scoreboard) , del que hemos extraído el resultado del párrafo inicial, sigue refinando sus cálculos, añadiendo nuevos indicadores, como son los relativos a la colaboración público-privada, las capacidades digitales, los recursos humanos o el índice de emprendimiento de los países y regiones europeas.

También ha incorporado el EIS una interesante herramienta gráfica de visualización de datos, que facilita las comparaciones y la consulta de las puntuaciones para cada indicador por separado, y por supuesto, del resumen global.

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Dos informes, el COTEC y el EIS 2017 coincidentes en el tiempo y en el diagnóstico: Que viene el lobo, que sigue viniendo …que España se aleja del norte de Europa y de la senda de los países desarrollados en su apuesta estratégica por la innovación.

Xavi Ferrás, una de las mayores autoridades españolas en la materia, ha comentado los dos recientes documentos que hemos traído a colación , con su habitual estilo punzante pero constructivo, que busca siempre provocar reacciones con los datos en la mano.

Con respecto al informe COTEC 17, el título de su artículo no puede ser más gráfico: “España, innovación africana” :

“Es difícil encontrar un indicador más claro de lo que todos percibimos en la calle: se recupera la economía, sí, pero volvemos a las andadas. Sol, playa, paella y sangría. Vuelve la fiesta del sector de la construcción. Eso de la invención, sigue, desde tiempos de Unamuno, en manos de otros”

Tampoco se queda atrás el post dedicado a los resultados del EIS 2017: Historia de dos Europas:

Europa sigue escindida entre un centro-norte que consolida sus economías basadas en conocimiento, tecnología e industria, y una periferia donde la innovación sigue siendo un bonito slogan que figura en todos los planes estratégicos, pero en muy pocos presupuestos reales, ni públicos ni privados.

Se precisa un marco institucional que priorice de forma absoluta la innovación como forma de competir, de crear valor para la sociedad y de garantizar la sostenibilidad del estado del bienestar”

Por lo que respecta al ámbito regional, el RIS (Regional Innovation Scoreboard),  una extensión del EIS, señala las fortalezas y debilidades de nuestra región, reconociendo los avances experimentados en los últimos años, dentro de la categoría de innovadores moderados en la que nos encuadra, como a la mayoría de las regiones españolas.

Mi voz es muy débil pero se une a las de un grupo de ciudadanos que, liderados  por una persona de mucha visión, experiencia y prestigio, piensa, pensamos que también viene el lobo para la Región de Murcia, y que no basta con avisarlo.

Es momento de que la sociedad civil adopte un papel activo, comprometiéndose con  algo más que palabras en una ofensiva total en la construcción de una sociedad innovadora. Se esperan próximos acontecimientos.

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La 35ª prioridad

“Todas las iniciativas que veo para incentivar la innovación son la prioridad número 35 de un gobernante”. Son palabras de Andy Freire, emprendedor e innovador argentino que fue designado “Líder Global del Mañana 2002” por el Foro Económico Mundial. En la actualidad es Ministro de Modernización, Innovación y Tecnología de la ciudad de Buenos Aires.

Tras ser un empresario de éxito reconocido, ahora, como gobernante de nuevo cuño, cabe esperar que Freire sea capaz de hacer ver, por la vía de los hechos y si la burocracia no lo impide, que la innovación debe ocupar un lugar preferente en el orden de prioridades  de los responsables políticos.

Esto implica la consideración de este concepto como una cuestión de estado que afecta a toda la sociedad y que no puede ser encerrada entre las competencias de un departamento concreto, aunque  esté dirigido por una figura de la innegable talla de Andy Freire.

 

Ecos del 2016 … 

En algún sitio he leído que si nuestra casa se está quemando no podemos quedarnos parados esperando la llegada de los bomberos. Sin innovación se quema la prosperidad y la sostenibilidad del estado del bienestar.

Los gobiernos no tienen todas las respuestas a los problemas sociales pero sí tienen mucho que decir en la resolución de los mismos, promoviendo la cultura de la innovación y actuando, incluso, con mentalidad emprendedora, en el sentido que apunta Mariana Mazzucato. Pero la sociedad civil, es decir todos, tenemos que movilizarnos, si nos creemos, de verdad, que sin innovación no hay futuro.

La construcción de una sociedad innovadora desde una concepción transversal, colaborativa e inclusiva y el papel de las Administraciones Públicas en este proceso,  ha sido una de las principales cuestiones  que he ido deslizando en este blog,  de forma reiterada a lo largo del 2016, de ahí la elección de las palabras de Andy Freire para comenzar este post.

Las entradas más leídas

Recién entrado en su 4º año de andadura, el ranking de los artículos  de este blog que más han suscitado el interés de los lectores en 2016, siempre dentro de unas cifras modestas, ha quedado así:

1. Cómo mejorar nuestra creatividad

Sin creatividad no hay innovación pero sólo con ella tampoco. La generación de ideas depende más de la obsesión y de la perseverancia que del coeficiente intelectual.Lo más importante es que existen técnicas y metodologías para desarrollar nuestras habilidades creativas.

2. Innovación pública: 4 barreras y cómo superarlas

Las barreras, ya clásicas, son:  la visión cortoplacista de los líderes políticos,  su falta de preparación para gestionar a los empleados innovadores, la inexistencia de procedimientos reglados para innovar y las dificultades presupuestarias.

“Los problemas actuales no los puede resolver  un solo departamento, pero es complicado concretar cualquier intento de colaboración interdepartamental”.

La  forma de superar estos obstáculos consiste en abordar tres tipos de actuaciones: definiendo procesos, estableciendo principios de liderazgo y creando una infraestructura estable ad hoc, como equipos de innovación y comunidades de práctica.

3. La desobedencia necesaria para innovar

La desobediencia inteligente es el motor de la innovación. En las organizaciones conservadoras que hemos construido, no se favorece sino que se penaliza el cuestionamiento de las rutinas establecidas, cuando ser conformista puede constituir una práctica negligente.

 Obviamente, no hablamos de instigar una revolución interna de forma irresponsable y caprichosa,   pero tolerar resignada, indolente o egoístamente prácticas  manifiestamente mejorables en nuestras empresas e instituciones es una forma de perjudicarlas por inacción.

4. Rebeldes con causa

Muy relacionado con el post anterior. Vivimos tiempos de organizaciones duales, que deben aprender a complementar el funcionamiento en modo burocrático, cerrado, jerárquico, vertical, en el que prima el orden y la rutina pero que asegura los resultados de hoy con el estilo abierto, informal, ágil, colaborativo y horizontal del modelo en red (redárquico) necesario para que florezcan las innovaciones que garantizarán la prosperidad  futura.

5. Innovaciones baratas

Las instituciones necesitan abordar el  rediseño de todos sus procedimientos desde la perspectiva del ciudadano y no desde la óptica de cada departamento, o de cada nivel competencial o administrativo, como hasta ahora.

Si no se aplican los esfuerzos necesarios para combinar costosos recursos TIC con este tipo de innovación organizativa, barata, de la que hablamos, correremos el riesgo, tantas veces señalado por los expertos:  “si se digitaliza la burocracia seguiremos teniendo más burocracia, eso sí, un poco mejorada, una e-burocracia”.

6. Decálogo para una sociedad innovadora

En 2016 hasta me he atrevido a publicar este documento de unas 30 páginas que se puede descargar aquí: DECÁLOGO PARA UNA SOCIEDAD INNOVADORA

… y propósitos para el 2017

Como objetivos personales de cara a este año, me propongo continuar predicando la palabra de la innovación, si se me permite el símil religioso. Seguir la estela de los grandes referentes nacionales e internacionales, divulgar su obra y sus opiniones, manifestar las mías con sinceridad y objetividad.

En definitiva, seguir luchando con humildad pero también con perseverancia por la construcción de una sociedad murciana innovadora, empresa en la que estamos comprometidos un buen grupo de amigos. Una iniciativa ilusionante se encuentra en avanzado proceso de gestación. Hasta aquí puedo escribir.

 

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Estudiar para trabajar

El futuro del trabajo es uno de los mayores retos que tienen que afrontar las sociedades actuales. En un contexto globalizado, hiperdigitalizado e interconectado, la demanda de profesionales de las tecnologías de la información crece a un ritmo anual del 3%.

El 65% de los niños que han empezado sus estudios primarios este curso trabajarán en ocupaciones que todavía no existen, algunas con nombres tan originales como nostalgista, experto en simplificación, silvestrador o consejero de robots.

La acelerada convergencia de los avances en campos hasta ahora disjuntos o escasamente relacionados, como la inteligencia artificial,  el Internet de las cosas, la robótica, la bio y nanotecnología, el Big Data, la impresión 3D/4D, los nuevos materiales, como el grafeno o la realidad aumentada están en la base de la imparable e incipiente  4ª Revolución Industrial.

El Foro Económico Mundial (WEF), en su última reunión celebrada en Davos, advierte que nunca como hasta ahora, en los albores de la 4ª Revolución Industrial,  se han dado las condiciones para que se desencadene  la “tormenta perfecta”que puede generar la pérdida de 5 millones netos de empleos en los próximos años en Europa.

 

https://www.weforum.org/agenda/2016/01/what-role-will-education-play-in-the-fourth-industrial-revolution

Asimismo, incide el WEF en la necesidad urgente de mejorar la cultura digital de los ciudadanos, de fomentar las vocaciones científico-técnicas entre los jóvenes y de potenciar habilidades como la capacidad de resolución de problemas, la creatividad y el pensamiento crítico.

El mercado de la Industria 4.0 requiere, en definitiva, perfiles multidisciplinares, competentes en tecnología, ingeniería, informática, telecomunicaciones, matemáticas, diseño o marketing, con capacidad de aprendizaje continuo y de evolución hacia otras áreas de conocimiento.

La educación superior debe configurarse más a medida del estudiante, transformando un paradigma que consiste en impartir conocimientos “por  si acaso”, que a lo mejor no se necesitan nunca, en otro modelo just in time, más personalizado, multidisciplinar  y más conectado con el mundo del trabajo.

La educación clásica ha propiciado que nos encontremos en un nuevo entorno que cuestiona su validez por lo que  el Foro de Davos anima a reflexionar sobre la necesidad imperiosa de preparar adecuadamente a las futuras generaciones para acceder el mercado laboral.

Un nuevo escenario exige un nuevo modelo educativo. Resurge con fuerza la dicotomía ciencias-letras. Se comienza a valorar más la acreditación de ciertos conocimientos que algunos diplomas oficiales.  Se cuestiona la importancia de poseer títulos de  algunas especialidades con escasas o nulas salidas, con el coste que implica y la carga de frustración que supone para los estudiantes.

“Las Universidades no pueden ir a remolque de la sociedad. Con cientos de miles de vacantes de puestos de trabajo en la UE sin cubrir y mientras tanto  generando excedentes de profesiones sin salidas laborales. Las universidades necesitan salir de su zona de confort”, como asegura una voz tan autorizada como la de Andrés Pedreño.

Seguir haciendo las cosas como siempre no es una opción. Se necesitan liderazgos fuertes para superar la endémica aversión al riesgo y el inmovilismo que caracteriza al mundo académico,  apostando por la innovación para ofrecer nuevos servicios.

A este propósito,  Xavier Marcet, cuestiona la capacidad innovadora de las universidades, trasladándonos algunas reflexiones que estas instituciones deberían plantearse en aras de su propia supervivencia:

En un mundo que dobla el acceso al conocimiento cada año ¿qué contenidos deben estudiarse?

¿Cómo se va a utilizar la inteligencia artificial en la universidad? 

La realidad virtual tiene un alto potencial didáctico como acaba de demostrar el Pokemon Go. ¿Para cuándo soluciones de este tipo para aprender?

“Todo el mundo debería aprender a programar porque enseña a pensar“, decía Steve Jobs. El incipiente movimiento del coding (la segunda “lengua” que deberían aprender todos los estudiantes), ¿cómo se contempla  en nuestro sistema educativo?

– Los titulados universitarios van a tener una vida profesional muy líquida. Van a vivir en el cambio, Pero, ¿no es una contradicción que sus profesores sean personas de una sola experiencia profesional? 

El mundo es global, pero la universidad es local. Empiezan a surgir propuestas de universidad global, sin campus ni profesores estrella ni clases magistrales,  como el conocido modelo de Minerva: la llamada Universidad del futuro. Ante ello, ¿qué van a hacer las ANECA de turno?

 

 

Finalmente, otra iniciativa digna de consideración y de estudio por parte de las instituciones universitarias es el caso de la Singularity University, por la inmersión en el futuro que posibilita. Está patrocinada por la NASA y por Google, y ha abierto una sede en Sevilla.

Como escribimos en su momento, la Universidad de la Singularidad pretende ofrecer un enfoque multidisciplinar que supere la tendencia de las universidades clásicas de “empujar a la gente a través de embudos estrechos”,  limitadores de la creatividad, y por ende, de las posibilidades de encontrar empleo.

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Hora de balance parcial

Durante muchos años he compatibilizado la enseñanza con la actividad privada. Ahora, tras 4 años como asesor de innovación en la Administración Regional,  ha llegado el momento de retomar mi faceta de profesor y de intentar aportar valor a algún proyecto empresarial o social que me ilusione.

Aunque este es un blog que escribo a título personal, creo que los ciudadanos, como sufragadores de las mismas, tienen derecho a conocer las actividades profesionales que desarrollamos los que trabajamos para las instituciones aunque correspondan, en mi caso, a las de un modesto asesor de un Consejero de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (CARM).

En realidad,  de varios Consejeros:  Juan Bernal, Francisco Martínez Asensio, Luis Martínez de Salas y Andrés Carrillo. A todos ellos, sucesivamente, mi gratitud por contar con mis servicios.

Sea como fuere, y a riesgo de no despertar interés, me permito compartir aquí un breve balance, no exento de autocrítica de mi trabajo para la Administración Regional en este período, bien entendido que, por comodidad en el uso del lenguaje,  utilizo la primera persona del singular para citar actuaciones que son fruto de la interacción y colaboración con otras muchas personas, a las que no cito para evitar injustas omisiones.

Aparte de la elaboración de los preceptivos informes y borradores de discursos propios del puesto, durante esta segunda etapa en la CARM, auspiciada, como la primera (1996-2003), por el ex-Vicepresidente Juan Bernal,   al que agradezco públicamente la confianza con la que siempre me ha distinguido, he tenido la ocasión de participar en proyectos relevantes como el vigente Plan Estratégico de la Región de Murcia 2014-2020,  o la Estrategia de Especialización Inteligente (RIS3).

He colaborado en la implantación de los principios del Gobierno Abierto, en sus inicios, en particular en lo relativo a los Presupuestos Abiertos y en la divulgación del proceso de elaboración de los mismos.

En este mismo apartado, intenté, sin mucho éxito, la verdad,  promover la creación de un foro de colaboración entre las instituciones regionales, Grupo FORCA, actualmente en vía muerta, aunque, al menos, sirvió para impulsar la puesta en marcha de una comunidad de práctica sobre Clarificación del lenguaje administrativo, una asignatura pendiente in eternum , y de la iniciativa del Portal Regional de Open Data, que tuve oportunidad de anunciar en Madrid en el encuentro Aporta 2015

En este vídeo se puede apreciar el entusiasmo con el que Teresa Allepuz, una activa funcionaria de la Consejería de Presidencia, habla de la citada comunidad de práctica que incide en la legibilidad de las AAPP, y de la que fue una de las coordinadoras. Todo un ejemplo a seguir y a extender a todas las materias posibles, en especial a las que más repercutan en los ciudadanos.

 

En estos últimos meses, en colaboración con el magnífico equipo de la Escuela de Formación e Innovación (EFIAP) , he participado en la actualización de su Carta de Servicios,  en la organización de una Jornada de alto nivel sobre innovación y liderazgo, que también contó con la inestimable aportación del Club nacional de Innovadores Públicos, y en la evaluación, todavía en curso, de los III Premios de Innovación y Buenas Prácticas.

Tras estos 4 años me reitero en mis convicciones: confieso ser un activista pro-innovación pública y pro-innovación en general. Es obvio que sin demasiada influencia, pero los individualismos no son tan importantes como la fuerza de los grupos comprometidos con una visión común.

En la Región de Murcia ya estamos censados casi unos 60 innovadores públicos, que hemos dado el paso de salir de la “clandestinidad”, pero somos muchísimos más, estoy convencido, los que estamos deseando que nuestra voz sea escuchada para que se destierre este tipo de organigramas “asesinos” de la innovación (VP= Vice Presidente) imperante todavía en las burocracias y en las grandes empresas.

 

Desde una visión holística,  hasta me he atrevido a publicar, a título personal,  aunque previamente contrastado y matizado por expertos muy cualificados, un Decálogo para una sociedad innovadora que pudiera servir de base a un posible y, en mi opinión,  deseable  Pacto Regional por la Innovación.

Hasta aquí este balance de actuaciones que motiva el post. Es la hora del balance parcial,  porque la vida sigue….

 

 

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Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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