La Verdad

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Categoría: El laberinto burocrático
La desobediencia necesaria para innovar

Un gol inspirador

Los aficionados al fútbol de mi generación seguro que recuerdan el famoso gol que marcó Sanchís, padre, a Suiza en el Mundial de 1966, celebrado en Inglaterra, el primer campeonato que se pudo ver por televisión.

Lo que algunos quizá no recuerden es que este jugador madridista de la selección española, como lo sería su hijo Manolo Sanchís años más tarde, fue multado por haber marcado ese tanto,  que resultó clave para el triunfo de España en aquel partido.

Para los lectores más futboleros, en el vídeo adjunto se recogen todos los goles que se marcaron en aquel Mundial de 1996, que ganó Inglaterra, con polémica incluida. A partir del minuto 2:40 se puede ver el gol de Sanchís que dio la vuelta al mundo, aunque, a la postre, España no superó la primera fase.

 

 

¿Marcó un gol y le sancionaron por ello?, se preguntarán los que no lo recuerden y los que no lo sepan. ¿Y por qué razón? Por abandonar su puesto en la defensa, en un arranque  de furia, pero también de creatividad, saltándose la rígida disciplina de la táctica conservadora impuesta por el seleccionador de la época,  José Villalonga, militar de profesión, cuyas órdenes explícitas contravino Manuel Sanchís.

Hoy no se concibe que un defensa lateral, aunque defienda bien, no corra la banda y apoye el ataque de su equipo. Sanchís fue un pionero, un adelantado  de su época, en el ámbito futbolístico y, quizá sin saberlo, en lo que los expertos en innovación denominan desobediencia inteligente, concepto que, por una asociación instintiva de ideas, me ha llevado a evocar hoy a este mítico jugador español.

Ni boicot ni negligencia

Andrés Ortega es un consultor especializado en la gestión de recursos humanos que considera la desobediencia inteligente como motor de la innovación.

En las organizaciones conservadoras que hemos construido, no sólo no se incentivan las actitudes de sana iconoclastia, de cuestionamiento de las rutinas establecidas, sino que son penalizadas habitualmente  a sabiendas, incluso de que:  “No ser inconformistas puede ser una práctica negligente… cuando sospechamos que seguir haciendo las cosas de la misma forma no contribuye a generar valor en nuestro negocio… y sin embargo no hacemos nada al respecto”.

Obviamente, no hablamos de instigar una revolución interna de forma irresponsable y caprichosa,   pero tolerar resignada, indolente o egoístamente prácticas  manifiestamente mejorables en nuestras empresas e instituciones es una forma de perjudicarlas por inacción:

“No se trata de  boicotear la praxis organizativa. El boicot tiene una finalidad destructiva… por el contrario, la desobediencia inteligente pretende construir desde el desafío a lo establecido. Boicotear el status quo es igual de perjudicial (o más) que ser benevolente con él”.

 

http://blog.talentoit.org/desobediencia-inteligente/

Administraciones defensivas

 Es de sobra conocido que el entorno burocrático no es el más idóneo para la práctica de la desobediencia inteligente. El vetusto sistema weberiano de nuestras administraciones públicas tiende a defender con uñas y dientes e incluso a “perfeccionar” su arcaico estilo de gestión basado en estructuras verticales, fuertemente jerarquizadas, compartimentadas en silos estancos anticolaborativos, con todas las tareas perfectamente definidas y reguladas por montañas de normas y de procedimientos.

Este peculiar sistema de blindaje ante los cambios,  típico también de las grandes organizaciones privadas, posee, además, un portero de garantías, la opacidad, el cerrojo de seguridad de una administración defensiva,   diseñada con el objetivo fundamental de no “encajar goles”, desde el convencimiento de que una institución pública no necesita “marcarlos” porque no tiene competencia enfrente que lo exija.

http://www.noticiasdot.com/wp2/2007/10/09/cuando-las-buenas-ideas-se-pierden-en-el-laberinto-burocratico/

Se buscan goleadores

Pero los tiempos actuales requieren que nuestras Administraciones Públicas evolucionen, que anoten goles, como pueden ser los de la agilidad, la colaboración, la transparencia, la rendición de cuentas, la sostenibilidad, la eficiencia, la visión única, integrada y legible en sus relaciones con los ciudadanos  y la cooperación con el sector privado para la resolución de los problemas sociales.

 Va habiendo ya muchos empleados públicos que arriesgándose, como Sanchís, no tanto a ser multados, pero sí a ser penalizados por el sistema, en forma de incomprensión, aislamiento e incluso rechazo, se esfuerzan, con éxito dispar, por el momento, en hacer ver a sus jefes que otra Administración, más abierta e innovadora,  es posible.

Ya hemos repetido hasta la saciedad los nombres genéricos que reciben estos iconoclastas: intraemprendores públicos, marcianos,  rebeldes con causa … y el más reciente de knowmads. Muchos de ellos, pertenecientes a las distintas administraciones públicas españolas, firmaron (firmamos) el compromiso de adhesión al Club de la innovación Pública (CIP) que se créo hace unos años, con objeto de establecer unos principios de actuación comunes y de compartir experiencias con personas con las mismas inquietudes.

Quizá sea una buena idea la puesta en marcha de un capítulo regional de este club, dado que la innovación es un fenómeno de proximidad.

Retrato robot de los innovadores públicos

 El CIP ha realizado un estudio que permite conocer mejor las características de los innovadores públicos y sus opiniones. Aquí deslizo las más significativas:

  • La mayoría trabaja en la Administración local, la más próxima a los ciudadanos y pertenece al grupo A.
  • La Administración Central es la más rígida, la menos propensa a las innovaciones, con excepción de la Agencia Tributaria.
  • El rango de edad oscila entre los 40 y los 59 años. A los mayores de 60 también les gusta innovar, que conste.
  • El número de mujeres y de hombres está equilibrado.
  • Se consideran agentes de cambio, líderes transformadores en su entorno de influencia.
  • Son usuarios de las redes sociales pero sólo unos pocos disponen de blog propio.
  • Son unos enamorados del trabajo colaborativo
  • Se sienten poco valorados y deben superar ciertas dosis de frustración. El 23% de los encuestados se siente rechazado.
  • La mayor recompensa que pueden recibir es que la Administración sea receptiva a sus propuestas.

Unidades de innovación pública

Es hora de reivindicar una mejor acogida corporativa y un estímulo, por parte de la alta dirección, a las iniciativas que surgen voluntariamente del espíritu inquieto de estos intraemprendedores que intentan aportar lo mejor de sí mismos, sin que nadie se lo exija, para generar innovaciones que aporten valor a las instituciones a las que sirven, y en definitiva, a los ciudadanos.

En un próximo post abundaremos en la conveniencia de crear unidades de innovación pública transversales que contribuyan a extender la mentalidad y las actitudes innovadoras  en el seno de las Administraciones Públicas y a fomentar la colaboración entre todas las instituciones, como ya están haciendo las regiones más avanzadas.

 

(Ultimo post publicado en mi blog IN4U:  “Bienaventurados los knowmads, ellos tendrán trabajo”

 

 

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Los 5 posts más interesantes de 2015

No siendo un experto, resulta obligado documentarse, compartir inquietudes con otras personas apasionadas por la innovación y aprender de autores de referencia, que te facilitan en gran manera la formación necesaria para abordar proyectos innovadores y la tarea de permanente actualización que se requiere para escribir entradas sobre este tema con cierto conocimiento de causa.

Por otra parte, es estimulante tratar de aportar reflexiones y ejemplos que no dejen indiferentes a los destinatarios de los mensajes. Para ello, la condición necesaria es que les lleguen. Obviamente, si uno se somete a la exposición pública que supone tener un blog es porque aspira a que le lean.

Aunque así no fuera, es decir, aunque uno no tuviera lectores (y mis cifras son modestas), escribir un blog  es un ejercicio de autodisciplina y de ordenación de ideas recomendable, no exento de estrés,  como reflejé, hace unos meses,  coincidiendo con el segundo aniversario de esta bitácora, en el post “vivir en clave de blog”, en el que resumo en un vídeo los fundamentos de un proyecto innovador que tuve ocasión de impulsar,

 

 Ahora, recién estrenado el 2016, parece obligado recapitular sobre mi actividad bloguera y reflexionar sobre los contenidos que más interés han suscitado entre mis lectores durante el año pasado.

En reconocimiento y gratitud hacia ellos – hacia vosotros, si me estáis leyendo -reseño, a continuación, los 5 posts más seguidos del año 2015, tras el resumen acumulativo del 2014, para no perder la perspectiva general del blog y para incidir en los mensajes clave.

A modo de felicitación, adjunto mi pieza de música clásica favorita, la Marcha Radetzky,  con mis mejores deseos para todos para el año que comienza, entre ellos el que cada uno, dentro de sus posibilidades se convierta en un activista de la innovación.

 

 

Resumen 2014:

 ¿Cómo ser más innovador en 2015?. Todas las recetas siguen vigentes.

 

Posts más leídos en 2015

El abogado del diablo: El mayor asesino de la innovación. El clásico ponedor de pegas cuando no de palos en las ruedas. El que siempre dice:”No tengo tiempo. No es el momento. Es mejor no hacer nada. Nuestro caso es distinto,…”. El que no sabe/no contesta. El que no se atreve. El que se refugia en el silente boicot del día a dia, como dice Xavier Marcet, para no cambiar nada.

Innovar en tiempos líquidos: En una sociedad exponencial, impredecible, cuyos avances tecnológicos se producen en progresión geométrica, no vale dar pasos lineales. Hay que desarrollar la capacidad de adaptación al entorno similar a la de los líquidos al recipiente que los contiene.

10 razones para crear una Agencia regional de Investigación e Innovación: Como recoge el Plan Estratégico de la Región de Murcia 2014-2020, es necesaria la creación de un instrumento operativo de referencia que facilite el impulso y la coordinación de actuaciones innovadoras, la colaboración entre los agentes regionales de la I+D+i y la  divulgación de los conceptos relacionados con la innovación. La última región española que ha anunciado la puesta en marcha de una agencia de investigación e innovación ha sido la Comunidad Valenciana.

¿Nos hacemos los suecos?: Suecia ha tenido la valentía, obligada por la necesidad, de cuestionar con éxito los pilares intocables de la burocracia. Un caso que debería ser objeto de estudio y de debate político, y del que, extrañamente, se habla muy poco.

Ya que tú pagas tú mandas: Uno de los casos prácticos más innovadores que conozco es el de la Agencia Municipal Tributaria del Ayuntamiento de Murcia. No se han limitado a aplicar tecnología sobre procedimientos burocráticos antiguos sino que se han rediseñado éstos desde la óptica del ciudadano. Todo un ejemplo a estudiar y a imitar, porque el modelo es perfectamente exportable a cualquier administración pública.

 

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Innovar en tiempos líquidos

Los signos del futuro están siempre en el presente

Los grandes avances tecnológicos, cuyo impacto apenas estamos comenzando a vislumbrar, podrían originar que los historiadores dieran por superada la Edad Contemporánea, vigente desde el siglo XVIII,  para inaugurar otra etapa histórica que algunos visionarios han comenzado a identificar como la Edad de la Singularidad.

Parafraseando a Woody Allen, el futuro nos interesa a todos porque es el sitio donde vamos a pasar lo que nos quede de vida los que ya tenemos cierta edad pero serán las generaciones venideras las que se van a tener que desenvolver en unos  tiempos líquidos en los que lo único constante será el cambio permanente y vertiginoso.

A título de ejemplo, Bauman, el sociólogo polaco creador del concepto de tiempos líquidos, afirma que ya los jóvenes de hoy, nuestros hijos, aspiran a un desempeño profesional más variado y apasionante que el de sus progenitores.

En el vídeo adjunto, en el que habla de la educación líquida,  aporta el testimonio de la hija de un profesor, una joven de 19 años: “No sé a qué me dedicaré, pero sí estoy segura de que no seré como mi padre, que viene haciendo el mismo trabajo toda su vida”.

La burocracia se queda

En palabras de un experto de referencia, Franc Ponti: “Innovar es simplemente moverte más rápido que tu entorno. En tiempos de modernidad líquida, casi nada ha venido para quedarse”. ¿Casi nada? La burocracia se queda. Parece estar fuertemente anclada en ese casi nada residual.  En el fondo de unos tiempos sólidos, a prueba de tsunamis.

En las grandes corporaciones todavía abundan los directivos que asocian innovación sólo con aplicación intensiva de tecnologías de la información. No estoy en contra de las TIC, todo lo contrario; digitalizar la burocracia mejorará la eficiencia de sus prestaciones pero no modificará sustancialmente los principios de funcionamiento de un modelo de gestión y de organización que se puede considerar agotado, hasta el punto de que un autor tan reputado como Gary Hamel ha escrito textualmente que la burocracia debe morir.

Salvando las distancias, esta estrategia renovadora basada sólo en la tecnología de las instituciones, loable, insisto, no puedo evitar asociarla un poco a los intentos aperturistas de los regímenes totalitarios que se eternizan en el poder y que periódicamente abordan retoques y reformas modernizadoras pero sin cuestionar el modelo de gobierno, que, por cierto, tampoco se libra de su generosa ración de burocracia.

 

 

La fuerza de la costumbre

 Las instituciones públicas y las compañías grandes no se están cuestionando, en general, sus métodos de gestión basados en rígidas jerarquías controladoras de unos empleados que son vistos como piezas de un engranaje, carentes de iniciativa y distribuidos en innumerables departamentos estancos, celosos de sus competencias.

Para los ciudadanos, la burocracia parece formar parte de nuestro paisaje mental. La tenemos asumida como algo tan natural como el movimiento de rotación de la Tierra. Nadie está contento con ella pero la aceptamos resignadamente como una enfermedad crónica incurable.

Sin embargo, debemos concienciarnos de que somos parte del antídoto: exigiendo transparencia, opinando, participando, colaborando con las instituciones y contribuyendo a su sostenibilidad también, haciendo un uso racional de los servicios públicos.

Comprar empresas más pequeñas, más ágiles, es la táctica que están utilizando muchas grandes compañías, conscientes de su incapacidad para aprovechar el potencial creativo de sus empleados y de sus limitaciones para extender la cultura innovadora a toda la organización, más allá de los confines de los departamentos específicos de I+D+i.

Intraemprendedores

Pero las Administraciones Públicas no pueden hacer lo mismo. Por no tener no tienen ni departamento de innovación que desarrolle, cuando menos, funciones de vigilancia tecnológica y de seguimiento de las mejores prácticas en la prestación de servicios públicos.

Sin embargo,  en todas las instituciones existen unos bichos raros, que desde dentro, desafiando a la formalidad vigente, a las rutinas esclavizadoras, apuntan indicios esperanzadores de que el cambio organizacional es posible. Intentaremos conocer un poco mejor a estos iconoclastas en un próximo post.

 

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Ponerse en los zapatos del ciudadano

Que un hombre sienta los dolores del parto, o algo mucho más emotivo y placentero como las pataditas de un bebé, tal como las percibe directamente una embarazada, ya es posible gracias al avance de las neurociencias y de las tecnologías de realidad virtual que permiten crear la ilusión en el cerebro de estar en un cuerpo ajeno.

La capacidad de ser otro puede ser un poderoso instrumento para construir un mundo mejor basado en el entendimiento personal. Es un asunto que da mucho de sí, que se presta a muchas aplicaciones relacionadas con las emociones y con las sensaciones, tanto ingratas como agradables, y que seguro habrá disparado ya la imaginación de algún lector.

Ponerse en la piel del usuario en cada punto de contacto con los servicios de una empresa es una oportunidad de innovar. Lo que se denomina experiencia de cliente, the customer journey, consiste en el análisis de ese “recorrido” de interacciones usuario/empresa y existen herramientas que pueden ayudar a las organizaciones a estudiar este proceso y a actuar en consecuencia.

Parafraseando a Javier Megías, “Las mejores compañías son aquellas que, desde el punto de vista del cliente actúan como un solo ente,  fácil de entender e integrado, y no como un reino de taifas compuesto por departamentos, silos o personas deslavazados”

Para las grandes organizaciones y para las instituciones públicas,  la empatía,  la legibilidad y la voluntad de proveer servicios integrados, sin costuras, centrados en los usuarios deberían ser asignaturas obligatorias, dada  la complejidad organizativa y la burocracia que las impregna, tan características como anacrónicas.

Una burocracia que sigue enervando a los ciudadanos y que continúa sirviendo de inspiración para ácidas parodias,  siempre con un punto de exageración, dolorosas para los que somos funcionarios pero no exentas de gracia, como ésta de la televisión vasca:


La transformación de las Administraciones Públicas en organizaciones abiertas e innovadoras es, o debe ser,  una prioridad para todos los Gobiernos y un derecho para los ciudadanos, cuya colaboración, y el ejercicio de presión positiva contra la burocracia es fundamental para la mejora de los servicios públicos.

Una referencia obligada en materia de innovación pública, y más concretamente en el aspecto de “ponerse en la piel de los ciudadanos” es la de MindLab, una iniciativa pionera del Gobierno danés: “Para solucionar los problemas de los servicios públicos tenemos que incluir a los usuarios, que son los que  mejor pueden decir qué cosas van mal”.

Aunque no me consta que se haya tenido muy en cuenta a los usuarios, ayer se produjo una innovación pública digna de ser resaltada, como lo están haciendo los medios de comunicación: Los nacimientos y las defunciones de bebés tras el parto  se podrán inscribir telemáticamente, con todas las garantías  en el Registro Civil desde los mismos hospitales en los que se produzcan.

En principio, el Hospital Comarcal del Noroeste es el único centro sanitario de la región desde el que se pueden realizar esta inscripción telemática que se irá extendiendo progresivamente a todos los hospitales y clínicas de España. Este sistema, garantiza, además, la imposibilidad de que se vuelva a producir algún caso más de niños robados, debido a los rigurosos controles que impone en  la identificación inequívoca entre el bebé y la madre.

En España se producen unos 425.000 nacimientos al año, 20.000 en la Región de Murcia. Uno de ellos ha sido el de mi nieta. Así que sé de buena tinta que el proceso manual de inscripción en el Registro Civil del nacimiento de un niño puede suponer, para el padre, con suerte, unas 3 horas.

Según mi yerno: “La primera barrera es la cola para sacar número. Hay personas que están en la puerta desde una hora antes. Luego están la falta de personal, la hora del desayuno, los farragosos trámites asociados a la inmigración, que colapsan la oficina, …y si te falta un papel,… vuelva usted mañana”

Así que, la inscripción telemática de los bebés desde los centros sanitarios es una medida, impulsada por la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas (CORA),  que apunta en la buena dirección, poniéndose si no en la piel, sí en los zapatos de los ciudadanos, a los que les evita un tedioso trámite, un desplazamiento, una larga cola a la intemperie y una pérdida de tiempo evitable.

Que cunda pronto el ejemplo para los procedimientos más engorrosos, en general,  y que se vaya extendiendo a todos los trámites completos asociados al  nacimiento de un niño, que son bastante prolijos, por cierto, y que implican a varias Administraciones y entidades privadas.

A ver si con mi segundo nieto ya se puede realizar todo el proceso completo requiriendo el mínimo desgaste de zapatos de mi yerno.

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Las cuentas claras

“Que lo público funcione bien le interesa a los funcionarios y a los políticos, pero sobre todo, al conjunto de los ciudadanos” (Carlos Mas, Presidente de PwC España)

En qué hay que transformar la Administración Pública española es un interesante documento de la consultora PwC,  coordinado por Jordi Sevilla, de obligada lectura para todos los interesados en los cambios que debe afrontar el sector público,  necesarios, entre otras razones, porque “el escenario es diferente y en el siglo XXI no encajan modelos de otras épocas” y porque “si seguimos como hasta ahora, las cuentas no salen”.

Desde hace décadas se viene manejando  vocablos como reformar, renovar, reinventar, modernizar o transformar,  aplicados al cambio que deben experimentar las Administraciones Públicas. Personalmente, prefiero usar  transformación para designar  este proceso disruptivo, centrado en los ciudadanos,  que debería  marcar un antes y un después en el devenir del modelo de servicios públicos vigente.

Aunque también hay expertos que consideran sinónimos todos estos términos, como se puede apreciar en el video de la conferencia magistral titulada: “Los empleados públicos ante la nueva Administración” , impartida en Murcia hace 2 años por una autoridad en la materia como  Manuel Arenilla, quien,  disquisiciones semánticas aparte,  deslizó muchas ideas que merecen ser analizadas con detenimiento.

Entresaco alguna de las frases que más me llamaron la atención:

  • Necesitamos una Administración creativa e innovadora. La transformación de las Administraciones Públicas debe ser un proceso continuo, orientado a las verdaderas necesidades de los ciudadanos.
  • A los ciudadanos les molesta mucho la descoordinación entre las instituciones. ”Organícense ustedes como quieran pero no me trasladen a mí la complejidad administrativa y del ordenamiento jurídico”
  • Las AAPP colaboran y se coordinan muy bien cuando quieren. Por ejemplo; para cobrar impuestos o multas.
  • Los ciudadanos son cada vez más exigentes y, a veces, más inconscientes. Todos, como ciudadanos, debemos mentalizarnos para hacer un uso racional de los servicios y recursos públicos. Las Administraciones deben hacer una labor educadora  en este sentido
  • ¿Cómo que el chico no va a clase o no estudia? Todos los alumnos de los centros públicos tienen beca. El coste real de un alumno universitario es de 10.000€ por curso. En el peor de los casos, los padres abonan sólo el 15% de este coste.

Con respecto a la labor educadora y de sensibilización del coste de los servicios públicos,  a la que aludió Arenilla en su intervención, es de destacar una iniciativa innovadora de la Agencia Tributaria poco conocida y quizá por eso, menos realzada: el Portal de Educación Cívico-Tributaria, que contiene un interesante material educativo para alumnos de ESO.

Otra iniciativa notable de transparencia con efectos bidireccionales (conocer en qué se gasta el dinero público, pero también en qué medida contribuye cada ciudadano) es la de Presupuestos Abiertos del Gobierno de Aragón, incluida en su portal de Open Data.

En la sección “¿Qué aporto yo?” se puede visualizar el desglose de las aportaciones personales que realiza cada contribuyente aragonés a los presupuestos públicos de su  Comunidad Autónoma en función de sus ingresos.

  • Una persona que gane 30.000€ al año paga 9.507€ (31.6%) de impuestos, de los que aporta 4.838€ (16%) a las arcas regionales, de los cuales, 1.462€ se aplican a Sanidad, 817€ a Educación ó 25€ a sufragar la Alta Dirección autonómica.
  • Un contribuyente que declare 100.000€ brutos anuales pagaría 44.716€ (44.7%) de impuestos, aportando  a los presupuestos regionales 21.694€ (22%),  de los cuales se destinarían a Sanidad 6.559€,  3.665€ a Educación ó 111€ a la Alta Dirección.

Obviamente, el coste de los servicios públicos no se afronta a título individual, por lo que cabe exigir mesura y corresponsabilidad en el uso de los mismos por parte de todos. A título orientativo citaremos algunos datos de interés:

  • Un alumno de la enseñanza pública cuesta más de 4.500€ anuales en colegio de primaria, más de 6.500€ por cada curso de la ESO, y más de 9.000€ por cada curso de Bachillerato.
  • Por lo que respecta a la sanidad pública, 1 día de estancia en un hospital tiene un coste de 700€
  • Una consulta de urgencias cuesta 136€
  • Una operación de apendicitis, 3.000€
  • Una cesárea, 3.028€, mientras que un parto normal cuesta 1.870€
  • Un trasplante de hígado o de corazón supera los 100.000€.
  • 1 Km de autovía cuesta entre 3 y 5 M€ dependiendo de la orografía.

En el próximo y último post de esta serie, por el momento,  dedicada a la transformación de la Administración Pública abordaremos temas controvertidos como los relativos al modelo del Estado del Bienestar y su sostenibilidad, al exceso de burocracia, al tamaño de las Administraciones Públicas o a la propia condición de funcionario vitalicio.

Y lo haremos sin complejos,  con mentalidad abierta, aportando opiniones y experiencias que buscan defender lo público,  por encima de ideologías o de otro tipo de intereses, pensando siempre en lo más conveniente para los ciudadanos, que somos los que pagamos….y mandamos.

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“Ya que tú pagas, tú mandas”

Con este eslogan tan gráfico presentó el pasado 13/12/2014 la concejala de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Murcia, Isabel Martínez Conesa, un innovador servicio de gestión tributaria que puede calificarse de ejemplar dentro del nuevo paradigma de una Administración Abierta, centrada en los ciudadanos.

Que una institución pública asuma la tarea de “absorber toda la burocracia posible”, tanto internamente como en la relación con otros agentes,  públicos o privados, como notarías, registros de la propiedad, delegación de Tráfico u otras instituciones, denota una voluntad de servicio a los ciudadanos fuera de lo común.

Y los ciudadanos, como no  puede ser menos, reconocen las bondades de esta iniciativa pionera, con su utilización masiva, como reflejan los números facilitados por la Agencia Municipal Tributaria: más de 5.500 expedientes gestionados con notarios;  casi 700 con registradores de la propiedad y cerca de 75.000 gestiones telemáticas con Tráfico.  Sin olvidar el ejercicio de transparencia y fomento de la participación ciudadana que supone el uso de redes sociales en su relación con los contribuyentes.

Sin desmerecer el indudable mérito político que tiene  apoyar y facilitar un proyecto como el que nos ocupa, no sería justo obviar la figura  que,  desde el punto de vista técnico,  es la artífice de la iniciativa,   Encarna López,  “fichada” por la concejala Martínez Conesa hace  casi 4 años.

He tenido ocasión de compartir con Encarna inquietudes sobre la necesaria transformación que deben experimentar las Administraciones Públicas para servir mejor a los ciudadanos, coincidiendo ambos en que uno de sus pilares fundamentales es la colaboración leal entre instituciones públicas, en todos los ámbitos posibles.

Para dar a conocer un poco mejor la mentalidad de Encarna López y la filosofía que inspira sus actuaciones, he seleccionado algunas  de las frases que reflejan su claridad de ideas y la determinación con que las defiende.

  •  Los ciudadanos critican y denuncian el elevado coste de las instituciones que “ellos” financian.  Creo que debemos reaccionar de forma urgente, ante esa demanda o formaremos parte de una Administración obsoleta y llamada a desaparecer
  • “Simplemente consiste en que todas las instituciones nos pongamos de ACUERDO!!!”
  • “¿Vamos a hacer el mismo trabajo (y el mismo gasto) todos y cada uno de los ayuntamientos de la Región?. ¿Vamos a seguir exigiendo a los ciudadanos que nos paguen más impuestos para que nosotros “inventemos” lo mismo en multitud de organismos públicos?” Yo estoy convencida  que no!!!
  • “En definitiva: ¿PODEMOS COMPARTIR RECURSOS?”
  • “Sinceramente creo que, como servidores públicos, estamos obligados a ello. Eso nos “mandan” nuestros ciudadanos y para eso nos “pagan”…. Y, si no somos capaces de hacerlo, nos mandarán (con razón) a nuestra casa!!!”

Por evidente que parezca, las instituciones públicas se deben a la sociedad civil, que es quien la financia. Lo que pasa es que ni la Administración es consecuente con esta afirmación ni los ciudadanos acabamos de creérnosla y de actuar en consecuencia.

El eslogan “Ya que tú pagas, tú mandas”,  aplicado en toda su extensión, encierra una carga de profundidad que puede sacudir las estructuras de unas Administraciones Públicas decimonónicas, las cuales, más allá de retoques cosméticos , precisan transformarse en  organizaciones que sirvan realmente a los ciudadanos por encima de ningún otro tipo de interés.

Como me ha ocurrido otras veces, me he quedado sin espacio para compartir experiencias  y documentos que inciden con valentía en esta materia y cuestionan sin complejos todos los aspectos del actual modelo burocrático que rige, cual dogma inmutable,  el funcionamiento de nuestras vetustas instituciones desde hace más de 100 años.

Renuevo la promesa que hice en mi post anterior, pero de momento, cabe felicitar al Ayuntamiento de Murcia por  haber entendido la esencia de su transformación en una institución innovadora, centrada en el ciudadano. Que cunda el ejemplo.

 

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Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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