La Verdad

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Los 5 posts más interesantes de 2015
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Juan José Ríos | 04-01-2016 | 00:22| 0

No siendo un experto, resulta obligado documentarse, compartir inquietudes con otras personas apasionadas por la innovación y aprender de autores de referencia, que te facilitan en gran manera la formación necesaria para abordar proyectos innovadores y la tarea de permanente actualización que se requiere para escribir entradas sobre este tema con cierto conocimiento de causa.

Por otra parte, es estimulante tratar de aportar reflexiones y ejemplos que no dejen indiferentes a los destinatarios de los mensajes. Para ello, la condición necesaria es que les lleguen. Obviamente, si uno se somete a la exposición pública que supone tener un blog es porque aspira a que le lean.

Aunque así no fuera, es decir, aunque uno no tuviera lectores (y mis cifras son modestas), escribir un blog  es un ejercicio de autodisciplina y de ordenación de ideas recomendable, no exento de estrés,  como reflejé, hace unos meses,  coincidiendo con el segundo aniversario de esta bitácora, en el post “vivir en clave de blog”, en el que resumo en un vídeo los fundamentos de un proyecto innovador que tuve ocasión de impulsar,

 

 Ahora, recién estrenado el 2016, parece obligado recapitular sobre mi actividad bloguera y reflexionar sobre los contenidos que más interés han suscitado entre mis lectores durante el año pasado.

En reconocimiento y gratitud hacia ellos – hacia vosotros, si me estáis leyendo -reseño, a continuación, los 5 posts más seguidos del año 2015, tras el resumen acumulativo del 2014, para no perder la perspectiva general del blog y para incidir en los mensajes clave.

A modo de felicitación, adjunto mi pieza de música clásica favorita, la Marcha Radetzky,  con mis mejores deseos para todos para el año que comienza, entre ellos el que cada uno, dentro de sus posibilidades se convierta en un activista de la innovación.

 

 

Resumen 2014:

 ¿Cómo ser más innovador en 2015?. Todas las recetas siguen vigentes.

 

Posts más leídos en 2015

El abogado del diablo: El mayor asesino de la innovación. El clásico ponedor de pegas cuando no de palos en las ruedas. El que siempre dice:”No tengo tiempo. No es el momento. Es mejor no hacer nada. Nuestro caso es distinto,…”. El que no sabe/no contesta. El que no se atreve. El que se refugia en el silente boicot del día a dia, como dice Xavier Marcet, para no cambiar nada.

Innovar en tiempos líquidos: En una sociedad exponencial, impredecible, cuyos avances tecnológicos se producen en progresión geométrica, no vale dar pasos lineales. Hay que desarrollar la capacidad de adaptación al entorno similar a la de los líquidos al recipiente que los contiene.

10 razones para crear una Agencia regional de Investigación e Innovación: Como recoge el Plan Estratégico de la Región de Murcia 2014-2020, es necesaria la creación de un instrumento operativo de referencia que facilite el impulso y la coordinación de actuaciones innovadoras, la colaboración entre los agentes regionales de la I+D+i y la  divulgación de los conceptos relacionados con la innovación. La última región española que ha anunciado la puesta en marcha de una agencia de investigación e innovación ha sido la Comunidad Valenciana.

¿Nos hacemos los suecos?: Suecia ha tenido la valentía, obligada por la necesidad, de cuestionar con éxito los pilares intocables de la burocracia. Un caso que debería ser objeto de estudio y de debate político, y del que, extrañamente, se habla muy poco.

Ya que tú pagas tú mandas: Uno de los casos prácticos más innovadores que conozco es el de la Agencia Municipal Tributaria del Ayuntamiento de Murcia. No se han limitado a aplicar tecnología sobre procedimientos burocráticos antiguos sino que se han rediseñado éstos desde la óptica del ciudadano. Todo un ejemplo a estudiar y a imitar, porque el modelo es perfectamente exportable a cualquier administración pública.

 

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Innovar en tiempos líquidos
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Juan José Ríos | 06-10-2016 | 18:45| 7

Los signos del futuro están siempre en el presente

Los grandes avances tecnológicos, cuyo impacto apenas estamos comenzando a vislumbrar, podrían originar que los historiadores dieran por superada la Edad Contemporánea, vigente desde el siglo XVIII,  para inaugurar otra etapa histórica que algunos visionarios han comenzado a identificar como la Edad de la Singularidad.

Parafraseando a Woody Allen, el futuro nos interesa a todos porque es el sitio donde vamos a pasar lo que nos quede de vida los que ya tenemos cierta edad pero serán las generaciones venideras las que se van a tener que desenvolver en unos  tiempos líquidos en los que lo único constante será el cambio permanente y vertiginoso.

A título de ejemplo, Bauman, el sociólogo polaco creador del concepto de tiempos líquidos, afirma que ya los jóvenes de hoy, nuestros hijos, aspiran a un desempeño profesional más variado y apasionante que el de sus progenitores.

En el vídeo adjunto, en el que habla de la educación líquida,  aporta el testimonio de la hija de un profesor, una joven de 19 años: “No sé a qué me dedicaré, pero sí estoy segura de que no seré como mi padre, que viene haciendo el mismo trabajo toda su vida”.

La burocracia se queda

En palabras de un experto de referencia, Franc Ponti: “Innovar es simplemente moverte más rápido que tu entorno. En tiempos de modernidad líquida, casi nada ha venido para quedarse”. ¿Casi nada? La burocracia se queda. Parece estar fuertemente anclada en ese casi nada residual.  En el fondo de unos tiempos sólidos, a prueba de tsunamis.

En las grandes corporaciones todavía abundan los directivos que asocian innovación sólo con aplicación intensiva de tecnologías de la información. No estoy en contra de las TIC, todo lo contrario; digitalizar la burocracia mejorará la eficiencia de sus prestaciones pero no modificará sustancialmente los principios de funcionamiento de un modelo de gestión y de organización que se puede considerar agotado, hasta el punto de que un autor tan reputado como Gary Hamel ha escrito textualmente que la burocracia debe morir.

Salvando las distancias, esta estrategia renovadora basada sólo en la tecnología de las instituciones, loable, insisto, no puedo evitar asociarla un poco a los intentos aperturistas de los regímenes totalitarios que se eternizan en el poder y que periódicamente abordan retoques y reformas modernizadoras pero sin cuestionar el modelo de gobierno, que, por cierto, tampoco se libra de su generosa ración de burocracia.

 

 

La fuerza de la costumbre

 Las instituciones públicas y las compañías grandes no se están cuestionando, en general, sus métodos de gestión basados en rígidas jerarquías controladoras de unos empleados que son vistos como piezas de un engranaje, carentes de iniciativa y distribuidos en innumerables departamentos estancos, celosos de sus competencias.

Para los ciudadanos, la burocracia parece formar parte de nuestro paisaje mental. La tenemos asumida como algo tan natural como el movimiento de rotación de la Tierra. Nadie está contento con ella pero la aceptamos resignadamente como una enfermedad crónica incurable.

Sin embargo, debemos concienciarnos de que somos parte del antídoto: exigiendo transparencia, opinando, participando, colaborando con las instituciones y contribuyendo a su sostenibilidad también, haciendo un uso racional de los servicios públicos.

Comprar empresas más pequeñas, más ágiles, es la táctica que están utilizando muchas grandes compañías, conscientes de su incapacidad para aprovechar el potencial creativo de sus empleados y de sus limitaciones para extender la cultura innovadora a toda la organización, más allá de los confines de los departamentos específicos de I+D+i.

Intraemprendedores

Pero las Administraciones Públicas no pueden hacer lo mismo. Por no tener no tienen ni departamento de innovación que desarrolle, cuando menos, funciones de vigilancia tecnológica y de seguimiento de las mejores prácticas en la prestación de servicios públicos.

Sin embargo,  en todas las instituciones existen unos bichos raros, que desde dentro, desafiando a la formalidad vigente, a las rutinas esclavizadoras, apuntan indicios esperanzadores de que el cambio organizacional es posible. Intentaremos conocer un poco mejor a estos iconoclastas en un próximo post.

 

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Un visionario murciano
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Juan José Ríos | 25-12-2015 | 22:35| 0

El murciano Andrés Pedreño Muñoz, exrector de la Universidad de Alicante, se ha jubilado anticipadamente como catedrático de Economía Aplicada. Con tal motivo, la institución alicantina,  que ya había distinguido al profesor Pedreño  con su medalla de oro en 2008, celebró, hace unos días,  un emotivo acto de despedida que contó con la presencia, entre otras personalidades, del rector honorífico de esta Universidad, el lorquino Antonio Gil Olcina y del Presidente del Gobierno valenciano , Ximo Puig.

Foto publicada por La verdad de Alicante

Es difícil ser neutral con un buen y admirado amigo, pero en este caso, los méritos objetivos de Andrés son tan evidentes que reducen a la mínima expresión el posible coeficiente de subjetividad que yo pudiera aplicarle en este post,  que le dedico como modesto homenaje.

Basta con echar un vistazo a su extraordinario  curriculum para verificar que, aparte de un brillante economista, es un visionario, experto en economía digital que no se queda sólo en la teoría, sino que, haciendo honor al título de su cátedra, aplica sus conocimientos con éxito al mundo de los negocios donde ejerce como un líder innovador y motivador de diferentes iniciativas empresariales, como el site  euroresidentes, en el que colaboro manteniendo un blog sobre innovación.

D. Andrés Pedreño, Director de ADEI

Lo que no aparece en su CV, pródigo en méritos académicos y profesionales, es su calidad humana entre las que destacaría la humildad que caracteriza a los grandes sabios. Andrés nunca alardea de sus innumerables logros y siempre es generoso en los elogios hacia los demás.

Conocí a Andrés en su etapa de Consejero Delegado de Universia a través de Juan Bernal, íntimo amigo suyo y compañero de carrera, pero ha sido en los últimos años cuando he tenido ocasión de tratarlo con más asiduidad.

Fue a raíz de su participación en el ciclo de conferencias que yo coordinaba,  “El valor de las ideas”, foro inspirador del Plan Estratégico de la Región de Murcia 2014-2020,  precisamente a instancias de su impulsor, el  exVicepresidente Económico Bernal que desde el primer momento pensó en contar con la colaboración de Andrés Pedreño, conocedor de su brillante trayectoria profesional, de su altísimo nivel como ponente y de su generosa predisposición y disponibilidad para ayudar a su región de origen.

Aunque dicen que todo discurso debe mover a la acción, suele ocurrir que, tras asistir a presentaciones o a charlas inspiradoras nos quedamos sólo con algunas ideas y de ellas, por muy interesantes y plausibles que nos parezcan,  aplicamos muy pocas … o ninguna.

A veces porque no es posible asimilar mensajes complejos en un tiempo reducido. Por eso considero muy recomendable “repasar”  de forma reflexiva aquellas opiniones que nos parezcan de mayor interés. Otras veces no actuamos porque nos paralizan enemigos de la innovación como la endémica falta de tiempo, el poder absorbente de la rutina, el conservadurismo, la incapacidad para analizar las raíces de los problemas o la falta de decisión para abordarlos.

¡Cuánta sabiduría nos perdemos por no reflexionar sobre las sabias recomendaciones de expertos reconocidos¡  Para que eso no ocurra con la magnífica conferencia de Andrés Pedreño en Murcia,  el día 17/04/13, en la que ejerció Juan Bernal como anfitrión,  me permito resaltar los aspectos que me parecen más significativos de su presentación “Reinventar la economía de la región mediante el talento y a la innovación”:

  1. Innovación tópica: La innovación es un término desgastado. Hay que hablar menos y hacer más. Anticiparse a los cambios. Instalar la cultura de reinvención continua en las organizaciones.
  2. Ecosistemas innovadores: La proximidad,  la unión y la coordinación de esfuerzos facilitan la generación de innovaciones. Desterrar las políticas de compartimentos estancos para convertirnos en un territorio eficiente y competitivo.
  3. Jóvenes empresarios: La mayor parte de nuestros estudiantes quieren ser funcionarios. Hay que impulsar la cultura del emprendimiento desde edades tempranas. Actualmente, el conocimiento y las TIC  ofrecen oportunidades increíbles para que un joven pueda crear su propio trabajo.
  4. Empresas: Hay que mimarlas obsesivamente. Son el pilar básico del estado del bienestar. La sociedad en su conjunto: ciudadanos, instituciones, medios de comunicación deben reconocer el papel fundamental de las empresas como generadoras de empleo, de recursos y de progreso.
  5.  Conocimiento: Es el input fundamental de la innovación. No tiene sentido el conocimiento sin aplicación. Hay que mejorar la transferencia de tecnología y la capacidad de integración de la Universidad con la sociedad. Conectar más con el mundo del trabajo y de las empresas. En la UE hay casi 1 millón de puestos de trabajo sin cubrir por falta de los conocimientos requeridos. Apostar por la transdisciplinariedad y la hibridación de especialidades.
  6. Las Administraciones Públicas: Deben ser más innovadoras, más ágiles, más legibles, facilitando al máximo la creación y la actividad de las empresas.  Hay un exceso de regulación que genera una maraña administrativa indigerible. La Ley de Protección de datos española es extraordinariamente exigente. Hay que convertir a los funcionarios en aliados del crecimiento económico.
  7. La informática y las comunicaciones: No hay salida fuera de la economía digital. Hay que acelerar su desarrollo. En la región existen muy buenas universidades en estas materias.  El mercado del Internet de las cosas es de billones de dólares. Apuesta por el turismo digital.
  8.  Sinergias: Tras la fallida experiencia del Arco Meditarráneo, establecer alianzas relevantes, con visibilidad internacional conjunta pero coherente con la identidad regional. Tarragona y Castellón no se “hablan”, Alicante y Murcia tampoco,… esto habría que superarlo.
  9. Globalización: Fallamos en los idiomas. La exportación y la internacionalización son la joya de la corona de una economía moderna. Hay que unir esfuerzos y diseñar estrategias específicas para abordar mercados emergentes, como China, por ejemplo.
  10. Equipos multidisciplinares: Apertura de mentes para superar los pequeños vicios y servidumbres de cada disciplina. La innovación florece especialmente en los cruces de caminos, en las fronteras de cada especialidad, estableciendo puentes y canales de comunicación. Colaborando y no compartimentando.

 

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¿Piezas de un engranaje? No, gracias
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Juan José Ríos | 25-12-2015 | 22:37| 2

Carente de personalidad

Hace unos días, viendo “El bailarín y el trabajador”, una gran película española, estrenada en 1936, unos meses antes de que estallara nuestra guerra civil,  me llamó la atención la frase rutinaria con la que recibe el jefe de personal de una fábrica de galletas al novio de la hija del dueño, un consumado bailarín desoficiado,  que iba a comenzar a trabajar allí para hacerse un hombre de provecho y ganarse la confianza del futuro suegro.

-          “ Esperamos que usted sea una pieza más de este sincronizado engranaje,  en el que cada empleado,  carente de toda personalidad, contribuye a la perfecta fabricación de nuestros productos”

Hay que tener en cuenta el contexto de la época para entender  un  mensaje de acogida tan deshumanizado, propio de esta etapa esencialmente mecanicista, que tan bien refleja Henry Ford, padre de las cadenas de producción en masa,  cuando exclama: «¿Cómo es que cuando quiero un par de manos también me traen a un ser humano?»

 

Carente de personalidad. Sin iniciativa. Cumplidor. Conformista. Como una pieza de una máquina, de un engranaje perfecto. ¿Sin alma también? Es fácil. Basta con ir al trabajo y hacer bien lo que te digan. No hay que pensar. Barato. Perfectamente sustituible.

Ese parecía el prototipo de trabajador ideal en la sociedad industrial. Ese sigue siendo el modelo de empleado de muchas organizaciones actuales.

El viejo e inmutable management moderno

En 1936 estaba en su apogeo la cultura organizativa típica de la era industrial, basada en la disciplina militar, que se consideraba idónea para que las empresas funcionaran con eficacia.  Un tipo de management basado en el control, la asignación precisa de tareas, las rutinas procedimentadas y la jerarquía que ha conseguido logros importantes en la mejora de la productividad de las organizaciones pero a costa de anular la creatividad individual.

Lo curioso del caso es que los ideólogos  principales de este tipo de administración y gestión empresarial todavía vigente  ¡nacieron todos en el siglo XIX ¡:  McCallum –ingeniero del ferrocarril que inventó el organigrama-, Taylor – ingeniero y economista, padre de la organización científica del trabajo-,  Deming –creador del concepto de calidad total- y dejo para el final a Max Weber,  politólogo y sociólogo alemán, inspirador de la burocracia. De la actual,  longeva y ¿eterna e incuestionable? burocracia que sigue rigiendo los destinos de nuestras Administraciones Públicas.

    Sería injusto no reconocer los valores y los avances positivos que se han ido produciendo, lentamente eso sí, en la administración de las empresas y en los derechos de los trabajadores. También sería ilógico que no hubieran evolucionado a lo largo del tiempo.  Pero en lo esencial,  siguen vigentes los principios fundacionales, pensados para una sociedad industrial, muy distinta de la actual, de cambios constantes y vertiginosos, en la que el conocimiento es la materia prima fundamental.

La pirámide la innovación

En uno de mis primeros posts me hacía eco de la pirámide la innovación de Gary Hamel, en cuya cúspide se sitúa la innovación en la gerencia, en la gestión, la más difícil de conseguir e imitar, la más diferencial por tanto de todas las innovaciones.

Este reputado gurú americano, nacido en 1954,  es el principal ideólogo del cambio de un paradigma burocrático que permanece inalterable desde el siglo XIX. Ya va siendo hora de que sea revisado y, cuando menos, cuestionado. Algunas empresas e instituciones públicas ya lo han hecho o lo están haciendo.

Se trataría de transformar la forma de organización del trabajo,  implantando una cultura de la innovación sistemática,  para conseguir  que la ilusión y la creatividad destierren las pesadas losas burocráticas de un modelo gerencial que está obsoleto, que ahoga la creatividad  y que lleva implícita la muerte lenta de las organizaciones que estén regidas por capataces apañados en vez de por líderes motivadores, como dice Xavier Marcet.

Hablamos de instaurar una nueva forma de trabajar que supere los clásicos modelos, basados en el control y la eficacia,  y que libere energía creativa por los cuatro costados, haciendo compatibles los valores positivos de la disciplina y del orden con el fomento del potencial innovador de los empleados.

Más vale una persona con pasión que 40 simplemente interesadas                                                                                     

Estudios recientes muestran resultados muy llamativos acerca del grado de compromiso de los trabajadores con sus organizaciones. Apenas el 13% de los empleados de todo el mundo se entregan a tope en su trabajo. En el pasado tal vez no fuera tan relevante este dato, pero en la sociedad de la innovación continua es un lujo despreciarlo.

Según Hamel, que no es egipcio ni matemático pero es muy aficionado a las pirámides, las capacidades humanas  que más contribuyen al éxito en la economía actual se configuran también piramidalmente.

De menor a mayor valor, en la base estaría la obediencia, seguida de la diligencia. A continuación vendría el conocimiento y la inteligencia. Seguidamente la iniciativa,  después la creatividad, y en el sitio de honor, en plan estelar: la pasión.  La pasión es contagiosa y puede convertir cruzadas personales en movimientos colectivos.

 Final feliz

 Difícilmente una pieza de un engranaje, carente de personalidad, puede apasionarse con su trabajo.  Pero el protagonista de la película, Roberto Rey, actor y cantante chileno, lo logra y se convierte, a la vez,  en un trabajador ejemplar de su época y en un innovador adelantado a su tiempo.

 

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El abogado del diablo
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Juan José Ríos | 25-12-2015 | 22:39| 0

“El abogado del diablo podría ser el mayor asesino de la innovación. ¿Cuántas personas tóxicas bajo esa autodenominación se permiten echar por tierra el trabajo de otros y sus ideas innovadoras?”(Tom Kelley)

 

Innovación, en corto y por derecho

Una definición de innovación que me encanta es la acuñada por Nesta, un referente mundial en la materia: “Nuevas ideas que funcionan”.

¿Quién tiene las nuevas ideas? Las personas creativas. La buena noticia es que la creatividad se puede aprender y perfeccionar. Es una cuestión de método pero sobre todo de actitud.

¿Qué significa que funcionan? Que resuelven un problema de forma creativa y aportan innovaciones que son reconocidas como tales por el mercado o por la sociedad.

¿En qué ámbitos? En todos: personal, profesional, social, público y privado.

¿Quién es el enemigo? Los clásicos ponedores de palos en las ruedas. Son tan antiguos como ellas.

Expertos en destruir

La expresión “abogado del diablo” tiene su origen en la figura del fiscal, del contradictor de buenas causas,  en los procesos de santificación de la Iglesia. Destruir siempre es más fácil que construir, en todos los órdenes de la vida. Y más cómodo, y menos peligroso para los inmovilistas patológicos, expertos en destrucción masiva de nuevas ideas, que a ellos no se les suelen ocurrir. Encantados, además,  de desempeñar ese papel por sistema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ojo, estamos denostando la actitud  contumaz de estos especialistas en destrucción de ideas ajenas o en rebajar los méritos de los demás, que, con frecuencia ocupan cargos directivos, como caricaturiza Borja Adsuara. No estamos cuestionando, en absoluto, la necesidad obvia de filtrar las propuestas con objeto de seleccionar las mejores.

La crítica constructiva siempre ha sido, es y será un instrumento de mejora que, de hecho forma parte sustancial de las metodologías de generación de ideas innovadoras. De los 6 sombreros de pensar de Edward de Bono (que algunos consultores reducen a sólo 3), el negro es el que corresponde al encargado de “poner las pegas”, que no tiene por qué recaer en la misma persona, aunque a los “abogados del diablo” vocacionales les sienta especialmente bien ese color.

¿Y si el de la toga es el jefe?

Hay quien dice, jocosamente, que el jefe debería mandar al  infierno a estos abogados del diablo profesionales que tanto abundan en las organizaciones, pero la realidad es que muchas veces, estos “asesinos de la innovación”, como les llama Tom Kelley, están instalados en la cúpula directiva.

Cuesta trabajo imaginar que los directivos de una empresa sean contrarios a la innovación pero la realidad es tozuda. A las empresas les cuesta innovar y si el jefe no quiere, la empresa no innova.

El abogado del diablo cuenta además con recursos impersonales como pueden ser la falta de tiempo o la temible burocracia, atenuantes razonables, en honor a la verdad. También disponen de un generoso arsenal de excusas para reforzar su inmovilismo empedernido, pero la más socorrida de todas es el tiempo.

Lo cierto es que muchos directivos se van a casa cada día justificadamente extenuados a causa de las múltiples gestiones y operaciones realizadas como consecuencia de la impulsividad de los negocios que les proporcionan sus ingresos actuales. Quizá deberían cuestionarse cuáles de aquéllas podrían evitar o delegar.

El diagrama de Alberto Ortiz de Zárate (Alorza), pensado para las instituciones públicas, es perfectamente aplicable a todo tipo de organizaciones. En él se puede apreciar el valor transversal de la innovación, que debe impregnar a todos los estamentos de la organización, pero en cuyo desarrollo el liderazgo es fundamental.

 

Que cada uno examine su día a día y que saque sus propias conclusiones, pero mi impresión es que la estrategia y la innovación no ocupan el espacio que se requiere en la labor directiva moderna.

El riesgo de que los líderes no les hagan un hueco en su agenda cotidiana a estos conceptos es la muerte lenta de la organización. Como el tabaco, vamos, pero al revés. Fumar mata, pero es como es poco a poco, mañana lo dejo. No innovar mata, pero como es poco a poco, mañana empiezo. Sin falta.

El silente boicot del día a día

Xavier Marcet, es una autoridad en la materia que estuvo recientemente en Murcia deleitándonos con una magnífica conferencia de la mano de Bruno Dureux . En su magistral artículo “El silente boicot del día a día y la muerte lenta de las organizaciones” desliza algunas perlas, tan rotundas como éstas:

  • Si el día a día lo gobierna la burocracia … los líderes se acaban orientando sistemáticamente al corto plazo y no son más que jefes de negociado apañados.
  • Las contingencias cotidianas son un gran proveedor de excusas para hacer fracasar la innovación de modo que parezca un accidente. 
  • La excusa más manida es la del tiempo. 
  • Parece como si innovar no formará parte del trabajo, como si se tratara de una actividad accesoria o aleatoria
  •  Las culturas innovadoras florecen en empresas convencidas que innovar también es trabajar. En organizaciones donde el futuro se hace un hueco en las agendas del presente

 

 

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Internet de todas las cosas
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Juan José Ríos | 25-12-2015 | 22:41| 0

“Internet es el tejido de nuestras vidas” (Manuel Castells)

Océano de datos

Hasta ahora, la gran mayoría de los contenidos de Internet han sido generados por las personas en forma de textos, vídeos, fotos o aplicaciones.  Sin embargo, dado el imparable desarrollo del Internet de las cosas que se vislumbra, dentro de poco lo extraño será encontrar algún objeto o máquina de cualquier tipo que no vierta datos a la red.

En efecto, de aquí a 5 años se prevé que el número de dispositivos conectados a Internet  crecerá al impresionante ritmo de 1 millón de equipos sensorizados por hora, generando un volumen de negocio de más de 2.5 millones de dólares por minuto, a partir de 2016. También se estima que en la próxima década se van a necesitar más de 2 millones de expertos en Internet de las cosas.

 


Nuestro futuro inminente se va a desenvolver, pues, en un océano de datos interconectados, generando billones de nuevas relaciones  entre las que habrá que bucear para extraer aquéllas que aporten más valor para mejorar nuestra calidad de vida, para transformar los servicios públicos, para hacer más sostenibles y eficientes nuestras ciudades (Smart cities)  y para fomentar el  crecimiento económico.

Big Data

Los datos son intrínsecamente mudos. Hay que saber qué hacer con ellos,  cómo aprovechar el potencial de esos enormes conjuntos de datos, abordando los aspectos  técnicos relativos al almacenamiento, al  tratamiento y a la seguridad de los mismos, así como a la visualización de la información para que sea fácilmente entendible por las personas que deben decidir. De esto trata, en esencia, el Big Data.

El problema es que el hombre  tiene una capacidad limitada de analizar, de interpretar y de tomar decisiones inmediatas cuando las interrelaciones a tratar son continuas, numerosas y complejas. Si no hubiera automatizado sus procesos, ¿cuántos empleados debería tener Amazon  analizando en tiempo real los datos de las compras de millones de usuarios para desencadenar manualmente acciones de publicitarias o de fidelización de clientes?

Si esto está ocurriendo ya, con los datos generados fundamentalmente por las interacciones humanas, ¿qué dificultades cabe esperar de la eclosión del Internet de casi todas las cosas  y la vorágine de datos que van a generar continuamente las máquinas?

Los algoritmos

Básicamente, un algoritmo es un procedimiento para resolver un problema, del tipo que sea. Dado su origen matemático,  desde la más tierna infancia estamos usando, sin saberlo,  algoritmos cuantitativos, para multiplicar, dividir o para hacer raíces cuadradas. Pero todo el mundo, a diario,  aplica algoritmos cualitativos cuando hace algo tan prosaico y tan rico como un puré de patatas, por ejemplo.

A otro nivel, todo programa informático lleva implícito un algoritmo, que suele protegerse celosamente como la fórmula de la Coca-Cola, sobre todo en los casos de más éxito.  Google, por ejemplo, perfecciona su motor de búsqueda cada día. Waze recomienda la ruta óptima a millones de conductores gracias a un complejo algoritmo específico del que se conocen algunos aspectos generales. Un grupo de investigadores canadienses ha diseñado un algoritmo invencible al póker.

La Economía algorítmica

La consultora tecnológica americana Gartner  ha acuñado el neologismo economía algorítmica para incidir en la importancia de las interrelaciones entre los datos generados por multitud de dispositivos de uso personal y profesional, que hasta ahora se tratan aisladamente. Habla de la creación de una malla de elementos (“device mesh”) como son los móviles, los sensores, ropa o accesorios inteligentes (“wearables”), aparatos electrónicos del hogar, automóviles,…

También se refiere a los datos provenientes de sensores y de máquinas que desbordarán la capacidad humana de tratamiento y que requerirán el diseño de algoritmos que posibiliten el entendimiento directo entre dispositivos, que sean sensibles al entorno, que actúen en consecuencia, de forma automática, y que sean capaces, además de aprender, en el sentido de ir perfeccionando su rendimiento para ir automejorando sus prestaciones.

En definitiva, la interconexión de plataformas de Internet de las cosas, el desarrollo de la Inteligencia artificial, la web semántica, la impresión 3D y la impresión 4D,  la realidad aumentada, la robótica colaborativa, la visión artificial … configuran un entorno inmediato lleno de oportunidades para los emprendedores más intrépidos y para las compañías más ágiles o más versátiles que sean capaces de actuar, como dice Gartner, en modo bimodal, es decir, en forma  analógica y digital simultáneamente.

Industria 4.0

En este contexto, merece especial atención el concepto de Industria 4.0, la nueva revolución industrial cuya unidad básica de producción será la fábrica inteligente (smart factory).


El Ministerio de Industria, Energía y Turismo acaba de lanzar su iniciativa “Industria conectada” con el objetivo de definir una estrategia de digitalización de los procesos industriales que se concrete en ventajas competitivas para las empresas españolas.

En nuestra región, es loable el compromiso del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales con el nuevo paradigma de la Industria 4.0 y los esfuerzos que realiza en la difusión y la sensibilización sobre estos conceptos entre los empresarios murcianos y la sociedad en general.  También es de agradecer el papel de los medios de comunicación como amplificadores de estas iniciativas, contribuyendo a crear un clima social receptivo a las innovaciones.

 

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Ponerse en los zapatos del ciudadano
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Juan José Ríos | 25-12-2015 | 22:46| 1

Que un hombre sienta los dolores del parto, o algo mucho más emotivo y placentero como las pataditas de un bebé, tal como las percibe directamente una embarazada, ya es posible gracias al avance de las neurociencias y de las tecnologías de realidad virtual que permiten crear la ilusión en el cerebro de estar en un cuerpo ajeno.

La capacidad de ser otro puede ser un poderoso instrumento para construir un mundo mejor basado en el entendimiento personal. Es un asunto que da mucho de sí, que se presta a muchas aplicaciones relacionadas con las emociones y con las sensaciones, tanto ingratas como agradables, y que seguro habrá disparado ya la imaginación de algún lector.

Ponerse en la piel del usuario en cada punto de contacto con los servicios de una empresa es una oportunidad de innovar. Lo que se denomina experiencia de cliente, the customer journey, consiste en el análisis de ese “recorrido” de interacciones usuario/empresa y existen herramientas que pueden ayudar a las organizaciones a estudiar este proceso y a actuar en consecuencia.

Parafraseando a Javier Megías, “Las mejores compañías son aquellas que, desde el punto de vista del cliente actúan como un solo ente,  fácil de entender e integrado, y no como un reino de taifas compuesto por departamentos, silos o personas deslavazados”

Para las grandes organizaciones y para las instituciones públicas,  la empatía,  la legibilidad y la voluntad de proveer servicios integrados, sin costuras, centrados en los usuarios deberían ser asignaturas obligatorias, dada  la complejidad organizativa y la burocracia que las impregna, tan características como anacrónicas.

Una burocracia que sigue enervando a los ciudadanos y que continúa sirviendo de inspiración para ácidas parodias,  siempre con un punto de exageración, dolorosas para los que somos funcionarios pero no exentas de gracia, como ésta de la televisión vasca:


La transformación de las Administraciones Públicas en organizaciones abiertas e innovadoras es, o debe ser,  una prioridad para todos los Gobiernos y un derecho para los ciudadanos, cuya colaboración, y el ejercicio de presión positiva contra la burocracia es fundamental para la mejora de los servicios públicos.

Una referencia obligada en materia de innovación pública, y más concretamente en el aspecto de “ponerse en la piel de los ciudadanos” es la de MindLab, una iniciativa pionera del Gobierno danés: “Para solucionar los problemas de los servicios públicos tenemos que incluir a los usuarios, que son los que  mejor pueden decir qué cosas van mal”.

Aunque no me consta que se haya tenido muy en cuenta a los usuarios, ayer se produjo una innovación pública digna de ser resaltada, como lo están haciendo los medios de comunicación: Los nacimientos y las defunciones de bebés tras el parto  se podrán inscribir telemáticamente, con todas las garantías  en el Registro Civil desde los mismos hospitales en los que se produzcan.

En principio, el Hospital Comarcal del Noroeste es el único centro sanitario de la región desde el que se pueden realizar esta inscripción telemática que se irá extendiendo progresivamente a todos los hospitales y clínicas de España. Este sistema, garantiza, además, la imposibilidad de que se vuelva a producir algún caso más de niños robados, debido a los rigurosos controles que impone en  la identificación inequívoca entre el bebé y la madre.

En España se producen unos 425.000 nacimientos al año, 20.000 en la Región de Murcia. Uno de ellos ha sido el de mi nieta. Así que sé de buena tinta que el proceso manual de inscripción en el Registro Civil del nacimiento de un niño puede suponer, para el padre, con suerte, unas 3 horas.

Según mi yerno: “La primera barrera es la cola para sacar número. Hay personas que están en la puerta desde una hora antes. Luego están la falta de personal, la hora del desayuno, los farragosos trámites asociados a la inmigración, que colapsan la oficina, …y si te falta un papel,… vuelva usted mañana”

Así que, la inscripción telemática de los bebés desde los centros sanitarios es una medida, impulsada por la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas (CORA),  que apunta en la buena dirección, poniéndose si no en la piel, sí en los zapatos de los ciudadanos, a los que les evita un tedioso trámite, un desplazamiento, una larga cola a la intemperie y una pérdida de tiempo evitable.

Que cunda pronto el ejemplo para los procedimientos más engorrosos, en general,  y que se vaya extendiendo a todos los trámites completos asociados al  nacimiento de un niño, que son bastante prolijos, por cierto, y que implican a varias Administraciones y entidades privadas.

A ver si con mi segundo nieto ya se puede realizar todo el proceso completo requiriendo el mínimo desgaste de zapatos de mi yerno.

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Entropy
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Juan José Ríos | 25-12-2015 | 22:47| 0

 Que haga click con el ratón quien no espere con inquietud el recibo de la luz.  Por el coste en sí y por las discusiones familiares que genera. El jueves, 1 de octubre de 2015 entra en vigor el nuevo sistema de tarificación variable por horas que posibilitan los nuevos contadores inteligentes. En España ya hay desplegados 8 millones de estos dispositivos. Los que no lo tengan instalado todavía pagarán un precio medio ponderado.

Dado que el sistema de facturación por horas tiene cierta complejidad, las compañías eléctricas han editado guías ad hoc con objeto de ayudarnos a optimizar nuestra siempre controvertida factura de la luz, aunque no parece que los ahorros esperables vayan a ser muy significativos.

 

Existen dispositivos en el mercado de la domótica que,  desde un smartphone,  nos permiten optimizar en gran medida nuestro gasto energético, como el termostato inteligente fabricado por Nest (una compañía adquirida por Google), que usa los datos recogidos por diferentes sensores, algoritmos de aprendizaje y computación en la nube para ir conociendo nuestros patrones de conducta y actuar de forma cada vez más autónoma, sin apenas intervención directa por nuestra parte.

Aunque parezca difícil de creer, el dinero no es el argumento fundamental que nos induce a cambiar de hábitos de vida. Varios estudios sociológicos aseguran que nos mueven con más intensidad aspectos como el compromiso con la sostenibilidad ambiental o la sensación de poder colectivo derivado del hecho de compartir con otros usuarios, a través de las redes sociales, datos de nuestro consumo energético e inquietudes sobre las energías limpias. Esta es la base del movimiento Cleanweb (“web limpia”), tecnologías que protegen el medio ambiente.

ENTROPY parece sugerir el título de una película de ciencia ficción pero se trata de una iniciativa real, impulsada por la Universidad de Murcia, que se incardina dentro del grupo de soluciones cleanweb. El vocablo Entropy es un acrónimo entresacado de la frase descriptiva del proyecto: “Design of an innovativE eNergy-aware IT ecosysTem for motivating behaviouRal changes tOwards the adoPtion of energy efficient lifestYles”.

 ENTROPY consiste, pues, en el diseño de un innovador ecosistema basado en el uso de las tecnologías de la información cuyo objetivo es promover la concienciación de los usuarios finales, que somos todos, con objeto de que modifiquemos nuestro comportamiento cotidiano en aras de un aprovechamiento más eficiente de la energía eléctrica.

En efecto, ENTROPY persigue, en última instancia, modificar los hábitos de conducta de los usuarios finales facilitándoles  información comprensible con objeto de mejorar la eficiencia energética de los hogares, de los lugares de trabajo y de los edificios en general, y como consecuencia, contribuir a la sostenibilidad medioambiental, y generar, de paso, ahorros apreciables, tanto en las economías domésticas como en las de las empresas e instituciones. O primero esto último, los ahorros. Tanto monta.En cualquier caso, el compromiso de los usuarios del sistema, los decisores últimos,  es crucial para el éxito del proyecto.

El plazo de ejecución es de 3 años y cuenta con una subvención europea de 2.5 M€, con cargo al programa Horizonte 2020, según nos cuenta el prestigioso profesor e investigador Antonio Skármeta, quien, al frente del grupo de Sistemas Inteligentes y Telemática de la Universidad de Murcia,  coordina esta iniciativa en la que participan empresas y centros de investigación de varios países de Europa.

 

Entropy se basa en la integración de varias tecnologías avanzadas, pero poniendo siempre el foco en el usuario final:

  • Internet de las cosas (IoT): Interconexión e integración en un único sistemas de los datos, estructurados o no, provenientes de distintos sensores y dispositivos, contadores inteligentes, termostatos,  smartphones,  agencias meteorológicas o de las redes sociales relacionadas con un uso adecuado de los recursos energéticos.
  • Big Data: Técnicas de análisis de datos y modelado semántico, linked data, así como herramientas intuitivas de visualización y cuadros de mando sencillos que faciliten a los usuarios la toma de decisiones.
  • Gamificación: Desarrollo de apps personalizadas y juegos relacionados con el uso eficiente de la energía. Los  serious games, como elemento motivador para modificar los hábitos de consumo, mejorando el control del ciudadano sobre su propio gasto energético de una forma práctica y sencilla, fomentando competiciones entre usuarios e incentivando los ahorros.   Implantación en los colegios para inculcar hábitos de responsabilidad medioambiental en los niños.

 

 

 

Entropy incide en los items tecnológicos característicos de una smart city, también llamada “ciudad eficiente” (me permito sugerir el término ciudad innovadora),  concepto  basado en la sostenibilidad – ambiental, económica, social y cultural -   y en la calidad de vida que lleva implícito una gobernanza más abierta y una mayor corresponsabilidad de los ciudadanos.

Precisamente, estos días, 29 y 30 de septiembre se celebran en Murcia unas interesantes jornadas sobre las posibilidades de financiación para proyectos innovadores, como Entropy, que ofrece la Unión Europea por medio de su programa Horizonte 2020 y sobre las Smart cities.

 

 

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Sin ilusión no se puede innovar
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Juan José Ríos | 25-12-2015 | 22:48| 0

La encuesta Gallup 2013, de ámbito mundial, sobre “Compromiso en el puesto de trabajo” arroja unos resultados sorprendentes: ¡sólo el 13% de los trabajadores está comprometido con su empresa¡ Un 63%  de ellos se limitan a cumplir aseadamente, como se suele decir, y un llamativo 24% no sólo están descontentos con su trabajo sino que además  transmiten su negatividad entre los clientes y entre los propios compañeros.

En cifras absolutas, cuantificadas con los datos recogidos en 142 países, unos 180 millones de empleados se implican emocionalmente con su empresa, aplicando pasión y entusiasmo en su trabajo diario. Aproximadamente 900 millones de trabajadores no se sienten motivados y no se esfuerzan más de lo estrictamente necesario. Y nada más y nada menos que 340 millones son improductivos cuando no propagadores activos de su insatisfacción.

 Esta falta tan generalizada de compromiso en el puesto de trabajo afecta negativamente a la imagen de la empresa y a su valoración por parte de los clientes. Genera absentismo y otras incidencias laborales, como robos y mala praxis. Repercute en la calidad de los productos y servicios, en la productividad de los empleados y obviamente en el volumen de negocio y la rentabilidad final de las organizaciones, que se resienten de forma importante.

En un post reciente (El cáncer de los emprendedores)  me hacía eco de la fórmula de de Küppers, de la valía profesional de un trabajador:  V=(C+H)xA, siendo C= Conocimientos, H= Habilidades y A=Actitud. Resulta difícil asumir que la actitud de 340 millones de empleados es nula, por las razones que sean, y por ende, su aportación a las organizaciones es cero cuando no claramente negativa.  Sólo en Estados Unidos se han estimado pérdidas anuales de unos 500.000 millones de dólares por esta causa. Un asunto que merece toda la atención, sin duda.

Sin embargo, muchas empresas parecen ignorar estos datos así como los resultados de otros estudios que estiman que sólo un 10% del aumento de la motivación e ilusión en el trabajo por parte de sus empleados puede reportarles un incremento de hasta el 40%  en los beneficios.

La calidad del empleo, como requisito básico para aprovechar el potencial innovador de los trabajadores es un factor quizá no suficientemente valorado todavía por muchos directivos. Dada la relación directa existente entre compromiso e innovación, sólo del 13% de empleados, de los motivados, según Gallup,  cabe esperar un impulso  innovador propio o  la necesaria receptividad ante las políticas innovadoras de la empresa.

El compromiso y la motivación no aparecen por generación espontánea en las organizaciones. Se requiere un esfuerzo bidireccional en el que las empresas deben dar el primer paso, creando el entorno adecuado, como nos dice Pilar Jericó en el vídeo adjunto, pero los trabajadores deben responder con la debida actitud y profesionalidad. Bidireccionalidad en la que también abunda la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (Arhoe), con sus 10 consejos para rendir más en el trabajo.

 

Algunos de los ítems que recabó Gallup para realizar su macroencuesta, entre trabajadores de compañías de los 5 continentes, señalan los puntos que pueden servir de orientación a los líderes empresariales para mejorar ese escuálido porcentaje del 13%  de trabajadores motivados:

  • Sé perfectamente lo que se espera de mí
  • La empresa pone a mi disposición todos los recursos que necesito
  • Desarrollo el trabajo que más se ajusta a mis fortalezas
  • Me siento importante: se me valora y reconoce mi aportación a la empresa
  • Se tienen en cuenta mis opiniones e ideas
  • Se promueve mi carrera profesional
  •  Observo compromiso también entre mis compañeros
  • El ambiente laboral es bueno
  • Tengo oportunidad de aprender y de crecer profesionalmente

Dando por supuesto que las condiciones salariales son justas y dignas, el dinero no parece ser un elemento crucial para estimular el compromiso laboral. Razón de más para aplicarse en la tarea.

A ver si “del trato surge el compromiso mutuo”, como cantaba Antonio Machín, uno de los artistas preferidos de mi madre, que seguro gusta también a otros nostálgicos, como yo mismo, y cuya canción “Un compromiso” me permito adjuntar.

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¿Es ridículo el trinomio I+D+i?
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Juan José Ríos | 25-12-2015 | 22:50| 2

“Innovar es arriesgado. No hacerlo es estúpido”  (Xavier Ferrás)

He de confesar que hace sólo unos pocos meses que descubrí a Xavier Ferrás, una autoridad reconocida en materia de innovación, tanto desde el punto de vista académico e intelectual como en su vertiente profesional, autor de un blog de referencia: Innovación 6.0 y de un libro con el mismo título, que recomiendo seguir y adquirir respectivamente. Y por supuesto, leer de forma reflexiva.

Aunque soy mucho más aficionado al tenis que a los toros no tengo fijación con el número 6. Lo digo porque en el post anterior hablaba de los 6 sombreros de pensar, 6, de Edward de Bono  y ahora repito guarismo.  Simple casualidad. El título Innovación 6.0 alude a las  olas innovadoras, que se han producido hasta el momento, en opinión de Ferrás.

La primera ola la generó el economista austríaco Schumpeter, en los lejanos años 40 del siglo pasado, acuñando el propio concepto de innovación y el de destrucción creativa. Tras unos 50 años de mar en calma, la eclosión de Internet, de la sociedad del conocimiento y la creciente globalización de la economía han generado, en los últimos 25 años,  un intenso oleaje sinérgico que Ferrás diferencia numerando las 5 restantes olas superpuestas: la del marketing sería la 2ª, y así sucesivamente, vendrían las del modelo de negocio, el codiseño con clientes y proveedores, la innovación abierta y los ecosistemas locales.

 

Esta última ola ya me sirvió de inspiración para escribir el post: “Newton y la innovación. La proximidad importa”, pero realmente mi primer contacto con el blog, para apasionados de la innovación”, de Xavi Ferrás se produjo con la lectura de una entrada que me atrajo de inmediato por lo provocativo que me resultó el título:  “Por qué el concepto de I+D+i es ridículo”.  

Casualmente,  la primera entrada, la de declaración de intenciones,  de este blog de mis inquietudes, en julio de 2013,  se titulaba “La importancia de la i” y en ella también me ocupaba de este conocido trinomio I+D+i, aunque brevemente y a una distancia sideral obvia del artículo de Xavier en cuanto a calidad y contenido.

Así que con el permiso, tácito, de Xavi, vuelvo a inspirarme en su obra, aunque quitándole un punto de acritud, por lo que se refiere a la calificación de “ridículo”  del trinomio I+D+i, lo que no significa que no comparta la mayoría de sus razones, que paso a matizar con mis propios comentarios, sin ánimo de ser exhaustivo, y mucho menos, de enmendarle ningún tipo de plana a un autor tan reputado como Xavier.

Totalmente de acuerdo en considerar la innovación (i) como el principal motor de desarrollo económico y una medida de la eficiencia de la I+D. También en que hay mucha investigación que no llega a desarrollarse y mucho menos en llegar al mercado en forma de innovación. O investigaciones que dan fruto mucho después e incluso en en lugares distintos en los que se generan.

Y sobre todo, existen innovaciones en management, que no provienen de ninguna  I ni de ninguna D contraviniendo la secuencia lineal que parece sugerir el orden en que se enuncia la expresión I+D+i, que puede tener sentido algebraico tal como está escrito pero no tanto como expresión de una suma pues los teóricos sumandos no son homogéneos por lo que se refiere a los indicadores en que se miden. La I+D se suele medir con indicadores de coste (inputs) mientras que la “i” se mide en términos de retorno económico (outputs)

 

Es difícil establecer una causalidad directa entre las inversiones en I+D de una  determinada región o empresa y su perfil innovador. Como bien decía Steve Jobs, lo que realmente aporta ventajas competitivas diferenciales y duraderas es establecer un clima que favorezca la innovación, que la incorpore al ADN de la empresa, cuyo principal recurso, no lo olvidemos, es el humano, su gente. La innovación en management no requiere grandes inversiones pero sí grandes dosis de liderazgo comprometido.

Sin embargo, creo que utilizar la i, en minúscula (no confundir con la unidad imaginaria), obedece a una simple coincidencia de iniciales con la palabra “Investigación” y no tanto a que las  Administraciones Públicas consideren a la innovación como de una categoría inferior por el hecho de afectar más directamente al sector empresarial.  De hecho, la UE utiliza la expresión R&D&I (Research and  Development and Innovation), todas en mayúsculas, para designar a nuestra I+D+i.

No obstante, opino que las Administraciones Públicas en general, deben apostar de forma más decidida por extender la innovación en sus territorios y ámbitos de influencia, como concepto holístico y transversal,  empezando por transformarse, ellas mismas, en organizaciones innovadoras, centradas en los ciudadanos.

Esto es lo realmente importante, más allá de los mensajes subliminales que pueden trasladarnos el uso de mayúsculas o minúsculas en expresiones más o menos afortunadas o precisas. Quizá, más que ridículo, el manido trinomio I+D+i se haya quedado anticuado y resulta confuso, como matiza el propio Ferrás y por tanto necesitaría una revisión crítica.

La aplicación de conceptos como los de innovación pública e innovación social, con su capacidad de arrastre y visibilidad, dentro de los ecosistemas locales (que definen la 6ª ola), junto a la necesidad perentoria de transformación del   paradigma educativo actual hacia otro modelo  que fomente la creatividad desde edades tempranas, pueden configurar un entorno socioeconómico consagrado a la innovación cuya creación  quizá justifique su “bautizo” como 7ª ola.

Para finalizar, como elemento gráfico motivador, a modo de banderín de enganche que reflejara la apuesta estratégica de las Administraciones Públicas por la innovación,  en mi opinión sería conveniente crear un símbolo específico, diferenciado de la I+D,  fácilmente reconocible,  del estilo de  π ó de ∞, que representara de forma inequívoca este concepto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Sobre el autor Juan José Ríos
Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que me considero catalizador, promotor de cambios. Dentro de un espíritu inquieto y de sana rebeldía, me gusta definir las actuaciones dentro de un marco que las dote de coherencia. Me importa mucho el entendimiento personal. Mi mundo, hasta los 26 años, se ceñía exclusivamente al ámbito educativo. Estudié Matemáticas y la salida inmediata era la enseñanza. Nunca pensé que podría dedicarme a algo diferente. Me tocó vivir la eclosión de los ordenadores personales de la década de los 80. Empezaron a dotarse los centros educativos de PC ́s. Fui uno de los profesores de Informática de este primera ola. En esta época, junto a un amigo, adquirí mi primer ordenador personal (carísimo) para uso empresarial. Empecé a conocer el mundo de la empresa. En la década de los 90, me cautivó el Informe Bangemann, como marco inspirador de la Sociedad de la Información. De la mano de Juan Bernal, Consejero de Economía y Hacienda, fui Director General de Informática de la Comunidad de Murcia. Fue una etapa apasionante y creativa donde abordamos proyectos como la Red Corporativa de Banda Ancha, la adaptación al euro y el año 2000, la implantación de SAP o la realización de uno de los primeros proyectos de ciudad digital de nuestro país (Ciezanet). Compaginé, durante muchos años, la docencia con el desempeño de puestos de responsabilidad en empresas regionales del sector TIC. En 2009, como profesor, puse en marcha un proyecto innovador cuyo objetivo fundamental era comprometer a los padres en la mejora del rendimiento educativo de sus hijos (proyecto COMPAH). Empecé a familiarizarme con el mundo 2.0 y a emplear estos recursos en mis clases. Como admirador de Morris Kline, soy un amante de las aplicaciones de las Matemáticas al mundo real como elemento motivador de su estudio por parte de los alumnos. Mi primer contacto con las metodologías de la innovación (Design Thinking) se produjo en 2010, de la mano de un consultor, Xavi Camps, que me hizo ver que la creatividad y la innovación son la base de la prosperidad de las organizaciones y que estos atributos se pueden entrenar y perfeccionar. Desde entonces, soy un apasionado de la innovación como concepto transversal. Creo profundamente en la innovación pública. Las instituciones no pueden seguir funcionando casi como en el siglo XIX. Deben transformarse, en el contexto del paradigma de Gobierno Abierto, para convertirse en organizaciones centradas en los ciudadanos, transparentes, sostenibles, eficientes, ligeras y facilitadoras de la actividad empresarial y de la creación de empleo de la mano de iniciativas como el Open Data. Como ciudadano me preocupa especialmente la sostenibilidad de la sanidad pública, y de las pensiones, ahora que voy viendo cada vez más de cerca la edad de la jubilación. No sé contar chistes pero me divierte el humor surrealista y los juegos de palabras, que a menudo sufren familiares y amigos. He trabajado como asesor de innovación en la CARM (2012-2016). Actualmente he vuelto a mis clases en el IES Alfonso X El Sabio y participo en un proyecto empresarial.

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