Cómo afecta la crisis a la concesión de préstamos

La crisis económica en España sigue afectando considerablemente a todas las personas que tengan intenciones de adquirir un préstamo, en especial a aquellas que deseen adquirir una propiedad a través de un préstamo hipotecario. Las entidades financieras otorgaron en el pasado cantidades ingentes para la compra de viviendas pero el grifo se cerró hace unos cuantos años ya.

En lo que concierne a un análisis de esta situación, existen muchas causas que conllevan al descenso de las cifras mencionadas anteriormente. Por un lado, podemos mencionar la subida de los productos básicos, lo cual afecta directamente al consumidor, al mismo tiempo los índices de desempleo están aumentando, y con los valores de las propiedades en descenso y desconociendo cuál llegará a ser su precio mínimo, son muy pocas las personas que se atreven a comprar un bien inmueble.

Las personas que tienen la posibilidad de acceder a un préstamo hipotecario, se encuentran con nuevas barreras de entrada por parte de las entidades financieras y bancarias: las nuevas condiciones y restricciones para conceder un préstamos con garantía hipotecaria. En estos momentos no basta con tener un empleo fijo y presentar una buena nómina. Muchas entidades financieras están requiriendo avales para otorgar el 80% de la financiación y exigen la contratación de otros productos que el solicitante no pidió, como por ejemplo seguros. Eso sin mencionar los tipos de interés que están aplicando.

Los profesionales expertos en economía y finanzas sostienen que el descenso en la concesión de préstamos se debe tanto a la conocida crisis de liquidez que posee el sistema financiero internacional como al derrumbe de la demanda crediticia por parte del mercado interno, ya que el incremento del Euríbor y los precios de las propiedades constituyen el escenario más dificultoso para que las familias se atrevan a comprar una propiedad. La tendencia al descenso en el importe de nuevas operaciones para financiar la adquisición de bienes inmuebles comenzó en septiembre de 2006, momento en el que se registró que los nuevos créditos destinados a la compra de propiedades habían caído casi un 4,6%. Luego, durante los meses de verano de 2007, el descenso de los créditos se volvió a intensificar, hasta que en el mes de junio se registró una bajada cercana al 16,2%, desde ese momento, el importe de los nuevos créditos se ha ido recrudeciendo cada vez más.

La crisis económica, entre otras consecuencias, ha producido que la banca endurezca sus condiciones para otorgar préstamos hipotecarios. Consecuentemente el número de hipotecas que se otorgaban ha caído considerablemente. En medio de este escenario, los bancos han incrementado las exigencias al momento de conceder un préstamo hipotecario. En la actualidad se le exige al solicitante que reúna determinadas condiciones que le permitan a la banca evitar incurrir en riesgos de impagos y en algunos casos, piden más avales. Las medidas orientadas a incrementar las exigencias en la concesión de préstamos hipotecarios son llevadas a cabo con buen criterio y lógica y tienen como principal objeto minimizar el volumen de clientes morosos.

En lo que concierne a la morosidad en estos tipos de créditos, se observa un aumento considerable. Este tipo de préstamos consideran como garantía la propiedad, pero son destinados a la financiación de otros bienes o inversiones como: la adquisición de un coche nuevo, una inversión en un negocio, entre otros. A priori, esta alternativa es muy atractiva para los solicitantes, debido a que los tipos de interés son más bajos en relación a los créditos de consumo pero la desventaja, es que a largo plazo el cliente termina pagando más de lo que esperaba y a esta situación se le suman las exigencias de la entidad bancaria, las cuales comprometen no sólo a los avales sino también a su propiedad.

Dadas las circunstancias actuales y a las exigentes condiciones que imponen las entidades bancarias al momento de conceder un préstamo hipotecario, es de vital importancia que las familias ejerzan con responsabilidad la cultura crediticia y no expongan la seguridad de su propiedad para utilizar los préstamos hipotecarios con otros fines. La mejor alternativa cuando la relación entre los ingresos y los gastos no es favorable para las familias la siguen ofreciendo los préstamos al consumo.

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