Juzgados: calentando motores.

Hay días que uno lee los periódicos y le dan ganas de acostarse otra vez. En portada se encuentra uno a Camps y se pregunta hasta qué punto pueden llegar los políticos. El poder corrompe. Si eres capaz de aceptar regalos por el valor del sueldo máximo de un parado y encima te parece lo más normal del mundo, lo que falla no es la política, es el sentido común. A mí lo más que han llegado a regalarme han sido mecheros. Y no es por el aprecio que me tiene el del estanco, sino por la pasta que me dejo.

Después ve uno el caso de Undangarín y se le pone hasta mal cuerpo. Mientras más tienes, más quieres. Dudo yo que a Iñaki le hiciese falta este tipo de operaciones para llegar a fin de mes. Si acaso le permitiría darse varios caprichos más durante sus vacaciones. Pero esto ya no es ni robar para comer, esto parece avaricia. Ahora todo el mundo intenta echarle un capote a la monarquía, lo que no sabemos es si para que el morlaco agache la cabeza y le den la estocada final.

Ya por último veo el caso de Pedro Antonio y me pongo a temblar. Soy una persona con facilidad para la empatía. Puedo llegar a ponerme en el caso de un desequilibrado y entender cualquier tipo de barbaridad que se llegue a cometer. La mente humana es muy compleja como para poder reducir dos tiros y un corte de cuello a un simple acto de venganza. Lo que no podré llegar a entender en mi vida es como a una persona se le puede conceder tan tranquilamente una licencia de armas cuando necesita ayuda para llevar su propia casa.

Pero es que veo Ibiza y los juzgados están llenos de políticos, ex políticos y agresores con licencia para todo. Algo debe cambiar.

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