De temblores y volcanes

“¿Allá no hay temblores?”

Ésta es una de las preguntas que más me han hecho durante los casi diez días que llevo por San José. El tema no es para bromear demasiado, más teniendo en cuenta lo que está sucediendo en Japón que, por cierto, nos mantuvo a la sección de Internacional en La Nación en vilo durante la jornada del viernes. Estoy casi empezando mi trabajo aquí y ya me he encontrado con uno de esos días desgraciadamente especiales en un medio de comunicación. Lo primero que me encontré a las 9 de la mañana del viernes (tened en cuenta los cambios horarios) cuando encendí el ordenador fue algo así como “Costa Rica en alerta por posible tsunami derivado del terremoto en Japón”. Tranquilidad, desde luego, no es la palabra que circuló por mi cabeza en esos momentos. Pasado el susto inicial, y conforme fue avanzando la mañana, el sentido común se apoderó de mí (gracias también a las ventajas que supone trabajar en un medio de comunicación importante), analizando la situación y concluyendo que en todo caso el peligro estaba en la costa del país por las posibles olas. Además, según fue avanzando el día, las autoridades costarricenses anularon la alerta.

De todos modos, la tierra suele temblar en Costa Rica, también en San José, como no. Y uno, europeo que no está acostumbrado a esto, responde a los ticos que el único temblor que notó en su vida fue cuando España ganó el Mundial debido a los saltos multitudinario con el gol de Iniesta (nota: realmente hace quizás unos 12 0 13 años la mesa de mi salón en Albacete se movió ligeramente, hecho que comentamos en el colegio posteriormente). Y claro, los ticos, de naturaleza vacilona, se ríen del europeo con razón. “Ya te estrenarás, todos los españoles lo hacen”, comentan. Ellos están acostumbrados a los temblores. Yo no, y cuando pase, que aún no lo ha hecho, seguramente mi cara cambiará de color. Para tranquilidad de todos, señalar que el país está altamente preparado para hacer frente a los terremotos, tanto las construcciones y viviendas como los sistemas de alerta y prevención. Las estadísticas están a mi favor, ya que prácticamente Costa Rica no ha registrado víctimas por sismos en su historia. Si nos fijamos bien en los hechos ocurridos en Japón, el temblor en sí no ha sido la causa de las muertes pese a la gran magnitud del terremoto. El problema ha sido la inmensa ola que se ha llevado todo a su alrededor. Haití no estaba preparada y por eso fue destruido por completo el año pasado. Japón y Costa Rica sí, así que yo, a esperar el “meneíto” en algún momento intentando que mis compañeros no se descojonen del “español”.

Tampoco tenemos en nuestro país demasiada actividad volcánica (con permiso del Teide canario y de otros en las islas, claro). Costa Rica tiene nada más y nada menos que más de 100 volcanes (entre 7 y 10 de ellos en activo) en un territorio que es más o menos como Extremadura de grande. El Irazú es el más alto del país, situándose su punto más alto en 3.432 metros sobre el nivel del mar. La última erupción se produjo en el año 1963 , curiosamente coincidiendo con la visita del presidente de EE.UU, John F. Kennedy a suelo costarricense.

Ligero olor a azufre, paisaje absolutamente lunar y volcánico, valga la redundancia, y varias decenas de turistas se dan cita en este espectacular, por lo menos para mí lo ha sido, Irazú. Dicen también mis compañeros que suele temblar el suelo allá. Por el momento, sigo sin estrenarme.

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