A mí no me llames antipatriota

Hace casi un mes del 20-N. Del 20-N del 2011, no se equivoquen, día en el que Mariano Rajoy se convirtió en el nuevo presidente del Gobierno español. Durante esa noche, me dediqué a seguir los resultados y cobertura electoral por la televisión y por las redes sociales Twitter y Facebook. Como yo, muchisima gente. Cuando ya se conocían los resultados de sobra y TVE conectó con la calle Génova, lo primero que ví fueron decenas de banderas españolas (alguna con el águila también se vio). Entonces me acordé de un pensamiento que ronda la mente de mucha gente en mi círculo cercano: “¿Cuantas más banderas se lleven más patriota eres no? Lo más patriota es pagar los impuestos en España y no en paraísos fiscales. Voy a Génova a preguntar dónde pagan todos…” Esto fue lo que puse en Facebook y Twitter.

A alguno le molestó el comentario, pero creo que no es ofensivo. Y si así es, que me expliquen por qué y pido perdón, vamos.

Y sí, me reafirmo, pero como iría a Génova iría también a Ferraz o dónde hubiera que ir. Respeto profundamente a las personas que quieran llevar la bandera que quieran. Que se quieran pintar la cara de rojo y amarillo. Que griten.  Pero conmigo no cuenten, que hay que ir más allá.

Porque en España, tenemos un problema generalizado de patriotismo vacío y barato. Patriotismo de sacar miles de banderas a la calle como si por llevar la bandera más grande te importara más este país. Patriotismo de gritar “Que Viva España” o “Arriba España” sin más argumento que la euforia. Porque incluso para algunos, el poder gritar esto, ya es una buena señal para ser un político. Patriotismo de colorines lo llamo yo.

Es curioso este patriotismo cuando ya ni los políticos de los partidos mayoritarios ocultan que lo importante es dar confianza a los mercados (ese ente), que son los que guían y gobiernan la economía. Curioso porque cuando a cara descubierta averiguamos que nos van a seguir gobernando entre lo que digan los mercados y Merkel y Sarkozy, haya gente que grite “Viva España” como si le fuera la vida en ello. Igual deberían decir primero, “Vivan los mercados”, para ver si se animaban y nos dejaban tranquilos.

En España alabamos y vitoreamos a verdaderos patriotas como muchos de nuestros grandes empresarios. Muchos llevarán una banderita española en el retrovisor interior de su coche pero luego tributarán en paraísos fiscales y no en el lugar de su bandera. Vitoreamos a los grandes deportistas o artistas, muy españoles todos, de los que tenemos dudosa certeza del destino de sus grandes fortunas.

Muchos no llevamos banderas ni gritamos “que Viva España” como locos. Pero no nos llaméis antipatriotas. No, de momento. No a los que hemos estudiado en universidades públicas, contribuyendo. No a los que hemos puesto nuestra mano de obra durante meses y meses por un sueldo de becario justito. No a los que queremos trabajar aquí, pese a todo. A los que aún no nos hemos ido de este país porque lo queremos, pese a todo. Y porque lo queremos intentar pese a que cada vez haya más indicios de que el futuro está fuera. No a los que soñamos con gritar “Viva España”, una España en la que la soberanía resida de verdad en el pueblo, en la que haya justicia social y oportunidades laborales para todos. Una España en la que importe más el contenido que la bandera.

Por eso, a mi no llamen antipatriota, que quiero contribuir a mejorar este país. Pero no a cualquier precio. Por lo menos, hoy pienso que me quedo. Mañana, ya veremos….

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