La Verdad

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Docentes encasillados
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Javier Ballesta | 09-10-2014 | 16:04

No son buenos tiempos para los profesores, para los enseñantes, para los que educan a chicos y grandes, jóvenes y adulto porque tienen que lidiar en muchos frentes, no sólo con el contenido de los saberes, también y hay que subrayarlo con las personas que piensan, sienten y con las que comparten mucho, pero mucho tiempo.  La política de recortes ha oprimido a muchos que ven cómo se amontona la faena, efecto de ese “más por menos” que se traduce en más horas de aula, más alumnado, menos tutorías, menos tiempo para preparar, más y más… de ahí que para ser docente en este país que en nada se le parece en Finlandia,  se necesita mucha fuerza, ímpetu, o arranque para “tirarse al ruedo” donde se les reclamaba en todo momento, son el punto de mira y de atención de una labor que tiene demasiada responsabilidad,  porque no es lo mismo trabajar con personas en crecimiento que con papeles amontonados, cajas de cartón, ladrillos o pantallas de ordenador.

Siempre se ha dicho que lo de ser maestro era vocacional, algo así como que aguantar era para aquellos que  tendrían que resignarse ante la adversidad, acallar los envites despediados  y los sinsabores del oficio, mirando al trasfondo de la ilusión personal pero, todo hay que decirlo mucho se le ha complicado ahora la vida a los vocacionales porque además de estar preparados, de competir, de saber y educar a los hijos del vecino  tienen que gestionar y administrar cantidad de “papeles”, adaptarse a nuevas normativas,  a nuevas modas y leyes, decretos que se multiplican por los rincones y les complican la faena.  Por eso hay muchos “profes”que tienen la sensación  de haberse convertido en  el “hombre o mujer orquesta”, fruto de la imposición del modelo denominado “multitarea” que complica todo en la suma de actuaciones, actividades y tareas nuevas ahogando la sensatez y el sentido común. Una tendencia o una moda que muchos sienten en su labor diaria,  traducida en una sensación de inquietud que se transmite en un martilleo continuo que  les hace pasar malos ratos y desear que todo pase cuanto antes….

Y mira por donde, pensando yo estas cosas  el pasado domingo, el día 5 de octubre, era el día mundial de los docentes, una fecha como otras de conmemoraciones que pasan de largo, aunque en este caso no viene nada mal recordarla ya iniciados el nuevo curso escolar, metidos ya en harina, dándole avance a los días de un trimestre nuevo para muchos porque ha caído de los despachos, de repente y a toda prisa la LOMCE, una nueva ley sin consenso, ambigua y recalcitrante que tiene aires trasnochados y mira por el retrovisor del camino andado como si fuera ahora descubrir  la pólvora, una normativa añeja que trae nombres y terminologías sacadas de la chistera de la pedagogía de la ocurrencia cuando  teníamos ya asumidos otros más de andar por casa… y digo yo: ¿quién pensó en los docentes cuando se dispuso cambiar de traje de chaqueta?

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