La Verdad

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Leer no es un deber
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Javier Ballesta | 17-02-2017 | 17:01

No son buenos tiempos para muchas cosas, entre las que están aquellas que incitan a uno a pensar o a cultivar la mente, como es la lectura, la que te introduce en la duda, en la búsqueda de las referencias y los hechos, sin apartarse de la distancia necesaria para pensar sobre aquello que se lee.

En estos momentos, por lo que dicen las encuestas, leer ya no es un placer para muchos, porque sabemos que cuatro de cada diez españoles no leen nunca.

Un auténtico fracaso, se mire como se mire. El informe que se presentaba hace un mes, por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE)  subrayaba ese fracaso, asociado a la situación  del sistema bibliotecario que, tras el espectacular aumento de bibliotecas en el período  1990-2010, en el último lustro ha visto un descenso considerable de 234 instalaciones y, además una reducción en los horarios de apertura y el envejecimiento de colecciones que se mide en la renovación  de obras donde el gasto de adquisiciones ha bajado de forma brutal entre 2009 de 1.5 euros a 56 céntimos.

Sin embargo, mucho más grave es la situación de las librerías que han cerrado, en el mismo período un 20%  han echado la persiana y, otras se han reconvertido en espacios donde se venden toda clase de objetos como si fueran un todo cien o una tienda de “chuches”.

De ahí que la lectura en España goza de una mala salud.

Por eso el secretario de Estado de Cultura anunció que su Ministerio va a poner en marcha un Plan de Fomento de la Lectura adelantando que uno de los objetivos será que en el ámbito escolar se dedica a la lectura el mismo tiempo que a la educación física.

No estaría nada mal, ahora que nos hemos caído del árbol, que nos demos cuenta del grave error de eliminar esos tiempos para leer en el aula que tachamos del mapa, en algunos momentos con la reciente ley educativa.

La clave está en sacar tiempo, dar espacio para que leer se convierta en un placer, desde las aulas y que se reconvierta esta situación que padecemos.

La semana pasada disfruté escuchando a Carmen Posadas, escritora cercana,  sincera y valiente, que con su discurso rompedor nos acercó al valor de luchar contra esa inercia de la no lectura.

En sus palabras nos decía que era muy importante que los niños leyeran. Nos decía que en Inglaterra lo hacen en clase, no como deberes, todo un acierto que en este país se ha perdido.

Ahora, cuando el predicamento de los escritores y de los maestros está cuestionado por una sociedad que vive de la inmediatez de los mensajes, donde saltan sin esfuerzo y en cualquier momento, desde los dispositivos tecnológicos se nos ha olvidado que tenemos que recuperar la lectura,  para saber y opinar, para valorar y debatir, también y mucho para disfrutar, habrá que dar con la tecla.

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