La Verdad

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Autor: Javier Ballesta
Adiós a Juan Carrión, un profesor ideal
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Javier Ballesta | 31-08-2017 | 10:47| 0

En pleno cierre de vacaciones, mientras preparamos la maleta de vuelta y metemos los recuerdos vivos de ese finiquito acelerado por este temporal impaciente nos llega la noticia, por este diario del fallecimiento del profesor Juan Carrión, el alma y cuerpo de esa peli que David Trueba llevó a las pantallas titulada “Vivir es fácil con los ojos cerrados”.

A muchos, entre los que me encuentro nos dejó huella, por la trama que era la historia de aquel profe de inglés que enseñaba utilizando las canciones de los Beatles y le llevó a querer encontrarse con John Lennon, en 1966 en Almeria, en pleno rodaje de un film para convencerle que incluyera en el álbum de sus canciones las letras, para sí ser utilizadas en sus clases.  Una anédocta que quedó convertida en emoción intensa que nos hizo sonreír en esa interpretación que Javier Cámara realizaba del profesor (impresionante verlo subido en el coche gritando lo de ¡John, John! en pleno descampado mientras pasaba de largo el coche que presumiblemente transportaría al Beatle, qué golpe tan bueno).

La cinta consiguió en 2013 seis Goyas y en la gala recuerdo a Trueba  que se llevó al  profesor Carrión a la entrega, como pudimos apreciar sentado a su lado. La historia  es verídica y la narrativa muy lograda, sin duda muy recomendable para aquellos que no la conozcan y para otros, en especial, quienes se dediquen o piensen dedicarse a la docencia y verán en ella el valor de educar, de otro modo, con el corazón y los sentimientos, un bello ejemplo de cómo la vida nos sorprende y la grandeza de descubrir que siempre hay que compartir y llevar a cabo proyectos en esa lucha diaria.

A raiz de la película y de su éxito el profesor Carrión tuvo una gran relevancia en los medios y su historia se hizo grande y extensiva.  Como una persona «luminosa y ejemplar, un profesor ideal» lo definió el cineasta David Trueba a Juan Carrión, en una entrevista a ‘La Verdad’ en 2013.

El docente, sin embargo, quitaba importancia a la hazaña de su viaje hasta Almería para ver a John Lennon y el impacto que ese encuentro tuvo para el mítico cantante y para la historia de la música. Entre sus palabras :

« Los hombres somos herramientas en manos del destino. Yo tenía que cruzarme con Lennon para que los «Beatles» tuvieran más éxito al publicar las letras, y él conmigo para ayudarme con mis clases», dijo Carrión en una entrevista con este diario, donde demostró a quiénes tenía siempre en mente: a sus alumnos.

Descanse en paz este docente que supo ganarse el respeto de la ciudadanía, de los medios y de tantos que vieron en él un ejemplo vivo de entrega, de saber estar y de inspiración por la enseñanza, con  auténtica pasión. Su historia levanta el tono vital de tantos que luchan y quieren compartir proyectos y no se conforman con estar en la retaguardia,  escondidos en la sombra y en la penumbra de una monotonía que, en muchos momentos, ensombrece la profesión.

Ahora, cuando llega septiembre y llama a la puerta un nuevo curso escolar, en el que tendremos que recrear proyectos e impulsar nuevos retos  recordaremos a ese docente de inglés, a Juan Carrión, desde su ausencia pero su historia servirá, sin duda para mirar adelante, en busca de ese fin, de esa meta como la que supo transmitir genialmente David Trueba, con los ojos bien abiertos, para decirnos que la vida no es fácil, siempre es lucha, pasión y compartir lo que llevamos entre manos, con la emoción de ver cómo otros lo hicieron..

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¿A quién le importa?
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Javier Ballesta | 20-07-2017 | 5:27| 0

Las universidades se preparan para echar la persiana la próxima semana, aunque el cierre sea un paréntesis forzado que deja en suspense muchísimos gajes del oficio, aún sin resolver.

En estos finales de curso, el malestar docente se ha incrementado al comprobar cómo los temas de palacio, además de ser lentos, poco resolutivos y nada diligentes, siguen teledirigidos desde las alturas, y somos muchos quienes vemos cómo cada año el patio está aún más revuelto, en una zozobra inquietante que hace que el personal vaya ‘botando’, sin saber en muchas ocasiones qué es aquello que debería primar y diera sentido al desarrollo del oficio.

Me refiero al incremento de las labores propias de la gestión, como estar pegados a los correos de última hora donde te dice que pongas o quites, que acudas o cambies, introduzcas o elimines del hoy para ayer, hace que vivamos impacientes delante de las pantallas, de las plataformas y de las validaciones permanentes.

Una sensación que se ha generalizado en el personal aunque no tengas cargo y seas un simple docente de a pie, y que nos ha impuesto una penitencia tecno-administrativa que ha suplantado con creces el tiempo de dialogar, de repensar lo que se hace y de hacer otras cosas que han quedado relegadas en la jornada laboral como son leer, estudiar y escribir sin la presión de que lo que se escriba tenga que ser exclusivamente un ‘paper’ para una revista que tenga factor de impacto, porque los criterios de alguien han decidido que muchas otras no sirven, no tienen valor y por eso no cuentan para los sexenios de investigación… Menuda presión nos están dando con estas medidas y ante ello no escucho ni gritos, ni susurros.

Muchos callan, otros agachan la cabeza y hacen aquello del avestruz…

Por eso cuando escuchas voces valientes que se oponen a la política de criterios impuestos arbitrariamente desde arriba, me quito el sombrero y me uno a ellas. Esta es la que he recibido del grupo de editores de revistas científicas, contra la política de sexenios de investigación en el campo de la Educación que ha aplicado este año la Cneai de la Aneca y que es un documento redactado con argumento, precisión y valor por Arturo Galán, en nombre de la red de revistas Aula Magna 2.0, en la que se denuncian estos criterios impuestos para no valorar las revistas que no sean JCR, por lo que han penalizado a muchos docentes que no publican en ellas pero sí en otras muchas que también son revistas de calidad que están indizadas y que hasta el año pasado servían para obtener un sexenio de investigación.
Este hecho que ahora denunciamos tendrá repercusiones importantes ya que, si expresamente penalizan a nuestras revistas, el enorme esfuerzo realizado los últimos años, habrá sido en balde. Cuantos más nos juntemos y critiquemos esta arbitrariedad, más fuerza tendremos.
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El largo julio
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Javier Ballesta | 08-07-2017 | 5:53| 0

 

Julio tiene un color especial en las universidades, por su intensidad  y celeridad ya que son muchos los campus que pasaron la convocatoria de septiembre a este mes que cada año se está haciendo más insoportable.

Quizás muchos piensen que esta cantinela  es una ocurrencia que a uno se le pasa por la mente para desfogar.

Ni mucho menos, es toda una realidad que se palpa en el ambiente tórrido de estas semanas donde cada vez la diáspora se confunde con el letargo que nos impone un calendario  para el alumnado y, mucho menos para los docentes universitarios que andamos  con la zozobra  genuina de repartirse en la multitarea que no cesa.

Cuando llega este mes que para algunos es coger los bártulos propios del cierre,  para los universitarios les queda todo el mes aún, para seguir con el más de lo mismo.

El mes de julio, para muchos universitarios no tiene nada que ver con el “despasito”, porque es un tiempo inventado para la amalgama, la multitud de tareas engorrosas que nada tienen que ver con aquellas otras que se cultivaban en otros tiempos.

La dichosa idea asumida por algunas universidades de traerse todo a este mes, para así empezar limpios en septiembre, es decir sin exámenes, es un mal invento que ha hecho hacer el último mes del curso en algo así como un cruce del desierto pero cargado de un batiburrillo de cuestiones que hay que resolver, gestionar y cerrar.

Sin embargo, me comentaban algunos colegas por ejemplo los andaluces que allí sus universidades siguen con septiembre, nada de julio, se negaron en rotundo como otras que también se lo han pensando y repensado y siguen con ello, me refiero a la Complutense, aunque este mal endémico que padecemos, del deprisa, deprisa hace que todo se asimile, por no quedarse fuera de juego.

Lo cierto es que se mire como sea,  si pensamos en los alumnos que se examinaron a mediados de junio y que a tres semanas tienen de nuevo que refrescar el saber ¿les viene bien? ¿sabrán mucho mejor lo que no supieron?

Y si les preguntamos a los docentes que cerraron las actas en junio y ahora, otra vez abrir, examinar, revisar, vuelta de tuerca ¿mereció la pena?

¡Ah!, y otra cuestión importante que conviene decir: antes los docentes cuando llegaba julio bajaban la guardia y se dedicaban a leer, estudiar, corregir o revisar con detenimiento.

Ahora, tal como está el patio no hay tiempo para ello, porque hay que gestionar en las plataformas , montar multitud de tribunales, planificar los tribunales  de  Grado, de máster, además preparar el curso que viene, cerrar el dichoso POD y eso supone horas y horas de quedadas, en tiempos de melones donde no debería haber muchos sermones.

La vida en los campus rezuma un malestar que se siente, se nota entre las quejas por lo bajini, pocas voces salen de tono, somos esclavos del tiempo y de decisiones impuestas, mientras muchos callan y se quejan en silencio.

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Adiós al querido maestro
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Javier Ballesta | 01-07-2017 | 12:40| 0

Se nos ha ido don José Castaño en silencio, sin hacer ruido, con ese sigilo sereno que le caracterizaba y sin disimular que añoraba dar el paso adelante, hasta la otra orilla.

Allí le esperaba desde hace dos años su amor de toda la vida, mientras aquí recibía el cariño fiel de su hijos María Victoria, Martín y José Luis, familiares y amigos en ese fin del final, donde los muchos años hacen que cada vez más la mecha se apague lentamente.

Sabíamos de él por Juan Valverde, amigo muy cercano que lo conocía a fondo y que nos comunicó su fallecimiento.

Muchos tenemos en el recuerdo vivo el rostro emocionado del maestro Castaño cuando festejamos el pasado 9 de marzo su 100 cumpleaños en el colegio que lleva su nombre, con la alegría y el júbilo compartido por toda la comunidad educativa que le hizo un homenaje intenso.

Recuerdo cuando nos apretaba su cálida mano diciéndonos que era lo más grande que había recibido. Esa mañana de escuela levantó el vuelo y recargó la batería, tomó el impulso para llegar al final de curso, como siempre fue su deseo acabar las clases, cuando la escuela se cierra para que los chiquillos tomen las vacaciones.

José Castaño ha sido una buena persona generosa y un queridísimo maestro que ha simbolizado el compromiso por la educación, por la entrega sin límites. Como en este diario escribió  Manuel Madrid, un valedor de la escuela pública. Su trayectoria es todo un ejemplo a seguir, su entrega constante y diaria al trabajo fue motivo para que se le concediera una Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 2007 y Pizarra de Plata de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, que le sirvió para seguir colaborando en la escuela a fin de compensar la privación que tuvo del oficio durante largos años tras la Guerra Civil, por ser apartado de la profesión.

En 1975 reingresó y tras su jubilación, con 67 años, siguió como profesor voluntario para recuperar el tiempo de prohibición al que le sometieron en el colegio que lleva su nombre, junto al jardín de la Seda, en la capital donde era toda una institución. Los prácticos que venían de la Facultad de Educación acudían a él para hacer ‘el paseíllo de don José’, un modo de llamar al primer encuentro con el colegio.

Adiós al maestro de maestros, símbolo de la vocación por la escuela. Nos deja ahora en un final de curso, cuando los escolares recogen los bártulos y se despiden de sus profesores:   José Castaño Sandoval (1917-2017), el último maestro republicano, luchador y comprometido por la docencia. Su pasión siempre fue defender la educación con ejemplo y testimonio. Un gran hombre nos deja. Lo vamos a echar mucho de menos.

Maestro José Castaño

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Sudar la camiseta
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Javier Ballesta | 08-06-2017 | 11:57| 0

En estos tiempos donde el formato manda y los escenarios imponen modas y tendencias que se copian de los escaparates virtuales que tejen la redes sociales, son muchos los que levantan el dedo, hacen un guiño o sueltan los ‘ji, ji, ji’ o los ‘ja, ja, ja’ como si tal cosa y en cualquier lugar.

Ya no importa si estamos en un tono formal, correcto o adecuado, lo que impera es lo rompedor, la destreza para cortar y destacar, decir, señalarse por encima del mensaje.

Y es que, curiosamente estamos tan imbuidos en los nuevos formatos que a veces, y algunos, sin duda no es una generalidad, confunden el saber con el estar, el argumento con el chisme oficioso, o simplemente nos obsesionamos por copiar y pegar, como modo de ganar adeptos.

Todo este introito es para situarnos en el dónde estamos y ahora ejemplificaré con un hecho que me ha llamado la atención y es el referido a la proliferación de la camiseta universitaria como un símbolo que se exhibe, al parecer con mucha emoción.

Esta facilidad rompedora, fiel a la máxima de que el que no sale en la foto no existe, está haciendo que muchas universidades cierren filas en torno a estas ocurrencias, reclamos y genialidades que, para algunos entre los que me encuentro, hacen que lo veamos con cierto escepticismo, al ver que estas historias son más adecuadas para aquellos que se dedican a vender productos de marca que para los universitarios que tenemos que resolver otros asuntos.

En estos días abundan las camisetas universitarias, son la cara de la universidad de referencia. El efecto que genera en más de uno es tomar nota de la invasión del conocimiento como si la reproducción del saber estuviera de moda, ante la mirada ausente de muchos que, viéndolas, no paran de testimoniar lo mucho que se mueven algunos.

Hace ya meses me di cuenta de este hecho, de esta visibilidad manifiesta e intencionada de conquistar la calle, los espacios diversos con la camiseta de la universidad, un distintivo publicitario, una manera de propagar y que significa además, de muchas cosas, uniformar, distinguir, asociar y señalar con el dedo aquello de ‘este es de los nuestros’, o ‘cómo proliferan y crecen’.

7/06/17. PREMIOS DEPORTIVOS EN LA UCAM

La camiseta ha ido a mucho más, ya no basta con ponérsela para practicar un deporte, también hay que lucirla ante los medios, o en un acto oficial, en una rueda de prensa o en cualquier gala social porque de lo que se trata es de hacer marca, ante todo.

 

Y, mira por dónde, me viene a la mente en estos finales, donde uno anda con cien mil líos en la cabeza y ‘botando’ ante las mil caras de un curso batallador, que ahora toca sudar la camiseta, no lucirla ni exhibirla, porque el tiempo de la cosecha arrecia sin piedad y todo se complica en esta universidad anclada en sus inventos a la que examinarán desde las alturas.

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