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Categoría: Artículos publicados en La Verdad
El primer día de clase

Un año más, otra vez la vuelta al nuevo curso y sus circunstancias se convierten en un tema recurrente que señala ese volver a empezar, a seguir con lo andando tras el paréntesis y la pausa.

El corte del año se hace en el verano, cuando algunos tenemos la suerte y el privilegio de tener vacaciones, aunque sean cortas, pero siempre vienen bien y además hacen que la actividad se corte si se puede y luego tras ellas, otra vez al tajo, a esa vuelta que pronto dejará el sabor a los días vividos y nos meterá en aquello que llenará sin querer o queriendo los días y las semanas de un calendario que habrá que domesticarlo y ponerlo en solfa.

Ahora que los días menguan, en los que la luz es distinta y el sabor otoñal nos refrescará la mirada, me acuerdo de los primeros días de escuela, de los de antes y de los de ahora, de los míos como alumno y docente y los de muchos profesores que ya iniciaron su actividad en esta vuelta madrugadora, quizás con demasiada improvisación ajena a su voluntad, por motivos de los que siempre se habla y que nadie remedia, fruto de una planificación poco acertada y en la que es difícil combinar una puesta a punto ajustada y a tiempo para que los centros acojan al personal como se merece.

Es difícil inaugurar el curso escolar en los primeros días de septiembre y querer que las cosas funcionen medio bien. A lo mejor habría que plantearse si merece la pena ese madrugón anticipatorio o dejar unos días más para planificar mejor la llegada del alumnado.

Tampoco tiene sentido que haya diferencias de hasta diez días en la fecha de la vuelta al cole de Educación Infantil y Primaria, según las comunidades autónomas e incluso dentro de nuestra propia Región, en función de la fecha que más cuadra en cada municipio, entre el 5 y 11 de septiembre.calendario

Al mismo tiempo, se da la paradoja que en España los murcianos (de la capital y Beniel) y los navarros escolarizados en Infantil y Primaria han sido los más madrugadores incorporándose el martes 5. Mientras que Baleares, al igual que en Extremadura, lo hizo ayer y los de Castilla y León volverán el lunes 18 a las aulas.

Este calendario invertebrado no tiene lógica y se aprecian diferencias entre las etapas educativas. Secundaria y Bachillerato arranca entre el 12 y el 19 de septiembre, mientras la universidad adelanta cada vez más su vuelta a las aulas: ayer se impartieron ya clases y el 11 otros colegas de otras universidades estatales daban sus primeras lecciones, antes de las pruebas de Selectividad. Quién lo diría.

La ilógica distribución del tiempo denota una diversidad y nos anuncia un total relativismo. Lo que sí es cierto es que ahora toca tachar días, porque al principio cuesta volver a empezar. Nadie dijo que fuera fácil.

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¿A quién le importa?

Las universidades se preparan para echar la persiana la próxima semana, aunque el cierre sea un paréntesis forzado que deja en suspense muchísimos gajes del oficio, aún sin resolver.

En estos finales de curso, el malestar docente se ha incrementado al comprobar cómo los temas de palacio, además de ser lentos, poco resolutivos y nada diligentes, siguen teledirigidos desde las alturas, y somos muchos quienes vemos cómo cada año el patio está aún más revuelto, en una zozobra inquietante que hace que el personal vaya ‘botando’, sin saber en muchas ocasiones qué es aquello que debería primar y diera sentido al desarrollo del oficio.

Me refiero al incremento de las labores propias de la gestión, como estar pegados a los correos de última hora donde te dice que pongas o quites, que acudas o cambies, introduzcas o elimines del hoy para ayer, hace que vivamos impacientes delante de las pantallas, de las plataformas y de las validaciones permanentes.

Una sensación que se ha generalizado en el personal aunque no tengas cargo y seas un simple docente de a pie, y que nos ha impuesto una penitencia tecno-administrativa que ha suplantado con creces el tiempo de dialogar, de repensar lo que se hace y de hacer otras cosas que han quedado relegadas en la jornada laboral como son leer, estudiar y escribir sin la presión de que lo que se escriba tenga que ser exclusivamente un ‘paper’ para una revista que tenga factor de impacto, porque los criterios de alguien han decidido que muchas otras no sirven, no tienen valor y por eso no cuentan para los sexenios de investigación… Menuda presión nos están dando con estas medidas y ante ello no escucho ni gritos, ni susurros.

Muchos callan, otros agachan la cabeza y hacen aquello del avestruz…

Por eso cuando escuchas voces valientes que se oponen a la política de criterios impuestos arbitrariamente desde arriba, me quito el sombrero y me uno a ellas. Esta es la que he recibido del grupo de editores de revistas científicas, contra la política de sexenios de investigación en el campo de la Educación que ha aplicado este año la Cneai de la Aneca y que es un documento redactado con argumento, precisión y valor por Arturo Galán, en nombre de la red de revistas Aula Magna 2.0, en la que se denuncian estos criterios impuestos para no valorar las revistas que no sean JCR, por lo que han penalizado a muchos docentes que no publican en ellas pero sí en otras muchas que también son revistas de calidad que están indizadas y que hasta el año pasado servían para obtener un sexenio de investigación.
Este hecho que ahora denunciamos tendrá repercusiones importantes ya que, si expresamente penalizan a nuestras revistas, el enorme esfuerzo realizado los últimos años, habrá sido en balde. Cuantos más nos juntemos y critiquemos esta arbitrariedad, más fuerza tendremos.
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El largo julio

 

Julio tiene un color especial en las universidades, por su intensidad  y celeridad ya que son muchos los campus que pasaron la convocatoria de septiembre a este mes que cada año se está haciendo más insoportable.

Quizás muchos piensen que esta cantinela  es una ocurrencia que a uno se le pasa por la mente para desfogar.

Ni mucho menos, es toda una realidad que se palpa en el ambiente tórrido de estas semanas donde cada vez la diáspora se confunde con el letargo que nos impone un calendario  para el alumnado y, mucho menos para los docentes universitarios que andamos  con la zozobra  genuina de repartirse en la multitarea que no cesa.

Cuando llega este mes que para algunos es coger los bártulos propios del cierre,  para los universitarios les queda todo el mes aún, para seguir con el más de lo mismo.

El mes de julio, para muchos universitarios no tiene nada que ver con el “despasito”, porque es un tiempo inventado para la amalgama, la multitud de tareas engorrosas que nada tienen que ver con aquellas otras que se cultivaban en otros tiempos.

La dichosa idea asumida por algunas universidades de traerse todo a este mes, para así empezar limpios en septiembre, es decir sin exámenes, es un mal invento que ha hecho hacer el último mes del curso en algo así como un cruce del desierto pero cargado de un batiburrillo de cuestiones que hay que resolver, gestionar y cerrar.

Sin embargo, me comentaban algunos colegas por ejemplo los andaluces que allí sus universidades siguen con septiembre, nada de julio, se negaron en rotundo como otras que también se lo han pensando y repensado y siguen con ello, me refiero a la Complutense, aunque este mal endémico que padecemos, del deprisa, deprisa hace que todo se asimile, por no quedarse fuera de juego.

Lo cierto es que se mire como sea,  si pensamos en los alumnos que se examinaron a mediados de junio y que a tres semanas tienen de nuevo que refrescar el saber ¿les viene bien? ¿sabrán mucho mejor lo que no supieron?

Y si les preguntamos a los docentes que cerraron las actas en junio y ahora, otra vez abrir, examinar, revisar, vuelta de tuerca ¿mereció la pena?

¡Ah!, y otra cuestión importante que conviene decir: antes los docentes cuando llegaba julio bajaban la guardia y se dedicaban a leer, estudiar, corregir o revisar con detenimiento.

Ahora, tal como está el patio no hay tiempo para ello, porque hay que gestionar en las plataformas , montar multitud de tribunales, planificar los tribunales  de  Grado, de máster, además preparar el curso que viene, cerrar el dichoso POD y eso supone horas y horas de quedadas, en tiempos de melones donde no debería haber muchos sermones.

La vida en los campus rezuma un malestar que se siente, se nota entre las quejas por lo bajini, pocas voces salen de tono, somos esclavos del tiempo y de decisiones impuestas, mientras muchos callan y se quejan en silencio.

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Adiós al querido maestro

Se nos ha ido don José Castaño en silencio, sin hacer ruido, con ese sigilo sereno que le caracterizaba y sin disimular que añoraba dar el paso adelante, hasta la otra orilla.

Allí le esperaba desde hace dos años su amor de toda la vida, mientras aquí recibía el cariño fiel de su hijos María Victoria, Martín y José Luis, familiares y amigos en ese fin del final, donde los muchos años hacen que cada vez más la mecha se apague lentamente.

Sabíamos de él por Juan Valverde, amigo muy cercano que lo conocía a fondo y que nos comunicó su fallecimiento.

Muchos tenemos en el recuerdo vivo el rostro emocionado del maestro Castaño cuando festejamos el pasado 9 de marzo su 100 cumpleaños en el colegio que lleva su nombre, con la alegría y el júbilo compartido por toda la comunidad educativa que le hizo un homenaje intenso.

Recuerdo cuando nos apretaba su cálida mano diciéndonos que era lo más grande que había recibido. Esa mañana de escuela levantó el vuelo y recargó la batería, tomó el impulso para llegar al final de curso, como siempre fue su deseo acabar las clases, cuando la escuela se cierra para que los chiquillos tomen las vacaciones.

José Castaño ha sido una buena persona generosa y un queridísimo maestro que ha simbolizado el compromiso por la educación, por la entrega sin límites. Como en este diario escribió  Manuel Madrid, un valedor de la escuela pública. Su trayectoria es todo un ejemplo a seguir, su entrega constante y diaria al trabajo fue motivo para que se le concediera una Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 2007 y Pizarra de Plata de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, que le sirvió para seguir colaborando en la escuela a fin de compensar la privación que tuvo del oficio durante largos años tras la Guerra Civil, por ser apartado de la profesión.

En 1975 reingresó y tras su jubilación, con 67 años, siguió como profesor voluntario para recuperar el tiempo de prohibición al que le sometieron en el colegio que lleva su nombre, junto al jardín de la Seda, en la capital donde era toda una institución. Los prácticos que venían de la Facultad de Educación acudían a él para hacer ‘el paseíllo de don José’, un modo de llamar al primer encuentro con el colegio.

Adiós al maestro de maestros, símbolo de la vocación por la escuela. Nos deja ahora en un final de curso, cuando los escolares recogen los bártulos y se despiden de sus profesores:   José Castaño Sandoval (1917-2017), el último maestro republicano, luchador y comprometido por la docencia. Su pasión siempre fue defender la educación con ejemplo y testimonio. Un gran hombre nos deja. Lo vamos a echar mucho de menos.

Maestro José Castaño

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Sudar la camiseta

En estos tiempos donde el formato manda y los escenarios imponen modas y tendencias que se copian de los escaparates virtuales que tejen la redes sociales, son muchos los que levantan el dedo, hacen un guiño o sueltan los ‘ji, ji, ji’ o los ‘ja, ja, ja’ como si tal cosa y en cualquier lugar.

Ya no importa si estamos en un tono formal, correcto o adecuado, lo que impera es lo rompedor, la destreza para cortar y destacar, decir, señalarse por encima del mensaje.

Y es que, curiosamente estamos tan imbuidos en los nuevos formatos que a veces, y algunos, sin duda no es una generalidad, confunden el saber con el estar, el argumento con el chisme oficioso, o simplemente nos obsesionamos por copiar y pegar, como modo de ganar adeptos.

Todo este introito es para situarnos en el dónde estamos y ahora ejemplificaré con un hecho que me ha llamado la atención y es el referido a la proliferación de la camiseta universitaria como un símbolo que se exhibe, al parecer con mucha emoción.

Esta facilidad rompedora, fiel a la máxima de que el que no sale en la foto no existe, está haciendo que muchas universidades cierren filas en torno a estas ocurrencias, reclamos y genialidades que, para algunos entre los que me encuentro, hacen que lo veamos con cierto escepticismo, al ver que estas historias son más adecuadas para aquellos que se dedican a vender productos de marca que para los universitarios que tenemos que resolver otros asuntos.

En estos días abundan las camisetas universitarias, son la cara de la universidad de referencia. El efecto que genera en más de uno es tomar nota de la invasión del conocimiento como si la reproducción del saber estuviera de moda, ante la mirada ausente de muchos que, viéndolas, no paran de testimoniar lo mucho que se mueven algunos.

Hace ya meses me di cuenta de este hecho, de esta visibilidad manifiesta e intencionada de conquistar la calle, los espacios diversos con la camiseta de la universidad, un distintivo publicitario, una manera de propagar y que significa además, de muchas cosas, uniformar, distinguir, asociar y señalar con el dedo aquello de ‘este es de los nuestros’, o ‘cómo proliferan y crecen’.

7/06/17. PREMIOS DEPORTIVOS EN LA UCAM

La camiseta ha ido a mucho más, ya no basta con ponérsela para practicar un deporte, también hay que lucirla ante los medios, o en un acto oficial, en una rueda de prensa o en cualquier gala social porque de lo que se trata es de hacer marca, ante todo.

 

Y, mira por dónde, me viene a la mente en estos finales, donde uno anda con cien mil líos en la cabeza y ‘botando’ ante las mil caras de un curso batallador, que ahora toca sudar la camiseta, no lucirla ni exhibirla, porque el tiempo de la cosecha arrecia sin piedad y todo se complica en esta universidad anclada en sus inventos a la que examinarán desde las alturas.

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La radiografía no es la realidad

Mayo ha sido siempre un mes muy importante, además de ser el mes de las flores es el de la aceleración y el ajetreo continuo por el “finiquito” y tiene sus efectos que notamos todos los años por estas mismas fechas.

En el terreno de la educación,  donde me sitúo, al igual que en otros frentes pasará quizás, mayo suene a desasiego, a verle el final a un curso que llama a su fin sin más remedio y, como siempre ocurre, el tiempo vuela , como diría aquella canción de Los Pekenikes, donde todo  se convierte en un revoloteo zigzagueante que vemos entre pasillos y clases.

Y , lo más importante, se traduce en los chiquillos, los jóvenes, los universitarios y docentes que miran cómo corren los días y semanas el pasar del calendario.

Los tiempos siempre mandan y el cúmulo de sensaciones se agolpa sobre una agenda cargada que nos avisa – y el que avisa no es traidor- que ahora empieza el espectáculo, porque ahora se delibera el corte y la poda, el tiempo de la recogida de la cosecha desde aquellos días de siembra que pronto sabremos si sirvieron para algo.

Esta semana, sin ir más lejos, es ejemplo de ello con el desarrollo en los centros de las reválidas.

Parece mentira que ahora, en este final cargado de curso cuando el cigüeñal se calienta, suben las temperaturas sea tiempo de pasar la ITV educativa, someterse a los medidores oficiales de algunos que tuvieron la feliz idea de revalidar a la chiquillería entre pruebas. Dicen los “sabios” que servirán para legitimar que estamos en lo cierto, en el camino adecuado y de este modo tendremos una radiografía lo más completa del nivel de los alumnos murcianos.

Sabemos que esta moda viene impuesta desde arriba, desde las altas esferas a raíz de las ocurrencias de ese ministro Wert que se marchó a la francesa, pero nos dejó la penosa Lomce que nadie la quiere y a la que casi todos odian y rechazan, pero que ha dejado esa calderilla de errores que, para muchos sirve como argumento de apuesta.

La intensa batería de pruebas y exámenes externos a la que se emplearan a fondo docentes y alumnos durante las dos semanas de este mes es un añadido, una carga más que se mete con calzador en ese tiempo de final haciéndolo aún más difícil todavía.

Esa feliz idea se ha impuesto y además este año, por primera vez, se someterá a los alumnos de cuatro cursos diferentes para chequearlos. Y  así con los resultados en la mano poder hacerlos públicos en la web. Dicen los autores del invento que permitirá visualizar el “ranking”  (dichosa palabreja) de los colegios e institutos clasificados de mayor a menor.

Los resultados, permitirán tener una foto de la realidad de nuestro sistema educativo, para seguir estructurando actuaciones en aquellos centros que obtengan peores resultados.  Y digo yo, ¿no se intuye, ni se sabe sin necesidad de revalizarse qué centros tienen necesidad de ayuda para para mejorar?

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