Alternativa que no lo es tanto: UPyD, el partido de Rosa, en busca de la bisagra electoral

Infikrisis.- La socialdemocracia ha controlado durante 50 años en Europa (y durante 25 años en España) el espacio de centro-izquierda. Y lo ha hecho en solitario. Es un espacio inmenso que, frecuentemente, ha abarcado más del 30% del cuerpo electoral. Pero hoy su declive es innegable y la cuestión estriba en quién lo sustituirá. No es raro que abunden las “novias” más inesperadas, todas ellas tentadas por ejercer de suculenta bisagra en el ruedo español. Rosa Díez es una de ellas.

De Rosa Díez se suele decir que es “un político de raza”. Sin embargo, a poco que se examinan sus convicciones se percibe una inmensa vacuidad. Ambiciones muchas, ideas pocas, lo suficiente como para ser la “político más valorada en España” (un 4,08%, por encima de ZP con un 3,98 y de Rajoy con un 3,50 en la misma encuesta del CIS). No son precisamente baúles ideológicos los que acompañan a la Díez en su aventura.

Hasta principios del milenio quien asumía un protagonismo propio dentro del PSOE tenía tres opciones: situarse en las proximidades del líder de turno, crear una corriente propia y jugar con estos elementos para presentarse como candidato a la Secretaría General. Ahora todo esto está en trance de cambiar. Dado el actual nivel de desgaste del PSOE siempre queda la posibilidad de escindirse del partido y fundar una agrupación propia que se desmarque de los elementos que han sumido en el desprestigio a la sigla PSOE. Tal es el camino adoptado por Rosa Díez que aspira hoy a ser cabeza de ratón antes que cola de león, en la espera de que el león se empequeñezca y el ratón aumente su peso social en algunas comunidades.

Es lo que se llama partido catch all (literalmente “atrapalotodo”) basado en asumir “lo mejor” de una sigla, renunciando a todo lo que la ha desprestigiado y realizando una búsqueda oportunista de temas que, siguiendo la tradición de las democracias modernas, se reducen a unas cuantas frases, a propuestas superficiales que ni siquiera tienen que ser coherentes unas con otras. Basta que cada una de ellas contente a una bolsa de electores.

Cuando Rosa Díez funda Unión Progreso y Democracia (nombres suficientemente ambiguos en la tradición de los partidos catch all) las ideas básicas son las de “regeneración democrática” que fundamentalmente se presenta en su doble vertiente de lucha contra los nacionalismos y listas abiertas en las elecciones. Eso es todo: un mensaje populista de bajo perfil.

Cuando la Díez colaboraba con el PNV

La ambición y el afán de protagonismo, así como la ausencia de un discurso político coherente y estructurado, son las dos características que han acompañado a la trayectoria política de Rosa Díez. Y estos rasgos no son de ahora sino que la han acompañado siempre. En 2000 aspiró al liderazgo en el PSOE, siendo derrotada ampliamente por Zapatero. Dos años antes había aspirado a encabezar la candidatura socialista en Euskadi, siendo derrotada por Redondo Terreros. En 1999 fue número 1 en la candidatura socialista para las elecciones europeas y en 2004 fue la número 2.

Hoy no se entiende bien por qué se presentó como rival de Nicolás Redondo, si, en realidad, ambos parecían tener las mismas ideas, pero todo es mucho más comprensible si se atienden a las ambiciones personales de la Díez. Esas mismas ambiciones llevaron a la actual “lideresa” antinacionalista a ser entre 1991 y 1998 Consejera de Comercio y Turismo vasco… en un gobierno de colaboración PSE-PNV. Sobre por qué abandonó el cargo hay distintas versiones. El motivo oficial de la ruptura fue el acercamiento entre HB y el PNV (que negociaban el Pacto de Estella). Los tres consejeros socialistas, Rosa Díez entre ellos, presentaron su dimisión. Una versión sostiene que ella fue la primera en presentarla, sin embargo otra mantiene que no estuvo de acuerdo con la decisión de abandonar el Gobierno Vasco. Lo cierto es que no asistió a la reunión de la ejecutiva del PSE para evitar pronunciarse a favor o en contra.

Así pues, Rosa Díez, la enemiga declarada del nacionalismo vasco… colaboró durante una etapa no precisamente corta (siete años) con el PNV e incluso presentó denuncia contra el dibujante Antonio Mingote cuando éste denunció la “campaña de invisibilización de las víctimas del terrorismo” implícita en una de las promociones turísticas de Euskadi que realizó Rosa Díez en el ejercicio de su cargo de consejera.

Tampoco eran aquellos los tiempos en que se solidarizaba públicamente con las víctimas. Debió de producirse el asesinato de Miguel Ángel Blanco para que la sociedad vasca rompiera el cerco de silencio en torno a las víctimas del terrorismo. Y Rosa Díez, percibiendo el cambio de clima, se unió a la nueva tendencia. A partir de ese momento intentaría hacer de las víctimas del terrorismo un trampolín para su personal carrera política.

Si el cambio de actitud de Rosa Díez en relación al nacionalismo se operó cuando el movimiento de protesta contra el terrorismo etarra se convirtió en un movimiento de masas, el nacimiento de UPyD coincide con el rechazo de amplísimos sectores de la población, al “proceso de paz” con ETA abierto por Zapatero.

Rechazo a las prácticas nacionalistas (sin explicar con claridad qué modelo de Estado propone), rechazo al terrorismo etarra (cuando desde 2003 el terrorismo etarra está en desbandada y sólo llega hasta donde se lo permiten las fuerzas de seguridad del Estado) y el tema de las listas abiertas, son las únicas propuestas más o menos claras de UPyD. Ahora bien…

Un partido como cualquier otro

En principio, uno estaría tentado en pensar que UPyD es una partido de nuevo cuño que responde mejor a las exigencias de la modernidad que el PP y el PSOE. Pero luego, a medida que se sistematiza el análisis se percibe que se trata de un partido como cualquier otro y especializado como todos en decir una cosa y hacer otra.

La propuesta regeneracionista de listas abiertas y desbloqueadas que UPyD presenta a la sociedad ni siquiera tiene el valor de aplicarla a sí mismo. En efecto, el llamado “Consejo de Dirección” de UPyD (su Comité Ejecutivo) es elegido en los congresos a partir… de listas cerradas y bloqueadas. Frente a la propuesta de Rosa Díez de que ningún político se eternice en el cargo más allá de dos elecciones, Rosa Díez, autotitulada “portavoz de UPyD” y los “coordinadores territoriales” (gente de su confianza) están libres de esta limitación temporal.

Todo en el nuevo partido tiende, mediante artificios estatutarios, a eternizar a Rosa Díez al frente del partido. La “portavocía” junto con los coordinadores territoriales elegidos en listas cerradas y bloqueadas, controla la totalidad del partido.

Esto ha creado hasta ahora los mayores problemas interiores especialmente con antiguos socialistas hartos del dirigismo y de la rigidez propia del PSOE, ganados por las propuestas regeneracionistas de UPyD y que, en la práctica, hace exactamente lo mismo que los partidos a los que critica. En el pasado I Congreso de UPyD, Valia Merino presentó una candidatura alternativa al Consejo de Dirección, siendo a continuación expulsado del mismo. Nada de prácticas democráticas dentro de UPyD: Rosa Díez controla férreamente el partido y los estatutos del mismo han sido ideados para prolongar ese control.

De hecho, la existencia misma de UPyD es significativa. Tanto sus impulsores como la propia Rosa Díez mantuvieron durante un tiempo coqueteos con Ciutadans que, a fin de cuentas, recibía en Catalunya los mismos apoyos que dieron vida el nacimiento de UPyD dos años después. Lo normal hubiera sido que entre ambos partidos hubiera existido un acuerdo. Sin embargo, Rosa Díez se negó a cualquier tipo de entendimiento a pesar de que los puntos de coincidencia entre ambas formaciones eran claros e incluso ambos decían reconocerse en el espacio de “centro izquierda”.

Apoyo mediático de la derecha

Los líderes políticos hoy no nacen por méritos propios sino gracias al apoyo mediático que reciben. Tal es el caso de Rosa Díez que a partir de su postura discrepante con Zapatero, su oposición a los excesos de su política autonómica y a la política de mano tendida con el terrorismo, empezó a recibir el apoyo de la derecha hasta el punto de que en sus primeros pasos atrajo nichos electorales disconformes con la línea política y con los problemas internos del PP.

Era lógico que así ocurriera: mientras los medios afines al PSOE trataban a Rosa Díez como un peligro para la izquierda o simplemente eludían mencionarla, los de la derecha la apoyaban y reproducían todas sus manifestaciones en un intento, bastante ingenuo por lo demás, de debilitar al PSOE. El carácter de esta promoción mediática hizo que su imagen pública atrajera, al menos en la primera etapa de su desarrollo, más votos del centro-derecha que del centro-izquierda, con lo que Rosa Díez pareció haber dañado más a la propia derecha que a la izquierda.

Este tipo de operaciones realizadas en los laboratorios mediáticos de la derecha, nunca se sabe si van destinados a promover fenómenos nuevos, a realizar un tirón en las ventas (como puede suponer cualquier otra promoción), para generar nuevas fuerzas políticas que animen el aburrido y monótono panorama político español o, simplemente, para condicionar la política de la derecha. El caso es que se trata de operaciones siempre arriesgadas y de dudoso futuro. En Catalunya ya fracasó cuando los medios de derechas apoyaron el nacimiento de Ciutadans destinado a robar votos al PSC en el cinturón obrero de Barcelona, pero que prácticamente sólo restó votos al PP. Con UPyD las cosas se desarrollarían, al menos en la primera fase, igualmente.

Así se llegó a las elecciones generales de 2008 en las que Rosa Díez arrancó un diputado –ella misma- por Madrid con el 3,76% de los votos en la circunscripción y un 1,19% en todo el país. El resultado se dobló en las elecciones europeas de 2009 obteniendo 450.000 votos y un diputado (Francisco Sosa) que no se integró en ningún grupo parlamentario y figura como “no adscrito”. La suerte no le sonrió en las elecciones autonómicas andaluzas y gallegas (con el 0’61% y 1’45% de los votos respectivamente), pero, en cambio, 22.000 votos le bastaron para alcanzar un diputado autonómico en las elecciones vascas.

Sin embargo, la situación interior del partido se deterioró extraordinariamente a partir del 29 de marzo de 2009: la rama aragonesa del partido, al tratar las ponencia del I Congreso Nacional, propuso que las listas para la elección al Consejo de Dirección fueran abiertas. La propuesta resultó rechazada por 85 votos contra 15. La propia Rosa Díez amenazó con abandonar el partido si se aprobaba la propuesta. Este episodio se saldó con varias destituciones y el cese del coordinador regional.

Unos meses después, el 4 de julio, Mikel Buesa, fundador de UPyD, lo abandonaba alegando el “control férreo y autoritario” que ejerce Rosa Díez sobre la formación y atacando al “coordinador de Madrid” al que acusaba de haber “construido un grupo organizado al margen de la dirección nacional en la región madrileña”. Acto seguido Buesa y 39 miembros de UPyD solicitaban la baja por “falta de democracia interna”, por la “instrucción de expedientes injustificados” y, finalmente, por “ausencia de regeneración democrática efectiva y exceso de personalismo”.

En el Congreso del partido celebrado el 20-21 y 22 de noviembre de 2009 asistieron 500 delegados elegidos por voto directo de los afiliados. Las ponencias presentados fueron dos: “organización” y “política” y se eligió un Consejo de Dirección formado por 20 miembros más Rosa Díez como “portavoz”, como se ha dicho, mediantes listas cerradas y bloqueadas. Tras el congreso, un centenar de afiliados –entre ellos, dato importante, la mitad de Consejo Político fundador- abandonaron el partido por el “sesgo totalitario” que había adquirido y por la inexistencia de ningún organismo que controlara al “todopoderoso consejo de dirección”.

Pero todo esto coincidía con una fuerte caída en picado de los apoyos sociales al zapaterismo víctima de la crisis económica y de su escasa capacidad para afrontarla. Así mismo, los distintos casos de corrupción que estallaron entre mediados de 2008 y el otoño de 2009, hicieron que la intención de voto de UPyD remontara especialmente en la Comunidad Autónoma de Madrid en la que es presumible que consiga arañar un parte sustancial de voto socialista.

¿Doctrina? ¿Para qué doctrina?

¿Cuál es el principal activo de UPyD? Rosa Díez. Así pues, la imagen del partido está directa e inseparablemente unido a la de su “lideresa” A partir de ahí, cualquier examen sobre sus contenidos políticos sobra. UPyD hará lo que Rosa Díez estime oportuno que haga: esto es, lo que convenga a su carrera política personal. Exactamente igual que cualquier otro partido. Rosa Díez, que durante toda su carrera política fue socialdemócrata, ahora le cuesta definirse en términos doctrinales si esa definición implica perder un solo (solo) voto

¿Sus ideas políticas, eso que antes se llamaba “ideología”? Pocas y tal como hemos sugerido desde el principio, aquellas que convengan a la promoción de su imagen: ¿Aborto? Posición ambigua. ¿Laicismo? Manifestado pero no ejercido, especialmente cuando la COPE es uno de sus principales apoyos. ¿Inmersión lingüística? Difícilmente podría criticar hoy lo que aprobó el gobierno vasco cuando ella formaba parte. ¿Inmigración? No sabe, no contesta. Liquidado prácticamente el tema antiterrorista (por desmantelamiento efectivo de ETA y control policial sobre la organización), Rosa Díez recibe sus apoyos especialmente de los desengañados en materia autonómica. Y éstos proceden de la derecha tanto como de la izquierda. El principal atractivo de su programa para estos electores es, precisamente el primer punto de su programa: “retorno de las competencias de educación y sanidad de las autonomías al Estado para garantizar la igualdad de todos los españoles ante la prestación de los servicios básicos”.

En este sentido, UPyD sigue en la tradición jacobina del viejo socialismo que siempre consideró a las autonomías y a los partidos nacionalistas como excrecencias pequeño burguesas generadas por las élites económicas regionales.

Es cierto que quienes impulsaron inicialmente UPyD eran antiguos socialistas y progresistas de izquierdas. Entre ellos se encontraba el filósofo Fernando Sabater, Martínez Gorriarán portavoz de ¡Basta ya!, la tendencia Socialistas en Positivo, el Foro de Ermua con Mikel Buesa y los periodistas y artistas catalanes que habían contribuido al nacimiento de Ciutadans. Pero hoy, muchos de ellos ya están fuera del partido y la ideología de “centro izquierda” apenas es reconocible por el recurso habitual al tópico “progresista”.

Lo que UPyD tiene hoy como pauta doctrinal es un conjunto de ambigüedades, calculadas para seguir royendo votos en los caladeros de la izquierda y de la derecha. ¿Para qué? Para servir de soporte electoral a Rosa Díez que es, a la vez el principal activo del partido, pero también su gran riesgo: si, por algún motivo, se pretende “acabar” con UPyD basta con apuntar las baterías contra Rosa Díez. Erosionada su imagen ante la sociedad, el partido, pura y simplemente, desaparece.

UPyD, lejos de ser una “alternativa” es uno de los muchos aspirantes a jugar como “bisagras”. Más que una propuesta regeneracionista es apenas otro partido que acepta las reglas de juego pactadas en 1978: fuerte proyección mediática de una “figura”, más que propuestas concretas a la sociedad. Rosa Díez, que perdió toda posibilidad de jugar un papel efectivo en el PSOE después de su enfrentamiento con Zapatero en el congreso de 2000, optó por jugar una carta propia y personalizada: ella es UPyD. Sin ella, UPyD es apenas un agregado de buenas voluntades sin proyección mediática y sin un programa con contornos claramente definidos.

Quien haya querido ver en el seno de la izquierda a UPyD como algo parecido a Die Linke de Oskar Lafontaine o a cualquier otro producto surgido de la crisis de la socialdemocracia, se equivoca. Este tema apenas aparece en el discurso de Rosa Díez probablemente porque ni siquiera es consciente del mismo a diferencia de algunos de quienes se sumaron a UPyD y ahora ya están situados fuera del partido ¿Qué es UPyD? Es el partido de Rosa Díez. Nada más. Sólo partiendo de esta única base, un afiliado a UPyD puede sentirse cómodo. Esperar algo más de esta formación parece excesivo.

La gran crisis de la socialdemocracia europea

Socialdemocracia reciclada

Las elecciones europeas de 2009 confirmaron lo que ya se intuía desde principios del milenio, a saber, que la socialdemocracia europea había entrado en crisis. En 2001 eran doce los países europeos gobernados por la socialdemocracia. A principios de 2010 eran solamente cinco, de los que uno, el Reino Unido, ya ha pasado a manos conservadores. En cuanto a los gobiernos de Grecia, Portugal y España tienen las horas contadas a causa de las medidas que se están viendo obligados a adoptar para conjurar la crisis económica. Hacia mediados de 2012, la socialdemocracia prácticamente habrá desaparecido del continente europeo.

Los dirigentes de los partidos socialdemócratas son optimistas. Han vivido situaciones parecidas de pérdida de influencia que han recuperado en los años siguientes. Esto es cierto, pero nunca el descrédito de la socialdemocracia europea ha llegado tan lejos y en tantos países al mismo tiempo. Además se producen otras circunstancias que estaban ausentes en anteriores crisis y que permiten intuir que la socialdemocracia europea está agonizando y puede correr el mismo destino que otras facciones de la izquierda aplastadas por la apisonadora de la historia: radicalismo, anarquismo, estalinismo, comunismo, maoísmo, trotskismo, de los que no quedan ni los rastros.

En teoría, la contradicción entre derecha e izquierda en las últimas décadas ha sido, en realidad una lucha entre liberalismo y socialdemocracia. Hoy, lo que está en crisis es el sistema económico liberal y, por tanto, su adversario, la socialdemocracia, debería experimentar un ascenso político y sus ideas estarían en boga como remedio a la crisis. Sin embargo no es así, sino todo lo contrario.

A partir del Congreso del SPD alemán en Bad Godesberg (1959) el socialismo alemán renunció al marxismo y se transformó en la socialdemocracia que hemos conocido hasta ahora. Esto implicaba una aceptación del liberalismo económico que, a partir de ahora, asumían como irrenunciable. En las décadas siguientes, con la actitud propia del converso esta postura se fue afianzando hasta el punto de que los socialistas figuraron entre los más ardorosos partidarios de la consecuencia extrema del liberalismo: la globalización.

La pérdida de identidad de la socialdemocracia

Los 50 años que van desde Bad Godesberg hasta la crisis económica actual han supuesto una permanente pérdida de identidad de la socialdemocracia europea. Poco a poco su perfil se ha ido reduciendo hasta que finalmente, en nuestros días, esta tendencia no es más que la otra cara de la moneda liberal, la contraria al centro-derecha. Cada una de estas caras se define como negación de la otra hasta el punto de que las elecciones ya no se vota a un candidato concreto por sus méritos, sino por el demérito del otro…

Los grupos que han constituido la base social de la socialdemocracia también han ido cambiando desde una amplia base obrera en los años 60 a las clases medias acomodados a finales de la primera década del milenio autodefinidas como “progresistas”. Éstos, evitan solidarizarse con las penalidades de las clases más modestas en tiempos de crisis y prefieren lavarse la conciencia apadrinando a un niño peruano, sumándose a las ONGs más peregrinas o manifestándose a favor de las energías alternativas. De su pasado “de izquierdas” no queda nada más que el apoyo a algunos temas de escaso calado: la “memoria histórica”, el apoyo al juez Garzón, un laicismo forzado en una sociedad laica y poco más…

A fuerza de ir aceptando las consecuencias extremas del liberalismo, de renunciar al marxismo y de asumir una tenue patina ideológica “progresista”, la socialdemocracia ha renunciado a su propia identidad sin dotarse de otro perfil que fuera fácilmente reconocible. Y así ha ocurrido que cuando ha sobrevenido la “gran crisis”, no hayan estado en condiciones de aportar ninguna respuesta, ni mucho menos de estimular y capitalizar la protesta popular.

Los socialdemócratas se han quedado sin mensaje. Les queda, claro, toda una gama de temas de perfil bajo (violencia doméstica, derechos de los inmigrantes, lucha contra la discriminación, apoyo al feminismo, algunos tópicos ecológicos y solidaridad con el tercer mundo) que importan muy poco al elector en tiempos de crisis. Pero, en realidad, no pueden proponer nada a los jóvenes (que, desde Felipe González en España, disponen solamente de contratos basura y perspectivas de paro, con la imposibilidad de emanciparse de sus padres y de formar una familia o tener hijos), ni a los trabajadores (instalados entre el paro, la competencia desleal que supone la inmigración y la inseguridad laboral), ni mucho menos a las clases medias (machacadas a impuestos y en fase de proletarización). Tal ha sido el precio de ser ganados por el liberalismo: ahora son co-responsables de la gestión del sistema, de los éxitos de ayer y de los fracasos de hoy.

El bofetón de 2009

Hacia principios del milenio la socialdemocracia europea ya daba signos de agotamiento y era evidente que cada vez era “menos socialdemócrata”. La marcha hacia el centro protagonizada por todos los partidos había terminado creando una inmensa zona gris en la que centro-derecha y centro-izquierda apenas se diferenciaban e incluso cada una de ellas mantenía elementos en su interior que bien podrían haber estado en el otro bando (caso de Pimentel ex ministro de Trabajo con el PP o caso de Bono en el caso del PSOE). Por encima de ambos centrismos lo que existía era una aceptación del capitalismo liberal y globalizador.

En 2009, con la impresionante derrota socialdemócrata que evidenciaron las elecciones europeas en el viejo continente, el declive de esta opción era difícil de negar. Hoy solamente gobiernan en cuatro países europeos que perderán inevitablemente en uno o dos años, tras perder el Reino Unido en mayo. Para la socialdemocracia no hay mañana porque ni siquiera en estos momentos la mayoría ha advertido la profundidad de su crisis, ni .quienes lo han hecho (el socialismo francés) saben cómo salir de ella.

En España el zapaterismo ni siquiera es socialdemocracia sino una mixtura híbrida de humanismo universalista y progresismo de manual de la UNESCO. Incluso es significativo que la sigla PSOE haya desaparecido en beneficio de la sigla ZP. En esta transformación el PSOE ha perdido a sus mentes más lúcidas que se han negado a ponerse al lado de un indigente ideológico y de una nulidad política como Zapatero. ¿Quién sucederá a ZP en 2012? En el PSOE ya no hay líderes políticos, ni mucho menos estadistas, sino apenas un racimo de ambiciosos (Bono, Blanco) o de bobos y bobas planeando sobre el cielo de Babia (Aído, Pajín). Es difícil que con toda esta patulea pueda reconstruirse el socialismo español. De hecho la pregunta correcta es ¿quedará algo del PSOE en 2012?

Rosa Díez: El síndrome del “gran timonel” y el síndrome de “Ottinger”

La carrera política de Rosa Díez parece discurrir entre dos síndromes poco conocidos pero no menos reales.

Mao Tse Tung era llamado “el Gran Timonel”. Enver Hoxa “el faro del socialismo”. Stalin “el gran líder patriótico”… y así sucesivamente. En la tradición de la izquierda, siempre ha habido un “ayatola”, un “gran inspirado” o el consabido “amado líder carismático”. Tal es la única tradición de izquierdas que conserva UPyD.

Quienes creen que la izquierda procede de una tradición democrática tienen mucho de ingenuo. Vivimos en la época del “liderismo” (a no confundir con la época del “cesarismo”. La diferencia entre el “líder” y el “césar” es que el primero es un jefe ocasional que goza de buena imagen mediática y el “césar” un estadista enérgico que lleva a su pueblo hasta mucho más allá de donde éste cree que podría llegar solo). Los “líderes” no son más que proyecciones mediáticas realizadas a conveniencia de los medios de comunicación que, por iniciativa propia, o a cuenta de terceros, desencadenan operaciones políticas destinadas a lograr efectos concretos.

La “operación Zapatero” (que incluyó el 11-M verosímilmente), la “operación Obama”, como en su momento la “operación Suárez” no son nuevas, están hechas de la materia con que están hechas las fantasías democráticas de la modernidad: fama mediática, personajes mediocres situados en el centro de la escena por decisión de los poderes fácticos. Nada que no hubiera sido denunciado ya por Guy Debord desde mediados de los años 60 cuando era evidente que las “democracias” se habían convertido en “espectáculo”.

Todo eso explica el que Rosa Díez frecuentemente figure con mejor imagen que cualquier otro político… lo que no implica, paradójicamente, que esa imagen se traduzca necesariamente en votos.

El mal de todo “liderismo” reside en que el personaje central aureolado de fama mediática frecuentemente pierde la perspectiva de sí mismo y de sus limitaciones y aspira siempre a ocupar una centralidad cada vez mayor, muy por encima de sus posibilidades reales, de sus condiciones o de su capacidad. Mientras que el “césar” suele rodearse de asesores y pares de calidad que forman con él una especie de “clase dirigente”, el “líder” actúa según el principio de Peeter sobre los distintos niveles de incompetencia: percibe rápidamente quienes le pueden hacer sombra (o quienes cree que le harán sombra) y los aleja del centro, mientras se rodea de gente aún más mediocre que él para evitar que ninguno de ellos consiga hacerle sombra. Esto explica el porqué Rosa Díez se deshizo de algunos de los fundadores del partido y porque tiene siempre la pluma tan dispuesta para firmar sentencias de expulsión. Tal es la concreción del “síndrome del gran timonel”.

Pero hay otro síndrome aún peor: dar gato por liebre, frase española que no tiene traducción directa en otros idiomas, aunque existe la tendencia a unificar el mismo concepto en el llamado “síndrome de Ottinger”.

Richard Ottinger era un político sin experiencia que se presentó como candidato al senado de los EEUU en 1976. Un perfecto incapaz con modales de proto-yupi. Sus asesores lo mostraron como un político joven, seguro de si (sí) mismo, enérgico pero dialogante, con conocimiento y empatía con los problemas de la gente, dotado para el arte del gobierno y cuya única intención era servir a sus electores. Nadie dudaba que sería el vencedor hasta que se enfrentó con sus adversarios en un debate televisivo. Allí Ottinger se hundió en la miseria.

No estuvo en condiciones de responder a ninguna pregunta concreta sobre cómo sería su política, ni qué medidas concretas aplicaría una vez llegado al senado. Una cosa es construir mediáticamente a un personaje y otra muy diferente que éste sea capaz de dar la talla. Para que una operación de este tipo tenga éxito es preciso dotar al personaje de contenido. Y en el caso de Ottinger, sus asesores se olvidaron de llenar con contenidos al “líder”. Cuando acabó el debate televisivo, la carrera política de Ottinger acabó también.

Es inevitable recordar a Rosa Díez y sus giros copernicanos en los últimos 15 años. Su discurso siempre ha estado desprovisto de fondo, sus propuestas en positivo apenas son reconocibles, el contenido de UPyD es, por tanto, mínimo, pues si Rosa Díez es apenas una proyección mediática de la prensa de derecha, UPyD es una proyección personalizada de Rosa Díez.

Pedro Riba

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