La Verdad

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¿Desembarcó Drácula en Cartagena?
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Antonio Botías | 16-09-2017 | 18:17

nosferatuPara acercarse a la historia del vampirismo no hay que escalar las cumbres oscuras que cercan Rumanía. Ni tampoco morirse de miedo en el castillo, tan imponente como restaurado, del conde Drácula. Entre otras cosas, porque Cartagena ya atesora una sorprendente leyenda que, durante un siglo, ha circulado como un rumor de boca en boca. Ahora, los investigadores arrojan luz sobre el caso de un supuesto vampiro que aterrorizó media España tras ser desembarcado en Cartagena; muertes inexplicables, cadáveres desangrados y desapariciones repentinas forjaron el cuento.

El investigador Antonio Aracíl recibió en 1983 la visita de un abogado de Toledo que durante años había seguido la pista de un vampiro. El letrado le explicó que la historia se remontaba a los primeros años del siglo pasado, cuando hasta el puerto de Cartagena llegó un ataúd vacío. Nadie lo reclamó. Durante algún tiempo, el féretro fue custodiado en los almacenes portuarios. Cierto día, un ciudadano de La Coruña solicitó el ataúd, que le fue enviado por carretera. Y aquí comienza lo más increíble del relato.

El itinerario que el féretro recorrió desde Cartagena a La Coruña, con escalas en poblaciones como Alhama de Murcia, Toledo, Borox o Santillana del Mar, se vio salpicado de casos de vampirismo; asesinatos sangrientos que más tarde, durante las investigaciones, conformarían una ruta del horror. Sin embargo, cuando la carroza fúnebre alcanzó la ciudad gallega, tampoco hubo quien la recibiera. Y regresó a Cartagena. Al cabo de unos días, un noble serbio solicitó el féretro. El personaje residía en una posada ubicada en la calle Mayor de Alhama de Murcia, donde varios testigos aseguraron que sólo salía al caer el sol. Poco tiempo más tarde, el serbio desapareció y las autoridades decidieron sepultar el ataúd en uno de los cementerios de Cartagena. Aracíl también conoció, por boca del abogado, que una anciana corroboró en Murcia la existencia en aquellos años de un noble serbio.1-puerto-2

La historia del vampiro de Cartagena despertó hace unos años la curiosidad de otro investigador, Jordi Ardanuy, quien viajó hasta Cartagena para rastrear sobre el terreno cuánto de realidad había en aquella leyenda. Ardanuy, miembro de la Sociedad Española de Estudios sobre Vampiros, buscó sin éxito en los archivos de los cementerios de Nuestra Señora de los Remedios y el de San Antón algún registro que probara la existencia de un enterramiento tan excepcional.

Tampoco tuvo suerte en los depósitos de la Marina ni en la aduana marítima. Ni siquiera halló la publicación en el Diario Oficial de la Provincia del aviso que establecía la ley para proceder a la inhumación. Y no porque nunca hubieran existido documentos probatorios. La mayoría de los archivos a los que accedió el investigador renovaban sus fondos cada cierto tiempo, sin contar aquellos que sufrieron ataques y expolios durante la Guerra Civil. La búsqueda de cualquier información era entorpecida a cada instante.

El investigador también recorrió las localidades por donde pasó el ataúd, entre ellas Calasparra, aunque nadie recordaba tan insólita historia. En la memoria colectiva permanecían imágenes de antiguos crímenes pero era imposible relacionarlos con nada sobrenatural.

Sólo en Borox, un pequeño pueblo de Madrid, Ardanuy encontró a una anciana que aseguraba haber escuchado a su madre relatar la terrorífica historia de «un hombre que chupaba la sangre». ¿Hasta qué punto podría confundir esta buena mujer al supuesto vampiro de Cartagena con el literario conde Dracul? La ruta que siguió el sarcófago, al menos la que en su día reveló Aracíl, evidencia que el traslado no observó el camino más corto hacia La Coruña. Así, desde Cartagena alcanzó Alhama de Murcia, luego se desvió a Almería para volver de nuevo a Calasparra y continuar hacia el norte. Allí, se registra un nuevo desvío a Cantabria.

Este itinerario indujo a Ardanuy a concluir que acaso se debía a la intención de recorrer diversas poblaciones españolas. El serbio bien podría ser el propietario del ataúd. Juntos recorrieron el país dando cuenta del gaznate de los menos avisados. Y luego regresaron a Cartagena para convertirse en una leyenda.

Otros autores han probado la existencia de esas muertes extrañas al paso del féretro. Por ejemplo, a la cuestión le dedicó un informe en 1998 el periodista Luis García Chapinal, que recuperó la historia de diversos asesinatos acaecidos en Santillana del Mar.

La leyenda del vampiro mantiene en nuestros días la incógnita de saber cuánto de realidad esconde su narración. De momento, hay quien asegura que ha descubierto la tumba en Cartagena. Aunque prefiere no hacer pública su identidad, mantiene que en la lápida ya quebrada por el tiempo, alguien talló un murciélago

Sobre el autor Antonio Botías
Este blog propone una Murcia inédita, su pequeña historia, sus gentes, sus anécdotas, sus sorpresas, su pulso y sus rincones. Se trata de un recorrido emocionante sobre los hechos históricos más insólitos de esta Murcia que no vemos; pero que nos define como somos. En Twitter: @antoniobotias

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