La Verdad

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Autor: ABS
El PSOE exige a Ballesta la intervención urgente para evitar la pérdida de La Luz
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Antonio Botías | 05-11-2016 | 7:39| 0

La Concejala socialista, Begoña García Retegui, ha exigido “la intervención urgente del gobierno de Ballesta para evitar la pérdida de conjunto histórico de la ermita de La Luz” y ha anunciado que “en el próximo Pleno municipal desde el Grupo Municipal Socialista pediremos la consignación presupuestaria necesaria para su rehabilitación”.

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Las grietas y el abandono cercan el histórico eremitorio de La Luz
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Antonio Botías | 16-10-2016 | 7:33| 0

Si alguien desea recordar cómo era el eremitorio de La Luz debería darse prisa en subir al monte. Porque el histórico complejo monacal se desploma a pedazos. Literalmente. Y sus actuales ocupantes, unos religiosos que en 2007 sustituyeron a los antiguos frailes legos, intentan en vano que no se les caiga sobre sus cabezas, además de reformar algunos espacios sin contar con los preceptivos permisos de la Dirección General de Cultura.

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Y a Ti te llaman Fuensanta
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Antonio Botías | 16-09-2016 | 11:08| 0

Romance a la Morenica, entre jotas y chatos de vino, camino del monte cuando el calor aprieta

Y a Ti te llaman Señora en Belluga engalanada; repique cuando a las ocho navegas sobre la plaza sobre un viento de suspiros, entre una brisa de palmas y un huracán de piropos atragantados de lágrimas. Aplausos en el Arenal, donde te nombran sultana de aquella huerta remota de perfume de nostalgia, de partidores que entonan cánticos de noria clara, de hierbabuena y alábega en macetas de hojalata, de barracas olvidadas sin más adorno ni gala que el sudor de los huertanos, acaso una remota arca, y presidiendo la sala el retrato de tu cara.

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El alcalde de Cartagena iza la bandera… ¡turca!
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Antonio Botías | 12-07-2016 | 5:10| 0

Al comandante general José Dueñas, por vez primera en su vida, le tiritaba el pulso. La mañana no era fría; pero el paisaje helaba su entendimiento. Una y otra vez se asomaba al ventanuco de la estación de La Palma y alzaba sus ojos hacia el fuerte cartagenero de Galeras. Allí estaba la bandera. No había posibilidad de error. Era semejante a la que ayer el alcalde de Cartagena izó para conmemorar el 143º aniversario del hecho. Y el año que viene, pues el 144º. Con un par de cojones. Pero volvamos a aquella época. El comandante general José Dueñas, aunque aquella bandera le había cortado el aliento, no podía permitirse molestar al ministro de Marina.

España se derrumbaba: hambres y epidemias, un gobierno republicano dividido, el servicio militar que esquilmaba familias por contener las revoluciones coloniales, la guerra carlista… Y ahora Cartagena, la sede de la flota española. Unos minutos más tarde, el ministro, por fin, recibiría el telegrama más sorprendente que se haya enviado desde la ciudad portuaria: «El castillo de Galeras ha enarbolado la bandera turca». Y así fue.
Sucedió en octubre de 1873, al inicio de la proclamación de Cartagena como cantón. El episodio de la bandera, que en verdad era turca pero teñida con la sangre de un revolucionario, condensa la vida del legendario Antonete Gálvez, el huertano, natural de Torreagüera que, en diversas ocasiones, mantuvo a los gobiernos en jaque. Sí, amigos míos, el revolucionario cantonalista era huertano ‘dista la médula’ y nacido en una pedanía de la ciudad que, según el alcalde cartagenero, no puede ser la capital. Y en cuanto pudo, el bueno de Gálvez se hizo concejal… de Murcia.
La historia comenzó unos años antes, cuando en 1869 otra bandera roja anunció a la ciudad de Murcia, desde lo alto del monte Miravete, que Antonio Gálvez Arce encabezaba la rebelión contra la monarquía de Amadeo I. En aquella ocasión, los insurgentes fueron aplastados por las tropas nacionales cuando, encaramados a los riscos, se quedaron sin munición. Los diarios de la época describieron a la mayoría de los rebeldes como «gente de la huerta, a juzgar por la ropa que visten». El cabecilla fue condenado a la pena de muerte, que esquivó huyendo a África.
Antonete regresó a Murcia un año después, gracias a una amnistía. La Paz de Murcia anunció que el político, el mismo día de su llegada, recibió en su hogar «la visita de más de 13.000 amigos». El diario, con cierta sorna, apostilló que Gálvez quizá hubiera celebrado más esos apoyos el día de su levantamiento, un año antes. Pero no cejaría en su empeño. Pronto se fraguó el dicho popular que enaltecía la cuna del cantón: «Beniaján, Los Garres y Torreagüera, ¡vaya tres pueblecicos si el Rey los viera!».
En 1872 Gálvez sube al Miravete para protestar por el servicio militar obligatorio. Se envían tropas desde Madrid, aunque no esperó a enfrentarse a ellas. Acompañado por dos centenares de partidarios, se dirigió a Murcia y logró levantar algunas barricadas. El desorden se extendió por las calles. Reventadas las tuberías del gas, la ciudad queda a oscuras. Pero se mantiene en lo alto de la torre de la Catedral la bandera nacional, custodiada por las tropas.
Al día siguiente quedó sofocada la revuelta. Los republicanos habían luchado con fiereza, como reconoció el diario nacional La Correspondencia. A renglón seguido concluye el redactor: «A pesar de ser los murcianos un mixto entre valencianos y andaluces, han peleado con bizarría». Vaya. Durante un día, Gálvez triunfó. Los diarios de Madrid intentaban ridiculizar a Antonete hasta el extremo de afirmar que por las calles de Murcia «se ven en calzoncillos y algo menos a los sublevados que manda Gálvez». El redactor, por ignorancia o maldad, se refería a los zaragüeles.
El 11 de febrero de 1873, el pronóstico de Gálvez se cumplió con la proclamación de Primera República y fue aclamado en su tierra, además de resultar elegido diputado a Cortes. Convencido de que España debía ser un Estado federal, propugnó la descentralización a través de pequeñas confederaciones de ciudades independientes, cantones, muy parecidas a las remotas polis griegas. El fin último era promover La Federal, un conjunto de estados diminutos que conformaran un Estado superior.
Superado el éxtasis inicial, la nueva república resultó tan débil como los cuatro presidentes que tuvo en sólo un año. Así que algunas ciudades, sin que se aplicara la reforma acordada, se proclamaron cantones. Entre ellas Cartagena, bajo el mando de Antonete, que fue nombrado Comandante General de las tropas.
La Junta Revolucionaria acordó alzar sobre el castillo de Galeras una bandera roja, símbolo de la revolución, aunque descubrieron que no tenían ninguna a mano. Era inaplazable anunciar a la flota y a los cartageneros que el fuerte había caído. Así que buscaron en el semáforo – sistema de transmisión y recepción de mensajes- una insignia roja, hallando sólo la turca. Y hubo que teñirla con la sangre de un revolucionario, quien se prestó voluntario.
El Cantón de Cartagena pasó a la historia como el último que se rindió a las fuerzas nacionales. A Antonete lo condenaron a muerte de nuevo y, otra vez, huyó a Orán. Pero su fama ya era indestructible: Murcia lo aclamaba y destacados políticos nacionales contaban con su amistad. Era un hombre bueno y honrado.
Hasta que en 1891 fue absuelto por un tribunal y nombrado concejal del Ayuntamiento de Murcia, el padre del cantonalismo no aquietó su furia. De hecho, en 1887, cuando murió su esposa, la Guardia Civil intentó detenerlo sin éxito durante el entierro. Y hasta después de muerto, el obispo le negó una sepultura en el cementerio. Allí lo aguardaban tres de sus hijos. Habría de pasar medio siglo para que descansara, esta vez en paz, junto a los suyos.

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Vuelven los toldos a Trapería
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Antonio Botías | 30-06-2016 | 4:35| 0

Fotografía de Carmen Celdrán

Fotografía de Carmen Celdrán

Ahora, porque así somos en estas latitudes, muchos harán cola para colocarse la medalla que otorga el título de Recuperador Oficial de los Toldos de Trapería. Con un título de estos, de los que se reparten ciento cincuenta mil cada año en Murcia, conozco a más de uno que viviría del cuento toda su vida. Ahí está, por ejemplo, algún que otro concejal que también lo propuso hace un tiempo y acabó de diputado regional. Pero como el tema de los toldos lo tengo tan pedido y escrito tantas veces, que cada palo aguante su vela (vela, de toldo) y a correr. Y sí, yo venía pidiéndolo, ¿pasa algo? Desde mucho antes que algunas imaginaran siquiera que llegarían a concejales.

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Sobre el autor Antonio Botías
Este blog propone una Murcia inédita, su pequeña historia, sus gentes, sus anécdotas, sus sorpresas, su pulso y sus rincones. Se trata de un recorrido emocionante sobre los hechos históricos más insólitos de esta Murcia que no vemos; pero que nos define como somos. En Twitter: @antoniobotias