La Verdad

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Categoría: Cosas de Murcia
‘Lucecitis’ en La Glorieta

A ver si el obispo me explica, aparte de por qué no abre de una santa vez la histórica biblioteca de su palacio, qué alcance tiene aquella frase que su Jefe proclamara al comienzo de los tiempos: “¡Hagasé la luz!”. Lo digo porque en Murcia, en lo referente a la iluminación pública, el Ayuntamiento interpretó que, aparte de hacerse, debía hacerse pero que muy bien, a lo grande, a pajera abierta, de ‘to por to’. Y convirtieron La Glorieta, ya no en la “cueva de ladrones” que advertía aquella concejal, sino en una calle de puticlubes baratos. Al menos, porque nadie se asuste, en lo referente a la iluminación: cientos de lucecitas de colores, que se iban alternando entre rojos, verdes y azules, encendían los estanques y fuentes de La Glorieta. Vamos, que ríase usted de Jara Carrillo ensalzando los pimientos y tomates de la huerta, cual luminarias que adornaban la vega.

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Ha muerto el amo de Champi

Dios sabrá si allá en la lejana Fortuna el buen perro Champi sintió ayer que había muerto su amo. Hasta hace unos días, cuando ingresaron en el Reina Sofía al anciano de 89 años, el animal permanecía en la puerta del centro a la espera de que saliera. Hubo gentes buenas que le acercaban a Champi algo de comer. Pero también las hubo malas, por no escribir gilipollas, que se quejaron de que la mascota permaneciera allí, tirado en la calle como el buen perro que era. Así que Champi se tuvo que ir. Por suerte, una voluntaria lo recogió en su casa de Fortuna. Ahora ha muerto el anciano, quien sabe si de pena al no sentir cerca al que fuera su única alegría. Y es muy posible que el perro, porque algunos animales tienen más conocimiento que las personas, se deje también morir.

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“Eso, si eso, ya lo vemos”

Estado de uno de los accesos a Murcia.

Y luego nos extrañamos de que nuestra Murcia de la huerta sultana sea, como escribió en su día el maestro García Martínez, la tonta del bote. ¿No habría de serlo si, como exclamaban los antiguos huertanos, cuanto más nos acachamos más se nos ve el culo. ¿Qué el AVE más que ave rapaz en su llegada a la capital parece gallina vieja y paticoja? ¿Y qué? “Eso, si eso, ya lo vemos”, responden algunos. ¿Qué no se protege el poco patrimonio histórico que nos queda? ¿Y qué? “Eso, si eso, ya lo vemos”, insisten otros. ¿Que nos duele la boca de suplicar agua hasta para beber? ¿Y qué? ”Eso, lo otro y lo de más ‘p’allá’ se verá”. Y así todo.

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¡Cuán largo me lo fiáis, amigo Sancho!

Molino en La Albatalía

Hace ahora un siglo que el conde de Romanones, quien fuera diecisiete veces ministro, que eso es saber conservar el sillón, profirió aquella célebre exclamación: “Hagan ustedes la ley, que yo haré el reglamento”. Afortunada frase de gran aplicación, con alguna variante, en las cuestiones patrimoniales murcianas: “Hagan ustedes la ley, que ya haremos el estudio oportuno”. Esto es: Hagan ustedes la ley de proteger lo poco que no nos hemos cargado, para poder cargárnoslo mientras redactamos catálogos para protegerlo. Y así todo, oiga. Por eso sorprende que desde la recién creada Oficina de la Huerta descubran, a buenas horas, que muchos de los 304 inmuebles municipales catalogados y protegidos por su interés histórico “han desaparecido, se han modificado o se han descubierto”. Y se quedan tan frescos. Y que por ello es necesario licitar por  87.000 euros un nuevo catálogo que incluirá, además de edificios y yacimientos arqueológicos, unidades de paisaje de interés. Pues muy bien que lo veo. Todo lo que sea sumar, en una ciudad acostumbraba a restar en estas lides, es loable. Aunque también podrían explicar, por aquello de no vender solo humo, porque hemos perdido esa parte del patrimonio que los poderes públicos estaban obligados a proteger.

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Sobre el autor Antonio Botías
Este blog propone una Murcia inédita, su pequeña historia, sus gentes, sus anécdotas, sus sorpresas, su pulso y sus rincones. Se trata de un recorrido emocionante sobre los hechos históricos más insólitos de esta Murcia que no vemos; pero que nos define como somos. En Twitter: @antoniobotias