La Verdad

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Categoría: El Cabildillo
Vuelven las tribunas… en su versión mini

Las tribunas vuelven a Belluga por Semana Santa. O, mejor escrito, vuelven unas tribunas de juguete. Apenas serán dos plataformas «con una diferencia de una a otra no mayor de 20 centímetros», cual reza la moción aprobaba ayer en el Pleno municipal. El mismo Pleno, por cierto, que en 2015 aprobó su retirada. Entonces creían algunos grupos que afeaban la plaza. Entonces preocupaba la cuestión al murciano del común lo mismo que ahora: cero patatero. Pero esas cosas, según muchos nazarenos denunciaban ayer, evidencian que no existe un criterio firme sobre en qué queremos que se convierta la Semana Santa murciana. Y mejor no mencionar en qué se está convirtiendo ella solita. Vamos, que estas historias denotan una corta previsión. De veinte centímetros, vaya. Enseguida en otras grandes capitales cofrades de este país se hubiera permitido que se quitaran las tribunas para que los turistas vean la Catedral mientras pasan las procesiones. Enseguida. Y la cosa traerá cola. Porque las minitribunas se ubicarán en el centro de Belluga. Dicen que así los turistas podrán admirar la fachada de la planta baja del Palacio Episcopal. ¿Pero qué demonios hay que ver ahí, señores? En fin. Desde el centro de Belluga, eso sí, los turistas podrán ver bien al obispo asomado a su balcón. Eso, si es que no se aprueba que tampoco se asome. Aunque no creo. Ya saben los concejales a lo que realmente vienen los turistas cuando los Salzillos llenan de historia y tradición las calles: ¡vienen a ver al obispo y la planta baja de su palacio!

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¡Tun tururún tururún, clac clac, clac!

Las agujas verdes de las palmeras trazan en el minutero de estrellas desordenadas las diez de la noche. Las diez en punto en un cielo ya menos oscuro, de inminente primavera. Bulle de vehículos la autovía, frontera humeante de los últimos huertos de habas que acarician la luna. Alguien corre por el Malecón soñando futuras maratones. Miles de luces encienden un horizonte de edificios. Es una estampa rutinaria, de mesa de camilla y cena apresurada ante el televisor. Sin embargo, cierta noche, sucede de improviso. Las cosas muy buenas o malas así lo hacen. Un extraño sonido se alza en el remoto paseo. Y otro le contesta al otro lado de la ciudad.

El viento mezcla las notas con el primer azahar que prologa la estación murciana más bella. Y vuelve a sonar. Muchos lo oyen, pero no tantos lo escuchan y saborean. Suenan como valientes embajadores de una guerra imparable. ¿Acaso no es eso la Semana Santa murciana? Retiemblan los tambores destemplados. ‘¡Tun tururún tururún, clac clac clac!’. Suenan los carros bocina, las ‘trompetas de hojadelata’ ya descritas en 1601.

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Buenos ‘pasos’ para recuperar la historia

Limpia, fija y da esplendor». El desinfectante lema de la Real Academia de la Lengua podría bordarse en los pendones que anuncian por las calles el inminente inicio de las procesiones. Para recordarnos los muchos ataques al patrimonio que consentimos, como pasivos y cobardones murcianos de a pie, desde que Adán criaba crillas en La Arboleja.

Y también sería de aplicación esta máxima en algunas cofradías donde, más que poner en valor su patrimonio, como hace con exquisita elegancia la Caridad, se dedican a inventar supuestas tradiciones en aras de la gloria de sus cabos de andas o de sus juntas particulares. Y muy particular, por lo novedoso, es la decisión que adoptó el otro día el Cabildo de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores y los Santos Pasos.

Esta joven hermandad, que preside Ángel Sánchez, ni siquiera tiene procesión propia, salvo un emotivo traslado de su titular desde San Miguel a la iglesia de San Juan de Dios, que nos emperramos en llamar museo como si el resto de parroquias no lo fueran.

La talla, de Salzillo, forma parte del desfile de Martes Santo. Pues bien: estos cofrades han aprobado la creación de un medallón con el escudo de la cofradía. ¿Y qué cerebrito lo diseñará? Pues resulta que el mismo que lo estampó en el volumen de la obra ‘Títulos de la Devota Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de los Siete Dolores y los Santos Pasos’, las constituciones de la cofradía datadas en 1689. Vamos, anteayer.

El libro se conserva en el Obispado para el que… no quiera verlo. No es público. Por si fuera poco, la cofradía estampará el diseño original en el reverso del medallón para que no quede duda de la antigüedad de esta institución que, de seguir este paso, en cuatro días recupera su remota procesión. Y sin tanto invento ni tanta tontería.

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Frases que anuncian la Semana Santa

Si acaso no bastara con el aroma del escaso azahar que no lograron robarnos, ramas, tronco y hasta pella incluidos. Si no nos sobrara con esa espléndida luz que cantara el poeta Guillén, versos socorridos para algunos cansinos pregoneros. Si acaso no tuviéramos bastante con acariciar las túnicas que recuperamos, junto a tanta nostalgia, de las arcas. O si necesitáramos algo más que el sabor de las pastillas de caramelo, que alguno ya ha comprado treinta kilos para que no se le haga tarde… Si el tacto, la vista y el gusto no nos prologaran que la Semana Santa está encima, aún nos quedaría la prueba infalible del oído. Porque en cuanto uno escucha en el mismo día treinta o cuarenta veces aquello de «¡Esto está aquí!», de sobra sabe que no es el tío que te trae las multas del Ayuntamiento (que también), sino la cercanía de la Semana Santa del Azahar. Y tenemos la certeza al escuchar: «Nada. He visto la previsión y no caerá ni una gota». A un mes vista, ojo. O al revés: «Nada. He visto esa web caucásica, que es la buena de verdad, y dice que caerá la mundial». Y se aproxima la Semana Santa si alguien pone los ojos en blanco y te espeta: «¿Yo, procesiones? Yo las veo en Belluga o en San Nicolás. De toda la vida». Y luego se pasan la semana en La Manga. O escuchas: «¿Tú has visto el nuevo paso de tal cofradía? ¡Vergonzoso, nene, ver-gon-zo-so!». A lo que añade: «¡Pero ‘cuidao’, que la culpa es del Cabildo!». Llega la Semana Santa. Más cerca aún se siente cuando otro exclama muy serio: «Ser pregonero es un orgullo, pero mire, también una responsabilidad». ¡Pues claro, hijo! ¿Y qué me dicen de los programas que anuncian «la emotivísima celebración del solemnísimo triduo en honor a Nuestro Sacratísimo Titular y a cargo de su Eminencia Reverendísima Don Fulanito…? Es que llega, vivimos y concluye la Semana Santa y aún estamos leyendo la convocatoria con el Bando pasando por la Gan Vía, ¡leche!

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Sobre el autor Antonio Botías
Este blog propone una Murcia inédita, su pequeña historia, sus gentes, sus anécdotas, sus sorpresas, su pulso y sus rincones. Se trata de un recorrido emocionante sobre los hechos históricos más insólitos de esta Murcia que no vemos; pero que nos define como somos. En Twitter: @antoniobotias