Grease

La típica película que te encanta de chaval y de la que reniegas con el tiempo.

Grease, filmada en 1978 pero ambientada en los años cincuenta, narra la historia de dos adolescentes, Danny Zucko (John Travolta) y Sandy Olssen (Olivia Newton-John), que tienen un romance de verano en la playa, sabiendo que no volverán a verse, puesto que ella es australiana y debe regresar a las antípodas.

Con ninguna esperanza de continuar la relación, cada uno da lo mejor de sí en la relación y se despiden con tristeza pero sin dramatismo. Al fin y al cabo, otro amor de verano que muere con el otoño.

Sin embargo la familia de ella decide quedarse en EEUU y matriculan a la chavala en – ¡qué casualidad!- el mismo instituto que Danny. Pero Danny ya no puede seguir siendo el chico romántico de la playa: tiene un estatus de chico duro que mantener. Pija modosita ella, perro callejero él, resultan ser demasiado distintos fuera del paréntesis playero. Amor imposible… ¿o no?

La película está bien realizada, y la interpretación es de lo mejorcito que hicieron los protagonistas (la pobre Olivia Newton- John conoció aquí el éxito cinematográfico por primera y única vez), y la música es buena. Sin embargo, tiene varios defectos de fábrica:

Para empezar es un musical. Solo eso ya es un punto en contra; como dijo Homer, cantar es la forma más primitiva de comunicarse. Cierto que en este film las canciones tienen un aire gamberro y desenfadado que las hace más digeribles, pero con todo y con eso, por mucha ilusión que le ponga el reparto, no consiguen otra cosa que romper el ritmo y desligarte de la trama. Es una de esas cosas que te atrae de niño y te repele de adulto: por eso hoy en día solo Disney hace musicales (y cada vez menos).

Los comportamientos de los personajes son inmaduros y tópicos, pero eso no es un problema cuando hablamos de adolescentes. De hecho, están muy bien caracterizados, con todas las inseguridades y estupideces propias de la edad. El problema, amigos, es ver a esos adolescentes de dieciocho años interpretados por personas que rozan ya los treinta; de hecho uno de los “chavales” tenía treinta y cuatro años y se había casado ya tres veces. ¿Y por qué no usaron adolescentes de verdad? Es un mal endémico de nuestros días que tuvo su origen en películas como esta. Lo vemos otra vez en series y películas veraniegas, y lo único que se me ocurre es que los directores deben encontrar insoportables a los actores adolescentes, o tal vez seamos los espectadores los que no queremos ver primeros planos con acné y ortodoncias.

En resumen, una película que te engancha justo antes de la adolescencia y te aburre una vez superada esta, pero para un servidor siempre tendrá, ay, el plus de la nostalgia…

No puedo poner punto y final a esta entrega sin tratar un fenómeno que siempre me ha llamado la atención: la resurrección de Travolta.

Tras Grease y Fiebre del Sabado noche todos pensábamos que John Travolta estaba cinematográficamente muerto. Puede que incluso físicamente, porque hacía tiempo que no teníamos noticias suyas. Pero del fin de su carrera cabían pocas dudas; nadie se lo imaginaba en otro papel en otro papel que no fuese un Toni Manero, pero esos papeles ya no se ofrecían en los noventa. Aparentemente anclado en una época pasada, se le veía tan acabado como ese Elvis cuarentón y pasado de peso que haraganeaba en Greaseland.

Pero en Pulp Fiction, con ayuda de la magia negra de Tarantino, volvió de entre los muertos.

Después de aquello enlazó un fracaso detrás de otro: Operación Sworfish, Campo de batalla: La Tierra, Be Cool… algunos de ellas tan pésimos que los aprendices a críticos las utilizan como saco de arena para ir puliendo sus frases más crueles.

No obstante, los fracasos de taquilla y los ataques de una crítica tan agresiva como un tiburón que ha olido la sangre son, para el bueno de John, como los balazos descargados sobre el cuerpo de un Zombi: no impiden que éste siga avanzando torpemente y sembrando el terror mientras su putrefacto ser se descompone poco a poco.

Así pues, mi predicción es que continuará, como hasta ahora, saliendo periódicamente de la oscuridad para fascinarnos y horrorizarnos con su última infamia filmada. Intentar impedirlo es inútil: no se puede matar a un muerto.

(Los que crean que me he excedido con el Sr. Travolta, sepan en el fondo le tengo cariño. Si eso no les convence siempre pueden ver Campo de Batalla: La Tierra y decidir a su conclusión si se unen a las filas de los Perplejos o de los Furiosos).

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  • mariadelpo

    Estoy de acuerdo con algunas de las pegas puestas a la película de Grease, pero tienes que tener en cuenta que el género musical es un género totalmente estadounidense y que, por cierto, este tipo de películas casi siempre acaban siendo películas muy taquilleras, en contra de lo mencionado sobre que a los adultos no nos atrae este tipo de películas, sino fíjate en West Side Story, Sonrisas y lágrimas, Dirty Dancing, Mamma Mia, Mouling Rouge, Mary Popins, Chicago, Sweeney Todd, Charly y la fábrica de chocolate y Los Miserables entre otras. El género musical es un género diferente e interesante para quien le guste (porque no gusta a todo el mundo) que, a través del lenguaje universal que es la música, pretende enfatizar sentimientos, soñar y transmitir emociones a los espectadores. Quien vé un musical una vez y le gusta siempre repite.

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